¿Qué hacer ante la incertidumbre?

Hace poco más de 2 años, recién llegada a Costa Rica, estaba en un bus e iba a mi primera entrevista de trabajo. Por supuesto, iba con una amiga que me había recibido en el país, de lo contrario, probablemente no hubiese llegado con éxito al lugar de destino.

Mientras conversábamos, mi amiga me preguntó: “¿No estás nerviosa?”. Me extrañé y le repliqué: “¿por qué habría de estar nerviosa?”.“Pues, es una entrevista de trabajo, un trabajo que necesitas… ¿Qué pasa si no te dan el trabajo?”, me dijo incisiva. —“Ummm, no. Si el trabajo es para mí, todo saldrá bien; si no es para mí, pues, no lo es y otro vendrá”, le respondí.

En ese momento quedé impactada de mí misma. Tantas experiencias que había tenido en mi proceso de emigrar —y en las que Dios había actuado de manera sobrenatural a mi favor— me habían enseñado que si Dios estaba al mando, no tenía de qué temer. Es de eso, precisamente, que quiero hablarte.

¿Miedo a la incertidumbre?

Vivir en este mundo muchas veces nos llena de aflicciones, de desespero, de afán; ese sentimiento de no saber qué pasará o cómo terminará la historia cuando estás en un valle de sombra, de incertidumbre.

Es común que nos dejemos guiar por nuestros ojos y sentimientos, que nos digamos cosas como: “de esta no salgo”. O bien, que nos afanemos y pensemos: “¿qué pasa si no me va bien?”. Es común que en medio de circunstancias difíciles o de dudas tengamos temor. “¿Cómo sé si esta decisión es la correcta?”, “¿cómo sé que este camino me llevará a bien?”, te preguntarás.

Ante esto, en Filipenses 4:6-7 Dios nos dice así: “No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también”.

Dejemos en manos de Dios todas nuestras inquietudes, nuestras dudas, nuestras peticiones, nuestros anhelos. Si Dios es quien maneja el barco de tu vida, cree que todo saldrá según su voluntad agradable y perfecta.

Aprende a reposar en Dios porque Él tiene el control de tu vida, de los tiempos y de cada situación. No importa si sientes que te estás ahogando, no importa si la duda del “¿qué pasará?” te carcome. ¡Descansa en Él! Recuerda que Él tiene la visión del cuadro entero, de la historia completa y sabe lo que es mejor para ti.

“Estad quietos y conoced que yo soy Dios”, Salmos 46:10.

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