¿Presa del afán? 3 razones para decirle ¡adiós! a las preocupaciones

Tampoco es que nos encante la cosa pero, pensándolo bien, pareciera haber una especie de placer culposo implícito en el afán porque ¡con qué facilidad se nos da –a las mujeres– eso de preocuparnos por tener todo bajo control!, ¿o soy la única a quien le pasa?

El vivir preocupadas puede que se interprete como algo común en una sociedad que exalta la capacidad multitasking de la mujer y que confunde la adicción al trabajo con ser productivas. Así es como El afán se ha convertido en un estilo de vida en auge que hemos subestimado y al que nos hemos acostumbrado.

Para muchas de nosotras, el afán es una lucha constante que libramos en defensa de nuestra paz mental y espiritual. De allí parte la urgencia de ser intencional a la hora de enseñarnos a descansar en Dios y a priorizar este principio en nuestro día a día. Si esto no es motivo suficiente para ti, te daré tres razones por las que necesitas dejar de preocuparte por todo desde una óptica bíblica.

1. Porque preocuparte en exceso nubla tu perspectiva

Cuando te preocupas por algo con afán, sueles perder de vista el panorama general de las cosas porque tu atención y esfuerzo se abocan por completo hacia esa situación en particular que se ha salido de “tu control”. En este punto, pierdes la perspectiva de tal forma que, sin darte cuenta, terminas por hacer a un lado lo que debe ser prioridad para ti en ese momento. Un claro ejemplo lo encontramos en Marta y su hermana, María.

Cuando Jesús llegó a la aldea donde ellas vivían, Marta lo recibió en su casa. De inmediato, María se sentó a escuchar lo que decía; pero Marta estaba tan abrumada por sus quehaceres que solo supo dirigirse a Jesús para hacerle saber que su hermana no la ayudaba.

Pero Jesús le contestó: —Marta, Marta, estás preocupada y te inquietas por demasiadas cosas, pero sólo una cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la va a quitar. Lucas 10:41-42 (DHH).

2. Porque la preocupación ahoga tu fe

No importa cuántas veces hayas visto a Dios actuar a tu favor ya que la preocupación y el afán minimizan a Dios en tu vida al alimentar esa urgencia que tienes por encontrar una solución. Esto les pasó a los discípulos de Jesús a pesar de presenciar sus milagros a diario.

En una ocasión, los discípulos se olvidaron de llevar comida y solo tenían un pan en su barca. En ese momento, Jesús intentaba alertarlos de algo pero ellos, abstraídos por la situación, discutían entre sí sin recordar de quién venía su provisión. La respuesta de Jesús al respecto fue contundente:

—¿Por qué dicen que no tienen pan? ¿Todavía no entienden ni se dan cuenta? ¿Tienen tan cerrado el entendimiento? ¿Tienen ojos y no ven, y oídos y no oyen? ¿No se acuerdan? Cuando repartí los cinco panes entre cinco mil hombres, ¿cuántas canastas llenas de pedazos recogieron? Ellos contestaron: —Doce. —Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas recogieron?Contestaron: —Siete. Entonces les dijo: —¿Todavía no entienden?, Marcos 8:17-21 (DHH).

3. Porque el afán saca a Dios de la ecuación

Cuando la preocupación te domina, el mismo afán por resolver te impulsa a actuar por tu cuenta, como si Dios se hubiera retrasado o necesitara de tu ayuda. De esta forma, le haces una invitación formal a la autosuficiencia en tu vida y ¡ay de sus consecuencias!

Si piensas que exagero, déjame hablarte de Sara (en ese entonces, Sarai). Ella era estéril, pero Dios le había prometido a su esposo, Abram, darle un hijo.

Afanada por el pasar de los años que le sumaban vejez, Sara decidió tomar cartas en el asunto:

…Como ella tenía una esclava egipcia que se llamaba Agar, le propuso a su esposo: «Abram, como Dios no me deja tener hijos, acuéstate con mi esclava y ten relaciones sexuales con ella. Según nuestras costumbres, cuando ella tenga un hijo ese niño será mío, porque ella es mi esclava». Abram estuvo de acuerdo. Entonces Sarai tomó a su esclava y se la entregó a su esposo. Abram se acostó con Agar, y ella quedó embarazada. Génesis 16:1-4 (TLA).

A pesar de haber conseguido lo que deseaba, ese niño que venía en camino no era el hijo de la promesa de Dios y solo trajo problemas entre Sara y su criada, quien más tarde huyó a causa de sus maltratos. (Puedes leer la historia completa a partir de Génesis 16)

 El afán no da tregua. En un abrir y cerrar de ojos puede acabar con tu vida…

El 27 de diciembre de 2017, mi familia y yo regresábamos de nuestras vacaciones. Veníamos descendiendo el páramo andino, un lugar caracterizado por sus pronunciadas curvas y alta tasa de accidentes fatales.

Nuestro viaje de regreso se retrasó y la preocupación por llegar a casa antes que anocheciera era tal que no nos detuvimos ni para comer. El afán hizo de las suyas e hizo que subestimáramos un olor fuera de lo común; después de todo, la camioneta parecía funcionar a la perfección.

Cuando descendíamos hacia una acentuada curva que debíamos tomar con cautela, la camioneta perdió los frenos y cobró velocidad por el peso que traíamos. Nos dirigíamos directo hacia el precipicio.

Momento del accidente

Dios nos salvó de rodar cuesta abajo gracias a que la camioneta quedó prensada de una forma inexplicable a un pequeño poste de electricidad que, a pesar de haberse desenterrado con el impacto, aguantó todo el peso del auto y evitó que nos termináramos de volcar.

Pilar que evitó que la camioneta rodara cuesta abajo.

Como verás, Dios tuvo que irrumpir de manera inaudita y poco convencional en nuestro presente para hacernos entender el enorme riesgo al que voluntariamente nos exponemos cuando llevamos una vida marcada por una preocupación desmedida. Ese día volvimos a nacer y hoy somos afortunados de vivir para contarlo.

Al punto, ¿cómo dejo de afanarme cuando siento que las preocupaciones me superan?

  1. Ve a la fuente. Toma un tiempo para alejarte del caos cotidiano y busca la presencia de Dios porque solo Él puede calmar tu alma y darte ese descanso que por ti misma no has logrado conseguir. “Ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar”, Mateo 11:28 (TLA).
  2. Llénate más de lo que Dios dice que de tu realidad. Cuando el afán es la regla, necesitas contrarrestar lo que ahoga tu fe y nada mejor para hacerlo que recordarle a tu corazón lo que dice Dios en su palabra. Acá te dejo algunos pasajes:

Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy, Mateo 6:34 (NTV).

Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? Mateo 6:25 (NTV).

Así que no se preocupen por todo eso diciendo: “¿Qué comeremos?, ¿qué beberemos?, ¿qué ropa nos pondremos? Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades. Mateo 6:31 (NTV).

  1. Asume la actitud correcta. No, no es desesperarte, tampoco apostar a la autosuficiencia; todo lo que necesitas es poner en práctica la gratitud. Un corazón agradecido le demuestra a Dios que confía en Él y en sus tiempos aun cuando nada sale según lo esperado. “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que Él ha hecho”, Filipenses 4:6 (NTV).

El primer paso para ganarle la carrera al afán es entender que no necesitas correr cuando puedes caminar a tu propio ritmo. Ahora deja que Dios te ayude a hacerlo.

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