Tres razones para hablar (orar) con Dios más allá de pedirle

orar

Aunque orar parece algo bastante fácil, a la mayoría de las personas nos cuesta hacer un hábito de ello y solemos orar solo cuando nos encontramos en una situación difícil. Orar es el medio que las personas utilizamos para comunicarnos con Dios, la oración es definida, como la acción de hablar con Dios.

Dios quiere que le hablemos, pero no solo cuando estemos en situaciones incómodas, sino en cualquier momento o etapa de nuestras vidas, en las tristezas pero también en las alegrías.

¿Por qué debemos orar? Hay varias razones por las que Dios quiere que le hablemos y le busquemos en oración.

1.Dios quiere que le hablemos

Sí, tan simple como eso. Iniciando por el Génesis, cuando el hombre pecó, Dios nos deja ver que quiere que vengamos a Él cuándo nos equivocamos, cuando hacemos algo mal o nos sentimos acorralados. Cuando pecaron, Adán y Eva se ocultaron al sentir la presencia de Dios pasearse en el huerto del Edén, y Dios le dijo: ¿Dónde estás? Me parece que Dios les estaba dando la oportunidad de que vinieran a Él y le contaran lo que habían hecho.

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De igual forma sucedió cuando Caín mató a Abel, Dios le preguntó: ¿Dónde está tu hermano, Abel? ¿Acaso no sabía Dios lo que había sucedido? ¡claro que sí!, pero Él quiere que le confesemos nuestras faltas.

2.Es la forma en que nos comunicamos con Dios

Aunque la tecnología ha avanzado mucho, Dios no tiene un número de whatsapp, un email o una dirección física en donde podamos enviar nuestras plegarias y darle gracias por las bendiciones recibidas. (Aunque mucha gente piensa que sí y se la pasa mandando cadenas sobre: “Di amen si crees en Dios”, “comparte la imagen si quieres un milagro”, etc.)

Dios es el dueño del mundo y el creador de todas las cosas, Él está en todas partes, podemos acceder a Él en cualquier momento y a cualquier hora sin necesidad de herramientas adicionales. La forma establecida para comunicarnos con Dios es mucho más sencilla que todo esto, es simplemente hablarle, abrir a Él nuestro corazones.

3.Hasta Jesús oró

Jesús, el hijo de Dios, sintió la necesidad de orar y nos enseñó y dio ejemplo de su vida de oración a través de las escrituras. El ministerio de Jesús comienza orando. En Lucas 3:21-22 leemos:

“Y aconteció que cuando todo el pueblo era bautizado, Jesús también fue bautizado: y mientras El oraba, el cielo se abrió, y el Espíritu Santo descendió sobre El en forma corporal, como una paloma, y vino una voz del cielo, que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido”.

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Si el hijo de Dios se presentaba en oración, mucho más nosotros. Todo lo que hacemos, nuestros proyectos, cada decisión a tomar debemos presentarla ante Dios, pedir su dirección y confirmación sobre las acciones que tomamos en nuestras vidas.

En Lucas 5:15-16 leemos que, con frecuencia, Jesús pasaba tiempo a solas en oración y eso responde la pregunta sobre cuánto tiempo debemos orar, pues, frecuentemente. Y no necesariamente debe ser arrodillado, podemos hacerlo en una sala de espera, en el transporte público y a la hora del descanso. Nosotros desperdiciamos mucho tiempo en tonterías en vez de llenarnos de Dios.

Muchas veces Dios toca nuestro corazón cuando quiere que pasemos tiempo con Él, de noche, de madrugada, en la iglesia, en la casa y elegimos pasarlo por alto.

Es importante que quede en nuestras mentes y nuestros corazones que la oración es la forma en que nos comunicamos con Dios. No hay otra forma, no hay otro medio, no hay otra herramienta, solo humillarnos y presentarnos en oración delante de Él. Hasta Jesús oró. Si Jesús, el hijo de Dios, quien vino del cielo y en verdad le conocía tuvo necesidad de orar, aún más nosotros necesitamos orar, y así poder vencer al enemigo, sus tentaciones y no ceder a las debilidades de nuestra carne. Dios quiere que le hablemos y hay muchas ilustraciones en la biblia que nos hablan acerca de esto y que debemos tomar como ejemplo.

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Mis Recomendaciones:

  • Establecer un lugar para tener intimidad con Dios.
  • Determinar una hora del día.
  • Ora en cualquier tiempo y lugar.
  • Toma nota de tus acciones de gracia y peticiones, especialmente si le prometes a alguien que le llevarás en oración. (Honra tu palabra)

Mi oración en este momento es que Dios derrame un avivamiento sobre su pueblo, y que nuestro tiempo de oración no sea solo para pedir y quejarnos, sino para llevar propósitos específicos y necesidades reales delante de Dios y podamos así ver su mano obrar en nuestras vidas.

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