Enseñando valores: La importancia de hablarle de Dios a los hijos

El hogar es la principal escuela de nuestros hijos. En casa aprenden valores, normas y el amor incondicional de la familia.  Si vemos con  normalidad nuestro deber de enseñarles a sentarse correctamente, bañarse a diario, comer correctamente, tomar el lápiz, colaborar en casa, y tantas otras cosas que tratamos de comunicarles; también es importante que veamos con naturalidad el hablar con nuestros hijos sobre Dios.

Desde el punto de vista psicológico, es sumamente beneficioso para los niños conocer sobre este amor inmenso y protección de Dios para con nosotros; saberse amados y protegidos en todos los niveles los ayudará a estar más tranquilos y confiados. Si nosotros mismos, como adultos, encontramos sosiego en la presencia y compañía de Dios; entonces, ¿por qué no transmitir esta bendición a nuestros pequeños?

¿Cómo comenzar de acuerdo a la edad del niño?

 Si en nuestro hogar cultivamos la fe en Dios, es vital involucrar a los niños desde bebés con el fin de que se integren con naturalidad a las distintas actividades que practicamos para ejercitar nuestra fe. Sin embargo, si aún no has comenzado a hablar de Dios a tus peques, no te preocupes, no hay un momento especial o determinado para hacerlo; el mejor momento es AHORA.

Nunca es demasiado tarde para involucrar a los pequeños y a toda la familia para acercarnos más a Dios. Ahora bien, existen varios momentos propicios del día a día en los cuales podemos hacer esa hermosa conexión:

  • Oración de la mañana: Al levantarse, se agradece a Dios por el nuevo día, por escucharnos, por guiarnos y protegernos. Pedimos bendición y protección para los familiares y amigos. Dedicamos nuestras acciones a Dios y pedimos que nos ayude a actuar correctamente.
  • Bendecir los alimentos: Antes de comer, dedicamos unos minutos para dar gracias a Dios por los alimentos que vamos a consumir. Agradecemos que podemos comprar los ingredientes y bendecimos a quien los preparó.
  • Momentos especiales de petición: Nos reunimos en familia a orar por la salud de un ser querido o por la intercesión de Dios en algún evento.
  • Momentos especiales de agradecimiento: No olvidemos agradecer a Dios por nuestras alegrías y logros, dedicando un tiempo a orar y meditar en medio de la felicidad y con agradecimiento.
  • Lectura de la Biblia: actualmente existen versiones de la Biblia para bebés y para niños, con las cuales podemos iniciar a nuestros pequeños en los relatos bíblicos, propiciando así, ocasiones para la enseñanza.
  • Oración antes de dormir: Esta disciplina puede formar parte de nuestra rutina a la hora de descansar, y nos ayuda a dormir más confiados y relajados. Enseñar a nuestros niños a practicar oraciones sencillas los ayudará a entender que orar a Dios es como hablar con nuestro mejor amigo.

¿Cómo enseñar a orar a nuestros hijos?

En primer lugar, es importante dejar saber a los chicos que aunque existen oraciones formales como instrumento buenísimo para alabar a Dios y comunicarnos con Él, la oración también puede hacerse como una conversación fluida con Dios. Podemos enseñarles las oraciones más comunes y propiciar que los chicos “conversen” con Dios, agradeciendo y orando desde un punto de vista personal y propio. Será el comienzo de una relación hermosa con Dios, que le servirá de apoyo y consuelo durante toda su vida.

Enseña a través del ejemplo

Como en cualquier aspecto que le quieras enseñar a tus hijos, la mejor manera de transmitir una enseñanza es a través del ejemplo. Si tus chicos te observan orando, y actuando de manera cónsona con lo que predicas, harán lo mismo.

Adecuemos las enseñanzas bíblicas a su edad con canciones, cuentos, retiros espirituales, poniendo bonita la mesa los domingos en honor a Dios en su día, usando ropa muy bonita para ir al templo, entre otros.

Ser padres es ser maestros de vida, y en nuestros hombros recae la responsabilidad de educarlos en la fe y el amor de Dios. Es una responsabilidad importantísima que tenemos y no debemos obviar. Cierro estas recomendaciones con una frase inspiradora y muy cierta:

“Familia que ora unida, permanece unida”. Padre Peyton.

Por Ivonne Vicuña

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