¡Auxilio! No sé qué hacer, tengo miedo

Dicen por ahí que el miedo es la antítesis de la fe. Esta última es la creencia de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve, pero, en particular, la fe siempre se refiere a esperar a ciegas (por decirlo así) por un milagro, algo bueno que queremos que suceda.

No obstante, si tomamos como referencia la primera definición de fe, el miedo bien podría encajar. Si lo vemos desde este punto de vista, el miedo es una creencia, es estar convencido de que algo sucederá, pero en contraste con lo que la fe promueve; en este caso, el miedo se refiere a una extraña forma de “fe en lo negativo” ya que nos convence, nos hace creer que eso que tanto tememos que suceda, en efecto, sucederá.

“El miedo es la más grande discapacidad de todas” Nick Vujicic

Muchas veces no nos animamos a tomar decisiones relevantes en nuestras vidas por causa del miedo. Sí, tenemos una fe negativa acerca de nosotras mismas y de lo que nos rodea. De alguna manera, nos sentimos inmerecedoras de las cosas buenas, solemos pensar: después de todo, “con lo mala que soy” no merezco una bendición así

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. Y por ende terminamos creyendo lo contrario, es decir, que en lugar de lo bueno que supuestamente no merecemos, lo malo sucederá.

Veamos algunos ejemplos:

– “Odio mi trabajo actual, pero me da miedo renunciar y quedarme sin nada”.

– “Siento que mi novio no me trata bien, a veces me grita y se burla de mi, pero temo dejarlo porque no quiero quedarme sola”.

– “Tengo mucho dolor en la garganta, pero no iré al médico porque podría decirme que es algo malo”.

– “Quisiera tratar a ese chico, pero no me atrevo a hablarle porque seguramente me rechazará”.

Y así hay mil ejemplos que se pueden ajustar a nuestra vida cotidiana.

Sin embargo, ¿Qué pasa cuando el miedo se hace enorme y llega hasta a afectar nuestra vida cotidiana? Lamentablemente, esto es algo más común de lo que muchas podemos pensar, y este estado puede ocasionar trastornos aún más serios como la depresión y la ansiedad constante.

En nuestro mundo moderno, son muchas las mujeres que viven sus días en este estado, no se atreven a dar un paso por temor del qué dirán o por temor al fracaso. ¿Cuál es la idea? Que aprendamos juntas a romper con esta cadena, y aunque los médicos son una gran ayuda, definitivamente puedo decirte que no hay nada ni nadie que pueda ayudarte a vencer el miedo más que Dios.

Él sabía perfectamente que sentiríamos miedo, para Él esto no es nada nuevo, es por eso que en La Biblia nos dejó las herramientas para combatir el temor. Digamos que hay una píldora diaria con la dosis exacta necesaria, para que de Su mano podamos vencer.

Y no, no estoy comparando La Palabra con una pastillita que tan solo alivia los síntomas, si no más bien me refiero a los 365 “No temáis”

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que aparecen a lo largo de todas las escrituras, ¡A Dios no se le escapa nada! Te invito a buscarlos, seguramente encontrarás paz en el camino.

vencer el miedo

La verdad es que el miedo solo existe para atormentarnos, paralizarnos y evitar nuestro avance. De hecho, de acuerdo a sus siglas en inglés, la palabra temor es fear y se dice que las letras de la palabra son siglas que significan lo siguiente: Falsa Evidencia Aparentemente Real” ¡Increíble! Ahora bien, basándonos en esto, ¿Qué tal si las chicas que dijeron las expresiones anteriores, le respondieran a su miedo con lo siguiente?:

– Sé que Dios es mi sustentador, el proveerá todo lo necesario y me pondrá en el lugar adecuado para desarrollarme como profesional.

– Sé que Dios tiene un hombre diseñado a mi medida que jamás me faltará el respeto, ni se burlará de mí.

– Por sus heridas yo he sido curada, no tengo nada que temer, sé que este dolor pronto pasará.

– Soy una princesa, porque soy hija del Rey, le hablaré a ese chico y seguramente le caeré bien y podrá ser mi amigo.

En nuestra boca tenemos poder, y tan solo con cambiar esas declaraciones negativas por unas declaraciones de fe, estaremos dando un paso adelante, quizás no para no sentir miedo, no puedo asegurarte que así será; sino para avanzar a pesar del mismo. No importa si sientes ganas de ir al baño, cosquilleo en el estómago o te falta el apetito durante esa lucha interna, lo importante es que siempre recuerdes que Dios está de tu lado y que Él quiere lo mejor para ti, no te dejará, nunca te desamparará, pero debes poner de tu parte y pese a lo que sientas, avanzar.

Otra forma hermosa de luchar contra el miedo es a través de la oración. Hablar con Dios es una herramienta poderosa que muchas veces no solemos explotar como debiese ser. Cuando sientas temor, ora, y mientras oras confiesa con tu boca cosas buenas, agradece a Dios por lo bueno que traerá a tu vida y sobre todo, di la palabra, confiesa aquellos versículos bíblicos que te traen esperanza, sanidad, paz. Si haces esto, tienes la batalla ganada, porque nuestro papito Dios ya la ha peleado por ti.

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“Aprendí que el coraje no es la ausencia del miedo, sino el triunfo sobre él. El hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino el que conquista ese miedo”.

Nelson Mandela.

“Yo no huyo de un reto porque tengo miedo. En cambio, corro hacia él, porque la única manera de escapar del miedo, es pisotearlo bajo tus pies”.

Nadia Comaneci.

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