Cuando el juzgar se hace costumbre

¿Alguna vez te han jugado? O tal vez te han comentado: “Cuando te conocí pensé que eras una pesada (odiosa)”  Quizás lo has dicho o te lo han dicho; eso, mi querida amiga, es juzgar, explicado de una manera simple y basado en hechos de nuestro diario vivir.

Siempre me gusta hacerle ver a la gente lo importante de poner en práctica la tolerancia y paciencia con los demás; esto porque cada uno trae escrito en su ser una historia diferente a la tuya, la cual puede ser tanto de bien como de mal y que ha dejado huellas que, quizás, no pueden ser borradas. Por experiencia propia puedo decirte que muchas personas con aparente carácter fuerte tienen un suave y tierno corazón cubierto por una coraza que impide llegar allí con facilidad, esto solo para evitar una herida más.

Es difícil determinar por encima de la ropa si una persona es o no de buen corazón o carácter afable, todos tenemos una historia y hemos llevado una vida que avala quiénes somos hoy.

Infinidad de veces nos hemos equivocado al juzgar a alguien y nos quedamos pasmado al ver cómo es esa persona en realidad. Podemos ver personas sencillas, de escasos recursos y tal vez hasta con apariencia desaliñada que tienen un gran y generoso corazón, excelente condición vocal, gran intelecto, en fin, cualidades que nuestra predisposición no nos permiten apreciar en esa persona. O bien podemos ver a alguien aparentemente amable, introvertido y bien vestido con la capacidad de tomar vidas inocentes y hacer cualquier tipo de daño. No es cuestión de desconfiar de todos sino de conocer antes de hacer juicios y compartirlo con otros.

¿Qué sería de mi vida y de la tuya si cada persona a nuestro alrededor se hace una idea equivocada de quiénes somos antes de intentar conocernos? ¿Cuántos amigos tendríamos? ¿Cómo sería nuestra vida? Y si Dios nos juzgara por quién en verdad somos, ¿Qué sería de nosotras hoy?

Vive poniendo en práctica ese hermoso mandamiento “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Sal de tu círculo, de tu área segura. Trata de conocer gente (sin juzgar) toma y deja, aprende de otros. Todos, incluso los llamados ignorantes, tienen una historia que contar; derriba algunas barreras y no juzgues porque seguro no quieres ser juzgada.

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