Superando el duelo (Segunda parte)

Continuando el post que escribí hace varios días sobre mi experiencia el día que murió mi papá,  quiero compartir con ustedes algunas de las etapas que considero importantes durante el duelo.

El cómo  viví la pérdida de mi padre es solo un ejemplo, una forma de afrontarlo, pero existen muchas formas de pasar un duelo, cada persona es diferente.

La Dra. E Kubbler Ross, propuso 5 etapas en el duelo:

  1. Negación, aislamiento e incredulidad: en primer momento no aceptamos la pérdida, no lo creemos, todavía no asimilamos dentro de todo la noticia.
  2. Ira: se tiende a sustituir la incredulidad por el resentimiento, por la rabia. En esta etapa surgen los por qué, la ira contra quien provocó el accidente, contra el familiar ausente, contra Dios, en esta etapa la ira es una fase dentro de todo normal, por así decirlo, así que no debe tomarse en cuenta como algo personal.
  3. Negociación: se intenta buscar una salida al hecho a través de la negociación con Dios, con nosotros mismos.
  4. Depresión y tristeza: nos invade la tristeza, el sentimiento de soledad. El apoyo de la familia y amigos cercanos es necesario.
  5. Aceptación: es el final del camino, por así decirlo, ya llevamos tiempo sin la persona, sentimos su ausencia, surgen nuevos planes, actividades, le recordamos pero ya miramos la vida de otra manera.

Estas fases muchas veces son secuenciales, pero no todos pasamos por todas las etapas y en el mismo orden o duración de cada una de ellas. En mi caso, fueron etapas mezcladas, la primera duró varios días, pero al mismo tiempo no puedo negar que aquella oración de las que le hablé en el post anterior fue protagonista para tener mucha paz. La segunda y tercera etapa no las viví, pero la cuarta la experimenté ya al mes de su muerte, y la quinta con el pasar de los meses, sobre todo porque para esos próximos meses que pasaron mi esposo me propuso matrimonio en aquel momento, así que entre planes de boda y ocupaciones fui asimilando ya su ausencia. Esta cuarta y quinta etapa estuvieron mezcladas durante varios meses, era una mezcla de saber que ya había muerto pero su ausencia me dolía tanto, saber que no estaría el día de mi boda fue un golpe muy duro, mi sueño siempre fue que él me llevara al altar, sin embargo, con el tiempo, Dios fue llenando esa ausencia y dándome consuelo para afrontar su ausencia aquel día de mi boda.

Se necesita tiempo para asumir la pérdida. Para algunas personas será más tiempo que para otras. Necesitamos darnos ese tiempo para hacernos a la idea de la ausencia.

Es necesario expresar los sentimientos, a mí me costó mucho, se los confieso, porque soy el tipo de persona que no me gusta que me vean llorar, empezando por allí, y no me gusta cargar a otros con mis problemas, pero tuve que aprender a hacerlo, sobre todo, me abrí con mi esposo. Una noche literalmente lloré como una niña sobre sus brazos y sentí una liberación en el alma que me ayudó muchísimo.

Hay que recordar a la persona. No hay que olvidarla, fue parte de nuestras vidas y deberá seguir siéndolo en nuestros recuerdos. Particularmente soy el tipo de persona que prefiere no tener fotos en el celular o no hablar mucho de eso porque no me gusta recordar el dolor. Yo intentaba bloquear eso, pero entendí que olvidar o bloquear no facilita el seguir adelante, hay que recordar para asumir que se ha ido y que se debe seguir caminando.

Hay que asumir que se debe seguir viviendo. La vida no se acaba porque se muera un ser querido, de hecho, hay muchas personas a nuestro alrededor que nos quieren “vivos” y nos necesitan a su lado. Y esta es una buena razón para seguir adelante.

Los horarios, rutinas, hábitos y costumbres son buenos aliados. Nos devuelven a la realidad del día a día. No hay que forzarlo tampoco, la persona volverá a ellos o establecerá unos nuevos cuando esté preparada. Nuestra forma de llevar el duelo debe ser respetada. Cada uno expresará el dolor de una manera, pasará de unas fases a otras en distintos momentos, tenemos distintos caracteres, vínculos con el difunto… Hay lugar para todos y el respeto es la mejor opción. Sin embargo, no debo dejar de darles la mejor recomendación para superar el duelo y es: permitir que Dios llene nuestros vacíos, abrir nuestro corazón a la esperanza que él nos da, a sus abrazos y a su consuelo que siempre está a cualquier hora sin importar el calendario. Dios es el único que ha podido llenar la ausencia de mi papá, no mi esposo, no mi trabajo, no el dinero. Solo Dios y, créanme, lo hace excelente. Así que te invito a que tomes en cuenta lo que una chica común, como tú que me lees, vivió hace poco y quiso compartirlo para ayudar a otros.

Me gustaría conocer cómo te ha ido superando el duelo, comparte cómo ha sido tu experiencia, deja tu comentario, me encantaría saber de qué forma te sientes identificada.

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