Madre e hija: un amor complejo

No hay que ser científicos para corroborar que la relación madre e hija es uno de los vínculos más complejos que experimentaremos a lo largo de la vida. De hecho, estudios apuntan que esta dupla es mucho más complicada que la de padre-hijo, padre-hija o madre-hijo. La naturaleza de esta interacción puede ser tan extraordinaria como determinante para nuestro desarrollo como mujeres, pero ¿por qué?

La psicóloga Gabriela Silva en su artículo Madres e hijas: todo sobre el origen de una relación compleja  dice que muchos de los problemas que afloran entre ellas tienen un componente psicológico, puesto que la madre ve reflejada en la hija su propio ideal y existe el riesgo de que quiera reparar a través de su ella ciertos conflictos propios.

Si bien es cierto que es una relación sumamente compleja, también es cierto que es un vínculo indispensable y maravilloso si ambas partes del binomio colaboran para estrechar lazos y entablar una dinámica saludable. Para comprender mejor esta interacción, se han realizado numerosos estudios, de los cuales la mayoría coinciden en que este vínculo atraviesa distintas paradojas desde el inicio. Silva explica que “cuando la hija es niña y comienza a conformar su personalidad busca a su madre como referencia femenina, pero más tarde, cuando tiene que ser ella misma necesita diferenciarse de su madre y para ello separarse. Luego cuando la hija experimenta la maternidad suele acercarse de nuevo”.

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La especialista sostiene que las complicaciones en la relación madre e hija pueden originarse de la necesidad de la madre de tener una amiga, una cómplice y un reflejo, es decir, en querer cubrir con su hija necesidades que no tiene cubiertas con la pareja, con sus amigos, o con su propia madre, así como por la  falta de respeto hacia la individualidad y la libertad de la hija para escoger qué tipo de relación quiere con su madre.

Y aunque esta relación puede ser estudiaba desde muchas aristas, hay un punto que se debe enfatizar: la madre es la referencia inmediata que tiene toda niña de cómo ser mujer, por tanto, es indispensable en el desarrollo de su identidad.

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Como nunca antes se ha visto una brecha tan abismal entre madre e hija. Madres que quieren competir con la juventud de sus hijas, hijas que desacreditan a su mamá como mujer y –la génesis del problema en sí- mujeres con identidades tan difusas que cuando llegan a la maternidad no saben cómo contribuir al desarrollo de un vínculo saludable con sus hijas.

¿Cómo entablar un vínculo saludable?

  1. La relación debe basarse en el respeto y la aceptación entre sí. La madre tiene que entender que le da la vida pero no es su propiedad, tiene que acompañar a su hija y puede transmitir su experiencia como mujer.
  2. Entender que cuando hija sea adulta muchas veces no querrá tantos consejos, tan solo aprobación y amor. Esto no quiere decir que la hija nunca tomará en cuenta su opinión, si ella le solicita un consejo, puede dárselo. Solo que en esta etapa para ella privará la necesidad de sentirse respaldada más que protegida.
  3. Ejercitar la escucha y el diálogo desde la infancia.
  4. Cada una debe buscar su lugar en la vida, es la única forma de que ambas  encuentren su propio bienestar psicológico.
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  6. La madre nunca debe descuidar otras facetas de su vida, ella sigue siendo una persona con sueños, con otras relaciones interpersonales y con una cantidad inimaginable de talentos y habilidades que poner en práctica. Al trabajar ella en su propia identidad y plenitud le estará dando herramientas para que su hija también lo pueda hacer.

Basado en el artículo Madres e hijas ¿una relación compleja?

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