Infertilidad y Aborto espontáneo: Cuando el ansiado bebé no llega

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Para ser honesta, este es el artículo, quizás, más difícil que me ha tocado escribir. Hace dos años no me hubiese imaginado estar en esta posición, pero por alguna razón, qué solo Dios sabe, estoy aquí hablando sobre infertilidad y aborto espontáneo, dos situaciones que no son nada fáciles para cualquier mujer.

Como saben, todo lo que escribimos en Entaconadas es absolutamente vivencial, basado en nuestras experiencias o en las de personas cercanas, y me gustaría decirles que pasé por esto y que ya lo superé, qué hoy soy la feliz y trasnochada madre de un lindo bebé, pero no es así. El ansiado bebé aún no llega.

Hace pocos meses, después de año y medio de búsqueda quedé embarazada, era mi primer embarazo y no me lo podía creer, fue una mezcla de emoción y temor muy grande, para el momento que me enteré estaba de viaje en Miami visitando unos familiares y recuerdo que tenía que encerrarme en el baño a orar por mi temor a todo lo que se venía y al mismo tiempo agradeciendo a Dios por haberme escuchado.

Pero la emoción duró poco, a las seis semanas de embarazo comencé a manchar. Asustada, al segundo día de manchado me fui a emergencias y en medio de los ecogramas, tactos y mis nervios, sucedió lo más temido, un dolor tan fuerte que me bajó la tensión quién sabe a cuánto. Solo podía ver las caras preocupadas de los médicos mientras les rogaba me colocaran algún analgésico. Ahora sé que en ese momento estaba perdiendo a mi bebé.

Aunque lloré por unos días, debo reconocer que me repuse pronto y la idea de un nuevo emprendimiento que se asomaba me ayudó a maquillar mi dolor. Pero a varios meses del evento, sigo llorando por las noches por haber perdido a mi bebé. No es fácil, y menos en un mundo como el de hoy, en el que toca ver a diario como muchas mujeres que conozco y sigo en redes sociales anuncian felices sus nuevos embarazos, presumen sus lindas pancitas y los bellos nacimientos de sus primeros, segundos y hasta terceros hijos. Y no me malinterpreten, no es envidia, es el simple deseo de unirme a ellas, de ser parte de ese club.

Me he sentido mal, he llorado al llegar mi período, a sabiendas que eso significa que no estoy embarazada de nuevo, es como si quisiera que sucediera ya mismo para hacer de cuentas que nunca lo perdí, debo admitir que me ha costado orar y leer la Biblia, no he querido ir mucho a la iglesia. He estado molesta con Dios. Pero Él en su inmenso amor ha sido paciente y sé que ha entendido mi dolor.

Estoy segura que si has leído hasta aquí es porque quizás estás viviendo algo similar, y no quiero que te vayas sin antes conocer lo que Dios me ha estado mostrando estos días que me han hecho reflexionar acerca de mi situación. Como sabes, Dios no nos deja pasar por desiertos o temporadas de soledad sin un propósito, y lo que ha estado hablando a mi vida es contrario a todo lo que yo he estado haciendo. A continuación te cuento:

1.Dios quiere que derrames todo tu dolor en Él:

Una de las cosas que hice mal desde el principio, fue dármelas de fuerte y querer saltarme la etapa de duelo por mi pérdida. Vivir cada etapa es necesario para que nuestro corazón pueda sanar. Es por eso que hoy en día me estoy permitiendo llorar, pero lo hago enfocándome en Dios y al mismo tiempo desahogando mi dolor con Él.

 2. Entrégale a Jesús a ese bebé que tanto anhelas:

Esta es quizás la parte más dura y lo que más me ha costado, y es que Dios me ha estado hablando de que le entregue los tesoros más profundos de mi corazón, y eso es en este momento mi deseo de ser madre, mis hijos, mi descendencia. En esto todavía estoy en proceso, lo hago un día a la vez hasta que verdaderamente lo sienta, y te invito a hacerlo conmigo, cada día, todos los días repite: “Señor te entrego a mis hijos, mi deseo de tenerlos, no quiero que eso sea más importante que tú en mi vida”.

Dios desea ser el primero en tu vida, y no va a darte algo que vaya en contra de eso, nuestro deseo por ser madres y amor por los hijos no puede ser mayor que nuestro amor por Dios, así que debemos ser como Abraham, cuando Dios le pidió que le entregara a Isaac, o como Ana quién entregó a Samuel con gran gozo en su corazón. Ellos entendieron que había un propósito mayor en la voluntad de Dios.

3. No te encierres en ti misma, habla sobre el problema y ora en grupo con otras mujeres:

En esto también he fallado, pero Dios me lo ha recordado y es totalmente cierto. Su palabra habla de la importancia de orar en grupo y cuando estamos dolidas esto se hace más necesario, es mejor buscar apoyo, es mejor ir a la iglesia, al lugar de adoración y orar conjuntamente con otros hermanos en vez de encerrarnos en nuestro closet sintiendo lástima por nosotras mismas.

4. Acostúmbrate a esperar en Dios:

He escrito en el pasado varios post que hablan sobre esperar en Dios. Reconozco que ha sido mucho más fácil hablar de esto cuando “eso” por lo que esperaste ya llegó, pero ese no es el caso de este post en particular, pues como les dije aún no soy madre. Pero hoy quiero invitarte a confiar y a esperar pacientemente en los tiempos del Señor.

Piensa que si Dios nos da lo que queremos de inmediato, nuestros corazones no van a enfocarse en Él, sino que van a quedarse estancados en nosotras mismas y en nuestros deseos egoístas, no en el propósito de Dios para nuestras vidas. El Señor sabe que es lo mejor para cada una.

5. Confía. Confía. Confía.

Lo repito una y otra vez porque sé que es algo que debemos ejercitar a diario. Debemos confiar en Dios y en que su voluntad es perfecta. Debemos amar más la voluntad de Dios que sus acciones o milagros. Se que no es fácil, nada de lo que habla este post lo es, pero es algo en lo que indudablemente debemos perseverar sin importar si el bebé llega o no. Duele decirlo, pero es la verdad.

Espero de todo corazón que este post te sirva para refrescar un poco tu corazón, si deseas estar en contacto conmigo y hablar del tema siéntete libre de escribirme a mi cuenta personal de instagram @keniaurdaneta_ Bendiciones.

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