Cómo mantener la integridad en tiempos de oportunismo

El mundo, como lo conocemos, camina bajo sus propios preceptos, y todos – de manera consciente o inconsciente – cedemos gradualmente nuestras vidas a esos preceptos.

Para nadie es un secreto que la maldad ha aumentado en estos tiempos. El culto al “YO” es la tendencia en todas las áreas de la vida común, pensar en el bienestar de alguien más sin recibir nada a cambio se ha vuelto una “cuestión de tontos”, pues, mientras más oportunista y más ambiciosa seas, más alto llegarás, más cosas poseerás y gozarás del reconocimiento de todos. Esto es lo que nos inculca, desde temprana edad, el sistema viciado en el que vivimos.

Ahora bien, ¿qué tan fieles estamos siendo a nuestras creencias y valores en medio de un mundo que nos empuja a caminar bajo su propio ritmo? Este artículo es una invitación a la retrospección.

Hablar de resoluciones es hablar de determinación en nuestras decisiones y actitudes.

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Todas las mujeres son mujeres de resolución, ya que a diario determinas qué tipo de personas deseas ser, lo que harás y cómo te relacionarás con los demás; asimismo determinas autodisciplinarte para alcanzar un objetivo, sea tu título universitario, ese empleo soñado o simplemente ¡bajar de peso! Si somos capaces de todo esto, entonces, ¿por qué no decidimos canalizar nuestras resoluciones más hacia lo interno?

Es muy fácil desear dejar nuestra huella en otros al hablar de una vida amorosa, humilde, de abnegación y de fe; pero a la hora de la verdad, fungimos como espejos rotos al proyectar un reflejo distorsionado, pues nuestro interior abriga falta de perdón (cuando puedes disculpar, pero no olvidar); ego (cuando crees que todo lo que tienes y has logrado es gracias a tus capacidades y esfuerzo); insensibilidad (cuando antepones tus necesidades a las de tu familiar, compañero de trabajo, vecino o amigo); y duda (cuando las circunstancias logran desesperanzarte). Aunque tu creas que nadie pueda ver estas cosas, aquél que todo lo ve, lo hace; y aunque te ama como eres, también pesa tu corazón.

Entonces ¿por qué nos resulta tan difícil caminar en verdadera integridad ante Dios?

Simple, porque la sociedad en que vivimos ha establecido, como norma, lo común. Si no me crees, detente a pensar en lo que implica el significado de la palabra «normal»: “que es general o mayoritario o que es u ocurre siempre o habitualmente, por lo que no produce extrañeza”, (RAE). Acoplarse a “lo normal” ante la sociedad es más sencillo de lo que crees.

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Justo esto es lo que Jesús llamó “la levadura”, esa misma de la que también nos alertó.

Verás, quien no se habitúa a lo común, es catalogado de pensamiento retrógrado, generando molestia y/o rechazo. Es por esto que hoy vemos como algo “normal” – y con total estupor – el auge del sexo prematrimonial, legalización de matrimonios homosexuales, promiscuidad, derecho al aborto, eutanasia, legalización de drogas y pare de contar, simplemente porque se ha convertido en lo común. Pero lo común no siempre va de la mano con lo correcto.

El propósito de este post es que entiendas que cuando te determines a llevar una vida de resoluciones para Dios, aún en lo más cotidiano te verás remando contracorriente, hasta el punto en el que padecerás por hacer lo correcto, tomarás distancias más largas para llegar a tu sueño en pos de conservar tu integridad, y en ocasiones te encontrarás muy desanimada, con ganas de tirar la toalla. Pero de eso se trata la resolución: de la firmeza de propósito aun en medio de la desmotivación, pues, la complicidad con el mundo ha dejado de ser una opción.

Llevar una vida de resolución para Dios es algo que solo depende de ti; escudarse en tu entorno, en quien te señala, retrasa, o en quien se niega a caminar de tu lado no es válido; recuerda que es tu compromiso ante Dios y la manera en que decides presentarte ante Él. Esto es solo para mujeres valientes, aquellas que han creído con todo su ser en quien han confiado. Recuerda que Jesús nos alertó sobre las aflicciones que afrontaríamos en este mundo, sin embargo, ¡nos instó a animarnos!, pues, Él ya venció (Juan 16:33).

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“A veces, el mayor milagro de todos es el que sucede en tu corazón, el cambio en ti, y luego te sorprende al filtrarse en las costuras y en la tela de toda tu vida. Una persona transformada puede producir un efecto increíble en su entorno”. – Priscilla Shirer (La resolución para mujeres).

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