¡Dale la vuelta a tu inseguridad!

Rouse Nelson, chica afro

Conversé con una chica que lucía un cabello hermoso, coincidimos en un mall, y me preguntó: ¿eres la chica de Entaconadas?

La miré, miré mi ropa para saber cómo había salido a la calle (jajaja), y me atreví a responderle con un “sí, soy yo, la chica del afro”.

Ella lucía un afro pequeño, me contó que tiene casi 3 meses luciéndolo, antes estaba oculto en extensiones de cabello natural liso o pelucas de cabello natural.

Ella quería preguntarme muchas cosas sobre el mío para poder cuidar el suyo, hablamos por unos minutos mientras un amigos llegaban, hablamos de cómo hidratarlo, cada cuánto cortarlo, qué usar, qué no usar, qué conviene o qué no conviene hacerles, de nuestras costumbres, estilos de vida… entre otras cosas que las mujeres no podemos dejar pasar (jajaja, solo para entendidas en la materia). Sus relatos e historias sonaban a una buena calidad de vida, sus accesorios y celular, indicaban que económicamente estaba bien, profesionalmente estaba realizada. En la conversación, me comentó “puedo decir que lo tengo todo, pero dicen que nunca estoy conforme con mi apariencia física”.

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Mientras entrabamos y salíamos del tema “chicas afros”, su cara me decía que no estaba convencida de lucirlo o dejarlo crecer, me miró y me dijo: quiero hablar de mi cabello como tú hablas del tuyo. – Me pidió seguirle contando cosas sobre nuestro tipo de cabello, y bueno, ustedes saben, popularmente “me dio en la tecla”… hablé y hablé sobre él, sus cuidados, chistes, y algunas anécdotas. Aunque sonreía, su cara era de decepción, yo estaba tan enfocada en hacerle ver lo hermosos que son los cabellos tipo afro y rizados, que no me detuve a preguntarle por qué ahora lo usaba de esa forma y había dejado las extensiones, entonces le pregunté, y me dijo que solo deseaba intentarlo, que yo la había inspirado, recuerdo claramente una frase que dijo: quiero tener y mostrar la seguridad que muestras con tu estilo.

Después de esa frase, algo pasó en mi cara, quienes me conocen saben que soy MUY expresiva con mis gestos, ella preguntó “¿por qué sonríes de esa manera? Cambiaste”. Yo solo debía agradecerle el cumplido y seguirla animando, eso sonaba muy bien “quiero tener y mostrar la seguridad que muestras con tu estilo”… Pero, al igual que a ella, les cuento lo que pasó en mí:

Mi sonrisa había sido opacada por un pensamiento, pensé: no pidas mostrar la seguridad que hoy muestro, me llevó muchos dolores emocionales.

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Conozco el sabor de la seguridad porque probé el amargo de la inseguridad. Para estar aquí, viví procesos de aceptación difíciles para mí, errores, heridas, reproches, lejanía y distancia de mi Creador… hoy soy capaz de agradecer esos procesos y vivencias, pues cada uno me trajo hasta aquí. Pero aprendí, que no debo buscar ser o mostrar lo que otros muestran ser, aprendí que admirar no es sinónimo de imitar, y que imitar no es muestra de admiración. Aprendí a conectarme conmigo, con mis habilidades y destrezas, con mis debilidades y flaquezas, aprendí que debo admirar a otros para tener una referencia de mis sueños y formación, pero que también debo admirarme por lo que soy y he logrado. Buscar el crecimiento de la mano de otros, sí, pero no antes que de la mano de Dios. Él ha logrado que mi estilo muestre mi seguridad, y ni siquiera lo creé yo, mi Creador me lo prestó.

Parte de esto le comenté a la chica, mientras hablaba de esto, ella lloraba, me contaba que ha pasado gran parte de su vida buscando encontrarse, vaya frase, “buscando encontrarse”, le dije que eso era como esas oportunidades donde estamos buscando el lápiz que tenemos en el cabello, cuando lo “encontramos” nos sentimos como tontos y nos causa gracia porque siempre estuvo con nosotros.

¿Quieres encontrarte? Mírate y empieza a aceptar cada parte de tu cuerpo, disfruta cada rasgo, conoce tus fortalezas y debilidades, eleva tus destrezas, identifica tus flaquezas, acéptalas y trabaja para hacer de ti una mejor persona, y ¡no te detengas! siempre hay que ir por más.

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Por último le pregunté: ¿quieres mostrar seguridad?  –con su cabeza me dijo que sí–, entonces, tienes la contracara del ingrediente principal: la inseguridad. ¡Dale la vuelta!

Si esto te pasa a ti en otras áreas, también te digo: ¡dale la vuelta!

“…yo mismo no pretendo haberlo alcanzado ya; pero una cosa sí hago: me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás, y me extiendo hacia lo que está adelante”.

Filipense 3:13

Rouse,

#LaChicaDelAfro

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