Cinco grandes lecciones que nos dio Rut

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La biblia está llena de historias fascinantes, de batallas y giros inesperados. Una de mis favoritas está en el libro de Rut. Un pequeño relato, contado en tan solo cuatro capítulos, que guarda poderosas lecciones de vida que seguramente traerán luz al momento de tomar decisiones importantes.

La historia comienza con una familia que decide abandonar su país a causa de una hambruna feroz. Pero no era cualquier familia, ni cualquier destino al que marchaban. Era una familia judía que abandonaba Belén (Tierra de pan) para ir tras un futuro incierto en Moab (un país gentil que continuamente estaba en tensión con Israel y que surgió cuando las hijas de Lot le embriagaron y tuvieron relaciones con él para tener un heredero).

Se trataba de la familia de Abimelec y su esposa Neomí, quienes tenían dos hijos que se casaron con dos hermanas Moabitas: Rut y Orfa.  Todo parecía marchar con normalidad hasta la muerte de todos los hombres de la familia. El panorama era desolador: una anciana judía en tierra extranjera con dos jóvenes nueras que no tenían la obligación de permanecer junto a ella.

Quiero que entiendas bien la situación: esas mujeres habían quedado en la calle; en la antigüedad las mujeres no heredaban, solo los hombres. Así que allí estaba Noemí, pensando qué haría ella en una tierra que no era suya, con todos sus años encima y sin heredad. Lo lógico era que sus nueras la dejaran, ellas todavía eran jóvenes y podrían conseguir un esposo y tener hijos. Sin embargo, a pesar de persuadirlas a que volvieran con sus parientes, una de ellas, Rut, dijo una de las declaraciones más importantes en la historia de la fe: “No insistas que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, iré yo, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios”.

Y siempre bromeo con esto, pero de verdad ¿si no hay esposo de por medio, qué chiste tiene vivir con la suegra? Algo muy diferente tenía Neomí que esta joven moabita había decidió hacer tan poderosa declaración: “Ese Dios al que le sirves, ese Dios que ha hecho de ti una mujer diferente, a ese Dios también quiero conocerle y servirle. Así que a donde tú vayas, yo iré”.

Una vez establecidas en Belén, Rut, la moabita, se encuentra en los campos de Booz, un pariente lejano de Noemí, y él simpatiza con ella. Antes de que termine la historia, Booz decide casarse con ella, y al final Rut termina dando a luz a un niño judío, que terminó siendo el abuelo del rey David. La mujer que estaba de última en la fila, la marginada, fue puesta adelante para recibir la bendición de Dios.

Para conocer a fondo la historia  y todos sus detalles te recomiendo que leas el libro, si la lees por primera vez te recomiendo esta versión con un lenguaje mucho más fresco y entendible.

Estas son las cinco cosas que debemos aprender de Rut, basadas en el libro de “Las intrépidas hijas de la Biblia” de J Lee Grady:

1.-Le dijo adiós a su pasado. Rut era moabita, lo que probablemente implicaba que había crecido en un hogar donde el incesto y otro tipo de prácticas inmorales eran ofrecidas como sacrificio a dioses paganos. No tenía una historia familiar muy digna de contar. Posiblemente creció en un hogar donde lo normal era el abuso y el desenfreno. Y aunque su pasado no era muy bueno y pudo escudarse en algo como: “más vale malo conocido que bueno por conocer”, ella decidió darle un vuelco a su vida.

2.- Tuvo determinación. Muchas personas eligen seguir a Cristo, pero no todos están dispuestos a tomar su cruz a diario. Muchas veces nos agarramos del Señor con una mano pero con la otra sostenemos nuestro pasado. Tratamos de adorar a Dios, aún viviendo en Moab. Rut tuvo la determinación de dejar todo atrás y salir de opresión. Para ella Moab era su país, su historia familiar, para ti puede significar una relación, un hábito dañino, un trabajo.

3.- Tuvo una mentora. Rut encontró una mentora en Noemí. Dios no nos creó para ser seres ermitaños, al contrario nos diseñó como seres gregarios. Para toda mujer en crecimiento espiritual es indispensable tener una mentora, alguien que le guíe y pueda ayudarle en este viaje. Si no tienes una mentora, pídele a Dios que te ponga una en el camino. Rut nunca hubiese llegado a Belen si Dios no hubiese puesto a una Noemí en su camino, mucho menos hubiese conocido a Booz y se hubiesen casado.

4.-Descubrió la misericordia de Dios. Rut descubrió la misericordia de Dios cuando estaba en los campos de Booz. Ella no tenía idea de lo bueno que era el Dios de Israel hasta que Booz y sus parientes demostraron generosidad con ella. Ella había escuchado de Dios por su suegra, pero ella experimentó su bondad en Belén. La única forma de conocer al Señor es pasando tiempo con Él. Debes convencerte de que Él está contigo y no en tu contra. Debes edificar tu confianza sobre la bondad de Jesús.

5.- Rut estaba desafiando la tradición al hacer esto. Además, ella estaba arriesgando su vida, las mujeres no paseaban normalmente por donde estaban los hombres y menos si estos estaban bebidos o en fiestas. Ella puso su confianza en Dios, y también confió en Booz, que era un hombre moral el cual la protegería. Se armó de gran valor y tomó su decisión.

En definitva, Rut decidió abandonar sus hábitos de vida, que aunque posiblemente eran muy malos, era lo único que ella conocía. Cambió lo que para ella era familiar y seguro por algo aparentemente incierto. Abandonó su tierra, dejó atrás su situación, sus prácticas, le creyó a Dios y optó por un modo de vida diferente. No debió ser fácil,  pero ella se arriesgó. Ella decidió darle un vuelco a su historia. Cambió su pasado triste y doloroso por un mejor porvenir. Después de todo para Dios no hay pasado vergonzoso que no merezca una segunda oportunidad.

 

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