¿Presa del afán? 3 razones para decirle ¡adiós! a las preocupaciones

Tampoco es que nos encante la cosa pero, pensándolo bien, pareciera haber una especie de placer culposo implícito en el afán porque ¡con qué facilidad se nos da –a las mujeres– eso de preocuparnos por tener todo bajo control!, ¿o soy la única a quien le pasa?

El vivir preocupadas puede que se interprete como algo común en una sociedad que exalta la capacidad multitasking de la mujer y que confunde la adicción al trabajo con ser productivas. Así es como El afán se ha convertido en un estilo de vida en auge que hemos subestimado y al que nos hemos acostumbrado.

Para muchas de nosotras, el afán es una lucha constante que libramos en defensa de nuestra paz mental y espiritual. De allí parte la urgencia de ser intencional a la hora de enseñarnos a descansar en Dios y a priorizar este principio en nuestro día a día. Si esto no es motivo suficiente para ti, te daré tres razones por las que necesitas dejar de preocuparte por todo desde una óptica bíblica.

1. Porque preocuparte en exceso nubla tu perspectiva

Cuando te preocupas por algo con afán, sueles perder de vista el panorama general de las cosas porque tu atención y esfuerzo se abocan por completo hacia esa situación en particular que se ha salido de “tu control”. En este punto, pierdes la perspectiva de tal forma que, sin darte cuenta, terminas por hacer a un lado lo que debe ser prioridad para ti en ese momento. Un claro ejemplo lo encontramos en Marta y su hermana, María.

Cuando Jesús llegó a la aldea donde ellas vivían, Marta lo recibió en su casa. De inmediato, María se sentó a escuchar lo que decía; pero Marta estaba tan abrumada por sus quehaceres que solo supo dirigirse a Jesús para hacerle saber que su hermana no la ayudaba.

Pero Jesús le contestó: —Marta, Marta, estás preocupada y te inquietas por demasiadas cosas, pero sólo una cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la va a quitar. Lucas 10:41-42 (DHH).

2. Porque la preocupación ahoga tu fe

No importa cuántas veces hayas visto a Dios actuar a tu favor ya que la preocupación y el afán minimizan a Dios en tu vida al alimentar esa urgencia que tienes por encontrar una solución. Esto les pasó a los discípulos de Jesús a pesar de presenciar sus milagros a diario.

En una ocasión, los discípulos se olvidaron de llevar comida y solo tenían un pan en su barca. En ese momento, Jesús intentaba alertarlos de algo pero ellos, abstraídos por la situación, discutían entre sí sin recordar de quién venía su provisión. La respuesta de Jesús al respecto fue contundente:

—¿Por qué dicen que no tienen pan? ¿Todavía no entienden ni se dan cuenta? ¿Tienen tan cerrado el entendimiento? ¿Tienen ojos y no ven, y oídos y no oyen? ¿No se acuerdan? Cuando repartí los cinco panes entre cinco mil hombres, ¿cuántas canastas llenas de pedazos recogieron? Ellos contestaron: —Doce. —Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas recogieron?Contestaron: —Siete. Entonces les dijo: —¿Todavía no entienden?, Marcos 8:17-21 (DHH).

3. Porque el afán saca a Dios de la ecuación

Cuando la preocupación te domina, el mismo afán por resolver te impulsa a actuar por tu cuenta, como si Dios se hubiera retrasado o necesitara de tu ayuda. De esta forma, le haces una invitación formal a la autosuficiencia en tu vida y ¡ay de sus consecuencias!

Si piensas que exagero, déjame hablarte de Sara (en ese entonces, Sarai). Ella era estéril, pero Dios le había prometido a su esposo, Abram, darle un hijo.

Afanada por el pasar de los años que le sumaban vejez, Sara decidió tomar cartas en el asunto:

…Como ella tenía una esclava egipcia que se llamaba Agar, le propuso a su esposo: «Abram, como Dios no me deja tener hijos, acuéstate con mi esclava y ten relaciones sexuales con ella. Según nuestras costumbres, cuando ella tenga un hijo ese niño será mío, porque ella es mi esclava». Abram estuvo de acuerdo. Entonces Sarai tomó a su esclava y se la entregó a su esposo. Abram se acostó con Agar, y ella quedó embarazada. Génesis 16:1-4 (TLA).

A pesar de haber conseguido lo que deseaba, ese niño que venía en camino no era el hijo de la promesa de Dios y solo trajo problemas entre Sara y su criada, quien más tarde huyó a causa de sus maltratos. (Puedes leer la historia completa a partir de Génesis 16)

 El afán no da tregua. En un abrir y cerrar de ojos puede acabar con tu vida…

El 27 de diciembre de 2017, mi familia y yo regresábamos de nuestras vacaciones. Veníamos descendiendo el páramo andino, un lugar caracterizado por sus pronunciadas curvas y alta tasa de accidentes fatales.

Nuestro viaje de regreso se retrasó y la preocupación por llegar a casa antes que anocheciera era tal que no nos detuvimos ni para comer. El afán hizo de las suyas e hizo que subestimáramos un olor fuera de lo común; después de todo, la camioneta parecía funcionar a la perfección.

Cuando descendíamos hacia una acentuada curva que debíamos tomar con cautela, la camioneta perdió los frenos y cobró velocidad por el peso que traíamos. Nos dirigíamos directo hacia el precipicio.

Momento del accidente

Dios nos salvó de rodar cuesta abajo gracias a que la camioneta quedó prensada de una forma inexplicable a un pequeño poste de electricidad que, a pesar de haberse desenterrado con el impacto, aguantó todo el peso del auto y evitó que nos termináramos de volcar.

Pilar que evitó que la camioneta rodara cuesta abajo.

Como verás, Dios tuvo que irrumpir de manera inaudita y poco convencional en nuestro presente para hacernos entender el enorme riesgo al que voluntariamente nos exponemos cuando llevamos una vida marcada por una preocupación desmedida. Ese día volvimos a nacer y hoy somos afortunados de vivir para contarlo.

Al punto, ¿cómo dejo de afanarme cuando siento que las preocupaciones me superan?

  1. Ve a la fuente. Toma un tiempo para alejarte del caos cotidiano y busca la presencia de Dios porque solo Él puede calmar tu alma y darte ese descanso que por ti misma no has logrado conseguir. “Ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar”, Mateo 11:28 (TLA).
  2. Llénate más de lo que Dios dice que de tu realidad. Cuando el afán es la regla, necesitas contrarrestar lo que ahoga tu fe y nada mejor para hacerlo que recordarle a tu corazón lo que dice Dios en su palabra. Acá te dejo algunos pasajes:

Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy, Mateo 6:34 (NTV).

Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? Mateo 6:25 (NTV).

Así que no se preocupen por todo eso diciendo: “¿Qué comeremos?, ¿qué beberemos?, ¿qué ropa nos pondremos? Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades. Mateo 6:31 (NTV).

  1. Asume la actitud correcta. No, no es desesperarte, tampoco apostar a la autosuficiencia; todo lo que necesitas es poner en práctica la gratitud. Un corazón agradecido le demuestra a Dios que confía en Él y en sus tiempos aun cuando nada sale según lo esperado. “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que Él ha hecho”, Filipenses 4:6 (NTV).

El primer paso para ganarle la carrera al afán es entender que no necesitas correr cuando puedes caminar a tu propio ritmo. Ahora deja que Dios te ayude a hacerlo.

¿Impaciente? Tips para aprender a esperar el tiempo de Dios

Una de las cosas que más nos cuesta a muchas, es la de aprender a esperar. Vivimos en un mundo acelerado e impaciente, donde todo es urgente, donde parece que corremos una carrera contra reloj para lograr las cosas que queremos, cuando las queremos.

Sí, somos impacientes, nunca estamos conformes, siempre queremos más y lo queremos ¡ya!

Cuando somos niñas, queremos ser grandes, jugamos con el maquillaje de mamá y nos ponemos sus tacones y vestidos. Cuando llegamos a la adolescencia, a veces nos frustramos por no tener una voluptuosa figura de mujer, o porque no nos dan permiso para depilarnos las cejas y piernas. Cuando somos estudiantes, queremos graduarnos ¡ya! para trabajar. Cuando somos solteras, queremos que llegue ¡ya! el indicado para casarnos. Cuando estamos casadas queremos una casa grande, el auto, los hijos, y pare de contar. Nunca estamos conformes, siempre queremos más y lo queremos ¡ya!

Lo que a veces no somos capaces de ver es cuánto daño nos hace esto.

El afán, el estrés y las preocupaciones, no nos llevan a nada, créanme, se los digo por experiencia. No es fácil esperar, pero cuando confiamos que tenemos un Dios sobrenatural, cuando tenemos fe en que Dios es nuestro suplidor, nuestro redentor y nuestro Padre amado, toda duda se disipa, todo miedo se esfuma y es en ese preciso momento, cuando aún en medio de la tempestad del día a día, de los problemas y las frustraciones, que podemos sentir paz.

Amiga, hoy quiero decirte que no te desesperes

Y antes de todo acude a la oración. Pídele a Dios y Él te responderá en su tiempo y según su voluntad. La buena noticia es que tenemos un Padre que no nos desampara. Dios es nuestro Padre y como tal, Él quiere lo mejor para ti y para mí. Porque si aún nuestros padres terrenales quieren lo mejor para nosotras, ¿cuánto no querrá Dios que logremos?

Sin embargo, no seamos sabias en nuestra propia opinión, quizás lo que tú quieres para ¡ya! te parezca bueno, pero Dios tiene otra cosa para un poquito más tarde que será ¡muchísimo mejor! ¿Comprendes? Él puede ver más allá de lo que tú o yo jamás podamos imaginar, Él es Dios.

Para finalizar, quiero regalarte algunas citas bíblicas que puedes memorizar o anotar para leer cuando lo necesites:

“Pero ustedes, hermanos, tengan paciencia y no se desesperen, pues ya pronto viene Cristo el Señor. Hagan como el campesino, que con paciencia espera la lluvia, y también espera que la tierra le dé buenas cosechas”; Santiago 5:7 TLA.

“Calla en presencia de Dios, y espera paciente a que actúe; no te enojes por causa de los que prosperan ni por los que hacen planes malvados”; Salmos 37:7.

“Toda mi esperanza la tengo puesta en Dios, pues aceptó atender mis ruegos”; Salmos 40:1 TLA.

“Y así, habiendo esperado con paciencia, Abraham obtuvo la promesa” Hebreos 6:15 NBLH

“Espero en el Señor; en Él espera mi alma, y en Su palabra tengo mi esperanza”; Salmo 130:5 NBLH.

Unboxing: desempacando a mi nueva yo

De seguro muchas de ustedes siguen uno que otro canal de YouTube y si no, al menos lo usan; si colocas en el buscador de dicha red la palabra ‘unboxing’, el resultado serán cientos de videos. Este término se refiere a sacar algo nuevo de su empaque. Pero, ¿existe una nueva yo que necesite desempacar? ¡Vamos a descubrirlo!

Dios nos hizo únicas y especiales, con ciertas características parecidas entre una mujer y otra. Aun así, cada una tiene una personalidad que le distingue, algo único que te diferencia del resto.

La presión ejercida por la sociedad y el bombardeo de los medios masivos por lo general está enfocado en moldear la conducta del ser humano, en especial, de las mujeres. Por años nos han dicho qué lugar ocupar en la familia y sociedad, qué trabajos realizar, qué ropa usar, cómo comportarnos, qué esposo desear, entre otros aspectos. Ahora bien, a pesar de la cantidad de activistas que existen y defienden el lugar que se supone debemos ocupar como mujeres; no hay una mejor guía que la Biblia para saberlo.

Cuando conocemos el carácter de Dios, nuestro deseo como criaturas hechas a su imagen debe ser modelar ese carácter. Seas creyente o no, si cultivas los puntos de los que hablaré a continuación, estos harán de ti esa nueva mujer de la que no te arrepentirás; una cuyo “valor supera en mucho al de las joyas”, (Proverbios 31:10, NBLH). Así que empecemos a desempacar esas cualidades que nos harán una nueva y mejor persona.

No te afanes

La biblia habla de dos hermanas, Marta y María. Marta estaba muy afanada y turbada con cosas que podían ser postergadas; por otro lado, María decidió prestarle atención a lo que en realidad importaba. No te dejes ahogar por los afanes de modo que subestimes las cosas que en realidad importan.

Sé paciente

Ana era una mujer que no había podido dar hijos a su esposo mientras éste ya tenía hijos con su otra esposa. Ana estaba verdaderamente triste por esto así que derramó su corazón ante Dios, esperó y Dios cumplió su deseo al darle un hijo que fue un gran hombre, del cual seguro ella estaba muy orgullosa. No seas impaciente en ninguna de las áreas de tu vida. Usa tus recursos para resolver situaciones, pero ante todo confía y espera, pues, los tiempos de Dios son perfectos.

Sé confiable para tu esposo

No seas una carga pesada para tu esposo, recuerda que eres para él un complemento y ambos se completan en sí. Cumple con tus deberes, cuida de él en la manera que puedas. No lo agobies de manera innecesaria, mejor enfócate en ser su ayuda idónea.

Sé laboriosa

Entiendo perfectamente lo hermoso y deseable de las historias de cuentos de hadas, esas que te plasman sentada en tu reino sólo siendo bella y halagada. Pero no, esa no es la realidad. Todas las mujeres, solteras o casadas, tenemos asuntos de los que ocuparnos y –seamos sinceras– postergar lo que necesitamos hacer no nos llevará a ninguna parte. Ser diligiente es una cualidad alabada en las mujeres. Una mujer que cumple, que realiza sus tareas y que cuida su hogar es una mujer ejemplar.

Vela por tu familia

Tu familia es tu tesoro. Velar por tu familia es una frase corta y fácil de decir, la misma implica un arduo trabajo, pero nos toca. Sabemos que estamos programadas para esta labor desde siempre: cuidar a los hijos, atender al esposo, ayudar al hermano, proveer a los padres, entre otras actividades. Es un trabajo duro pero está más que demostrado que podemos hacerlo (y si no me crees, lee Proverbios 31). A diferencia de los hombres, Dios nos creó con la capacidad de ser multitareas y por eso podemos hacerlo de forma eficiente.

Sé misericordiosa

Sí. La nueva yo necesita practicar la misericordia, identificar necesidades que pueda suplir, ser amable, sonreír, dar la mano a quien lo necesite. Siempre habrá una oportunidad para servir a alguien más, sólo abre bien los ojos y mira a tu alrededor, tanto dentro como fuera de tu familia.

Sé discreta

Por favor, no eres un noticiero para estar llevando primicias de un lugar a otro. La gente puede hacerte creer que está bien recibir y difundir una que otra información, pero en términos generales, a nadie le agrada una persona que esté llevando y trayendo información de quienes le rodean. Amiga, esto es de muy mal gusto y de seguro los demás te pagarán con la misma moneda a tus espaldas.

Estas son algunas de las cualidades que, como meta, podemos desempacar de nuestras vidas para ponerlas en práctica; muchas de ellas están registradas en  el libro de Proverbios, capítulo 31, donde  se habla de la mujer virtuosa. Gracias a esas cualidades, “sus hijos y su esposo la alaban”, (Proverbios 31:28).

El empoderamiento y liderazgo de la mujer no inició con Olympe de Gouges, en 1791, con su declaración de los derechos de la mujer (historia de la liberación femenina); más bien inició con una joven reina llamada Ester (Libro de Ester en la Biblia), una mujer empoderada, líder y estratega, quien descubrió en ella cualidades que tal vez desconocía y cuya situación las sacó a flote. Tú y yo estamos llenas de hermosas cualidades que nos hacen mejores tanto para nuestro beneficio como el de las personas que nos rodean.

¡Busquemos dentro de nuestro ser y desempaquemos a nuestra nueva yo!

Seis tips para aprender a escuchar la voz de Dios a través de Su Palabra

leer la biblia

En la actualidad, muchas personas son algo escépticas con respecto a “escuchar” la voz de Dios, incluso lo consideran una cosa del pasado o de la Biblia únicamente. Sin embargo, hoy en día también podemos escuchar la voz de Dios que nos habla y nos guía.

Primeramente, tenemos un manual de vida que es la palabra escrita: La Biblia. Dios dio hace muchísimos años a hombres sabios y dignos la posibilidad de plasmar los milagros y la historia del pueblo de Israel, así como los mensajes de Dios a sus hijos a través de pergaminos, tablas y cartas que, aunque fueron escritos en tiempos distintos, en conjunto conforman un conglomerado congruente y fiel a la historia y al carácter de Dios.

Comenzar a leer la Biblia es difícil, las primeras complicaciones aparecen cuando se asoman palabras desconocidas, o historias difíciles de entender considerando un contexto actual. Es por eso que, si deseas comenzar y no sabes cómo, o si lo has intentado, pero te rindes después del primer capítulo, puedo darte algunas recomendaciones para comenzar con buen pie y mantenerte animada a continuar.

1. Comienza con un corazón dispuesto

Antes de comenzar, lo primero que debes hacer es entregar en oración ese tiempo a Dios y asumir la mejor disposición de tu corazón para no solamente leer, sino escuchar con oído espiritual, meditar en la palabra e interpretarla para llevarla a la práctica. Puedes hacer una oración como esta:

“Dios, conoces el deseo que tengo de aprender de ti y escuchar tu voz. Por eso te entrego este tiempo, quiero leer tu palabra y que ella se vaya sembrando en mi corazón. Te pido me des entendimiento para poder tomar de cada lectura lo mejor, guardarlo en mi mente y recordarlo en el momento que más lo necesite. Amén”

2. Busca una versión fácil de entender

Hay muchas versiones con lenguajes más actuales que nos permiten entender mejor la secuencia de la lectura; incluso es bueno utilizar varias versiones para comparar desde distintas aristas los mismos versículos. Por mi parte, siempre leo Traducción Lenguaje Actual (TLA), Nueva Versión Internacional (NVI) o Palabra de Dios para Todos (PDT) las cuales son más comprensibles y, para iniciarte en la lectura bíblica, pueden llegar más a nuestro corazón.

Por supuesto, versiones tradicionales como Reina Valera tienen igual un impacto, sobre todo si tenemos años escuchando líderes o pastores recitando ciertos versículos que al final quedaron en nuestra memoria, por ello tienen un valor importante (ya están en nuestro corazón).

3. Comienza por los Evangelios

Mateo, Marcos, Lucas y Juan; cuatro apóstoles que relatan la historia de la venida de Jesús a nuestro mundo, las muchas enseñanzas que impartió durante su ministerio en la tierra y el sacrificio que hizo por toda la humanidad en la cruz. ¿Por qué comenzar por allí? Porque es la razón de toda nuestra existencia, es la cúspide de la Biblia, la historia más trágica y a la vez más conmovedora, aquella que nos da esperanza, perdón y nos hace entender la magnitud del más puro amor. El evangelio nos acerca al corazón de Dios.

4. No pretendas leer todo al mismo tiempo

Cuando leemos rápidamente la palabra podemos pasar por alto importantes mensajes de parte de Dios. Por eso es que es recomendable leer un par de capítulos por día, para que puedas realmente analizar lo que lees e inclusive intentar memorizar algunos versículos.

5. Utiliza marcadores o resaltadores

Para resaltar aquellos versículos que te gustaron o que hablaron de alguna forma a tu corazón. De esta manera, luego podrás buscarlos nuevamente y recordar lo que Dios habló a tu vida. Yo utilizo unos marcadores tipo post-it transparentes, vienen de colores y a cada color le asigné un tema. Por ejemplo: el color naranja me habló de “sabiduría”, el color verde de “liderazgo”, el color amarillo de “fe” y el azul me dio una “promesa”.

6. Hazlo en común acuerdo

Tal como cuando comenzamos una dieta o el gimnasio, nada como hacerlo en común acuerdo con otra persona que desea lo mismo. ¿Por qué? Porque cuando uno desmaya, el otro lo levanta. Así como cuando Moisés alzaba sus brazos al cielo para que Dios les ayudara a librar la batalla (Éxodo 17:11-13), cuando él se cansaba, Aarón y Hur lo sostenían para apoyarlo en su cansancio y no dejar de tener el favor de Dios; así podemos buscar compañeros de batalla que sostengan nuestros brazos al cielo y no dejar de buscar la guía y el favor de Dios a través de su palabra.

Existen muchas otras cosas que puedes hacer para mantenerte fiel a la palabra, puedes comenzar con estos 6 tips que te ayudarán a fidelizar tu lectura bíblica diaria. Y no te frustres, a todos nos pasa que nos atrasamos, nos cansamos o que pasamos una temporada lejos de la palabra, sin embargo, puedo decirte que cuando atravesamos nuestros desiertos y momentos oscuros, es la palabra sembrada en nuestra mente y corazón la que nos regresa la esperanza y nos levanta. Así que ¡ánimo! ella siempre está allí a nuestro alcance, recuerda regresar a ella con un corazón dispuesto, Dios desea que escuches su voz.

Frases de películas con increíbles lecciones para poner en práctica

Creo en un Dios infinitamente creativo, que se basa en los más inimaginables recursos y circunstancias para hablar a nuestro corazón. De entrada, hago esta aclaratoria porque quizás algunos considerarán una locura lo que estoy a punto de expresar.

Verás, en mi experiencia, el séptimo arte es una de esas plataformas con las que Dios me ha sorprendido a través de enseñanzas invaluables, de esas que te invitan a meditar, por esa razón me he dado a la tarea de compartirte algunas de ellas. Veamos:

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Todo lo enraizado en nuestro corazón –eso que creemos, hacemos y nos define– encuentra su origen en un pensamiento que decidimos cultivar; la palabra de Dios nos alerta sobre esto:

«Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque ella es fuente de vida», Proverbios 4:23 (DHH).

Por su parte, el apóstol Guillermo Maldonado, en su libro La Inmoralidad Sexual, asegura que cuando las personas alimentan pensamientos inadecuados, «esos pensamientos se establecen en la mente y dan lugar a la concepción del pecado». Asimismo, asegura que el común denominador de sus acciones postreras «es que ellos, tiempo atrás ya habían aceptado el pecado en la mente y en el corazón». Como verás, se trata de una cadena que no se rompe hasta moldear tu carácter y forjar tu destino.

En Efesios 6:16, la Biblia nos indica que debemos tomar el escudo de la fe para apagar todas las «flechas encendidas del maligno» –una clara alusión a los pensamientos inadecuados–. Este principio aplica a todas las áreas de nuestra vida; así que cuando lleguen a ti razonamientos contrarios a lo establecido por Dios en su palabra, ¡córtalos de raíz!, la estrategia ya la tienes:

«Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo», 2 Corintios 10:5 (NBD).

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En ocasiones tendemos a hablar con desenfreno, sin prudencia alguna, conforme dictan las emociones del momento, sin saber en qué medida podemos afectar a otros. No en vano, Santiago 3 nos alerta de cuán dañina es la lengua, ese pequeño músculo tan difícil de controlar, hasta el punto de compararla con un «veneno mortal» (Santiago 3:8).

«De la misma boca salen bendiciones y maldiciones. Hermanos míos, esto no debe ser así. De un mismo manantial no puede brotar a la vez agua dulce y agua amarga», Santiago 3:10 (DHH).

Necesitamos cuidar nuestras palabras. Lo que decimos no solo tiene el poder de marcar positiva o negativamente a otros, sino que deja ver lo que habita en nuestro interior (Lucas 6:45). Por eso medita antes de hablar y procura que tus palabras sean siempre agradables, aun cuando las circunstancias no sean las mejores.

«No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan», Efesios 4:29 (NTV).

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Ante la vista humana, las circunstancias adversas siempre parecerán obstáculos imposibles de superar, y ese es el objetivo, de esa forma pretenden resquebrajar nuestra fe. Pero la Biblia es clara, Dios llama las cosas que no son como si fuesen, ¿Por qué no deberíamos hacerlo nosotros?

«Jesús les respondió: —Porque ustedes no confían en Dios. Les aseguro que si tuvieran una confianza tan pequeña como un grano de mostaza, podrían ordenarle a esta montaña que se moviera de su lugar, y los obedecería. ¡Nada sería imposible para ustedes!», Mateo 17:20 (TLA).

Cierra tus ojos, acalla lo que grita el alma, elige alimentar tu fe y prepárate para ver lo imposible. En nuestro post Tomorrowland: soñadores perseverantes que renacen de la esperanza, puedes leer la reseña completa de esta maravillosa película.

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Seamos honestas, sea en nuestro trabajo o en nuestra vida matrimonial, a las mujeres nos encanta controlar hasta el más mínimo detalle, y aunque nos cueste asimilarlo, hay roles que no nos corresponde ejercer; la Biblia así lo establece. En el post Los peligros de la autosuficiencia explico un poco más sobre el origen de nuestra naturaleza y sus razones.

Cuando nos esforzamos por desempeñar tareas que no nos corresponden, dejamos de apreciar aquello para lo cual fuimos exclusivamente diseñadas. Dios desea que cultivemos la sujeción, descansemos en Él y nos ocupemos en su propósito para nosotras como mujeres.

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Tu mayor limitante —contrario a lo que crees— no es lo que enfrentas, sino tú misma. Verás, la fe no es una condición mental, sino un don dado por Dios, y tú cuentas con una medida de fe que solo puede ser activada por ti, ¡ese es el verdadero propósito de la adversidad! Así que decide creer en el Dios que sustenta tu fe.

«Jesús le dijo: —¿Cómo que “si puedes”? ¡Todo es posible para el que cree!», Marcos 9:23 (DHH).

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Desde aquel incidente en el jardín del Edén, en donde Adán y Eva comieron del árbol prohibido, el conocimiento se ha convertido en la constante búsqueda del ser humano y es la principal barrera que nos impide reconocer a Dios tal como es, sin muchos cuestionamientos, pues nuestra mente es finita para comprenderlo.

«Jesús le respondió: —Yo soy el camino, la verdad y la vida. Sin mí, nadie puede llegar a Dios el Padre», Juan 14:6 (TLA).

No importa lo que creas saber si de hallar la verdad se trata, Pablo lo tenía claro:

«Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo», Filipenses 3:8 (NTV).

Jesús es la verdad y la vida, pero no termina ahí, porque también es el camino, ¿si ya conoces la verdad, qué harás con ella ahora?

Asume tu posición (Lo que aprendí del libro de Ester) II parte

mujer asume tu posición

En el post anterior hablaba sobre comenzar a asumir tu posición como mujer  e hija de Dios en este mundo, para ello usé la historia de la Reina Ester de la Biblia, quién confió en Dios y sabiamente ejecutó el plan que Él le asignó, vistiendose de valor y usando sus cualidades.

Ahora analicemos más a detalle esas cualidades que Ester usó, y que seguramente tú y yo también podemos usar:

1. Confianza en Dios

Si algo sabía Ester es que por sus medios no lograría nada, ya que según la ley si ella se presentaba delante del rey sin ser llamada podía morir, pero luego de recibir las palabras de Mardoqueo éstas le hicieron entender que ella no estaba a salvo aun siendo reina y que si ella no hacía nada, de todos modo Dios enviaría socorro de algún lugar y le cuestionó diciendo: Quien sabe si para esta hora haz llegado al reino? La hora de asumir su posición; la hora de poner en práctica el propósito de Dios en su vida.

Estamos llamadas a la acción, la vida está llena de decisiones, tenemos que ver cuidadosamente a nuestro alrededor, contemplar los pros y contra y buscar siempre la dirección de Dios en cada decisión que tomamos. Esther hizo eso precisamente buscar ayuda en Dios y soporte en su pueblo y quienes le rodeaban; hizo un llamado general a un ayuno, incluida ella (buscó la presencia de Dios) se humilló ante Dios y más adelante podemos ver de qué manera tan creativa y maravillosa Dios da la respuesta y salida perfecta a toda esta situación.

Y así como hizo Dios con Ester puede hacerlo en la vida de cada una de nosotras si nos entregamos a la voluntad de Dios, le creemos y buscamos su presencia.

2. Sabiduria

Si algo se hace notar en la historia de Ester es que no solo era bella y humilde, también era sabia e inteligente. A veces tenemos acceso a quien nos puede dar la mano, pero lamentablemente lo hacemos en el momento menos oportuno o de la manera menos indicada. Así que es importante antes de entrar en acción buscar el ambiente, tiempo o lugar adecuado para obtener la respuesta indicada. La vida de Ester no solo corría peligro por el edicto en contra de los Judíos, sino también porque si entraba a ver al rey sin ser llamada y este no estaba en disposición de recibirla ella podía morir, porque así lo determinaba la ley.

Inicialmente usó su sabiduría buscando ayuda en Dios y luego pasó a ver al rey quien por la gracia que Dios había puesto en ella fue recibida, pero ella no fue directamente de manera caprichosa a hacer su pedido, ella planeó una estrategia e inició solicitando la presencia del rey en un banquete al cual también estaría invitado Aman y el rey accedió a su solicitud, cuando este le pregunto nuevamente cuál era su pedido, ella nuevamente lo invitó a otro banquete; pienso que esto le ayudo a estar segura de la disposición del rey para darle lo que ella le pediría, ya que este en repetidas ocasiones le dijo: hasta la mitad del reino te daré. Esto pudo darle una idea de que tantas probabilidades tenía de recibir lo que demandaría al rey.

Ver la manera en que Ester se conduce en medio de toda esta difícil situación nos da una idea de cómo podemos nosotras asumir nuestra posición, nuestro rol, con sabiduría y confianza en Dios y siendo pacientes tomando en cuenta el entorno y los posibles escenarios al momento de actuar. Las mujeres solemos ser proactivas y algo efervescente y estas cualidades podrían actuar en nuestra contra, por lo tanto debemos procurar ser sabias y desarrollar cualidades que nos aporten y nos ayuden a tomar las mejores decisiones.

3. Valentía

Considero que en el mundo existen más mujeres valientes de las que se han dado a conocer y Ester es una de ellas, claro que la confianza en Dios nos reviste de valor y eso no lo podemos obviar. Cuando leo en la biblia la frase …y si perezco, que perezca! No me deja de asombrar y no deja de transmitirme ese valor, no importa cuántas veces lo lea me hace sentir que ese tipo de valor es el que necesito, y el que necesitamos muchas de nosotras, el poder decir, si tengo que dejarlo todo, sacrificar cosas, perder amigos; por asumir el rol para el cual he sido llamada así será porque si algo hay seguro es que la mejor recompensa viene de Dios y El se agrada de que hagamos su voluntad.

Posiblemente no recibamos la recompensa de nuestro esfuerzo en esta tierra, pero para ello tenemos la eternidad y eso debe bastar.

Muchas veces nos cuesta actuar por miedo no solo al que dirán, sino a lo que perderemos en el camino o tendremos que sacrificar. Pero si de algo estamos seguras es de que Dios a quien envía respalda y lo hemos visto por siglos. Dios no nos desampara, el permanece a nuestro lado siempre, sólo debemos vestirnos de valor, es difícil decir de corazón la frase y si perezco que perezca, pero es el tipo de valor que debemos aprender a desarrollar porque en Cristo todo lo podemos, pues El es nuestra fortaleza.

No trates de ocupar el lugar que no te corresponde

Algo que nunca, bajo ninguna circunstancia debemos hacer, es tratar de ocupar el lugar o ejecutar el rol que Dios le ha asignado a otra persona. Dios tiene un llamado especial para cada quien y puede que tengas las cualidades para desarrollar ciertas funciones, pero si no es a lo que Dios te ha llamado es mejor que te mantengas al margen hasta que Dios determine si te debes involucrar.

Pudimos ver como Aman se dejó llevar por la vanagloria y el amor al poder; cuando el rey le preguntó sobre qué hacer con el hombre a quien deseaba honrar, el ego no le permitió al menos indagar de quien se trataba, inmediatamente asumió que se trataba de él, se puso creativo y pidió lo mejor, el máximo honor, el mejor caballo, la corona del rey y todo cuanto se le ocurrió sólo por querer ocupar un lugar que no era el que le correspondía. Y suele pasarnos hoy en día, tal vez no de un modo tan directo, pero tratamos de ir ejecutando planes y desarrollando acciones que nos puedan llevar a ocupar el lugar que ya tienen otros, porque pensamos que tenemos lo necesario para estar ahí y el problema es que no nos conformamos con ser parte del cuerpo o del equipo, todos queremos ser cabeza y todos queremos ser líderes. Tal vez lo correcto sea cooperar con quien está en cierta posición porque al final ni siquiera necesitamos crédito, porque el crédito absoluto es de Dios, a quien le pertenecemos, quien nos creó y quien dirige nuestras vidas.

Así que vamos a orar a Dios para entregarle por completo todo nuestro ser, para que El nos de entendimiento y dirección sobre cual papel debemos desempeñar en la vida y en su obra. Que seamos llenas de su Espíritu Santo y que este nos ayude a discernir en cada decisión que tomamos. Vamos a confiar en Dios, a ser sabias y a llenarnos de valor como nos enseña Ester y a no tratar de imponernos en un lugar o posición que no nos corresponde, porque al final cada quien tendrá su recompensa, ya sea premio, ya sea castigo; nuestras acciones determinarán cual se nos otorgará y cual será nuestro destino final. Que la luz de Dios brille sobre nuestras vidas y nos ayude a asumir con fe y valor nuestra rol.

Escrito por Esther Herrera

Esther es oriunda de República Dominicana, madre soltera de un hermoso niño casi adolescente, le encanta escribir, escuchar música y el running. Es locutora y ha colaborado en espacios como: “La voz e Mahanaim” y “Conversando entre amigas”, también es líder de damas junto a otras valiosas mujeres.

Asume tu posición (Lo que aprendí del libro de Ester) I parte

Mujer asume tu posición

Todos en la vida tenemos un rol que desempeñar, una posición que asumir, la cual es determinada por nuestras decisiones y por el propósito de Dios en nuestras vidas. Existen muchas áreas en nuestras vidas en las que aún no hemos trazado un plan específico, (completar estudios, viajar, formar familia, ir al seminario) ya que solo estamos viviendo un día a la vez, pero de repente llega Dios a poner en acción ese plan para nuestras vidas, un plan del que no tenemos detalles y posiblemente no sabemos con certeza el camino que debemos tomar.

La historia de Ester

¿Has leído el libro de Ester en la Biblia? Ester, según podemos leer, era humilde y había sufrido la pérdida de sus padres, por compasión, por amor o por cercanía fue luego adoptada por su primo Mardoqueo, cuando el rey Asuero luego de ser avergonzado por la reina Vasti, decide, por el consejo previamente recibido de los príncipes, elegir una reina para ocupar el lugar de esta; Ester fue una de las doncellas elegidas para ser preparada y presentada delante del rey.

Personalmente, no creo que Ester tenía agendado participar en un evento como este, para ocupar la posición más alta que una mujer podía tener en un país en aquellos tiempos, pero Dios la sacó de su humilde lugar de origen y la llevó a aquel reino para cumplir con un propósito muy especial. Lo importante de la historia de Ester en este momento es el hecho de que ella asumió su posición desde el inicio cuando fue llevada a la casa de las mujeres como candidata, hasta ser presentada delante del Rey y elegida por él. Obedeció a Mardoqueo cuando este le aconsejó sobre no hablar de su origen y a Hegai, eunuco del rey, de quien prácticamente recibió asesoría de como presentarse delante del rey ya que ella no solicitó nada, sino lo que él entendía ella debía llevar.

Es hora de asumir tu posición

La mayoría de las veces, en diferentes áreas de nuestras vidas las mujeres no, nos dejamos guiar, (especialmente en estos tiempos) analizamos los posibles escenarios y las posibles consecuencias y tomamos la decisión que a nuestro juicio es la mejor. Claro, no es que seamos rebeldes sin causa, reconozco que Dios ha dotado a la mujer de unas cualidades excepcionales, un instinto innegable, un amor infinito, un coraje y una fortaleza que no tienen comparación, pero a veces perdemos mucho por no asumir el rol o la posición que ocupamos. Las mujeres somos generadoras de vida, pero también somos generadoras de cambios que transforman vidas y ese es un gran poder.

Todo andaba bien en la vida de Ester hasta que su pueblo se vio amenazado y le llegó ese momento, el cumplimiento del propósito por el cual Dios la había llevado a ese lugar, el momento de asumir su posición y mostrar de que era capaz y en quien había creído y por más que trato no puedo imaginar el sentimiento al recibir esa noticia y tener que tomar una acción, o simplemente no hacer nada y dejar que pase lo que tenga que pasar, por supuesto, el camino fácil sería lo lógico, usar cualquier excusa, el decir no puedo hacer nada, no está en mis manos, no puedo ver al rey hasta llegado mi tiempo porque podría perder la vida y muchas excusas más, las que en realidad no lo eran, pues todo eso era cierto.

Sin embargo, nosotras hoy en día tenemos esa capacidad de inventar excusas para no hacer, para no lograr, para no cumplir nuestra parte respecto al plan de Dios para nuestras vidas.

“Tengo mucho que hacer…”

“Los niños me absorben…”

“Mi esposo, las cuentas, el ministerio…”

Puedo decirte que todo es posible cuando decidimos hacer lo que nos toca hacer. Cuando entendemos que tenemos una responsabilidad, un rol, una posición con la cual cumplir como hija de Dios, cristiana, madre, esposa, en fin, mujer. Cuando entendemos lo maravilloso que es creerle a Dios y seguirle El se encarga de guiar nuestros pasos y poner orden en cada área de nuestra vida de tal modo que nos resulta increíble que el tiempo nos alcance para más cosas de las que nos hemos propuesto hacer y esto resulta porque Dios se agrada de que hagamos su voluntad, de que le creamos y hagamos lo que es correcto para nuestras vidas y la vida de quienes nos rodean.

El momento cumbre en la vida de Ester había llegado, el pueblo judío corría amenaza de muerte debido a un plan orquestado por Aman a quien Asuero había puesto sobre todos los príncipes que estaban con él. Y ahí estaba ella, siendo Judía y siendo reina, el momento había llegado, podía simplemente develar quien era ella y decirle al rey haz condenado mi vida y la de mi pueblo porque yo soy judía y morir, o guardar silencio y ver morir a su pueblo y cargar con ese pesar el resto de su vida.

Desempeñar un rol en cualquier área de nuestra vida requiere sabiduría, coraje, valor y hasta paciencia, pero sobre todo confiar en Dios y eso fue precisamente lo que hizo Ester, confió en Dios y sabiamente ejecutó un plan y se vistió de valor.

En la próxima parte de este artículo veremos más a detalle esas cualidades de Ester que ella usó como herramientas para asumir su rol, de manera que tú también puedas aprender a visualizar cuales son las que tú puedes usar para asumir el tuyo.

Escrito por Esther Herrera

Esther es oriunda de República Dominicana, madre soltera de un hermoso niño casi adolescente, le encanta escribir, escuchar música y el running. Es locutora y ha colaborado en espacios como: “La voz e Mahanaim” y “Conversando entre amigas”, también es líder de damas junto a otras valiosas mujeres.

Cinco grandes lecciones que nos dio Rut

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La biblia está llena de historias fascinantes, de batallas y giros inesperados. Una de mis favoritas está en el libro de Rut. Un pequeño relato, contado en tan solo cuatro capítulos, que guarda poderosas lecciones de vida que seguramente traerán luz al momento de tomar decisiones importantes.

La historia comienza con una familia que decide abandonar su país a causa de una hambruna feroz. Pero no era cualquier familia, ni cualquier destino al que marchaban. Era una familia judía que abandonaba Belén (Tierra de pan) para ir tras un futuro incierto en Moab (un país gentil que continuamente estaba en tensión con Israel y que surgió cuando las hijas de Lot le embriagaron y tuvieron relaciones con él para tener un heredero).

Se trataba de la familia de Abimelec y su esposa Neomí, quienes tenían dos hijos que se casaron con dos hermanas Moabitas: Rut y Orfa.  Todo parecía marchar con normalidad hasta la muerte de todos los hombres de la familia. El panorama era desolador: una anciana judía en tierra extranjera con dos jóvenes nueras que no tenían la obligación de permanecer junto a ella.

Quiero que entiendas bien la situación: esas mujeres habían quedado en la calle; en la antigüedad las mujeres no heredaban, solo los hombres. Así que allí estaba Noemí, pensando qué haría ella en una tierra que no era suya, con todos sus años encima y sin heredad. Lo lógico era que sus nueras la dejaran, ellas todavía eran jóvenes y podrían conseguir un esposo y tener hijos. Sin embargo, a pesar de persuadirlas a que volvieran con sus parientes, una de ellas, Rut, dijo una de las declaraciones más importantes en la historia de la fe: “No insistas que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, iré yo, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios”.

Y siempre bromeo con esto, pero de verdad ¿si no hay esposo de por medio, qué chiste tiene vivir con la suegra? Algo muy diferente tenía Neomí que esta joven moabita había decidió hacer tan poderosa declaración: “Ese Dios al que le sirves, ese Dios que ha hecho de ti una mujer diferente, a ese Dios también quiero conocerle y servirle. Así que a donde tú vayas, yo iré”.

Una vez establecidas en Belén, Rut, la moabita, se encuentra en los campos de Booz, un pariente lejano de Noemí, y él simpatiza con ella. Antes de que termine la historia, Booz decide casarse con ella, y al final Rut termina dando a luz a un niño judío, que terminó siendo el abuelo del rey David. La mujer que estaba de última en la fila, la marginada, fue puesta adelante para recibir la bendición de Dios.

Para conocer a fondo la historia  y todos sus detalles te recomiendo que leas el libro, si la lees por primera vez te recomiendo esta versión con un lenguaje mucho más fresco y entendible.

Estas son las cinco cosas que debemos aprender de Rut, basadas en el libro de “Las intrépidas hijas de la Biblia” de J Lee Grady:

1.-Le dijo adiós a su pasado. Rut era moabita, lo que probablemente implicaba que había crecido en un hogar donde el incesto y otro tipo de prácticas inmorales eran ofrecidas como sacrificio a dioses paganos. No tenía una historia familiar muy digna de contar. Posiblemente creció en un hogar donde lo normal era el abuso y el desenfreno. Y aunque su pasado no era muy bueno y pudo escudarse en algo como: “más vale malo conocido que bueno por conocer”, ella decidió darle un vuelco a su vida.

2.- Tuvo determinación. Muchas personas eligen seguir a Cristo, pero no todos están dispuestos a tomar su cruz a diario. Muchas veces nos agarramos del Señor con una mano pero con la otra sostenemos nuestro pasado. Tratamos de adorar a Dios, aún viviendo en Moab. Rut tuvo la determinación de dejar todo atrás y salir de opresión. Para ella Moab era su país, su historia familiar, para ti puede significar una relación, un hábito dañino, un trabajo.

3.- Tuvo una mentora. Rut encontró una mentora en Noemí. Dios no nos creó para ser seres ermitaños, al contrario nos diseñó como seres gregarios. Para toda mujer en crecimiento espiritual es indispensable tener una mentora, alguien que le guíe y pueda ayudarle en este viaje. Si no tienes una mentora, pídele a Dios que te ponga una en el camino. Rut nunca hubiese llegado a Belen si Dios no hubiese puesto a una Noemí en su camino, mucho menos hubiese conocido a Booz y se hubiesen casado.

4.-Descubrió la misericordia de Dios. Rut descubrió la misericordia de Dios cuando estaba en los campos de Booz. Ella no tenía idea de lo bueno que era el Dios de Israel hasta que Booz y sus parientes demostraron generosidad con ella. Ella había escuchado de Dios por su suegra, pero ella experimentó su bondad en Belén. La única forma de conocer al Señor es pasando tiempo con Él. Debes convencerte de que Él está contigo y no en tu contra. Debes edificar tu confianza sobre la bondad de Jesús.

5.- Rut estaba desafiando la tradición al hacer esto. Además, ella estaba arriesgando su vida, las mujeres no paseaban normalmente por donde estaban los hombres y menos si estos estaban bebidos o en fiestas. Ella puso su confianza en Dios, y también confió en Booz, que era un hombre moral el cual la protegería. Se armó de gran valor y tomó su decisión.

En definitva, Rut decidió abandonar sus hábitos de vida, que aunque posiblemente eran muy malos, era lo único que ella conocía. Cambió lo que para ella era familiar y seguro por algo aparentemente incierto. Abandonó su tierra, dejó atrás su situación, sus prácticas, le creyó a Dios y optó por un modo de vida diferente. No debió ser fácil,  pero ella se arriesgó. Ella decidió darle un vuelco a su historia. Cambió su pasado triste y doloroso por un mejor porvenir. Después de todo para Dios no hay pasado vergonzoso que no merezca una segunda oportunidad.

 

Cuatro lecciones que debes aprender de María de Betania (II)

Cuatro lecciones que debes aprender de María de Betania (II)

En Entaconadas nos hemos propuesto hablar de las mujeres de la Biblia, creemos que tenemos mucho que aprender de estos personajes, y en nuestro post anterior, Cuatro lecciones que debes aprender de María de Betania (I), empezamos a hablar de esta mujer excepcional que, a pesar de lo poco que se menciona en las escrituras, esconde grandes lecciones de vida si nuestro principal deseo es caminar conforme a lo que Dios desea para nosotras.

Ahora bien, continuemos descubriendo las maravillosas características que hacían de María de Betania, una mujer ejemplar:

En medio de un mundo hostil, escogió amar sin importarle el «qué dirán»

Días antes de la Pascua, Jesús llegó a Betania a visitar nuevamente a Lázaro (luego de su resurrección), a Marta y María, donde sus amigos le prepararon una cena en su honor. Los tiempos no eran buenos, en el ambiente de la ciudad ya se respiraba el odio hacia Jesús, pues se tramaba un complot para matarle. Fue entonces, en medio del agasajo, que María hizo lo impensable:

«Entonces María tomó un frasco con casi medio litro de un costoso perfume preparado con esencia de nardo, le ungió los pies a Jesús y los secó con sus propios cabellos. La casa se llenó de la fragancia del perfume» Juan 12:3 (NTV).

Ese perfume que María vertió sobre Jesús era tan costoso y único que estaba valorado por el salario ¡de un año! Ahora piensa, ¿qué es esa cosa que atesoras más en tu vida?, y ¿serías capaz de entregarlo por completo? Muchos de los presentes la criticaron pensando en el valor de lo que, para ellos, fue un “despilfarro” cuando se pudo haber aprovechado para alimentar a los pobres (Juan 12:4/ Marcos 26:8-9).

Derramar un perfume así de costoso puede ser ilógico para nosotros, pero María entendía que Jesús tampoco era cualquier persona, y una persona extraordinaria, es digna de cosas extraordinarias. Fue así como en medio de la hostilidad, mientras unos la señalaban y otros planeaban matar a Jesús, a ella no le importó el “qué dirán” y decidió honrarlo con lo más valioso que tenía. Solo cuando se ama de esa manera es posible honrar a Dios como María de Betania lo hizo, por eso su historia es recordada hasta el sol de hoy.

«Les digo la verdad, en cualquier lugar del mundo donde se predique la buena noticia, se recordará y se hablará de lo que hizo esta mujer» Mateo 26:13 (NTV).

Su relación con Jesús la llevó a comprender cosas que nadie entendía

A lo largo de la Biblia, podemos ver en reiteradas ocasiones que Jesús hablaba a sus discípulos de su muerte y resurrección, pero cada vez, ellos parecían no entender esto, sino hasta que sucedió. Para María, no fue así. Luego de derramar su perfume, esto fue lo que Jesús dijo de ella:

«¿Por qué critican a esta mujer por hacer algo tan bueno conmigo? Siempre habrá pobres entre ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. Ella ha derramado este perfume sobre mí a fin de preparar mi cuerpo para el entierro» Mateo 26:11-12 (NTV).

Por ilógico que parezca, María no actuó de manera impulsiva. Ella pasó tanto tiempo a los pies de su amigo que llegó a comprender y a aceptar, mejor que los propios discípulos, el sacrificio de Jesús en la cruz. Los discípulos se entristecían y no querían escuchar de la muerte de Jesús, ¡se trataba de su héroe! Y nadie quiere ver morir a su héroe. Pero la relación que María tenía con Él la llevó a entender a cabalidad que Él ganaría solo a través de su sacrificio y sufrimiento.

María, con su perfume, preparó a Jesús para la victoria de su muerte, consciente de que luego, no tendría oportunidad de ungirlo. Verás, luego de la muerte de Jesús, cuando las mujeres fueron a su tumba para ungirlo conforme lo establecían las costumbres judías, Jesús ya no estaba ahí, pues, ya había resucitado.

Sin duda alguna, su entrega genuina, pasión por Dios, fortaleza y entendimiento, son atributos que hicieron de María de Betania, una mujer digna de recordar y admirar.

 

Cuatro lecciones que debes aprender de María de Betania (I)

María de Betania

A lo largo de la Biblia podemos ver, de manera clara, cómo Dios le ha dado a la mujer un rol fundamental, a pesar de las limitaciones culturales características de la época.

En esta ocasión, me centraré en una peculiar mujer que encontramos en las escrituras, y digo “peculiar” porque su nombre es pocas veces mencionado, no tiene un libro en específico que retrate su asombrosa historia, como Rut; tampoco fue una reina con gran liderazgo, como Ester; ni contó con un propósito de Dios único, como María, la madre de Jesús. Sin embargo, hoy es recordada por una de las muestras de amor más sublimes de la historia, y fue justo su entrega total lo que la hizo especial ante los ojos Dios.

Ella era María de Betania −mejor conocida como la hermana de Marta y Lázaro− y es un personaje que encontramos en el Nuevo Testamento. Apenas es mencionada en tres episodios de la Biblia, pero bastaron esas tres menciones para dejar grandes enseñanzas de lo que representa a una mujer que ama sin reservas.

A continuación, te presentaré cuatro características de María de Betania que toda mujer debe aprender:

Sabía a quién acudir en medio de la adversidad

Para ponerte en contexto; María, Marta y Lázaro eran amigos muy estimados por Jesús. Un día, el hermano de María, Lázaro, enfermó terriblemente y ella, junto a su hermana, decidió avisarle a Jesús, pues, sabían que solo Él podría ayudarles (Juan 11:3).

Para hacerte corta la historia, Lázaro murió, pero Jesús ya sabía lo que pasaría (Juan 11:4) y en su tiempo, regresó a ver a sus amigas. ¿Qué pasó luego? Cuando Marta y María se enteraron de que Jesús estaba por llegar, Marta corrió a recibirlo, pero María se quedó en casa hasta que Jesús la llamó (Juan 11:28-29).

«Cuando la gente que estaba en la casa consolando a María la vio salir con tanta prisa, creyeron que iba a la tumba de Lázaro a llorar. Así que la siguieron. Cuando María llegó y vio a Jesús, cayó a sus pies y dijo: −Señor, si tan solo hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto» Juan 11:31-32 (NTV)

En medio de tan terrible circunstancia, donde parecía no haber esperanza alguna, María esperó por Jesús, y sólo cuando estuvo frente a Él fue que descargó su dolor, después de todo, María sabía que solo Él podía darle el consuelo y la fortaleza que necesitaba.

María de Betania tenía sus prioridades muy claras

María de Betania entendía lo que era realmente importante en su vida y le dedicaba tiempo. Sin importar lo que tuviese que hacer, ella no estaba dispuesta a negociar sus prioridades; así lo vemos en Lucas 10:38-40. Cuando Jesús llegó de visita, María dejó todo de lado y se sentó a escuchar a su amigo, mientras que su hermana, Marta, estaba atareada por los preparativos de la cena. Al ver la actitud de María, Marta se molestó y le pidió a Jesús que le instara a ayudarle, pero Jesús no respondió como ella esperaba:

«El Señor le dijo: −Mi apreciada Marta, ¡Estás tan preocupada e inquieta con todos los detalles! Hay una sola cosa por la que vale la pena preocuparse. María la ha descubierto, y nadie se la quitará» Lucas 10:41-42 (NTV).

Esto nos deja ver que María de Betania tenía mucho interés por la palabra de Dios, siempre estaba atenta a lo que venía de Dios, se preocupaba por aprender de Jesús y atesoraba más que cualquier cosa estar con Él y escucharle. Ella entendía que poner a Dios en primer lugar, era el secreto de una vida plena.

No dejes de leer la continuación de este artículo en nuestro próximo post, Cuatro lecciones que debes aprender de María de Betania (II).