¡Para nada perfecta! (Cinco formas de vencer el perfeccionismo)

perfeccionismo
Tienes pleno conocimiento de que no eres perfecta, también de que nadie lo es. Sin embargo, de forma más usual de lo que admites, te esfuerzas constantemente en que todo salga tal y como lo planeas; ensayas cada palabra que dirás, repites en tu mente cada cosa que hiciste mal y, en líneas generales, sientes que nunca puedes cumplir las expectativas. El resultado es frustrante y abrumador.
Y sí, sé lo que estás pensando, que no hay ninguna novedad en lo que te digo, tú sabes muy bien que estás lejos de ser perfecta. Entonces, ¿cuál es el objetivo de estas líneas? Recordarte que Dios no espera que seas perfecta, de hecho, nadie lo espera. Para Él lo importante es que conquistes tu mejor versión y eso, querida amiga, nada tiene que ver con el perfeccionismo y la necesidad constante de tener el control.
A continuación comparto cinco claves que te ayudarán a mantener un enfoque sano sobre quién eres y lo que puedes hacer
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cuando te veas tentada a exigirte más de la cuenta:

1.-Gracia que libera.

El primer y gran antídoto para el perfeccionismo es la gracia. Descansar en la verdad de que Dios nos ama y nos favorece porque le place y que no hay absolutamente nada que podamos hacer para merecerlo, ¡es realmente liberador!
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados”, 1 Juan 4:10 (NVI)

2.- Todo tiene un límite, hasta tú.

Muchas de las creencias, propias o de otros, por muy populares que parezcan, tienen alguna falla o no guardan la verdad absoluta. Reconocer esto es vital y nos libera de posturas rígidas que nos dañan tanto a nosotros como a quienes amamos. La única verdad que trasciende, libera y restaura es la Palabra de Dios. Así que antes de juzgarte una vez más por algo que no lograste hacer a cabalidad, examina si estás rigiéndote por pensamientos insanos y expectativas poco reales.
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“He visto que aún la perfección tiene sus límites. ¡Solo tus mandamientos son infinitos!”, Salmos 119:9

3.- Deja de condenarte. 

Para una persona perfeccionista abrazar su cualidad más humana, el derecho a equivocarse, es realmente una tarea épica. Por tanto, requiere de mucha disciplina y gracia liberarse de expectativas irreales y de ese sentimiento de culpa generalizado. ¿Cómo se logra eso? Antes de  recriminarte por algo que hiciste mal o no salió como planeabas, decide poner tu confianza en Dios y dejar que Él se glorifique en tu pequeño desastre. Recuerda:
 “Queridos hermanos, si el corazón no nos condena, tenemos confianza delante de Dios”, 1 Juan 3:21 (NVI)

4.-Abandona los extremos. 

Querer que todo sea perfecto y esté bajo tu control  -y no hablo solo de las circunstancias, sino también de ti y tus seres queridos- no es excelencia ni otra virtud parecida, es perfeccionismo. Cuando obtengas un resultado diferente a lo que esperas, en vez de recriminarte a ti o al otro, piensa en otras formas de lidiar con el asunto. La Biblia dice:

“No seas demasiado justo, ni tampoco demasiado sabio. ¿Para qué destruirte a ti mismo”, Eclesiastés 7:16 (NVI)

En este versículo Salomón no se refiere a la justicia como tal, ni a la sabiduría, sino a la versión distorsionada de estas virtudes: el perfeccionismo. Caer al extremo de querer hacer todo perfecto por miedo o para buscar aprobación, simplemente nos alejará de la felicidad y nos destruirá irremediablemente.


5.-Aprobada por Dios.

El perfeccionismo se alimenta del temor y está muy asociado a la necesidad de querer ser aprobados por otros. Está bien tomar en cuenta las opiniones de quienes amamos, pero recuerda siempre que la opinión de ellos no es la de Dios. Por tanto, no bases tu vida y las decisiones que tomes en ella únicamente por el que dirán los demás, como diría Rick Warren, concéntrate en la opinión de Dios.

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“El temor humano es una trampa, quien confía en el Señor está a salvo”, Proverbios 29:25

Lidiar con el perfeccionismo es un arduo trabajo, pero cuando nos refugiamos en la gracia de Dios y aceptamos que Dios se glorifica en nuestras debilidades, poco a poco podremos ser libres de sus redes. Cuéntame, ¿qué otra verdad crees que podría ayudarte?

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