¡Descubrí la verdadera Navidad!

Desde niñas pensábamos que la navidad se trataba de portarnos bien, escribir una carta haciendo nuestra petición, nuestro deseo de lo que queríamos recibir en la mañana siguiente de noche buena, y así crecimos hasta que descubrimos que era una simple fantasía. Pudiera ser muy lindo el hacer creer que quizás ese hombre vestido de rojo era un señor muy bondadoso que llenaba cada árbol de regalos a los niños. Pero, en mi vida personal descubrí que la historia no era así cuando un día, sin querer, abrí la gaveta de mi mamá y vi la carta que yo había escrito. Sí, no lo puedo negar se me rompió el corazón al ver que toda esa fantasía, era eso: una simple fantasía.

Cuando somos niñas tenemos un corazón tan inocente, creemos todo lo que nos digan. Pero hasta esa vez, supe que no existía ese señor que bajaba por la chimenea en la películas, y que eran mis padres quienes me daban el regalo. Ya después, teniendo más edad, solo celebraba la navidad según la tradición: Hacer intercambio de regalos, comprar ropa nueva y estrenarla, salir de compras, esperar a la familia para cenar y así un sinfín de cosas que ya sabemos que forman parte de la tradición. Pero más allá de todo esto, lo que no sabía es que poco a poco me acercaba a descubrir el verdadero significado de la navidad. Descubrí que la navidad es el nacimiento de nuestro Señor Jesús, nuestro redentor, aquel niño que nació en un pesebre y que vino por el rescate de muchos. Nuestro regalo de navidad viene sin envoltura y está en tu corazón cuando decides abrir las puertas de él al Redentor. En mi vida he celebrado la navidad no sólo el 24 esperando el 25 de diciembre, sino todos los días, porque ya no es en un pesebre que nace, sino que nace en el pesebre de tu corazón.

Es tan hermosa la navidad cuando no sólo la celebramos por tradición sino cuando la vivimos. Descubrir el verdadero significado, hacerlo vivo y poder compartir en familia el hermoso regalo que ese niño nos trajo: la salvación y vida eterna que tenemos en él cuando dejamos que nuestro corazón se vuelva el pesebre. Te invito a celebrar esta navidad dándole su verdadero valor y significado, recuerda que la navidad no se trata de aquel que desciende de la chimenea, sino de aquel que descendió de los cielos. Y aunque el mercado se encarga de hacernos comprar más y más, no nos enfoquemos en esto, más bien enfoquémonos en hacer regalos que no pueden comprarse, regalos que marcan la diferencia, que se encuentran en nuestro corazón y que podemos compartir con los que nos aman y aun aquellos que no, aquellos que necesitan una sonrisa, un abrazo. Pues nadie da, de lo que no ha recibido. ¿Por qué no empezamos a dar aquellos que no tienen? a los que verdaderamente necesitan el amor de Dios a través de ti. Llena tu casa y corazón del amor de Dios y compártelo. Anhelo que en tu corazón nazca el niño Dios, y te llene de una manera especial y dulce.

¡Feliz navidad!

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