Cinco lecciones que debemos aprender de Carolina Herrera

Su nombre se puede leer como elegancia. Su presencia es sinónimo de prestigio. Es ejemplo de que el éxito se logra con una dupla: talento y disciplina. Carolina Herrera no es solo una mujer, es un emporio. Estas son cinco lecciones que debemos aprender de la diseñadora venezolana:

Carolina-Herrera

La edad no es un límite

Cliché o no, para Carolina Herrera la frase “nunca es tarde para cumplir tus sueños” no es letra muerta. La reconocida diseñadora venezolana incursionó en la industria de la moda a sus 40 años. En una entrevista que le concedió a la periodista mexicana Adela Micha dijo: “Creo que llega un momento donde quieres hacer algo diferente con tu vida. Mis hijas ya estaban grandes y a mí me gustaba la moda. Así que decidí incursionar en la industria. Fui a hablar con una amiga, Diana Vreeland, quien era la editora de Vogue en ese entonces, para decirle que quería fabricar textiles y me dijo ‘pero qué aburrido lo que vas a hacer, por qué mejor no haces una colección de vestidos y ya’. Así que empecé”. Luego de 34 años Carolina Herrera cuenta con más de 100 tiendas alrededor del mundo y es sinónimo de glamour.

Disciplina, mucha disciplina

Hay una palabra que se repite en el discurso de Carolina Herrera: disciplina. Entrevista, tras entrevista, la diseñadora venezolana sostiene que el éxito de su empresa se resume a esa palabra. “Comencé haciendo esto porque me encantaba la moda, pero no tenía ni idea de dónde iba a llegar. ¡Sólo puedo decir que soy muy afortunada por haber tenido una madre que me inculcase tanta disciplina y determinación!”, expresó a la revista Elle.

Herrera enfatiza este valor como pilar fundamental de su vida, familia y empresa. “Me disgusta el desorden, pero no solamente el desorden físico, sino el de llegar tarde a todas partes, de incumplir con los tiempos. A mí me criaron con mucha disciplina y yo traté de inculcárselas a ustedes (hijas)” dijo en una entrevista que realizó Patricia Janiot a la diseñadora y a sus dos hijas, Carolina y Patricia.

Y no hay duda, cada una de sus piezas refleja una fórmula infalible: el talento guiado por la disciplina.

La importancia de los aliados

Lo he dicho varias veces y esta gurú del diseño me da la razón: las alianzas son vitales. En varias entrevistas Carolina Herrera ha comentado la importancia de la relación con su esposo, hijas y empleados, para lograr consolidarse como lo ha hecho.

Con respecto a su esposo dijo en el programa Entrevista por Adela: “Mi esposo Reinaldo me apoyó mucho. Él también estaba detrás de todo esto. Eso era perfecto. Porque a mi familia también le gustó lo que iba a hacer. Cuando haces algo en lo que te sientes respaldada las cosas salen bien”.

En ese mismo espacio comentó sobre sus hijas: “Carolina vino a hacer una pasantía para el verano y nos gustó mucho todo lo que hacía, su ojo, su gusto. Y se quedó en 1996. Ella fue la responsable del perfume 212. Patricia, mi otra hija, trabaja conmigo en la parte de la moda”.

Y, con relación a su equipo de trabajo, afirmó: “Las ideas vienen de mí, pero tú no puedes hacer todo sola. Un buen trabajo es algo de equipo, porque yo no sé pegar un botón. Yo no sé coser”.

No es s0lo el vestido

Basta googlear su nombre para encontrar cientos de imágenes con frases como “La educación es el principal vestido para la fiesta de la vida” o “La elegancia no se define únicamente por lo que usas. Es la forma en cómo te comportas, en tu forma de hablar, en lo que lees”. El ejemplo de la venezolana dista de cualquier estereotipo que manejemos de la industria de la moda. Para ella, tal como se lo enseñó su madre, la mujer debe verse bien por fuera, pero sobre todo por dentro. “Mi madre que era una mujer excepcional, una mujer cultivadísima, que decía que no solamente la belleza física era lo importante en las mujeres, que debías saber leer, saber ver, oír, cultivarte”.

Identidad, sello distintivo

Cuando una mujer descubre quién es, gana todas sus batallas. Carolina Herrera lo sabe. “Cuando me miro al espejo ya no busco a la que fui en el pasado; sonrío a la que soy hoy. Me alegro del camino andado y asumo mis contradicciones.” A sus 75 años esta diseñadora cuenta, como un día dijo Audrey Hepburn, con la única belleza que no se desvanece: la elegancia. Una cualidad de la cual se apropió y que ella representa bajo la pulcritud de una pieza básica. “Me siento bien con la camisa. Mi camisa es una cosa que ha estado conmigo siempre. La primera camisa blanca que recuerdo era la que usaba para ir al colegio, después cuando montaba a caballo y luego cuando jugaba tenis. En todo lo que hacía agarraba mi camisa blanca”.

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