Superar un duelo (Primera Parte)

Es un tema poco común para hacer un post, pero todas lo hemos vivido en algún momento. A mi me tocó el 10 de diciembre del 2014.  Unos meses después de que mi papá presentara algunos problemas respiratorios. Sus malestares continuos nos llevaron a varios exámenes y a una biopsia, una terrible biopsia que arrojó cáncer de pulmones.

Él solo estaba usando un pulmón para respirar, en el derecho había un tumor tan grande que solo le estaba funcionando el izquierdo. Eso ocasionaba que no pudiera caminar para no agitarse, así que recurrimos a una silla de rueda, oxígeno en casa y atenderlo en todo lo posible. En dos meses vimos cómo un hombre súper activo -a pesar de su 79 años-  pasaba sus días en la quietud de su cama.

Al poco tiempo inició la jornada de exámenes previos a las quimio, pero justo uno de esos días, ocurrió lo que nadie quiere vivir.

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Fue un martes, me levanté después de que dos de mis hermanos se llevaran a mi papá a sus exámenes de chequeo y me dispuse a limpiar todo mi cuarto (podrán imaginarse el desastre), libros por aquí, papeles por allá, gavetas boca abajo. Ni siquiera alcancé a terminar lo que hacía cuando recibí la llamada mi mamá, quien entre un llanto incontrolable, me dijo las palabras más fuertes que he escuchado hasta ahora en mi vida: “Tu papá acaba de morir”. Eran las 11:00 de la mañana y yo acababa de recibir la peor noticia de mi vida. Mis piernas se adormecieron y la voz solo me dio para informarle a la señora que ayuda en la casa lo que sucedió. Ella me abrazó y me ayudó a sentarme en el piso.  Yo solo pude decirle: “Vamos a orar”.  Sí, dirán que estoy loca, lo sé, ¿cómo alguien que acaba de perder a su papá va a querer orar?, pero sentía que si no hacía eso, iba a morir. Como pude me senté en el piso porque mis piernas estaban dormidas; sentía un hormigueo tan fuerte en ellas que si me levantaba seguramente me caería. En ese momento, creo hice el mayor acto de valentía que alguien puede hacer en una circunstancia como esas: oré.

“Señor, te doy gracias por este día. Te pido que -como dice tu Palabra- esa paz que sobrepasa todo entendimiento, esa paz que protege al corazón, esa misma paz,  me llene en este instante a mí y a mi familia. No la quiero para después, ¡la necesitamos ya! Yo te lo ruego:  fortalécenos y ayúdanos aún en este momento a ser tu reflejo. Amén”

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Prayer

¿Por qué el mayor acto de valentía?

Porque ante una noticia así es casi imposible pensar en respirar y orar.

Porque ante una noticia así es casi imposible confiar en que una palabra escrita pueda hacerse realidad.

Porque solo un valiente puede creer que alguien invisible, del que sabes por un libro que se escribió hace muchísimo más de dos mil años, puede sostenerte en ese momento. Y de hecho, así lo hizo.

Esa simple oración, esa simple pero poderosa promesa, me ha sostenido este año que ha pasado y  no solo a mí, sino a toda mi familia. En momentos de dolor, esa paz ha sostenido nuestro corazón, en momentos de impotencia esa palabra ha acariciado lo más profundo.

Quería compartir lo que un acto de valentía hizo por mí y por mi familia.

Filipenses 4:7 (TLA)

“Así Dios les dará su paz, esa paz que la gente de este mundo no alcanza a comprender, pero que protege el corazón y el entendimiento de los que ya son de Cristo”

Espera la segunda parte de este post, donde tocaré el tema de las diferentes etapas que se vive durante el duelo.

Quisiera saber de qué forma has enfrentado el duelo, deja un comentario y comparte con nosotras tu experiencia.

 

En la siguiente entrada te haré saber todo lo que ha sido este duelo para mí y cómo Dios me ha ayudado a mí y a mi familia a levantarnos.

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