Ocho cosas que aprendí cuando me fui a vivir sola en otro país

Escribiré estas líneas sin la certeza cierta si las publicaré o no. Tomaré este escrito como un balance personal de lo que fue mi 2017, un inventario de bendiciones y lecciones. Así que si te encuentras leyendo esto, mi intención no es enseñarte cómo dejar tu país y vivir solo/a, pues realmente ni yo lo sé. Quizás es solo una invitación para recordarnos que no hay fórmulas ni recetas sobre cómo vivir. Lo único seguro es que “todos los caminos son de justicia y de bondad para quienes guardan los pactos del Señor”.

He aquí las lecciones que aprendí y debo seguir repasando en esto llamado vida:

1.-Siempre hay un milagro para quien decide creer

Conozco a Dios desde los 17 años. Sí, me refiero a conocerlo más que a conocer de Él. Sé de su Palabra y de sus promesas. Sin embargo, hasta hace unos meses siempre pensé que los milagros eran para otros. Creía que Dios era sobrenatural, pero tal vez mi vida es demasiado terrenal como para experimentar esas proezas divinas que suelen contar mis amigos y que escucho los domingos en la iglesia. Eso creí hasta que comprendí cómo las cosas más comunes y silvestres guardan un propósito mucho más grande. Cuando eso ocurrió lo poco probable sucedió una y otra vez. Y no, no es que antes no hubo milagros en mi vida, solo que estaba concentrada en planificar cada línea de mis estructurados planes. Comprendí que los milagros estuvieron y están allí, pero estos pueden venir en distintas presentaciones; unos amigos que te ofrecen hospedaje, una resolución de un gobierno, un trabajo temporal, un aventón hasta la estación del metro.

2.- La opinión que cuenta

Todos tenemos opiniones sobre todo, ¿pero cuántas de estas son totalmente ciertas? Nuestra visión siempre está sesgada por nuestras vivencias, personalidades y circunstancias. Muchas veces dejé que la percepciones de otros, y hasta las propias, me limitaran. Y no, no se trata de no escuchar el consejo o la opinión de amigos y seres queridos, pues eso estaría mal,  se trata de comprender que la única verdad absoluta la tiene Dios. En este proceso de independencia y migración comprendí que mi identidad debe estar basada en la opinión de Él y no de otros.

3.- Está bien sentirte triste y poder expresarlo

Emigrar es difícil. Habrá días muy solitarios y donde muchas cosas son inciertas. No está mal admitir y aceptar la tristeza que acompaña esos días. Por lo general la tristeza cumple una función adaptativa; prepara el terreno para los cambios que debemos enfrentar. Darse un permiso para experimentarla es totalmente necesario. Claro, eso no quiere decir que hay que revolcarse en ella, pero sí darnos el chance de vivirla sin recriminarnos o sentirnos reprochados por otros. De esa forma ella se va y le da paso a la alegría. ¡La alegría siempre llega!

4.- Cada experiencia es única

Para nadie es un secreto que los venezolanos estamos emigrando. Razón por la cual es común escuchar entre familiares y amigos un mar de conocimientos y experiencias asociadas al tema. Y eso es genial, siempre que no se tome como ley. Tengo más de 20 amigos y familiares cercanos que han emigrado a distintos países y cada experiencia es única. Cada quien tiene sus tiempos y formas de encarar los desafíos. Lo importante es siempre estar dispuesto a aprender y levantarte. ¡No te compares!

5.- Atrévete, hazlo con miedo

No esperes a que el miedo pase, hay cosas que deben hacerse aún con el miedo encima. Dar pasos de fe. Si fallas, igual estarás más cerca de la meta porque ya sabes cuál camino descartar. En 2017 tuve muchos miedos. Miedo a perderme en la ciudad, miedo a tener que devolverme sin éxito, miedo a perder personas importantes en mi vida, miedo a hacer cosas tan aparentemente simples como unas arepas (Sí, sin duda, uno de los logros que más me aplaudo fue hacer arepas para vender, parece bobo, pero para mí era todo un desafío. Era demostrarme que también podía ser buena en cosas que no estaba acostumbrada a hacer. ¿Lo mejor? ¡Fueron un éxito!)

6.- Invierte bien tu energía

La vida rara vez ocurre como la planificas, pero eso no quiere decir que sea una mala vida. Las circunstancias cambian y las personas también lo hacen. En el 2017 comprendí que no está mal cambiar, querer otras cosas, así como cambiar de opinión. También comprendí que hay batallas que valen la pena luchar y otras simplemente abortar. En ocasiones hay que dejar que el agua corra. Invertir y administrar bien tu energía y tiempo; enfocar tus recursos en personas y situaciones que te hagan crecer y te llenen de vida.

7.-Menos reproches

Menos reproches hacia otros, pero también hacia mí misma. Esta quizás es la lección que más debo practicar. Una vez escuché algo tan cierto:

“Cuando a uno le gusta mucho un chico, no importa siquiera si no es perfectamente guapo, una siempre exalta sus virtudes, porque uno está enamorada. Por ejemplo, si te dicen ‘Ay, pero es muy gordito’, uno dice ‘pero tiene unos ojos tan hermosos’. Si te dicen ‘Pero es muy bajito’, uno dice ‘pero es que me hace reír tanto y además tiene unas orejas perfectas’. El amor hace que uno valore otras cosas, ¿por qué no hacemos entonces lo mismo con nosotras mismas?”.

Es como cuando uno prepara una torta, cuando está lista es deliciosa, pero si nos comemos el huevo crudo o la harina en polvo por separado no nos sabría tan bien. Así pasa con los defectos y debilidades propias, vistas por separado son un desastre, pero en conjunto me hacen quien soy y me preparan para el camino que me queda por delante. En este 2017 aprendí que debo perdonarme, reprocharme menos, seguir adelante y simplemente sonreír.

8.- Para el amor no hay distancias

¡La distancia se vuelve tan relativa cuando emigras!, te das cuenta que cuando un vínculo es realmente fuerte, la distancia puede transformar el lazo, pero jamás romperlo. Hoy como nunca antes valoro los pequeños gestos: un mensaje, una sonrisa, una mención en un meme. Después de todo, la vida se hace de pequeñas cosas.

Seguramente aprendí otras lecciones, pero estas ocho las escribí para nunca olvidarlas, para recordarme que en medio de cada dificultad hay una valiosa y maravillosa enseñanza.

Cuéntame, ¿qué aprendiste en tu 2017?

 

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