Cansada de vivir para los demás

cansada de vivir para los demás

¿Alguna vez te has sentido cansada de dar y no recibir? Piensas que vives tu vida para atender las necesidades de otros, cubrir cada espacio, solucionar los problemas del día a día, vives de compromiso en compromiso y sientes que cada persona alrededor demanda algo de ti. Llega un punto en el que te sientes agotada y dices ¿y cuándo yo? ¿quién me atiende a mí? ¿quién se acuerda de mis necesidades?

La gran mayoría de las mujeres somos proactivas y nuestro diseño tal como lo describió Dios fue de “ayuda idónea” por lo que nuestra tendencia nos lleva a “cuidar”, “proteger”, “apoyar” a las personas que nos importan. Nuestra urgencia de ser relevantes en la vida de otros y aprobadas por nuestros seres queridos muchas veces nos lleva a decir que sí a todo, incluso descartando nuestras propias necesidades o actividades.

Creo que como buenas “cuidadoras” podemos ejercer nuestro rol excelentemente bien en nuestro entorno, siempre que no olvidemos actuar también en amor propio y en conservación de nuestra paz mental. Es importante recordar que cuando excedemos el límite de nuestras capacidades, nuestra buena intención se convierte en autodestrucción.

La palabra de Dios dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” Mat. 22:38. Esto implica que, para amar a otros, primero hay que amarse a sí mismo.

Si te encuentras hoy en ese punto en el que quieres tirar la toalla y abandonar todo, es un buen momento para que tomes en práctica los siguientes tips para mantener la calma y tu paz mental en medio de tu agitada vida:

  • No saques de tu agenda el tiempo para ti: Tan simple como tener un espacio para arreglar tu cabello, las uñas, darte un masaje o simplemente descansar. A veces, lo último que tenemos en agenda es nuestro descanso y poco nos permitimos las 8 horas completas de sueño. Tienes que saber que el descanso es importante, tanto, que Dios dijo que de los 7 días de la semana uno debe ser para descansar. El descanso recupera nuestro cuerpo y nuestra mente y nos ayuda a mantenernos jóvenes y felices. Así que no lo saques de tu agenda.
  • Está bien pedir ayuda: La verdad no necesitamos todo el mérito por lo que “hay que hacer”, muchas veces queremos hacerlo todo porque creemos que sabemos mejor cómo hacerlo. Sin embargo, esta actitud invalida las capacidades de las personas que te rodean. En ocasiones, simplemente decir “eso lo puedes hacer tú, de esta manera” enseñando lo que sabemos, podemos descansar entendiendo que no necesitas hacerlo todo para que las cosas sucedan. Un buen ejemplo de “delegar” lo puedes encontrar en Éxodo 18 cuando Jetro le dijo a Moisés: “Lo que estás haciendo no está bien. Tú y el pueblo que está contigo se van a cansar. Este trabajo es muy difícil para ti, no puedes hacerlo solo. (…) Facilítate las cosas, encargándoles parte del trabajo”. Te recomiendo leer todo el capítulo.
  • Productiva vs. Proactiva: No necesariamente haciendo muchas actividades a la vez vamos a entregar lo mejor de nosotras mismas. Nos jactamos mucho del Multitasking, sin embargo, ¿sabías que el multitasking reduce hasta 40% de tu tiempo productivo?, ¿por qué? Porque en vez de concluir muchas tareas, dejamos un montón de pendientes. Por eso, con base en tus prioridades, determina tus actividades y dedícale el 100% de tu enfoque a lo que estás haciendo. Si te desconcentras de lo que estás haciendo, en realidad no estás siendo productiva, sólo estás desperdiciando tu tiempo.

Por último, recuerda que todo lo que hagas, debes hacerlo con amor y de buena gana, como para Dios y no como para los hombres (Colosenses 3:23). Si no estás haciéndolo con amor, es mejor que lo dejes, ya que no tiene sentido servir a otros sin un corazón dispuesto.

Aunque pienses que los demás no te ven o no agradecen tu esfuerzo, debes saber que Dios sí te ve y de acuerdo al amor con el que estés sirviendo a otros, está preparando tesoros en el cielo para ti (Mateo 6:20).

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