Cumple tu resolución de adelgazar para el 2015 -sin morir en el intento- (II Parte)

En la entrada anterior, te comentaba acerca de la motivación para comenzar todo un proceso para adelgazar: salud y autoestima deberían ser tus razones, ¡nada de obsesionarse con estar en portadas de revista! Además, te hablé acerca de una las excusas más comunes en las que nos acobijamos para no bajar de peso: la falta de tiempo. En esta entrada te hablo de otras excusas que me tenían atada y cómo desecharlas:

 2. Yo nací así, gorda

No digas “es que yo siempre he sido gorda”. No, no, no, tú no naciste con sobrepeso, al menos que tengas algún problema con tu organismo y para esto sugiero que vayas a un especialista en el área. Pero el punto: no eres gorda, estás gorda. Si has aumentado de peso es porque diversos factores se juntaron para dar ese resultado (sedentarismo, mala alimentación, etc). Sácate ese pendrive contaminado de la cabeza y proponte a alcanzar tu peso real. Tu verdadera imagen está por allí escondida y es tu trabajo buscarla y reflejarla.

3. No soporto la comida de dieta

Sí, sí, todo lo dietético es menos gustoso que la comida chatarra; ya eso lo sabe el universo. En toda mi vida hice aproximadamente unas 10 dietas diferentes, bajaba algunos kilos al principio y luego subía nuevamente de peso. Esto me sucedió hasta que entendí que no se trataba de vivir en dietas y comer sólo clara de huevo con avena, sino de comer sano. ¿Por qué? Puedes matarte haciendo durante un par de meses una dieta estricta y claro que bajarás de peso; seguramente es una dieta muy baja en calorías, o es a base de líquidos, etc. Pero al abandonar la dieta vuelves a subir de peso, y por esto mucha gente dice “las dietas hacen engordar”. ¡No! Las dietas no hacen subir de peso a nadie. Es lógico que si recurres a tus hábitos alimenticios antiguos, los que practicabas cuando tenías sobrepeso, volverás a consumir diariamente muchas calorías hasta ganar rápidamente todo el peso perdido.

Por eso, no hagas dietas: ¡cambia de hábitos! Reduce la ingesta de azúcar, de comida alta en grasas y de carbohidratos. Apóyate en las proteínas como carnes, pollo, pescado, huevos, granos, y las frutas y vegetales. Tu cuerpo agradecerá este cariñito; comida saludable, cuerpos saludables. ¡Ojo! No estoy diciendo que elimines por completo todo lo que sea azúcar, grasa y carbohidratos, pero sí disminuirlos. Además, puedes buscar recetas de postres en blogs de comidas saludables y “matar” esos antojos que nuestra “Gordelia” interior nos pide. Otra manera deliciosa de comer frutas y hojas verdes es tomando jugos verdes (algo reciente que descubrí y me encantó). También puedes recompensar tu comportamiento de niña buena comiendo tu comida calórica favorita UNA vez a la semana. Eso sí, cumpliendo con una sana alimentación durante el resto de la semana.

4. No me gusta tener que pasar hambre para bajar de peso

*Eeehnj* ¡Error! “Pasar hambre” ralentiza el metabolismo, por lo que lograrás el efecto contrario de lo que estás buscando. Llegó un tiempo en el que dejé de cenar, y bajé algo de peso, pero al cambiar ligeramente esta rutina, engordé mucho más. Cinco porciones moderadas de comida saludable serán tus aliadas. Yogurt bajo en grasa (sin azúcar), frutas frescas y frutos secos son ideales para las meriendas.

Puedes también buscar más tips y sugerencias de menú saludables en blogs o páginas especializadas en el tema. Te recomiendo seguir uno o dos “gurús fitness” como máximo; muchos pueden tener opiniones distintas acerca de algo en particular y tener tantas recomendaciones de distintas fuentes terminará por volverte loca.

 5. No tengo tiempo, el regreso

“Es que no tengo tiempo para preparar comida saludable”… otra excusa en la que el tiempo es el villano, y te entiendo. Para esto puedes comprar varios envases o bolsitas plásticas que mantengan la frescura de los alimentos, tomar un momento libre para hacer varias porciones de comida ya sazonada y guardarlas en estos envases dentro del refrigerador. Por ejemplo, para los jugos verdes, compro las frutas y hojas verdes, las lavo, lo pico todo en trozos y los guardo en el congelador, así ya están listos sólo para lanzarlos a la licuadora y ¡tarán!

6. Nada de lo que hago tiene efecto

Antes de lanzarte esta afirmación, primero analízate: ¿realmente estás haciendo el esfuerzo? ¿O es demasiado incómodo cambiar de hábitos y estás haciendo las cosas a medias? Te pregunto porque esto me pasaba a mí. Me esforzaba durante tres días, y los siguientes eran un desastre total, y así iba, en una completa inconstancia, y luego me quejaba por no obtener los resultados que quería. Un deportista se entrena diariamente para lograr su objetivo; los entrenamientos a medias no funcionan. Cambiar de hábitos no lo lograrás en tres días, es un proceso en el que tienes que ser constante, disciplinada y perseverante. Sólo así se alcanzan los grandes sueños.

El 1 de enero de 2015 lo comencé con un jugo verde y lo terminé con una intensa rutina de ejercicios, simplemente porque estoy decidida. ¿Cuándo es el día para comenzar? ¡Hoy!

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