Ellas y ellos: esas diferencias que nos vuelven locos (Parte I)

ellos y ellas

Quiero hacerles una pregunta, por favor sean sinceras: ¿Cómo eso que era una virtud y amábamos de ellos, termina convirtiéndose en un defecto? Lo pregunto porque me pasa y, luego de conversar con un par de amigas, noto que le ocurre a más de una. Sí, eso que nos atraía y parecía súper interesante del otro,  luego de un tiempo se vuelve loco e incómodo. Y no, esta no es una versión corta y espiritualizada de Los Hombres son de Marte y las mujeres son de Venus, pero en definitiva sí es una invitación a que reflexionemos sobre esas claras diferencias que, lejos de separarnos, nos enriquecen y complementan.

Luego de investigar un poco, más allá de los genitales, existe un complejo y variado abanico de diferencias biológicas y psicológicas que nos hacen tan distintos y necesarios. La clave está en identificarlas, aceptarlas y tener expectativas más reales en función de ellas.

Diane Halpern, profesora de psicología de la Universidad Claremont McKenna, citada en el artículo Male and Female God Created Them  de Pam Farrel , explica que si bien hay construcciones sociales, la biología no es nula en cuanto a hombres y mujeres. Entender esto es fundamental y nos ayudará a convivir mejor. Aquí algunas pistas que nos darán luz en nuestra relación con ellos:

La comida

“Cuando un hombre come, la parte de su cerebro que le hace sentirse feliz es estimulada. Como resultado se muestra contento y es más paciente para escuchar. Cuando una mujer come, la parte de su cerebro que agudiza su vista se estimula, lo que la vuelve más consciente de su entorno y tiene más de que hablar”, dice Halpern. Así que si lo pensamos bien, la idea no es del todo descabellada. Después de todo, mucho de los buenos recuerdos que construimos surgen alrededor de una buena comida.

Frente a un problema

Otra diferencia está en la resolución de conflictos.  Cuando el hombre necesita resolver un problema, tiende a usar un solo hemisferio cerebral para resolverlo y lo mantiene en uso hasta que consigue la solución, mientras que una mujer frente al mismo problema puede utilizar ambos hemisferios. Halpern explica que el cerebro de ambos tiene la misma capacidad para resolver problemas, solo que entre los hemisferios de las mujeres hay mayor número de conexiones. Es decir, ambos pueden resolver igual de bien problemas, pero el mecanismo es diferente.

La especialista asegura que frente a la frustración y el estrés, también reaccionamos de forma muy diferente. El hombre necesita alejarse para ver en perspectiva la situación y recargar energías, lo que hace que en momentos de estrés se aísle o muestre distante. La mujer, en contraste, suele buscar una red de apoyo, pues al hablar con otros puede encontrar formas de solucionar lo que le perturba. Punto que, si analizamos con detenimiento, nos da pistas del porqué de su silencio en momentos donde nosotras tenemos una especie de vómito verbal.

Desde los primeros días de vida

Las diferencias biológicas, que claramente tienen repercusiones en nuestras emociones y conductas sociales, son tantas que, incluso desde los primeros meses de vida, hombres y mujeres necesitamos alimentarnos  de forma diferente. Según la profesora Katie Hinde, experta de la Universidad de Harvard, la composición de la leche materna es distinta para niñas y niños. La leche para bebés varones contiene un 35 %  más de grasa y proteínas que cuando es para niña. En cambio, la leche para niñas contiene más calcio. Se cree que  para apoyar el crecimiento más veloz de sus huesos.

Son numerosos los estudios que arrojan diferencias entre ellos y nosotras, pero ¿qué dice La Biblia al respecto y cómo podemos aceptar y aprovechar la perspectiva de cada uno?, vamos a tratar de descubrirlo en el próximo post, ¡no te lo pierdas!

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