No todo puede llamarse Amor (III)

    Amelia se dejó poner la mano en el corazón. Él la sedujo, ¡qué bien la sedujo! Ella, impulsada por el deseo inextinguible, implacable, y latente de sentirse amada, condenó  su cuerpo y alma a una pasión, condicionando un «te amo» a la vana promesa de un «para siempre» sin sabores, inmaduro y deshonesto. Lo cierto es que en el cortejo de Franco, el enamoramiento lideraba, la pasión secundaba, pero el amor carecía…

Cuando se le da rienda suelta al corazón para amar, sin procurar saber antes a qué nos enfrentamos, suele sucedernos lo que le pasó a Amelia: estaba tan comprometida emocionalmente con Franco que renunciar a él no era opción, pues, a su juicio, le había dado todo de sí misma. Y es que Franco resultó ser un chico de actitudes peyorativas, producto de procesos personales inconclusos: complejos, rechazo, orgullo, sentimientos de inferioridad… pero ella decidió adaptarse a él y a su manera de ser alegando que “lo amaba”.

No negocies la aceptación

Como mujer, nunca debemos justificar actitudes injustificables en nuestra pareja, y mucho menos adjudicarnos la causa de esas actitudes a fin de mantener a flote la relación. Es perfectamente normal sentir la necesidad de ser amadas y cuidadas porque esa condición es heredada de nuestro creador: Dios nos hizo cual delicadas como vaso frágil, diseñadas para ser complemento ideal, pero no podemos permitir que el amor que recibimos esté supeditado a expectativas irreales que un hombre pueda tener de nosotras.

La palabra de Dios nos enseña el significado del verdadero amor; ese que mereces recibir y solo puede ser manifestado por medio de un corazón rendido a Dios.

Amor

No sucumbas ante la soledad

En lo profundo de su corazón, Amelia se sentía sola y –como toda mujer– anhelaba ser amada. Si bien no podemos negar que la lucha de la razón sobre el corazón ya es bastante fuerte, la combinación entre esa necesidad latente y una decisión errada tiene el poder suficiente para alterar tu estabilidad no sólo emocional, sino espiritual y física.

Amelia confundió el “luchar por amor” con la necesidad de permanecer junto a alguien por acompañar su soledad; esto la llevó a tomar una decisión mal ejecutada: entregar mucho más de lo que le correspondía ofrecer.

Intimidad fuera de tiempo

Como parte de la desvirtuación social, no sólo se ha estigmatizado a la mujer al representarla como un objeto sexual, sino que se le ha enseñado a implementar el sexo como un recurso a su favor para garantizar aceptación, compromiso, entre otros; cuando en realidad se trata de un arma de doble filo. Por más que se desee evitarlo, el sexo siempre implica una carga de codependencia espiritual y emocional de la cual no es fácil liberarse, es por ello que está diseñado exclusivamente para el matrimonio conforme a los preceptos de Dios.

UnoSolo

Sin importar cuan tuya sea la decisión, la intimidad sexual nunca será garantía de un amor recíproco. Amelia no lo sabía, pero su decisión mal ejecutada la atrapó con Franco de tal manera que le costó poco más de dos años de vejaciones, sufrimiento y decepciones para poder armarse de valor y poner un contundente punto final a su relación con él. Fue de esta manera como Amelia aprendió que no todo puede llamarse amor.

¿Y el “felices por siempre”?

A pesar de su historia con Franco ˗y por difícil que parezca creerlo˗ puedo asegurarte que Amelia tuvo su final feliz. Si bien no estaba originalmente escrito para ella el vivir ese gris capítulo, fue a través de esta experiencia que ella pudo conocer al verdadero protagonista de su historia; y no, no me refiero exactamente a un príncipe.

Fue en su peor momento cuando a la vida de Amelia llegó un Rey; uno que desde siempre soñó con ella, quien la anhelaba de tal manera que no escatimó en despojarse de su investidura de realeza para garantizarle ese final feliz que tanto deseaba, asegurando que fuera sólo junto a Él. Ese Rey recogió cada fracción de su esparcido corazón y la amó cuando en su desdicha, ni siquiera ella misma podía amarse.

Esperanza

Si en un determinado punto de tu vida has sido como Amelia, o justo ahora te encuentras en sus zapatos; ten la firme certeza de que no importa cuán gris sea tu cielo, hay un Rey que te espera, quien te ama como nunca nadie lo ha hecho ni lo hará, quien te asegura que nunca romperá tu corazón y tan sólo desea que te permitas conocerle para cambiar el final que conoces de tu historia: un baile bastará.

¡Baila con Dios!, déjate llevar en sus brazos y sanar al ritmo de su melodía. Deléitate en Él, y Él dejará que solo el hombre adecuado para ti llegue a pedir tu mano para terminar de bailar esa pieza contigo. ¡No lo dudes!, Amelia lo hizo, y justo hoy se encuentra bailando, muy feliz, con el príncipe que merecía; nada menos que un hijo del Rey de su cuento.


Si recién empezaste a leer este post y te preguntas cuál fue el inicio de la historia entre Amelia y Franco, o deseas saber cómo identificar y evitar una relación tóxica. Te invito a leer la primera y segunda parte de esta serie: «El “Amor” que más se vende».

 ¡No olvides compartirlo con esa amiga que lo necesita!

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