Cuatro maneras como arruinar una relación

Cuando somos solteras nos la pasamos soñando con ese príncipe que nos lleve a las estrellas. Cuando nos sentimos solitarias, anhelamos el apoyo incondicional de una amiga con quien podamos compartir aficiones y gustos en común. Es inevitable, da igual si eres de personalidad extrovertida o la mujer más tímida del planeta, los seres humanos estámos diseñados para relacionarnos y nuestro mayor anhelo es ser amadas y aceptadas por otros de forma genuína.

Sin embargo, hay que admitir que muchas veces metemos la pata en lo que se refiere a manterner esas relaciones afectivas bien cuidadas, y a consecuencia de esto podemos perder a esas personas que llenan nuestras vidas. Así que hablemos de ello, a continuación te comparto cuatro maneras como podrías estar arruinando esa relación de pareja o de amistad ¡y no te estás dando cuenta!

Imaginarte cosas que no son:

Y esto aplica tanto para lo que hace como lo que dice esa otra persona, y se refiere a cuando se asumen cosas en base a creencias y no a hechos, por no consultar con esa otra persona, por ejemplo:

Asumir que si no te respondió de inmediato, es porque no está interesado en lo que dices.

Dar por hecho que si no pudo asistir al cumpleaños de tu abuelita, es porque le desagrada tu familia.

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Creer que si lo que dijo no es consono con lo que tú opinas, es porque tiene algo en tu contra.

¡No! No necesariamente. Si eres una persona que constantemente está a la defensiva e imaginando lo que otros piensan o sienten, déjame decirte que el problema no son ellos, el problema está en ti y en tus pensamientos.

Así que por favor, amiga, enfócate y se intencional en lo que dejas que entre a tu mente, dale a las personas la oportunidad de conversar contigo y solo de esa manera podrás saber que es lo que verdaderamente piensan o sienten, nunca se sabe por qué situación podría estar pasando.

¡Celos, benditos celos!

Hay gente que cree esa mentira de que si alguien siente celos es porque le importa esa persona, ¡patrañas! Los celos no son una demostración de amor o interés en la otra persona, son una demostración de desconfianza y una muy molesta, por cierto.

La verdad es que los celos son producidos siempre por sentimientos y ambiciones egoístas (Santiago 3:16) Recordemos que el verdadero amor no es egoísta y no es celoso (1 Corintios 13), por tanto no debemos dejar que esa clase de emociones nos controlen pues nada bueno saldrá de ello.

Si estás siendo dominada por los celos en una relación, lo mejor será que converses con tu pareja y/o amigo para aclarar la situación y pedirle a Dios ayuda para combatirlos y poder controlarte cada vez que esos sentimientos afloren.

Falta de respeto:

Estemos claras, a nadie le gusta que le falten el respeto. El uso de palabras ofensivas, apodos despectivos, gritos o inclusive cualquier acto que se considere desconsiderado para con la otra persona puede significar una falta de respeto que conlleve al deterioro progresivo de la relación.

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Lamentablemente, el respeto es un valor que está un tanto perdido en la sociedad en la que vivimos, por lo que su falta de práctica contribuye a que las personas se desvinculen un poco del mismo, sin embargo si analizamos lo que Dios nos ordena a través de sus mandamientos podremos observar que el respeto es la clave en cada uno de ellos, Dios nos pide ser respetuosos con Él (Éxodo 20:1-11; Deuteronomio 5:6-15) y ser respetuosos con nuestro prójimo (Éxodo 20:12-17; Deuteronomio 5:16-21)

Haz un análisis de tu relación y de tus comportamientos y procura identificar si hay falta de respeto de tu parte hacia esa otra persona. Si tu respuesta es si, lo más recomendable es que dejes de hacer o decir esas cosas que estén faltandole el respeto al otro y pide perdón por ello.

 Indiferencia:

Existe por allí una frase que dice: “Castígalo con el látigo de tu indiferencia y verás como cambia” ¡Que gran mentira! La indiferencia lejos de edificar una relación, la destruye poco a poco. Verás, una relación es entre dos personas y ésta solo se mantendrá si ambas son intencionales en dar lo mejor de si mismas para que la misma funcione, no para que la otra persona haga lo que tú quieras.

Ahora bien, existen dos tipos de indiferencia, la intencional (que es el típico caso que mencionaba arriba) y la no intencional, la cual se produce de forma natural, sin premeditación previa. Muchas veces las ocupaciones y los afanes de la vida nos convierten en personas indiferentes, quienes se preocupan por todo excepto por lo que realmente importa, y dejamos de prestarle atención a nuestras relaciones porque simplemente creemos que así está bien o que las tenemos seguras.

Si crees que puedes estar cayendo en la trampa silenciosa de la indiferencia hacia tu pareja o amigos, creo que ha llegado el momento de tomar acción y una vez más procurar ser intencional en atender tus relaciones antes de que sea demasiado tarde.

Recuerda siempre que toda relación interpersonal sea romántica o de amistad es como un árbol, un día se inició como una pequeña semillita a la que ambas personas abonaron y regaron, y que con cada acto de amor éste fue creciendo y creciendo hasta convertirse en un árbol, el día que ese árbol se deje de regar y abonar comenzará a marchitarse y poco a poco dará señales de su deterioro. No permitas que eso le suceda a tus relaciones ¡toma acción ahora!

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