10 formas de orar en tiempos difíciles

A pesar del motivo que haya para las dificultades que atrevieses, orar en tiempos difíciles causará una diferencia positiva en el desenlace. Cada día tienes otra oportunidad para afectar tu futuro con las palabras que le dices a Dios. No te preocupes por el número de veces que las repites, Dios escucha tu oración cada vez como si fuese una nueva.

Tu oración tiene una nueva vida cada vez que las dices

Aún si no ves respuesta inmediata, cada oración pone algo en movimiento. Hay muchas cosas que pasan en el reino espiritual que no ves y cuando oras por necesidades específicas, algo pasa a tu favor.

Te enseño 10 formas de orar en tiempos difíciles:

1.Ora por sabiduría

Cuando no tomamos buenas decisiones en nuestra vida, pagamos un precio y nunca estamos en mayor peligro que cuando estamos bajo estrés o sufrimiento. En esos momentos es fácil tomar una decisión nacida de la desesperación, así que siempre es bueno pedirle a Dios sabiduría y entendimiento.

 2. Ora por la ayuda del Espíritu Santo

Cuando estamos en medio de un tiempo difícil o de alguna desilusión, nos cuesta pensar más allá del dolor pero muchas veces debemos pasar por esos momentos. De igual forma, el Espíritu Santo está ahí para ayudarnos siempre.

En algunas traducciones de la Biblia, el Espíritu Santo es llamado El ayudador. 

Jesús le dijo: Y yo le pediré a Dios el Padre que les envíe al Espíritu Santo, para que siempre los ayude y siempre esté con ustedes. Juan 14:16.

3. Ora para pensar como Jesús piensa

La Biblia dice que nosotros tenemos la mente de Cristo:

«¿Quién sabe lo que piensa el Señor? ¿Quién puede darle consejos?» Pero nosotros tenemos el Espíritu de Dios, y por eso pensamos como Cristo. 1 Corintios 2:16.

Si le pides a Dios que te ayude a pensar como Él piensa, te capacitará para sobrellevar el sufrimiento. En otras palabras, Él te ayudará a enfocarte en el bien que traerá esta situación en vez del sufrimiento que estás experimentando.

4. Ora por un sentir mayor de la presencia de Dios

En tiempos, difíciles pídele a Dios que te ayude a sentir su presencia de una manera más fuerte cada día.  El sentir la presencia de Dios a tu alrededor te ayudará a aumentar tu fe y a no ser dominada por la duda.

Todos deseamos llegar al lugar donde no tenemos temor, donde tenemos un corazón firme y confiado en Dios, queremos sentir la presencia de aquél que libera nuestra alma, nuestros ojos de las lágrimas y nuestro pies de caer. Queremos decir: “no temeré porque sé que el Señor está conmigo”. Cuando sientes la presencia de Dios, el temor se va y llega la esperanza.

5. Ora para permanecer en la palabra de Dios

Cuando la tormenta cae implacable a tu alrededor, debes estar agarrada de algo sólido e inamovible. No hay nada más sólido que la palabra de Dios; en la Biblia leemos de las promesas que Dios tiene para mí y para tí y eso te da esperanza.

6. Ora para ver lo bueno en las cosas malas que pasan

Ninguna de nosotras disfruta el dolor, la incertidumbre, las luchas o las frustraciones; pero los momentos difíciles no vienen sin traer también algo bueno.

Hay cosas que nos suceden en esos momentos que son tan preciosas como un diamante. ¿No te ha pasado? Es allí que tenemos la oportunidad de experimentar la presencia de Dios de una manera más profunda. Cuando nos aferramos a Él, Dios mismo nos revela lo bueno que está justo delante de nosotros y no logramos ver.

7. Ora para que todas tus expectativas estén solamente en Dios

La desilusión y el sufrimiento son inevitables porque la vida nunca podrá satisfacer nuestras expectativas. Las cosas muchas veces no salen de la manera que queremos, pero cuando ponemos nuestra esperanza en el Señor y reconocemos que nuestra ayuda viene solo de Él, eso quita la presión que ponemos en otros para que satisfagan nuestras necesidades.

Cometemos un error al esperar demasiado de la gente y de la vida y de nosotras mismas.

Nuestras expectativas deben estar en Dios. No huyas hacia los brazos de otros por amargura o falta de perdón, en vez de eso, corre hacia los brazos de tu padre para que te abrace y te sostenga.

8. Ora para que puedas perdonar a otros

Nuestros momentos de dolor y dificultad casi siempre ocurren cuando alguien nos falla, pero nuestra felicidad y realización personal no depende de otros, depende de Dios. Muchas veces confiamos en otros para ciertas cosas y sé que es doloroso cuando ellos nos fallan, pero el gozo de nuestra vida no depende de ellos. Tenemos que perdonar  y no continuar sufriendo por lo que otros hagan o dejen de hacer; a fin de cuentas, nuestra recompensa está en las manos de Dios.

9. Ora para que Dios te ayude a perdonarte a ti misma

Es devastador cuando creemos que hemos fallado de alguna manera o somos responsables por lo malo que haya pasado. Quizás pasó por nuestra falta de cuidado y nos torturamos permitiendo que nuestro lamento y condenación golpee nuestra alma como un martillo gigante; ese es un peso que no podemos cargar y que no fuimos diseñados para cargar, aún cuando tenemos que pagar las consecuencias por las malas decisiones tomadas, Dios está ahí para sacar algo bueno de lo malo. En nuestras peores fallas, Dios redime todas las cosas cuando le imploramos en humildad.

10. Ora para que no te desanimes

El desánimo puede ser muy abrumador, piensas que estás firme y de repente, en un momento de cansancio, el desánimo te inunda y amenaza con ahogarte.

A pesar de que pueda parecer una eternidad la espera en tiempos de dificultad  y sientas como si ya no tuvieras la fuerza para enfrentar la situación por más tiempo, repítete a ti misma que todo lo puedes en Cristo que te fortalece. Filipenses 4:13, “Cristo me da fuerzas para enfrentarme a toda clase de situaciones. Declara “Descansaré en el Señor y esperaré en Él” salmos 37:7

Dios es famoso por contestar oraciones en un abrir y cerrar de ojos, ese día podría ser hoy, no te rindas.

 

Inspirado en el libro Cómo orar durante las tormentas de la vida por Stormie Omartian.

 

¿Qué hacer ante la incertidumbre?

Hace poco más de 2 años, recién llegada a Costa Rica, estaba en un bus e iba a mi primera entrevista de trabajo. Por supuesto, iba con una amiga que me había recibido en el país, de lo contrario, probablemente no hubiese llegado con éxito al lugar de destino.

Mientras conversábamos, mi amiga me preguntó: “¿No estás nerviosa?”. Me extrañé y le repliqué: “¿por qué habría de estar nerviosa?”.“Pues, es una entrevista de trabajo, un trabajo que necesitas… ¿Qué pasa si no te dan el trabajo?”, me dijo incisiva. —“Ummm, no. Si el trabajo es para mí, todo saldrá bien; si no es para mí, pues, no lo es y otro vendrá”, le respondí.

En ese momento quedé impactada de mí misma. Tantas experiencias que había tenido en mi proceso de emigrar —y en las que Dios había actuado de manera sobrenatural a mi favor— me habían enseñado que si Dios estaba al mando, no tenía de qué temer. Es de eso, precisamente, que quiero hablarte.

¿Miedo a la incertidumbre?

Vivir en este mundo muchas veces nos llena de aflicciones, de desespero, de afán; ese sentimiento de no saber qué pasará o cómo terminará la historia cuando estás en un valle de sombra, de incertidumbre.

Es común que nos dejemos guiar por nuestros ojos y sentimientos, que nos digamos cosas como: “de esta no salgo”. O bien, que nos afanemos y pensemos: “¿qué pasa si no me va bien?”. Es común que en medio de circunstancias difíciles o de dudas tengamos temor. “¿Cómo sé si esta decisión es la correcta?”, “¿cómo sé que este camino me llevará a bien?”, te preguntarás.

Ante esto, en Filipenses 4:6-7 Dios nos dice así: “No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también”.

Dejemos en manos de Dios todas nuestras inquietudes, nuestras dudas, nuestras peticiones, nuestros anhelos. Si Dios es quien maneja el barco de tu vida, cree que todo saldrá según su voluntad agradable y perfecta.

Aprende a reposar en Dios porque Él tiene el control de tu vida, de los tiempos y de cada situación. No importa si sientes que te estás ahogando, no importa si la duda del “¿qué pasará?” te carcome. ¡Descansa en Él! Recuerda que Él tiene la visión del cuadro entero, de la historia completa y sabe lo que es mejor para ti.

“Estad quietos y conoced que yo soy Dios”, Salmos 46:10.

¿Qué hacer mientras espero a mi futuro esposo?

que hacer mientras espero un esposo

Esperar es una de las cualidades mas difícil de desarrollar para el ser humano; nos cuesta de manera increíble practicar ser paciente, decimos confiar en Dios pero esperar de manera indefinida sin un cuando y donde nos llena de incertidumbre, así que, para ayudarte a hacer esa espera al menos un poco mas ligera y aprovechando el tiempo te comparto algunas ideas.

Mientras esperas analiza cuales son tus motivaciones para desear un esposo. En un artículo anterior les hablé sobre razones equivocadas para elegir un esposo el cual te recomiendo leer. Mientras esperas, prepárate para ser ayuda idónea. Leí en el libro Dama en espera que:

“La mujer soltera que entiende el significado de estar completa en Jesús es lo suficientemente madura para ser ayuda idónea”.

Ser ayuda idónea es que tus conocimientos, destrezas y habilidades estén  a la disposición de tu esposo y tu familia, que seas su complemento y juntos poder crecer y alcanzar metas propuestas. Ser ayuda idónea tiene en cierto modo tiene mucho que ver con ser virtuosas como la mujer de proverbios 31.

Algo más que puedes hacer es sustentar bíblicamente las cualidades que buscas en el esposo correcto, por ejemplo:

-Que sea controlado por el Espíritu. Efesios 5:18

-Quebrantado, que sepa cuando apoyarse en Jesús. Filipenses 4:13

-Motivador, hombre de visión. Romanos 10:14

-Espíritu sensible, sintonizado con las necesidades de los demás. Gal 6:2

-De oración. Fil 4:2

-De familia que que quiere tene y educar sus hijos. Prov. 22:6

(Fuente lista de cualidades, Dama en espera pag. 143)

Algo muy importante y que como solteras pasamos por alto es el hecho de orar por el futuro esposo y no me refiero a orar para que Dios traiga pronto a nuestras vidas a esa persona especial, tampoco me refiero al hecho de destacar las cualidades físicas (que es válido). Me refiero a oraciones por:

 

-Su vida espiritual

-Salud

-Finanzas

-Familia

-Dirección de Dios para su vida

-Sabiduría

-Que crezca en amor

-Que descanse en Dios

-Que sea buen padre, etc.

Antes de finalizar quiero hablarles del hecho de querer  “Un príncipe para una princesa” si quieres un príncipe sé una princesa. Aprovecha éste tiempo de espera para crecer espiritual, emocional y profesionalmente, siempre hay algo en que podremos ser mejores, ser nuestra mejor versión.

Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.  Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará. Salmos 37:4-5

Tres razones para hablar (orar) con Dios más allá de pedirle

orar

Aunque orar parece algo bastante fácil, a la mayoría de las personas nos cuesta hacer un hábito de ello y solemos orar solo cuando nos encontramos en una situación difícil. Orar es el medio que las personas utilizamos para comunicarnos con Dios, la oración es definida, como la acción de hablar con Dios.

Dios quiere que le hablemos, pero no solo cuando estemos en situaciones incómodas, sino en cualquier momento o etapa de nuestras vidas, en las tristezas pero también en las alegrías.

¿Por qué debemos orar? Hay varias razones por las que Dios quiere que le hablemos y le busquemos en oración.

1.Dios quiere que le hablemos

Sí, tan simple como eso. Iniciando por el Génesis, cuando el hombre pecó, Dios nos deja ver que quiere que vengamos a Él cuándo nos equivocamos, cuando hacemos algo mal o nos sentimos acorralados. Cuando pecaron, Adán y Eva se ocultaron al sentir la presencia de Dios pasearse en el huerto del Edén, y Dios le dijo: ¿Dónde estás? Me parece que Dios les estaba dando la oportunidad de que vinieran a Él y le contaran lo que habían hecho. De igual forma sucedió cuando Caín mató a Abel, Dios le preguntó: ¿Dónde está tu hermano, Abel? ¿Acaso no sabía Dios lo que había sucedido? ¡claro que sí!, pero Él quiere que le confesemos nuestras faltas.

2.Es la forma en que nos comunicamos con Dios

Aunque la tecnología ha avanzado mucho, Dios no tiene un número de whatsapp, un email o una dirección física en donde podamos enviar nuestras plegarias y darle gracias por las bendiciones recibidas. (Aunque mucha gente piensa que sí y se la pasa mandando cadenas sobre: “Di amen si crees en Dios”, “comparte la imagen si quieres un milagro”, etc.)

Dios es el dueño del mundo y el creador de todas las cosas, Él está en todas partes, podemos acceder a Él en cualquier momento y a cualquier hora sin necesidad de herramientas adicionales. La forma establecida para comunicarnos con Dios es mucho más sencilla que todo esto, es simplemente hablarle, abrir a Él nuestro corazones.

3.Hasta Jesús oró

Jesús, el hijo de Dios, sintió la necesidad de orar y nos enseñó y dio ejemplo de su vida de oración a través de las escrituras. El ministerio de Jesús comienza orando. En Lucas 3:21-22 leemos:

“Y aconteció que cuando todo el pueblo era bautizado, Jesús también fue bautizado: y mientras El oraba, el cielo se abrió, y el Espíritu Santo descendió sobre El en forma corporal, como una paloma, y vino una voz del cielo, que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido”.

Si el hijo de Dios se presentaba en oración, mucho más nosotros. Todo lo que hacemos, nuestros proyectos, cada decisión a tomar debemos presentarla ante Dios, pedir su dirección y confirmación sobre las acciones que tomamos en nuestras vidas.

En Lucas 5:15-16 leemos que, con frecuencia, Jesús pasaba tiempo a solas en oración y eso responde la pregunta sobre cuánto tiempo debemos orar, pues, frecuentemente. Y no necesariamente debe ser arrodillado, podemos hacerlo en una sala de espera, en el transporte público y a la hora del descanso. Nosotros desperdiciamos mucho tiempo en tonterías en vez de llenarnos de Dios.

Muchas veces Dios toca nuestro corazón cuando quiere que pasemos tiempo con Él, de noche, de madrugada, en la iglesia, en la casa y elegimos pasarlo por alto.

Es importante que quede en nuestras mentes y nuestros corazones que la oración es la forma en que nos comunicamos con Dios. No hay otra forma, no hay otro medio, no hay otra herramienta, solo humillarnos y presentarnos en oración delante de Él. Hasta Jesús oró. Si Jesús, el hijo de Dios, quien vino del cielo y en verdad le conocía tuvo necesidad de orar, aún más nosotros necesitamos orar, y así poder vencer al enemigo, sus tentaciones y no ceder a las debilidades de nuestra carne. Dios quiere que le hablemos y hay muchas ilustraciones en la biblia que nos hablan acerca de esto y que debemos tomar como ejemplo.

Mis Recomendaciones:

  • Establecer un lugar para tener intimidad con Dios.
  • Determinar una hora del día.
  • Ora en cualquier tiempo y lugar.
  • Toma nota de tus acciones de gracia y peticiones, especialmente si le prometes a alguien que le llevarás en oración. (Honra tu palabra)

Mi oración en este momento es que Dios derrame un avivamiento sobre su pueblo, y que nuestro tiempo de oración no sea solo para pedir y quejarnos, sino para llevar propósitos específicos y necesidades reales delante de Dios y podamos así ver su mano obrar en nuestras vidas.

Cinco razones por las que la oración es importante

oración

Cuando una persona decide comenzar a caminar de la mano de Dios, siempre habrá alguien que le aconseje mucho recurrir a la oración, no como un último recurso en una situación dificil, sino como un hábito diario que debe formarse.

En mi caso, debo reconocer que a lo largo de mi camino en la fe, la oración ha sido para mi todo un reto. No es algo que se me dio de manera natural y todavía, hoy en día, hay momentos en los que “cojeo” en ésta área de mi vida como creyente. Y es precisamente por esta razón que Dios me ha inquietado para indagar y escribir acerca de la importancia de la oración, así que aquí vamos:

¿Por qué es tan importante la oración?

Creo que hay muchísimas razones por las cuales orar es importante, sin embargo voy a explicar cinco de las más fundamentales:

  1. La oración nos sirve para pedir ayuda a Dios:

Ayuda, consejos, llámalo como quieras, lo cierto es que la oración es el canal por medio del cual podemos elevar nuestras necesidades a Dios para que éstas puedan ser escuchadas y tomadas en cuenta. La Biblia nos lo dice en Santiago 4:2 “…Sin embargo, no tienen lo que desean porque no se lo piden a Dios.” y también en Mateo 7:7 cuando Jesús dijo “Sigue pidiendo y recibirás lo que pides…”

o6x

     2. La oración nos permite hablar con Dios: 

Pero la oración no solo se queda en tan solo pedir y pedir, también debe ser vista como un medio por el cual podemos establecer una sincera y maravillosa conversación con nuestro Creador, ¡qué privilegio!, ¿no? Es a través de la oración que podemos acercarnos a Él y derramar nuestra alma, contarle todo, ¡Dios debe ser nuestro mayor confidente!, el más confiable y genuino, alguien que sabemos jamás nos va a traicionar o a dar un mal consejo, alguien que a pesar de ser perfecto, no nos condena ni juzga de manera injusta, sino que nos ama y nos ofrece su perdón.

o2x

    3. La oración es el medio más eficaz para ayudar a otros:

Cuando se trata de ayudar a otra persona, orar por ella siempre será lo más valioso que puedas hacer. La oración nos permite ser de mucha ayuda para otras personas al interceder ante Dios por ellas, no en vano la Biblia lo afirma en Santiago 5:16 cuando nos dice “…La oración ferviente de una persona justa tiene mucho poder y da resultados maravillosos”, ya que a través de tu oración sincera por otros, aún cuando ellos no lo pidan directamente, Dios puede hacer cualquier milagro.

o4x

   4. La oración nos permite vivir en libertad:

Cuando oramos, podemos entregar nuestras más pesadas cargas a Dios y vivir en mayor plenitud y libertad. Puedes elegir orar en lugar de andar preocupándote por algo y tratando de manera desesperada de controlar cualquier situación por la que estés pasando. La oración sincera es capaz de liberarte de cualquier atadura mental y/o espiritual que te esté impidiendo llevar una vida sana, y de recordarte tu identidad verdadera a través de la comunión con Dios.

o1x

   5. La oración es eficaz para obtener paz verdadera:

Uno de los efectos de llevar una vida de oración es la paz, y es que cuando entregas en las manos de Dios todas las cosas y aprendes a caminar confiando plenamente en Él, no solo te liberas de una pesada carga, también te llenas de esperanza, descansas y comienzas a disfrutar verdaderamente de la vida. Es algo inexplicable en palabras, pero las veces que he estado en la más perfecta paz, siempre han sido durante y después de una oración sincera.

o3x

Y tú, ¿por cual otra razón consideras importante el hecho de orar? Me encantaría que nos lo cuentes en los comentarios, nunca se sabe para quien pueda ser de bendición tu aporte.

“Ni con amnesia, ni sordo” (Cuando Dios responde una oración)

hermanas

 Creo que todas podemos estar de acuerdo en algo: muchas veces es más fácil recordar lo que no tenemos que aquello que Dios nos ha dado, ¿cierto? ¿o es algo que solo me pasa a mí?

De hecho, si me preguntan cuál es la oración o petición que a menudo viene a mi cabeza, en un arrebato de sinceridad, les diré que es aquella que aún Dios no ha contestado.

Pero hay dos buenas noticias: la primera es que Dios no sufre de amnesia y nunca olvida alguna de nuestras peticiones, no importa cuánto tiempo haya pasado, ni lo infantil que pareciese en el momento, si es conforme a su propósito Él la cumplirá. La segunda es que, aunque tú sí sufras de ella,  Él no dudará en refrescarte la memoria.

Hace unas semanas atrás estaba en uno de esos días donde pareciese que la esperanza escasea, donde la opción más fácil es decir: “olvídalo, ya no pasará”. Y fue ese día, donde Dios en su infinita gracia, me recordó que lo que para mí llega tarde, para Él llega en el tiempo perfecto.



Ese sueño que había olvidado

La escena: estaba sentada en la orilla de mi cama, tratando de conseguir un poco de fuerzas para repetir esa oración, al no encontrarla, dejé caer mi cabeza sobre la almohada con resignación. En ese momento Dios me hizo recordar aquello que hoy ni siquiera considero una oración, pero que claramente era el anhelo de una niña pequeña. Una que ni siquiera recordaba cuánto tiempo deseó aquello. Acto seguido, supe que Dios había cumplido un deseo de mi corazón, uno que ni en mis sueños más locos, pensé que se pudiera cumplir.

Todo pasó en diciembre del año pasado. En un día sin muchas novedades; venía de una reunión de trabajo y me disponía  a descansar. Nada extraordinario hasta que sonó el teléfono. Era un mensaje privado por Instagram. Era de una muchacha, una que nunca había visto y de la que nunca había escuchado. Palabras más, palabras menos, el mensaje decía: “Me llamo Andrea y probablemente sea tu hermana”.

Improbable para ti, no para Dios

Esta es la historia: soy hija única, de madre soltera. Tengo 26 años, así que tener una hermana a esta altura del partido era bastante improbable. Pero no solo tenía una hermana real, de carne y hueso, prácticamente de mi misma edad, sino que también vivía en mi misma ciudad, compartía mi fe y teníamos varios amigos en común. Hasta al momento, ninguna de las dos entiende cómo fue que no nos conocimos antes, pero agradecemos la misteriosa obra de Dios.

Siempre he contado con muy buenas amigas y con media docena de primas que son como mis hermanas, tal cual. Sin embargo, en mi corazón siempre estuvo el anhelo de tener una hermana. De hecho, cuando era niña llegué a insistirle a mi mamá que adoptara un niño y no lo recuerdo muy bien, pero hay una gran probabilidad que, de manera muy infantil, le hubiese pedido a Dios alguna hermanita con la cual compartir.

Andrea y yo somos hermanas por parte de papá. Ella no tiene otros hermanos por parte de mamá y su historia es asombrosamente muy parecida a la mía, así que cuando logramos conocernos fue una bendición de todas las maneras posibles.

Hermanas
Mi hermana y yo celebrando su primer cumpleaños juntas.

Conocerla para mí fue el fiel cumplimiento de esta palabra: “Dios ubica a los solitarios en familias; pone en libertad a los prisioneros y los llena de alegría”. Salmos 68:6.

Dios aún no responde mi oración, tampoco sé cuándo lo hará o si la responderá exactamente como lo pedía, pero sí sé que me dará algo mejor y justo como lo necesito. Hoy sé que Dios no sufre de amnesia como para olvidar nuestras oraciones, ni mucho menos es sordo como para no escucharlas. No importa cuánto tiempo haya pasado, Él cumplirá.

Consejos para mejorar tu relación con Dios

consejos para hablar con Dios

Desde que comencé mi vida cristiana –hace ya varios años– siempre tuve dudas en mi corazón acerca de cómo era eso de la oración efectiva y de la relación con Dios. Sabía que Dios era mi Padre, que me amaba y que al creer y aceptar que Jesús había dado su vida por mí en la cruz, yo había sido salvada y restaurada por Él, pero ¿cómo hablar con Él?

Durante mucho tiempo escuché a muchos decir frases como “Dios me dijo tal cosa” o “Dios me reveló esto” o “Dios me confirmó que esta decisión era correcta”, y yo me frustraba y no entendía como era eso. ¿Cómo podía dirigirme a Él? ¿Cuál era el tono en que debía hablarle? ¿Cómo sabría si efectivamente Él me estaba escuchando? ¿Le gustará lo que le estoy diciendo o mi sinceridad le parecerá arrogante? Y en caso de que me haya escuchado, ¿Cómo podía yo “escuchar” su respuesta?

A medida que pasó el tiempo comencé a adoptar ciertas recomendaciones que otros me daban sobre cómo orar, comencé también a adoptar ciertas palabras y vocabulario más “formal” para dirigirme a Dios, a hacer devocionales a ciertas horas, sin embargo, seguía sintiéndome frustrada porque orar no era algo que se me daba de forma natural bajo estas circunstancias.

Una tarde, durante una reunión de sanidad entre el equipo de Entaconadas, llegamos al tema. Me sorprendió ver cómo casi todas confesamos que de alguna manera habían tenido algún obstáculo para establecer una plena comunicación con Dios, y de cómo teníamos las mismas dudas acerca de cómo orar efectivamente en medio de nuestra agitada agenda como hijas, siervas, esposas, profesionales y voluntarias para distintas causas.

Esa tarde aprendí algo: No estaba sola. Mis frustraciones y dudas las tienen muchas personas y esa pequeña, pero enriquecedora charla entre amigas, me demostró que esta lucha era más común de lo que pensaba. Mi problema no era que no sabía o no procuraba comunicarme con Dios como pensaba (y me sentía mal por eso), sino que no había descubierto cómo hacer de la oración parte de mi día a día.



El libro “Vida con Propósito” del autor Rick Warren terminó de aclararme más el panorama enseñándome que Dios no quiere vanas repeticiones, palabras y discursos elaborados, o extensas oraciones si nuestro corazón no está involucrado. Él desea que seamos lo más sinceras y honestas posibles cuando hablemos con Él, que le hablemos con respeto y reverencia pero con nuestras propias palabras, desde el alma y corazón, tal como le hablaríamos a un padre amoroso. Dios es nuestro Padre, una persona cercana y amorosa, pero también digna de honor y respeto, así que debemos procurar un equilibrio entre sinceridad y reverencia cuando oremos.

La Biblia expresa que debemos orar sin cesar (Tesalonicenses 5:17-18; Efesios 6:18), o lo que es lo mismo, que estemos constantemente en comunicación con Dios por medio de la oración, sin embargo; en el diario vivir pareciera resultar complicado hacer esto, ¡es tan fácil distraerse y dejarse llevar por la rutina! Es por ello que en simples palabras quiero darte algunas ideas para que poco a poco hagas de la oración parte de tu diario vivir y no te resulte una tarea para nada complicada o ajena:

Establece una rutina de conversación con Dios:

Haz esto en lugar de largas oraciones con palabras complicadas, coloca tu alarma unos 30 minutos antes cada mañana y apenas despiertes acostúmbrate a tomar ese tiempo para dar gracias a Dios por un nuevo día. Si se te hace complicado o el sueño te vence, entonces levántate y lávate la cara con agua fría, luego dedica unos minutos a orar, si no sabes aún muy bien como hacerlo, toma como referencia la oración más básica, el “Padre Nuestro” y luego ve añadiéndole más cosas según tus necesidades.

Comparte con Él tu día a día:

Mientras te duchas, preparas desayuno, te vistes, o haces tareas rutinarias, en lugar de pensar en problemas o preocupaciones, habla con Dios, recita versículos bíblicos que te hayas memorizado, o canta canciones que hablen de lo maravilloso que es Dios. Él se regocija de que en todo momento le tengas presente y compartas con Él lo que sientes. Agradece por el alimento, por la ropa, por todo lo que en ese momento estás usando que Él te haya provisto.

Ten a Dios presente aún en el camino:

No importa tu medio de transporte, si es auto propio, bus, bicicleta o a pie, aprovecha el camino para leer (o escuchar) la Biblia, un libro cristiano o un devocional. Dios nos habla siempre a través de su palabra, ¿te ha pasado que lees un versículo, y aunque ya lo has leído antes, pasa que en ese momento sientes algo así como que es para ti? Eso es Dios hablándote.

Invítalo a tomarse un café juntos:

Bien sea que trabajes o estudies, tómate unos minutos en tu oficina o universidad para hablar con Dios. Hacer pausas cortas en medio de la rutina es bueno para tu mente y cuerpo, y también lo será para tu espíritu si dedicas unos minutos de esas pausas o “breaks” para tomarte un café o té y leer la Biblia. Puedes orar y contarle acerca de una situación de trabajo, de un caso de estudio, examen o lo que quieras y clamar por dirección y que se haga Su voluntad, la cual es agradable y perfecta en todo.

Dedícale tu trabajo o estudios:

Haz tu trabajo o estudios con amor, da lo mejor de ti, ésta es otra forma de obediencia y de consagración a Dios. Cuando te levantas y dedicas tiempo en oración verás que las tareas rutinarias del día a día se te hacen más llevaderas y que tu humor mejora.

Escoge el mejor momento para compartir a solas con Él:

Si no puedes orar por la mañana (aunque sería lo ideal), escoge algún momento del día para apartarte en algún lugar solitario a orar, puede ser durante tu hora de almuerzo o en algún rato libre entre clases o trabajo. Incluso si durante el día se te complica, puedes hacerlo en la noche al llegar a casa, si compartes habitación o no hay espacio en casa para estar a solas, enciérrate en el baño o sal a caminar.

Escríbele cartas a Dios:

Una práctica muy bonita es anotar tus oraciones en un cuaderno o diario y leerlas. Te sorprenderá con el pasar del tiempo mirar atrás y ver oraciones que hiciste hace meses o años y darte cuenta de lo que Dios ha hecho en tu vida.

Post it, post it, ¡que no se te olvide cuánto te ama!:

Utiliza papelitos tipo “post it” para anotar oraciones breves o versículos bíblicos y pégalas en tu oficina, en la puerta del clóset, en el espejo del baño, o donde quieras. Leerlas con fe todos los días te ayudará muchísimo.

Y para finalizar…

Pídele a Dios que Él te guíe en cada oración, que te muestre cómo orar, de manera que puedas desarrollar tus propias maneras de hablar con Dios. Acá te he dejado varias ideas que espero puedan ayudarte, pero la verdad es que solo tú conoces tus circunstancias y tu día a día, así que siéntete libre de adaptar estas ideas a tu realidad o generar otras que puedan servirte mejor, lo importante es que entiendas que Dios quiere escucharte y quiere que le escuches, la comunicación es una base fundamental en todas las relaciones.

Lo mejor que una mujer puede hacer por un hombre

Me encontraba sentada en un viejo sofá amarillo en una hermosa casa en Maui. Recuerdo que estaba estudiando la verdad de Dios con unas pocas chicas de mi edad. Por un mes, íbamos a estudiar el libro “Cómo orar por tu futuro esposo” por Robin Jones Gunn. Ninguna de nosotras estaba casada, ni siquiera estaba saliendo con algún chico.

Una frase de ella que nunca olvidaré decía: “Damas, oren por sus hombres. El plan de juego de la maldad es el de derribar a los líderes, los hombres. Solo Dios puede atraer a un hombre a buscarle y podrá liberarlo para ser el hombre y el líder que Dios quiere que él sea. Estés casada o no, ¡Pelea! ¡Ora!”

¿Pelea? Pensé yo

¿La chica cuyo padre se rió frente al reclutador del ejército cuando llamó a mi casa para ver si yo quería unirme a la armada en mi último año de escuela?

¿La chica quien, a pesar de haber ido a aventuras por todo el mundo, le teme a andar en transporte público, caminar por las calles en el centro de L.A. y a caminar desde el carro hasta la casa en la noche?

Pero nunca olvidaré esa tarde, sentada con todas esas mujeres, conmovida hasta lo más profundo de mi alma, mi espíritu agitado en lo profundo decía “¡Sí, peleemos por nuestros hombres!”

Mi corazón ha estado muy cargado últimamente, por los jóvenes y hombres en nuestra cultura. En promedio, los jóvenes son expuestos a la pornografía en edades entre 8 y 11 años. Ya no es una pregunta si ellos han visto porno o no, pero sí lo es si son adictos o no y la mayoría lo son.

En nuestra cultura los videojuegos son agresivos. Los más populares son aquellos que incluyen mucha violencia y aquellos que para avanzar al siguiente nivel se requiere matar a cierto número de personas en él.

Veo jóvenes convirtiéndose en apáticos, perezosos, rebeldes, furiosos. Tienen competencias en la escuela para ver quién puede obtener el más bajo promedio. Se deleitan en “una sola noche”. Compiten, tratando de acostarse con la mayor cantidad de chicas, o mejor aún, dormir con las más deseadas. Los hombres, permanecen actuando como “jovencitos” bien avanzados los 30 años, viviendo en sus casas y dejando que su madre les provea aún. Muchos de estos jóvenes crecen sin un padre, o si viven con ellos, éstos nunca están presentes.

Entonces, ¿dónde estos jóvenes aprenden a ser hombres? ¿En MTV? ¿La radio? ¿Viejos amigos?
He visto esto una y otra vez en los pasados 3 años que tengo trabajando con el grupo de jóvenes de mi iglesia y ahora que trabajo en una secundaria, también.

Es fácil para mí sentirme triste, descorazonada y desalentada. ¿A dónde se han ido todos los hombres? ¿Qué va a ser de esta próxima generación? ¿Qué va a pasar cuando tengamos hijos? ¿Alguna vez te has encontrado preguntándote estas mismas preguntas?

No hay nada que la maldad quiera más que robar, matar y destruirnos (Juan 10:10) y la mejor manera de hacer eso es derribando a nuestros hombres. Dios creó a los hombres para ser nuestros líderes. De hecho, cuando vas a una batalla, el objetivo es siempre derribar a los líderes, los comandantes, al rey, porque una vez que ellos caen, los tienes a todo.

Hay una batalla que se está llevando a cabo que nosotros no podemos ver. La mayoría de nosotras posiblemente no quieran ir y alistarse a la armada, tal vez no juguemos deportes, y puede ser que nos de miedo andar en transporte público, pero fuimos llamadas para luchar. Chicas, el tiempo ha llegado. Levántense, entréguense a la oración, tomen su escudo de fe y su espada del espíritu de Dios y oren fervientemente, con todo el corazón, continuamente.

Nosotras como mujeres tenemos un llamado muy grande en nuestras vidas: tenemos la dicha de ir ante el trono de nuestro Padre y elevar a los hombres de nuestras vidas a Él. Al Rey de Reyes, al Padre Amado, al Dios Santo, al Todopoderoso. Él es más que capaz de cambiar corazones, sacudir espíritus, dar sabiduría a los humildes, levantar a los débiles y dar poder. Él nos ve, conoce nuestros corazones, Él está levantando a los hombres de esta generación para que sean como Él y para que le sirvan a Él, para que sean obreros entre la cosecha, para disciplinar a los más jóvenes y tú tienes la oportunidad de unirte en su trabajo.

No solo ores por tu futuro esposo, ora por tu hermano, por tu padre, por los líderes, profesores y amigos. No te sientes en el banquillo a mirar, prepárate, doblégate y ora. Mira el trabajo de Dios, cómo cambia, trasforma y mueve a estos hombres. Él es fiel, y escucha nuestros lamentos. ¡PELEA!

“Y ustedes, israelitas que viven en la ciudad de Jerusalén, ya no tienen por qué llorar. Dios les tendrá compasión tan pronto como le pidan ayuda. En cuanto oiga sus gritos, les responderá.” Isaías 30:19 TLA

Escrito original en inglés por Alyssa Bethke