La tristeza también puede ser buena onda

chica triste

¿Es tan mala la tristeza como nos dicen? No, no es tan mala, solo tiene muy mala publicidad. En tiempos donde se sobrevaloran las filosofías de corte positivista y donde se piensa que aquellas personas que no son felices o no alcanzan lo que quieren no lo hacen simplemente porque no les da la gana o porque son unos holgazanes, la tristeza es terriblemente satanizada.

Esto es lo que debes saber sobre ella:

  1. Es una emoción básica, por tanto, no es buena ni mala.
  2. Es una emoción sumamente útil, pues nos invita a hacer los ajustes necesarios para crecer integralmente.
  3. Si se gestiona de forma correcta, la tristeza puede ser la antesala de cambios y toma de decisiones que nos impulsen a un presente y futuro mejor.
  4. La tristeza nos acerca a Dios.

¿Pero entonces por qué le tenemos tanta idea a la pobre?

El doctor Benjamin Domínguez, psicólogo de la UNAM, explica en el artículo La tristeza no es tan mala como la pintan que en una sociedad donde la felicidad es el máximo bien que se debe procurar y que privilegia con demasía los bienes materiales, es común ver mayor frustración y ansiedad entre las personas, pero también menos oportunidades para expresar la tristeza sin ser juzgados.

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En otras palabras, le hemos dado tanta importancia a la felicidad que muchas veces olvidamos que para ser personas plenas e integrales también debemos saber convivir con la tristeza y sobrellevar los momentos difíciles.

Joseba Achotegui, profesor y psiquiatra, sostiene que “la tristeza no es un mal o una enfermedad sino una emoción adaptativa que busca detener la actividad del sujeto para evitar que malgaste energías en actividades que no le están proporcionando satisfacciones”.

La tristeza es necesaria para hacer balances, para reflexionar, para reorientar nuestra vida. “Sin la tristeza seguiríamos fracasando una y otra vez sin que esto nos afectara”, dice Achotegui.

La tristeza no es contraria al gozo

Ahora bien, no solo estas filosofías “ultrapositivas” estigmatizan la tristeza, también muchos de nosotros como cristianos lo hacemos. Lo hacemos cuando vemos a un amigo o hermano de la fe pasando por un momento de tristeza y rápidamente le exhortamos a que esté feliz, a que se sobreponga rápido, a que no nos fastidie con su pesar, a que examine si realmente tiene el Espíritu Santo, porque después de todo, nosotros siempre tenemos que estar gozosos y gritar “¡En victoria!”. Lo hacemos con otros y con nosotros mismos.

Es sumamente importante que seamos respetuosos con la tristeza ajena y propia, pues ella en algún momento nos tocará la puerta. Si la dejamos entrar y la canalizamos de forma correcta, estará un tiempo con nosotros y después partirá, pero si no, ella esperará y esperará para finalmente irrumpir de formas insospechadas en nuestra vida.

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Lo otro que debemos entender es que la tristeza no es la antítesis del gozo, ya que podemos estar tristes por alguna razón y aún así tener un profundo gozo permanente. Karol Ladd en su libro El poder de una mujer positiva dice: “La tristeza no necesariamente es lo opuesto al gozo. No, lo opuesto es un estado de inquietud, desaliento, falta de esperanza y descontento”.

¿Qué dicen Las Escrituras sobre la tristeza?

“Es mejor el llanto que la risa, porque la tristeza tiende a pulirnos” Eclesiastés 7:3 (NTV)

“Es mejor estar triste que estar alegre; un rostro triste le viene bien al corazón”. Eclesiastés 7:3 (RVC)

La tristeza nos pule, le hace bien el corazón y es necesaria. Antes que cualquier estudioso de la psicología, ya Dios nos explicaba, a través de Salomón, la importancia de esta emoción.

“No lamento haberles enviado esa carta tan severa, aunque al principio sí me lamenté porque sé que les causó dolor durante un tiempo. Ahora me alegro de haberla enviado, no porque los haya lastimado, sino porque el dolor hizo que se arrepintieran y cambiaran su conducta. Fue la clase de tristeza que Dios quiere que su pueblo tenga, de modo que no les hicimos daño de ninguna manera. Pues la clase de tristeza que Dios desea que suframos nos aleja del pecado y trae como resultado salvación. No hay que lamentarse por esa clase de tristeza; pero la tristeza del mundo, a la cual le falta arrepentimiento, resulta en muerte espiritual.

 ¡Tan solo miren lo que produjo en ustedes esa tristeza que proviene de Dios! Tal fervor, tal ansiedad por limpiar su nombre, tal indignación, tal preocupación, tal deseo de verme, tal celo y tal disposición para castigar lo malo. Ustedes demostraron haber hecho todo lo necesario para corregir la situación”.

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2 Corintios 7:8-11 (NTV)

La tristeza, cuando se gestiona de forma correcta y no se vuelve patológica (depresión), hace que corrijamos nuestra conducta y proceder. Da buenos frutos, genera cambios que se traducen en bienestar físico, emocional y espiritual.

“Cercano está el Señor para salvar a los que tienen roto el corazón y el espíritu”, Salmos 34:18 (RVC)

Por último, la Biblia demuestra cómo los grandes hombres de fe (Nehemías, Elías, Moisés, David…) durante un período de tristeza se acercaron más a Dios y luego de esa temporada realizaron grandes proezas.

Así que sí, la tristeza no es tan mala onda como creías… ¿cierto?

 

 

 

 

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