Rechazo: cinco verdades para vencerlo

Hace unos cuatro años, en medio de un proceso bastante doloroso y a la vez liberador, descubrí, con ayuda de Dios, que un sentimiento de rechazo y abandono se había arraigado en mí desde pequeña. Ese sentimiento hizo un vacío tan pesado en mí (Lo sé, ¿cómo es que un vacío puede pesar?), que durante años, en muchas áreas de mi vida, me llevó a sentir que no había forma de levantar la cabeza.

Ahora bien, antes de contarles un poco más sobre mí, definamos qué es el rechazo. Según el doctor Chuck Lynch en su libro Cómo controlar la ira y traer paz a sus relaciones, el rechazo equivale a la palabra griega apodokimzo, que significa reprobar algo luego de ser evaluado. La RAE, por su parte, define el rechazo como “Contradecir lo que alguien expresa o no admitir lo que propone u ofrece” y “Mostrar oposición o desprecio a una persona, grupo o comunidad”.

¿Alguna vez te has sentido así? Yo sí.

El rechazo: el peor de los temores

Les cuento: la mente de un niño no logra diferenciar o esgrimir  las razones que tienen los adultos para no estar, así que para una pequeña si papá o mamá no está, es probable que sea por culpa de ella. En mi corazón infantil una idea se había arraigado: “tal vez no soy suficiente o no es mucho lo que tengo para ofrecer”.

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Esa mentira creció vertiginosamente durante años en medio de muchas de mis relaciones, en especial con la de los caballeros. (Y aunque eso no es tan harina de otro costal, les escribiré de ello en otra ocasión).

Cuando este sentimiento de abandono y rechazo no es tratado a tiempo, la vida de una persona se reduce a una carrera constante y frenética por ser aprobado y tener el control. Después de todo, en palabras del doctor Lynch, “el miedo al rechazo es tal vez la emoción más temida por la humanidad”.

No sé con exactitud qué pudo hacerte sentir rechazada, pero sí sé  que Jesús experimentó el rechazo más crudo a lo largo de su vida y puede comprender perfectamente cómo te sientes. Antes de nacer ya había quienes procuraban matarle y en sus últimas horas sus más íntimos amigos le habían negado y dado la espalda. Créeme, Él sabe muy bien lo que se siente.

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Por eso Dios, a través de su Palabra, nos deja cinco verdades que destronan cualquier sentimiento de rechazo que quiera venir a embargarnos:

1.-Dios te escogió

 Sí, Él te eligió y  te predestinó en amor para un futuro lleno de esperanza y para formar parte de una maravillosa misión. Lo hizo mucho antes de que tú tuvieras conocimiento sobre Él, te escogió sin pedir nada a cambio ni exigirte algún cambio.

 “Dios nos escogió en él antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él. En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad”. Efesios 1:4-5 NVI.

2.-Él te amó primero

En esta historia, su amor te encontró y te amó a primera vista.

“En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados”. 1 Juan 4:10 NTV.

3.-Él te llamó

 Entre millones y millones de personas, Dios decidió llamarte. Él miró y dijo: “Ella, la escojo a ella”.

“Te tomé de los confines de la tierra, te llamé de los rincones más remotos, y te dije: “Tú eres mi siervo. Yo te escogí; no te rechacé”. Isaías 41:9 NVI.

4.- Él no solo te acepta, se deleita en ti

Dios no solo te acepta, como si le tocara resignarse a tu presencia o compañía, Él se deleita y disfruta al estar contigo. Así que no importa quién te haya hecho sentir poca cosa o quien te haya rechazado, recuerda esto:

Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra la llamarán «Desolada», sino que serás llamada «Mi deleite»; tu tierra se llamará «Mi esposa»; porque el Señor se deleitará en ti, y tu tierra tendrá esposo”. Isaías 62:4

5.- Él te quiere en su equipo

Dios te diseñó y te escogió para cumplir un rol importante dentro de su maravilloso plan. Él reconoce el valor que puso en ti y lo mucho que tienes para dar.

“Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica”. Efesios 2:10.

Cada vez que el sentimiento de rechazo y abandono quiera limitarte y hacerte bajar la cabeza, recuerda esas verdades. Escríbelas en un post-it, ponlas en un lugar visible. Repítelas hasta el cansancio, hasta creerlas. Y recuerda: “Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza”. Salmos 3:3.

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