Me siento confundida, ¿será que me gustan las mujeres?

Hace algunos años atrás, durante mi adolescencia e inicio de mi adultez, me vi en una disyuntiva que me hacía sentir mal, rara y como si yo fuese la única que estaba pasando por aquello, ¿será que me gustan las mujeres?”.

Ahora, con el tiempo y al hablar con tantas jóvenes, me doy cuenta que no era yo sola, sino que hay muchas mujeres, como yo, que durante esa etapa se han hecho esta misma pregunta.

Si me lo preguntas, jamás me hubiese atrevido a abrir mi corazón para hablar de este tema, pero también entiendo que no tuve quién me ayudara o, por lo menos, se solidarizara con lo que estaba pasando y tampoco yo busqué hablar de esto con nadie. Así que como sé que son temas y preguntas que a la mayoría nos da vergüenza compartir, decidí escribir sobre ello.

Hay un diseño perfecto…

Sin lugar a dudas existe un diseño perfecto, ese es el que Dios hizo cuando creó todo. El creó al hombre y a la mujer; claramente lo podemos leer en Génesis. El hombre se sentía solo y Dios, como buen padre, decidió crearle a su ayuda idónea, Eva; luego les dijo que fueran fructíferos, es decir, que tuvieran hijos. La única forma original para tener hijos es que un hombre y una mujer tengan relaciones sexuales, cualquier otra alternativa existente para ello fue ideada por el hombre –entiéndase fertilización in vitro, inseminación artificial, entre otras técnicas–. De antemano aclaro que no tengo nada en contra de los métodos de reproducción asistida, al contrario, me parecen una buena opción para aquellas personas que tiene problemas para tener hijos.

“Creo que me gustan las mujeres…”

Volviendo al tema, allí me encontraba yo, preguntándome por qué al ver a algunas chicas me sentía atraída. ¿Había algo mal en mí? Particularmente yo sabía que ese no era el diseño original que Dios había creado; desde niña lo había escuchado, por eso el sentir o pensar en ello me llenaba de tanta vergüenza, pues, no entendía la razón. Cabe destacar que al mismo tiempo también me sentía atraída por chicos y para ser honesta no sé si eso me hizo sentir mejor o peor, pues, aumentó mi confusión.

No sé si estés pasando por lo mismo, pero si es así déjame decirte que no hay nada mal en ti. Hay muchas razones por las cual ese sentir se está originando en ti, no voy a entrar en detalles con respecto a ello pero sí puedo compartirte que hay un diseño perfecto, original y como lo reseñé anteriormente: es el que Dios creó. Años más tarde puedo verme y saber que aquello que sentía en ese momento sólo eran mentiras para distorsionar el diseño original de Dios en mi mente, así como mi verdadera identidad.

¿Qué hago al respecto?

Una de las cosas que hice en medio de esa revolución de sentimientos y pensamientos fue pedirle a Dios que los aclarara y afirmar mi fe en una verdad inexcusable: esa verdad es que lo que Dios creó es bueno y perfecto en gran manera. Ya eso es un capítulo en mi vida que está superado, hoy estoy felizmente casada con un hombre que no solamente amo, sino que ¡me encanta! (ja, ja, ja), además, tengo un hermoso bebé junto a él.

Yo pasé por esa confusión

Con propiedad puedo decirte claramente que no hay nada más hermoso y perfecto que el diseño bajo el cual Dios te creó. Que una mujer y hombre no sólo se amen, sino que sean uno en sí y puedan formar una familia es mucho más especial y único que cualquier tendencia contraria que la sociedad pretenda imponer. Todo lo demás sólo busca confundir y engañar a tu mente y corazón; aún más en los tiempos actuales, donde hay un bombardeo masivo de información tergiversada con el propósito de llevarte a corromper tu diseño original.

La palabra de Dios nos enseña

“hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte” (Proverbios 16:25, NVI). Con esto me refiero a que, contrario a lo que muchos creen, no despejarás tu duda al experimentar con base en lo que sientes; eso sólo arraigará la confusión en ti, contaminará tu sexualidad y abrirá puertas indeseadas en tu vida. Mejor abrázate al diseño perfecto de Dios y combate esos pensamientos confusos con su verdad como argumento.

Si Él fue quien te creó, ¿acaso podría equivocarse sobre ti?

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