Cuatro lecciones que debes aprender de María de Betania (I)

María de Betania

A lo largo de la Biblia podemos ver, de manera clara, cómo Dios le ha dado a la mujer un rol fundamental, a pesar de las limitaciones culturales características de la época.

En esta ocasión, me centraré en una peculiar mujer que encontramos en las escrituras, y digo “peculiar” porque su nombre es pocas veces mencionado, no tiene un libro en específico que retrate su asombrosa historia, como Rut; tampoco fue una reina con gran liderazgo, como Ester; ni contó con un propósito de Dios único, como María, la madre de Jesús. Sin embargo, hoy es recordada por una de las muestras de amor más sublimes de la historia, y fue justo su entrega total lo que la hizo especial ante los ojos Dios.

Ella era María de Betania −mejor conocida como la hermana de Marta y Lázaro− y es un personaje que encontramos en el Nuevo Testamento. Apenas es mencionada en tres episodios de la Biblia, pero bastaron esas tres menciones para dejar grandes enseñanzas de lo que representa a una mujer que ama sin reservas.

A continuación, te presentaré cuatro características de María de Betania que toda mujer debe aprender:

Sabía a quién acudir en medio de la adversidad

Para ponerte en contexto; María, Marta y Lázaro eran amigos muy estimados por Jesús. Un día, el hermano de María, Lázaro, enfermó terriblemente y ella, junto a su hermana, decidió avisarle a Jesús, pues, sabían que solo Él podría ayudarles (Juan 11:3).

Para hacerte corta la historia, Lázaro murió, pero Jesús ya sabía lo que pasaría (Juan 11:4) y en su tiempo, regresó a ver a sus amigas. ¿Qué pasó luego? Cuando Marta y María se enteraron de que Jesús estaba por llegar, Marta corrió a recibirlo, pero María se quedó en casa hasta que Jesús la llamó (Juan 11:28-29).

«Cuando la gente que estaba en la casa consolando a María la vio salir con tanta prisa, creyeron que iba a la tumba de Lázaro a llorar. Así que la siguieron. Cuando María llegó y vio a Jesús, cayó a sus pies y dijo: −Señor, si tan solo hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto» Juan 11:31-32 (NTV)

En medio de tan terrible circunstancia, donde parecía no haber esperanza alguna, María esperó por Jesús, y sólo cuando estuvo frente a Él fue que descargó su dolor, después de todo, María sabía que solo Él podía darle el consuelo y la fortaleza que necesitaba.

María de Betania tenía sus prioridades muy claras

María de Betania entendía lo que era realmente importante en su vida y le dedicaba tiempo. Sin importar lo que tuviese que hacer, ella no estaba dispuesta a negociar sus prioridades; así lo vemos en Lucas 10:38-40. Cuando Jesús llegó de visita, María dejó todo de lado y se sentó a escuchar a su amigo, mientras que su hermana, Marta, estaba atareada por los preparativos de la cena. Al ver la actitud de María, Marta se molestó y le pidió a Jesús que le instara a ayudarle, pero Jesús no respondió como ella esperaba:

«El Señor le dijo: −Mi apreciada Marta, ¡Estás tan preocupada e inquieta con todos los detalles! Hay una sola cosa por la que vale la pena preocuparse. María la ha descubierto, y nadie se la quitará» Lucas 10:41-42 (NTV).

Esto nos deja ver que María de Betania tenía mucho interés por la palabra de Dios, siempre estaba atenta a lo que venía de Dios, se preocupaba por aprender de Jesús y atesoraba más que cualquier cosa estar con Él y escucharle. Ella entendía que poner a Dios en primer lugar, era el secreto de una vida plena.

No dejes de leer la continuación de este artículo en nuestro próximo post, Cuatro lecciones que debes aprender de María de Betania (II).

 

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