Más amor y menos sombras

Era inevitable no escribir al respecto. Sabemos que muchos no compartirán nuestra posición, pero no hay señalamiento que valga tanto como nuestras convicciones. Universal Pictures estrenó, el pasado 14 de febrero la primera parte de las 50 sombras de Grey, una cinta que, lejos de ser una trama emancipadora sobre la sexualidad de la mujer como tanto quieren hacer creer, es el retroceso más aplaudido en la lucha contra la violencia de género.

¿Violencia?

Sí, violencia, el hecho que Anastasia, una nueva variante de Bella Swan y todos esos personajes femeninos que parecen estar exentos de voluntad, consintiera pasivamente las prácticas del sombrío y exitoso Christian Grey no hace que la violencia contra la mujer deje de ser menos dañina.

La violencia es violencia aunque la tiñamos de sexy

Aunque queramos venderla como insumo para fantasías sexuales. La novela llevada a la gran pantalla pretende hacer creer que las perversiones de Grey lo único que le dejarán a la inocente Anastasia son orgasmos. Y la verdad es que no. Fuera de la ficción cualquiera que atravesara por una relación como esta ameritaría una intervención psicológica inmediata. Eso sin mencionar qué pasaría si las sombras no fueran de Christian sino de Anastasia, como muy bien explica Jokin de Irala en Aceprensa

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No hay ni una sola interacción benigna en esta relación.

Hay acoso, intimidación, violencia, aunque Hollywood venda esto como la antesala de una ardiente y placentera relación. Un reciente artículo publicado en la revista Journal of Women’s Health afirma que 50 sombras de Grey contribuye a perpetuar el problema de violencia de género. “Nuestro análisis identificó patrones de la obra que reflejan de forma omnipresente la violencia en la pareja. El abuso emocional está presente en casi todas las interacciones”.

El informe realizado por Amy Bonomi, investigadora del departamento de Comportamiento humano en la Universidad de Ohio, también afirma que

“Anastasia ti ene típicas reacciones de las mujeres maltratadas, como la de la constante amenaza percibida, la identidad perdida y también la ansiedad. De este modo, Anastasia pierde su poder y queda atrapada en la relación”.

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¿Cómo es posible?

El hecho de que esta película se esté vendiendo a adolescentes y mujeres como una encantadora fantasía quita la mirada de la cruel realidad que alimenta: 29,8 millones de personas, de las cuales el 80% son mujeres y niñas, son víctimas de trata.

¿Cómo este bestseller  romántico-erótico se relaciona con esto?

Pues de dos formas: contribuye a la objetivación de la mujer y hace que la pornografía, la caja chica de este terrible flagelo, sea más aceptada que repudiada.

La pornografía se ha convertido en la piedra angular de la trata de seres con fines de explotación sexual. El comercio sexual ha germinado desde este terreno y alcanza considerables dimensiones a diferentes niveles. La concepción acentuada de asumir que el sexo vende se visualiza desde la publicidad sexista hasta la trata de personas pasando por la pornografía.

Por otro lado, no menos perverso

La novela refuerza el cliché de que no importa cuán contraproducente sea una relación, si el deseo se interpone no hay que detenerlo. La razón mengua ante una atracción fatal. Una vez más una damisela en apuros se encuentra entre la encrucijada de protegerse del apuesto chico malo o dejarse seducir por él. Otra nefasta versión del:

“si soy complaciente y paciente, él realmente se dará cuenta que sí vale la pena enseriarse como para compartir la cama solo conmigo”.

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Es tú decisión ver o no ver la película

¿Pero realmente crees que ese es el camino a tu autonomía como mujer o a una sexualidad plena? Peor aún, ¿crees que eso se trata si quiera de amor? No, querida, allí hay muchas sombras y poco amor.

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