¿Cómo vencer el miedo de volver a enamorarme?

Hablar de relaciones amorosas siempre es meterse en terreno complicado. Sobre todo si se han tenido algunos intentos fallidos. Pero no hay duda, al menos desde mi perspectiva, que entablar una relación de pareja es uno de los vínculos más asombrosos que experimentaremos a lo largo de la vida.

A menudo podemos ver cómo malas decisiones, heridas sin sanar y el concepto devaluado que manejamos del amor hace que una experiencia tan compleja e enriquecedora termine siendo simplemente cansona y frustrante. ¿Pero es siempre así? ¿Cómo saber si esta vez realmente funcionará?, ¿cómo saber si estoy lista o si vale la pena intentarlo?

Vigila el común denominador

“¿Por qué siempre me pasa lo mismo?”, “¿por qué siempre me tocan así?”, “todos los hombres son iguales”.  Estas son algunas recurrentes y muy tóxicas premisas con las que envolvemos ese paquete llamado relaciones amorosas. Solemos echarle la culpa a la mala suerte, al sexo opuesto, a Dios y a cualquier otra persona, cuando en realidad somos las responsables de nuestras propias decisiones. El único denominador común en nuestra serie de relaciones fallidas somos nosotras mismas. El doctor Henry Cloud y el doctor John Townsend en su libro Límites en el Noviazgo, citados por Laura Mejías en el artículo Beneficios de una cita con el sexo opuesto, explican que encontrar a la persona correcta no es cuestión de suerte, se trata de las decisiones que tomemos y de la capacidad que tengamos de aprender de nuestro pasado para no repetir los mismos errores. “El pasado es importante porque es el almacén de todas esas experiencias de prueba y error. Tu pasado puede proveer mucha información necesaria sobre qué hacer o qué evitar en las citas, ya sea por la satisfacción de haberlo hecho bien o por el dolor de haberlo hecho mal. Para poder aprender de tus relaciones pasadas debes preguntarte ¿qué aspecto específico del pasado estoy repitiendo en mis relaciones?”.

Ten expectativas reales

Es decir, la persona correcta no es la suma de los innumerables requisitos que escribimos en nuestra  lista  titulada “Con quien me casaré”. Sí, en principio es decepcionante, pero entre más rápido lo asimilemos, mejor.  Los doctores Henry Cloud y John Townsend dicen que para elegir con sabiduría es necesario cuidar en qué basamos nuestras preferencias, éstas no deben cimentarse en nuestros temores internos. Por ejemplo, alguien que le teme a relacionarse profundamente podría atraer a su vida a una persona distante, o alguien que le teme a tener su propia autonomía puede relacionarse con una persona controladora y absorbente.

Ambos sostienen que para elegir bien, primero debemos conocernos a nosotras mismas. Para hacerlo es necesario pasar tiempo en la prensencia de Dios y pedirle que nos ayude a entender cómo somos en realidad. Eso, según los autores, ayudaría a reducir esa interminable lista de preferencias a un número mucho más razonable.

En relación con las preferencias, más allá del color de los ojos, el gusto por los mismos géneros musicales o su brillante y siempre acertado sentido del humor, son sus rasgos del carácter con los que realmente lidiaremos a largo plazo. No se trata de negociar nuestras convicciones para encajar en una relación que no es nuestra talla, se trata de darle peso a lo que realmente importa.

Atrévete

Posiblemente salimos muy lastimadas de relaciones anteriores, pero nuestro proceso de sanidad nunca estará terminado si no aprendemos a relacionarnos de forma correcta con el sexo opuesto. Dios muchas veces utiliza las relaciones para sanarnos, para hacernos crecer y para limar ciertas asperezas. No te aísles, no te pierdas las bondades de una amistad sana por el temor de ser lastimada nuevamente. La mejor forma de vencer el temor es arriesgándote a salir con alguien. Solo de esta forma podrás desarrollar destrezas de comunicación, vulnerabilidad, confianza, sinceridad, sacrificio personal y capacidad de escucha.

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