De enamoramiento al desamor: Si te daña, no te aferres

En uno de mis artículos anteriores les conté la historia de cómo me aferré a una relación que en el fondo sabía que no funcionaría y que me estaba dañando, simplemente por la ilusión del sentimiento que en ese momento estaba viviendo. Sabía que aquel chico me había mentido, sabía que estaba metiéndome en una relación tóxica, sin embargo, esa falsa euforia del enamoramiento me hacía querer retenerlo.

Así que en este artículo quiero hablar un poco sobre las relaciones dañinas o relaciones tóxicas, esas que sabemos que nos dañan, pero aún así y por distintas razones, nos terminamos aferrando de tal manera que nos da miedo solar.

Existen muchos tipos de relaciones dañinas, en la web hay mucho material así que no voy a profundizar en ello, pero digamos que son todas aquellas relaciones que nos dañan en alguna manera, bien sea que dañen nuestra autoestima, nos hagan ser personas que realmente no somos, o peor, casos en los que hay abuso psicológico, físico, verbal y hasta violencia.

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Pero vamos a enfocarnos en las relaciones de pareja, específicamente en aquellas en las que a mujer es dañada en la relación. Puede ser que te engañen con otra persona, que te mientan, que no te den el lugar que mereces, que te insulten, que te ofendan, pero tú sigues allí “por amor”.

¿Es en serio?

No me malinterpretes, no vengo de mamá regañona. Lo que quiero es ayudarte a reflexionar, a qué tú misma reconozcas que quizás lo que te mantiene allí realmente no es amor, sino otra cosa.

Citando la Palabra de Dios encontramos lo siguiente:

El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo.

Y claro, seguramente te agarres de allí para justificar todo lo que soportas de ese chico, porque tu amor es capaz de aguantarlo todo.

Sin embargo, la Palabra también dice que el amor no es egoísta (1 Cor 13:) ¿está tu amado no siendo egoísta contigo? ¿te está respetando? ¿te está dando tu lugar?

En efesios 5:28 podemos ver que Dios manda a qué: El esposo (aplica también para novios) debe amar a su esposa (novia), así como ama a su propio cuerpo. El hombre que ama a su esposa (novia) se ama a sí mismo.

¿Tu novio, esposo pareja… te ama de esa manera? ¿o más bien te intenta controlar, te cela, te usa, para su propio beneficio? ¿Eres feliz con esa pareja o es más el tiempo que te la pasas llorando por él?

Créeme, si ese amor fuera para tí, no dudarías en contestarte con toda propiedad estas preguntas. Si ese chico realmente te hiciera feliz, no estarías leyendo este artículo porque no tendrías dudas, quizás.

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Pero como dijimos en este artículo:

Tener una relación de noviazgo con alguien que te hace caer en cosas que no te gustan, no está bien. No se trata de que te conviertas en “la heroína” del mundo de las citas quien se dedica a intentar “rescatar” a cuanto chico dañado hay por la calle, sino más bien se trata de encontrar a un chico al que puedas hacer feliz, pero que también te haga feliz a ti.




Yo no se si en el pasado has vivido situaciones que te han impedido ver tu valor, pero lo cierto es que para poder ver con mayor claridad cual persona te conviene y cual no para una relación amorosa, deberás primero aprender a quererte, aprender a darte tu lugar como mujer, como un ser amado por Dios, y es precisamente Dios quién te va a dar esa identidad, ese conocimiento de tu valía, y para ello, obviamente debes buscar conocer de Dios y establecer una relación con Dios.

Se que hay muchas mujeres que no se acercan a Dios porque no se sienten dignas, otras porque no son religiosas y están muy lejos de considerarse santas. Ok estas todas son falsas creencias. Dios te conoce, sabe quién eres hasta mucho mejor que tú, pero Él no está buscando juzgarte, Él solo quiere restaurarte. Dios no está buscando que seas santa, Él quiere convertirte en una mujer santa, sana, y segura. Esto no se trata de religión, Dios no es religión, Él es relación.

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Entonces, ¿estás lista para dejar de aferrarte a esa relación dañina y comenzar tu proceso de sanidad? Se por experiencia que da miedo porque duele, pero no te preocupes, el desamor es algo pasajero, y cuando somos intencionales y le permitimos a Dios sanar esas heridas, la sanidad llega más pronto que tarde.

Hablemos de desamor en el próximo artículo.

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