Cuando la tentación sexual toca a la puerta (Parte I)

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¿Te ha pasado alguna vez que  la tentación sexual toca a la puerta y te consigues a ti misma soñando con algo que, si pudiesen las personas a tu alrededor ver en una pantalla, te avergonzarías terriblemente?

Si hay algo que nosotras, las mujeres, comúnmente escondemos son los deseos de intimidad física y sexual. Aunque nuestra libido no se activa necesariamente a través de la mirada, ciertamente nuestros pensamientos e imágenes mentales nos conducen a veces a soñar mucho más que lo que lo podría hacer un hombre.

Está comprobado que para las mujeres es más atractivo leer un libro con tendencias eróticas que mirar explícitamente una escena sexual, esto es porque la mujer se conduce a través de los pensamientos y las emociones que eso le causa. Un buen ejemplo son las recientes novelas eróticas, e incluso, explícitamente sadomasoquistas que han causado revuelo, encabezado las listas de las superventas en todo el mundo y que, por supuesto, sus principales lectoras son mujeres.

¿A qué viene todo esto de la tentación sexual?

El movimiento liberador femenino cada vez desarrolla más la ideología de igualdad hombre – mujer, queriendo fomentar el hecho de imitar al hombre incluso en sus peores facetas: infidelidad, múltiples parejas, poder absoluto, dominación sobre el sexo opuesto, desinterés en los sentimientos de la otra persona para darse el permiso de utilizarlo como un objeto… Me pregunto, ¿realmente queremos caer en los mismos errores?

Me considero muy pro-oportunidades igualitarias para el hombre y la mujer, además, soy fiel creyente de que tenemos capacidades excepcionales que nos hacen, en muchos sentidos, irreemplazables y de imprescindible valor para la sociedad, pero existe un hecho: no somos iguales a los hombres. Tampoco creo que debamos serlo, debemos estar orgullosas de ser mujeres y de las diferencias que justamente nos hacen únicas e imprescindibles.

Recientemente comencé un taller para mujeres simplemente hermoso, a fin de reforzar el valor de la mujer y despertar aquellos sueños y facetas femeninas que nos hacen algo precioso. Esta semana hablamos acerca de la fidelidad y despertaron en mí grandes reflexiones que quiero compartir contigo:

Las mujeres no siempre somos las víctimas

Aunque los hombres sean los más comunes en ser infieles, las mujeres también caemos en infidelidad, aún cuando no lleguemos a un acto físico infiel per se. Te explico un poco:

Existen ciertas condiciones que se van dando durante una relación (matrimonio/concubinato) que generan incomodidad y poco a poco lejanía entre el hombre y la mujer, muy relacionados con la comunicación. La mujer necesita ser escuchada, atendida, mimada, quiere romanticismo y anhela el trato digno de una princesa, al no conseguirlo en su pareja, coloca una barrera construida sobre el resentimiento y comienza a soñar románticamente con otras personas e incluso coquetear con otros hombres. En este punto, parece inocente. Sin embargo, este tipo de infidelidad mental también destruye la relación, pues, la pareja percibe el rechazo, la descarga de frialdad, comienza la desconfianza y posiblemente luego la infidelidad física, pero ya va… todo comenzó en el pensamiento.

La Biblia dice en Romanos 12:2 “cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir”, allí vemos la relevancia de los pensamientos, ellos conducen nuestras emociones y posteriormente nuestras actitudes y acciones. Si no desviamos los pensamientos de lo destructivo a lo constructivo, vamos a echar por tierra esa relación que levantamos con amor, esfuerzo y tiempo.

Pero no te preocupes, esto se resuelve con comunicación. A veces es tan difícil decir lo que pensamos ¿no? Lo que queremos, lo que anhelamos; nos cuesta tanto tener iniciativas románticas cuando deseamos ser las primeras en recibir. Sin embargo, el mejor antídoto a la frialdad dentro de la relación es ir contra la corriente y comenzar a hacer nuestra porción para avivar la llama.

Ser seguidora de Jesús no te exime de ser tentada

Como cristiana, digamos que la sociedad espera mucho de nosotras como mujeres de Dios. Existen ciertos estándares construidos en nuestra cabeza sobre cómo deberíamos ser, así como el maravilloso y muchas veces desafiante Proverbios 31, que nos coloca una barra alta en términos de virtudes.

Sin embargo, nuestra naturaleza (somos humanas) nos recuerda que no somos perfectas, sino que somos poco a poco perfeccionadas por Dios en la medida que depositamos en él nuestros más íntimos anhelos.

La Biblia dice en 1 Corintios 10:13 “Ustedes no han pasado por ninguna tentación que otros no hayan tenido. Y pueden confiar en Dios, pues él no va a permitir que sufran más tentaciones de las que pueden soportar. Además, cuando vengan las tentaciones, Dios mismo les mostrará cómo vencerlas, y así podrán resistir”.

Esto me llena de esperanza, pues puedo reconocer que no voy a ser expuesta a una situación de la que no tendré oportunidad de salir; siempre puedo escoger algo distinto, algo bueno.

Por otra parte, no tengo que sentirme culpable al sentirme tentada, más mi responsabilidad es esforzarme por honrar a Dios, resistir y huir de la infidelidad, del coqueteo, del toque físico, las llamadas, fotos o miradas inadecuadas. Cuando hago esto, honro a Dios, me respeto a mí misma y respeto a mi pareja.

En el próximo artículo les estaré compartiendo un par de reflexiones más acerca de estos temas tan poco comentados dentro de nuestras iglesias, pero que sin duda están latentes. Ninguna está exenta.

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