Lo que Dios tiene en mente para ti

Recuerdo muy bien aquella vez que entré por primera vez a una iglesia, en la puerta había una señora ya de cierta edad, ella me miró a los ojos y me dijo “Dios te bendiga”, es algo que ya había escuchado pero cuando ella lo dijo significó algo más, de verdad ese momento nunca lo olvido.

Luego de ahí pase a sentarme a escuchar la prédica del pastor, lloré como una niña. Siempre pensé que mi vida no valía la pena,  mi corazón estaba tan necesitado de escuchar que yo valía de verdad. Siempre creí que yo no había nacido para algo en particular, pero ese día escuché por medio del pastor que Dios tenía un futuro lleno de favores y de bendición para mi, que en realidad yo sí había nacido para algo especial.

Durante estos casi 13 años de camino en mi fe cristiana, he ido en búsqueda de ese encuentro celestial, de lo que Dios tiene para mí, lo que muchos llamamos propósito; y aunque hago muchas cosas que amo y que las hago para Dios, –como por ejemplo escribir estas lineas–, a veces me encuentro a mí misma preguntándome: “¿Hay algo más para mí?”.

Siempre digo que nuestra vida en esta tierra no puede estar basada en levantarnos cada mañana cuando suena el despertador, irnos a trabajar, cumplir obligaciones, ser quien la sociedad nos dice que seamos como mujer, llegar a la casa, preparar la comida, dormir y volver a repetir el día siguiente. Créanme que cuando repito esto, muchas veces empiezo a frustrarme y a preguntarme: “¿Para esto fui creada?”, “¿no hay algo mas para mí?”

Cuando esto pasa, y antes que empiece a entristecerme,  me recuerdo que cada cosa que hago es importante para Dios, que todo aquello que hago hoy,  no llegó de la noche a la mañana.  Hago todas esas cosas porque hubo un momento en mi vida que decidí caminar diariamente hacia mi propósito, porque creo que el propósito no es un lugar, es un caminar día a día y encontrarlo no es un destino único, es un camino diario.

Creo firmemente que para seguir caminando con cordura este camino a lo que llamamos propósito, debemos dejar a un lado las cosas que hacen el camino mas pesado, más lento. El año pasado me senté en el mueble de mi sala con una taza de té caliente, pensando que estaba tan cansada de hacer tanto de lo que yo suponía que era para Dios, pero al final no me quedaba tiempo para mí, ni para mi relación con Dios. Hice una lista de las cosas que no debí hacer porque no estaban alineadas a lo que quería para mis próximos cinco años, también hice una lista con cosas que me hacían estallar de alegría el corazón y pensé que las debía hacer con más frecuencia.

Entrar al camino de nuestro propósito toma tiempo y constancia, salir del ciclo de lo que no debemos continuar haciendo requiere esfuerzo y determinación. Yo sé que la persona que lee estas líneas está creada para grandes cosas, para cumplir lo que Dios tiene en mente, así que te invito y motivo a que no pienses en ti como alguien que no tiene nada especial para dar, sino más bien en alguien que puede llegar a cambiar su vida conforme a lo que Dios le agrada.

¿Cómo lograrlo?

  • Ora.
  • Anota tus anhelos.
  • Preguntale a tus amigos y familiares en qué actividades eres buena.
  • Descubre tus dones.
  • Haz que las cosas cotidianas tengan un significado.
  • Ora más.
  • Identifica tus prioridades.
  • Busca ayuda si te cuesta soltar lo que debes soltar.
  • Trata por todo los medios que lo que hagas para Dios, te divierta.
  • Sigue orando.

Si aun no crees que Dios tiene en mente algo para ti, te dejo estas preciosas muestras de amor:

Salmos 139:16

Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos.

Salmos 138:8

El Señor cumplirá en mí su propósito. Tu gran amor, Señor, perdura para siempre.

Jeremías 1:5

Yo te elegí antes de que nacieras; te aparté para que hablaras en mi nombre a todas las naciones del mundo.

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