No te afanes, ¡vive el momento!

vive el momento

Creo que el mal de la gran mayoría de las personas es que nos pasamos el tiempo soñando con el futuro. A veces me veo pensando en cómo será pasar a la siguiente etapa (profesional, personal, relacional, económica) y cómo es de parecida a la reacción de un niño pequeño que acaba de pasar su fiesta de cumpleaños preguntando a su madre ¿cuándo le hará su siguiente fiesta? O la típica: ¿cuánto falta para navidad?… ¿Alguna vez te hiciste esa pregunta? Yo sí recuerdo haberla hecho…

Los sueños son algo hermoso, los planes y metas son algo que nos motiva todos los días a levantarnos, salir adelante, hacer lo necesario para conseguirlos y así alcanzar esa satisfacción. El problema está cuando a esos sueños se interponen los pasos que debemos dar para alcanzarlos y el deseo de querer el resultado rápido nos lleva a avanzar al mismo ritmo las etapas que tenemos que vivir.

Una vez conversando con una buena amiga, le contaba lo emocionada que estaba por el nuevo chico que estaba conociendo, el interés era mutuo y el proceso de conquista estaba fluyendo aceleradamente a medida que compartíamos más y más, y claro… tras mi relato detrás de unos lentes rosas y el sueño de estar viviendo algo perfecto, mi amiga explotó mi burbuja para agregar un consejo sabio: “en la medida que aceleres las cosas, no podrás disfrutar realmente del momento y dejarás de prestarle atención a lo más importante” (que en ese caso, era conocernos profundamente).

Ella me explicaba que cada tiempo es necesario para alcanzar la madurez necesaria, para asumir el cumplimiento de ese anhelo y hacía la comparación con su proceso embarazo: “Yo quería conocerla (hablándome de su bebé), quería abrazarla, ver sus manitos y sus pies. Pero también entendía que debía esperar los 9 meses, ya que cuando nacen antes de tiempo sus órganos no están completamente maduros para venir al mundo y se puede enfermar… y yo no quería que mi hija tuviese ningún problema, así que aun queriendo conocerla disfruté pacientemente mi embarazo hasta que la tuve en mis brazos”.

Y aunque muchas áreas no son comparables con la gestación de un bebé (y no para todo vas a esperar 9 meses – a veces es más ¡ouch!), sí es importante entender que para alcanzar algunas cosas, el vivir el momento y aprovechar el presente son necesarios para tener un mejor mañana.

¿Qué quiere decir esto? Que mientras nos quedamos imaginando el futuro, estamos perdiendo tiempo valioso. Te invito a que coloques esa meta o anhelo que te vino a la cabeza al leer estas líneas y te preguntes:

  • ¿Qué estoy desaprovechando hacer mientras me ocupo pensando en el futuro?
  • ¿Estoy realmente lista para que eso llegue ya?
  • ¿Qué dejaría de aprender si se cumpliese mi sueño ahora?
  • Si ese sueño se cumpliese hoy ¿aún sentiría que hay un propósito en mí?
  • ¿Qué está enseñándome Dios mientras espero?

Con estas preguntas no quiero hacerte pensar que tu tiempo de espera se prolongará mucho más, pero sí quisiera que tomaras las riendas de lo que está en tus manos el día de hoy.

Jesús nos dice en Mateo 6:34 “No se preocupen por el día de mañana, porque el mañana traerá sus propias preocupaciones. Cada día tiene ya sus propios problemas”.

Que no te agarre desprevenida el encontrarte alcanzando una meta apresuradamente, cuando aún hay etapas de las cuales tienes que aprender para poder enfrentar nuevos retos. Cuando ves que luchas y no llega lo que estás buscando, a menudo aparece la frustración, sin embargo, recuerda que vale más ser paciente que valiente [1], espera en él con paciencia; no te irrites ante el éxito de otro [2] y no te canses de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharás si no te das por vencida [3].

Vive tus etapas, aprovecha el tiempo y ¡vive el momento! Saca lo mejor de la situación y de lo que Dios quiere hacer en ti. Lo vas a usar más adelante y en ese momento, ¡lo entenderás!

[1] Prov. 16:32

[2] Sal. 37:7

[3] Gal. 6:9 adaptado

Escrito por: Lisangel Paolini @lisangel_p

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