Mis planes Vs. Los planes de Dios (III Parte)

“Tienes que estar preparada para lo que salga, sea trabajo de limpieza, de niñera… algo de eso es lo que te va a salir”. “En Costa Rica hay mucho desempleo”. “Mentalízate, no vas a conseguir trabajo de una vez”. “Te va a tocar caminar puerta a puerta pidiendo trabajo”. “No creas que vas a llegar trabajando en una agencia de publicidad”.

Sé que todos tenían buenas intenciones al advertirme esto antes de emprender mi vuelo hacia Costa Rica. Y OJO, no es que esté mal alguno de esos oficios ni que pensara que todo iba a ser color de rosa o me iba a caer un gran empleo del cielo, solo que, para serles sincera, no estaba nada acostumbrada a este tipo de trabajos y el hecho de salir a la calle en un país totalmente desconocido hacía que se me arrugara el estómago.

Desde que compré los boletos comenzó en mí esa ansiedad. “¿Dónde trabajaría?”, “¿sería buena idea irme, renunciar al trabajo estable que tenía y aventurarme en Costa Rica?”, “¿sería capaz de dejar todo por un mejor futuro?, ¿o más bien estoy dejando todo por un futuro incierto?”. Lo cierto es que todas estas preguntas se paseaban por mi cabeza… ¿Y cómo imaginaba que sería mi situación laboral?

Expectativa

Les confieso que esto fue parte expectativa y parte realidad: Imaginé que debía hacer exactamente cada una de las cosas que me dijeron, de hecho, al llegar a mi destino, por cada anuncio que veía de cualquier tienda o local tipo: “Se busca vendedora”, anotaba el número de contacto, pero nunca me atreví a llamar, pues tenía miedo de que me fuesen a decir un rotundo NO por no tener papeles aún.

Sin embargo, me seguía diciendo: “Haré lo que tenga que hacer”. En una oportunidad me ofrecieron cuidar a unos niños por mucho menos del sueldo mínimo, pero más que el hecho de tener ese ingreso por una jornada laboral completa, tenía pavor de tener la responsabilidad de cuidar niños –para los que me conocen saben que no soy muy buena con ellos– así que decliné.

Estaba frustrada por no ser tan valiente como tenía que ser, por no ser tan abierta a todo como se supone que debía ser. El miedo me congelaba, pero quizás, más que el miedo, era Dios trabajando en otros planes…

Realidad

Ya tenía comprado los boletos, aún faltaba un año para concretar el vuelo. Comencé a buscar por internet agencias de Social Media en Costa Rica. Me topé con varias, una de ellas llamó mi atención. La guardé en la sección Favoritos de mi navegador; la tuve ahí guardada durante un año. De vez en cuando la chequeaba y me tentaba enviar el currículo pero faltaba mucho aún para el viaje, así que desistía.

Un mes después de llegar a Costa Rica, decidí que era momento de empezar a enviar mi currículo a las agencias que había conseguido por internet hacía un año atrás, entre esas, la que había guardado en Favoritos. Para mi sorpresa, el mismo día me escribieron un correo haciéndome un par de preguntas y citándome para una entrevista.

Llegó el día, me acompañó la amiga que me recibió en Costa Rica. Mientras íbamos en el bus me preguntó “¿Y no tenés miedo, no estás nerviosa?” Ya había visto cómo Dios me tenía en su mano, así que le dije: “Nah, que pase lo que Dios quiera que pase, de cualquier forma, Él tiene el control”.

“¿Y por qué se vino a Costa Rica?”, “me gustaría que me contara de su experiencia con redes sociales”… y así se desenvolvió una entrevista de una hora con la gerente administrativa de la empresa. La mujer parecía encantada. Era ideal para el puesto que estaban buscando. Sin embargo, luego entró la chica de Recursos Humanos pronunciando estas tristes palabras: “Todo muy bien, cuando tenga listo el permiso de trabajo nos avisa”. ¡Oh!, antes de continuar, déjenme regresar un poco y explicarles este asunto del permiso laboral.

Apenas llegué al país con todos mis papeles legalizados, introduje la solicitud del permiso de trabajo en Costa Rica, peeero, el problemita es que en este país tardan una eternidad para dar respuesta a estas solicitudes. Como mínimo un año (cuenta la leyenda). Entonces, se podrán imaginar mi cara cuando la chica de recursos humanos me dijo eso.

“¡Hola, bienvenida!”. Estaba de nuevo en ese lugar, ahora en la oficina del gerente. Había transcurrido una semana de aquella entrevista.

“Ya sabemos que aún no tiene el permiso laboral pero estamos muy interesados en su perfil, podemos trabajarlo como servicios profesionales”. Mi cara de asombro y mi risa nerviosa creo que se iban acentuando. “Así que si usted está dispuesta, puede comenzar a trabajar pasado mañana”; y yo por dentro gritaba: “¿ESTÁ JUGANDO CONMIGO? ¡CLARO QUE ESTOY DISPUESTA!”. Por supuesto, intenté mantener mi cara de seriedad: “Sí, claro, me parece una buena oportunidad”, respondí.

Hoy tengo más de seis meses en la empresa, en un buen puesto, buen salario, haciendo lo que me gusta y trabajando en lo que soy buena. Creo que a los amigos que me “advertían” se les olvidó, al igual que a mí, que Dios es un experto en crear amaneceres brillantes luego de cada oscura noche.

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