Lejos de casa, ¿lejos de Dios?

lejos de Dios

El otro día hablaba con una amiga que había regresado a casa luego de una temporada fuera de su país. Conversábamos acerca de su experiencia general durante el viaje, amistades, crecimiento y reflexiones personales de lo que vivió. Una de las cosas que me llamó la atención fue su vulnerabilidad al contarme que aun cuando siempre había estado involucrada en actividades de iglesia, sirviendo y se consideraba cercana a Dios, una vez que salió de su entorno normal, una cierta sensación de “libertad” le dio pie a alejarse de estos hábitos. Comenzó a hacer cosas que nunca había hecho y rodearse de personas que en otra oportunidad no hubiese sido su círculo regular de amigos. Poco a poco llegó a sentirse lejos de Dios.

La verdad es que he visto esto muchísimas veces. Por alguna razón personal el entorno es distinto, se mudan, cambian de ambiente y así como cambia el ambiente cambia el comportamiento. Me dio curiosidad esto y comencé a indagar acerca de las razones por las que esto sucede y esto fue lo que encontré:

No existe una autoridad

Cuando salimos de nuestra zona de confort y nos alejamos de quienes generalmente “nos cuidan”, entra esa sensación de libertad que a veces te llena la cabeza de pensamientos tales como “puedo hacer lo que quiera, sin que me digan nada” y es lo que muchas veces nos abre los sentidos a tomar decisiones alejadas de nuestra sabiduría o incluso de nuestros principios.

En las iglesias mucho sucede que las personas por cuidar un estándar personal, una ética, moral, nombre o posición, deciden vivir una vida de mentira solamente por mantener el título. Sin embargo, Dios “no se fija en las apariencias; Él se fija en el corazón” (1 Sam. 16:6). Y las intenciones de nuestro caminar, aunque externamente estén logrando una imagen ¿qué es más importante? ¿Lo que piensa la gente, o lo que piensa Dios? ¿Buscas una relación genuina con Dios o sigues “pasos” que te ayuden a subir tu propio estándar?

Te conviertes en lo que te rodeas

Cuando cambias de ambiente y relaciones, en algún momento te sentirás solo y las primeras personas con las que te conectes van a marcar una pauta en adelante. Cuando elegimos mudarnos de ciudad, país o incluso irnos una temporada de vacaciones, tus actividades seguramente se llenarán de las actividades de las personas con las que elijas rodearte.

El famoso dicho “mira con quien andas y te diré quién eres” da justo en el clavo en estas situaciones. No olvides que puedes prepararte para sentirte de esta manera y que también tendrás la libertad de elegir premeditadamente lo que es sabio y lo que traerá mayor beneficio a tu vida.

Tengo muchas amigas alrededor del mundo, el efecto “migración” ha afectado muchísimo en mi país -Venezuela- y, lamentablemente, para los que quedamos acá esta sensación de “soledad” también llega. Elegir lo bueno, lo agradable y lo digno de admiración sigue siendo difícil estés o no cerca de las personas que te cuidan. Para ti que lees esto, que te sientes lejos de Dios y “fuera de casa” te quiero decir que Dios siempre está cerca, nosotros somos los que elegimos alejarnos. Aunque muchas veces las personas señalen, juzguen tu caminar y desentiendan cómo te sientes, Dios sí lo conoce y quiere brindarte un lugar de descanso y bienestar para ti.

Si te has identificado con esto, te recomiendo algunas cosas para que comiences el camino de acercarte nuevamente a Dios:

 

4 Claves para evitar estar lejos de Dios

 

1. Ora

Muéstrale a Dios cómo te sientes y pídele su ayuda para caminar de su mano en ese reto que te planteaste al cambiar tu entorno. Que todo lo que hagas puedas rendirlo a él y contar con su favor para así lograr tus metas para Su gloria.

2. Asiste a una iglesia o comunidad

A veces solamente asistiendo a una iglesia y escuchar la palabra de Dios, renace en nuestro corazón aquello que con necedad quisimos apagar. Es un paso de valientes arrepentirse de nuestras acciones y elegir nuevamente a Dios. Pero te aseguro, no hay mejor elección que traiga más bienestar a tu vida y corazón.

3. Conéctate con personas te acerquen a Dios

Las relaciones lo son todo. Nos relacionamos con Dios, con nuestra familia, amigos y colegas. Cuando queremos crecer y cambiar, debemos buscar personas que representen un apoyo para seguir adelante, no un ancla que nos ate. Solo cuando estamos cerca de Dios, podemos ser de influencia espiritual hacia quienes nos rodean.

4. Sé siempre fiel a ti mismo

No pretendas ser algo que no eres ni alguien que no quieres ser. Sé fiel a tu personalidad, a tus principios y tu fe. Cuando nos permitimos ser controlados por algo o alguien que no es Dios, terminamos distorsionando nuestro futuro y nuestro diseño y eso jamás podría hacernos felices de verdad. Elige siempre ser tú.

Dios tiene mucho que hacer contigo y de ti, no te dejes llevar por las olas del mar de tu entorno, Dios es nuestra mejor guía en nuestro caminar. Usa esa libertad para florecer en tu diseño encaminada hacia tu propósito. Tu hogar es en la presencia de Dios, Él es nuestra morada eterna.

¡No más patito feo! Acepta esta verdad y dile adiós a tu inseguridad

Acepta esta verdad y dile adiós a tu inseguridad

Desde niña somos tan bombardeadas con publicidad, con tantas modelos perfectas y con tanto culto al cuerpo de la mujer 90 – 60 – 90, que resulta difícil no sentirse abrumada y desarrollar inseguridad y baja autoestima al ver que, como mujeres reales, no somos así. Que si el Miss Universo, que si las Kardashians, que si la Michelle Lewin… mujeres sumamente trabajadas y modificadas que solo muestran su mejor cara en las redes sociales. Y allí estamos nosotras, la mujer latina promedio que ni es alta ni pechugona, simplemente es real, comparándonos con estos monstruos del marketing. ¡Así terminamos creyéndonos el patito feo!

No, no y no. Es que así no se puede vivir, en una eterna comparación con estas “diosas” del marketing súper producidas. Y no sólo eso, sino que si te dejó el novio, pues, tú corres a compararte con la nueva novia, o peor aún, aquellas que tienen novio y sienten tanta inseguridad que se viven comparando con la ex novia de su pareja, “para ver si es más bonita”.

Todas pasamos por lo mismo, esa etapa en la cual nos sentimos FEAS

No hay manera en que podamos reconciliarnos con el espejo. A causa de creernos físicamente feas nos desvalorizamos, al punto de creer que no valemos la pena, o bien, que nuestra vida no tiene propósito. ¡Esto es peligroso!

Las entiendo, las entiendo en verdad, así que bueno, en el siguiente vídeo les quiero hablar claro sobre este tema de la inseguridad o como yo lo llamo, “el síndrome del patito feo”, y comentarles cómo yo lo superé gracias a mi relación con Jesús. No es fácil, es un proceso, pero ¡vamos, que sí se puede! Y si ya tú tienes una relación con Jesús y aún así te sientes insegura o sin valor, no te preocupes, en este vídeo daremos una repasada cortita a las verdades que quizás olvidaste.

Cuando la tentación sexual toca a la puerta (Parte II)

tentación sexual mujer cristiana

En el artículo anterior les hablaba sobre la tentación sexual y que, cuando esta toca a nuestra puerta, nuestra fidelidad (tanto a una pareja, como a Dios) se podría ver comprometida, por no decir amenazada.

Citando una parte de ese artículo, les comentaba que si hay algo que nosotras, las mujeres, comúnmente escondemos son los deseos de intimidad física y sexual. Aunque nuestra libido no se activa necesariamente a través de la mirada, ciertamente nuestros pensamientos e imágenes mentales nos conducen a veces a soñar mucho más de lo que podría hacer un hombre.

Hay ciertas reflexiones que han despertado en mí luego de que tocaran el tema de la fidelidad en un taller para mujeres al que asistí; acá les menciono un par de ellas que me habían quedado pendientes en el anterior artículo, y esta vez quiero hablarle por separado tanto a la mujer soltera como a la casada ya que, aunque ambas son tentadas, viven realidades diferentes:

Mujer Soltera: Tu fidelidad se la debes a Dios

El estar soltera muchas veces nos invita a mostrarnos muy disponibles porque anhelamos compañía, ser admiradas, buscadas, deseadas. Sin embargo, la mujer que se muestra desesperadamente disponible jamás va a conseguir esa pareja adecuada que quiera invertir, románticamente y a largo plazo, su tiempo con ella. ¿Por qué? Porque está desesperada y enfoca sus esfuerzos en sus deseos insatisfechos, no en su crecimiento personal, en la construcción de algo cimentado en bases firmes o en decisiones sabias.

Es por eso que en la etapa de soltería (entiéndase: no-casada) es importante que construyamos una relación íntima y personal con Dios, que nos mantenga firmes y con dominio propio cuando iniciemos un noviazgo.

Los noviazgos cristianos tienen las mismas tentaciones que un noviazgo no-cristiano, es imposible decir que no deseas a la otra persona íntimamente en todos los aspectos. La diferencia está en que existe algo llamado “dominio propio” y el profundo deseo de honrar a Dios que nos hace decir “no vamos a caer”. Aunque hay noviazgos cristianos que llegan a tener relaciones sexuales, lo que sucede a nivel interno en estas parejas luego del acto es mucho peor y más difícil de superar que ese pequeño momento de placer que se dio entre ellos. Es por eso que durante nuestra soltería estamos llamados a ser fieles a Dios.

Durante el taller, esta frase vino a mi mente y quedó muy marcada en mí: “Las parejas que son infieles a Dios durante la etapa de noviazgo, incrementan las posibilidades de ser infieles el uno al otro durante el matrimonio”. ¿Por qué?, porque si no honras a tu pareja por respeto al mismo Dios que los unió, ¿qué te va a garantizar que vas a honrarla después del matrimonio?

Por eso te animo a que construyas la relación de intimidad y fidelidad a Dios durante tu noviazgo, para así construir algo firme, íntimo y fiel durante tu matrimonio.

Mujer Casada: Goza de la bendición de la seducción con tu esposo

Para las casadas, el coqueteo no hay que apagarlo durante toda la vida ni se acaba luego del matrimonio. Todo lo contrario, tienes la bendición de Dios de explotar tu “yo” seductor con tu esposo y de hacer realidad cada anhelo físico y sexual con él. No permitas que “el tiempo”, “la confianza”, “los hijos” y “la costumbre” llenen tu mente de mentiras para convertirte en una mujer descuidada, fría y evasiva.

Toma esos mismos atributos que enamoraron a tu esposo para usarlos a tu favor y a favor de él. Lo casada no te quita lo mujer y el tiempo no apaga tu capacidad de seducción si no lo permites.

Toma el ejemplo de Cantares 1:1, donde leemos a esa mujer que seduce a su esposo: “¡Ay, amado mío, cómo deseo que me beses! Prefiero tus caricias, más que el vino; prefiero disfrutar del aroma de tus perfumes”.

Con respecto a la fidelidad, el psicólogo y escritor Walter Riso dice:

“El amor es una condición necesaria, pero no suficiente para ser fiel. La fidelidad también es una decisión. Un acto de la voluntad que exige atención despierta y capacidad de discriminación para mantenerse alejado de lo que teóricamente no queremos hacer”.

Enfoca tus pensamientos en la bendición del matrimonio, en satisfacer tus deseos junto a esa persona con la cual elegiste pasar el resto de tu vida. El amor construye lo que destruye el deseo de lo ajeno; permítete disfrutar de lo que la mujer soltera se limita y vive al máximo un matrimonio vivo en amor a Dios y amor mutuo. Dios se regocija en hacer del matrimonio de dos individuos, uno solo.

Cuando la tentación sexual toca a la puerta (Parte I)

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¿Te ha pasado alguna vez que  la tentación sexual toca a la puerta y te consigues a ti misma soñando con algo que, si pudiesen las personas a tu alrededor ver en una pantalla, te avergonzarías terriblemente?

Si hay algo que nosotras, las mujeres, comúnmente escondemos son los deseos de intimidad física y sexual. Aunque nuestra libido no se activa necesariamente a través de la mirada, ciertamente nuestros pensamientos e imágenes mentales nos conducen a veces a soñar mucho más que lo que lo podría hacer un hombre.

Está comprobado que para las mujeres es más atractivo leer un libro con tendencias eróticas que mirar explícitamente una escena sexual, esto es porque la mujer se conduce a través de los pensamientos y las emociones que eso le causa. Un buen ejemplo son las recientes novelas eróticas, e incluso, explícitamente sadomasoquistas que han causado revuelo, encabezado las listas de las superventas en todo el mundo y que, por supuesto, sus principales lectoras son mujeres.

¿A qué viene todo esto de la tentación sexual?

El movimiento liberador femenino cada vez desarrolla más la ideología de igualdad hombre – mujer, queriendo fomentar el hecho de imitar al hombre incluso en sus peores facetas: infidelidad, múltiples parejas, poder absoluto, dominación sobre el sexo opuesto, desinterés en los sentimientos de la otra persona para darse el permiso de utilizarlo como un objeto… Me pregunto, ¿realmente queremos caer en los mismos errores?

Me considero muy pro-oportunidades igualitarias para el hombre y la mujer, además, soy fiel creyente de que tenemos capacidades excepcionales que nos hacen, en muchos sentidos, irreemplazables y de imprescindible valor para la sociedad, pero existe un hecho: no somos iguales a los hombres. Tampoco creo que debamos serlo, debemos estar orgullosas de ser mujeres y de las diferencias que justamente nos hacen únicas e imprescindibles.

Recientemente comencé un taller para mujeres simplemente hermoso, a fin de reforzar el valor de la mujer y despertar aquellos sueños y facetas femeninas que nos hacen algo precioso. Esta semana hablamos acerca de la fidelidad y despertaron en mí grandes reflexiones que quiero compartir contigo:

Las mujeres no siempre somos las víctimas

Aunque los hombres sean los más comunes en ser infieles, las mujeres también caemos en infidelidad, aún cuando no lleguemos a un acto físico infiel per se. Te explico un poco:

Existen ciertas condiciones que se van dando durante una relación (matrimonio/concubinato) que generan incomodidad y poco a poco lejanía entre el hombre y la mujer, muy relacionados con la comunicación. La mujer necesita ser escuchada, atendida, mimada, quiere romanticismo y anhela el trato digno de una princesa, al no conseguirlo en su pareja, coloca una barrera construida sobre el resentimiento y comienza a soñar románticamente con otras personas e incluso coquetear con otros hombres. En este punto, parece inocente. Sin embargo, este tipo de infidelidad mental también destruye la relación, pues, la pareja percibe el rechazo, la descarga de frialdad, comienza la desconfianza y posiblemente luego la infidelidad física, pero ya va… todo comenzó en el pensamiento.

La Biblia dice en Romanos 12:2 “cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir”, allí vemos la relevancia de los pensamientos, ellos conducen nuestras emociones y posteriormente nuestras actitudes y acciones. Si no desviamos los pensamientos de lo destructivo a lo constructivo, vamos a echar por tierra esa relación que levantamos con amor, esfuerzo y tiempo.

Pero no te preocupes, esto se resuelve con comunicación. A veces es tan difícil decir lo que pensamos ¿no? Lo que queremos, lo que anhelamos; nos cuesta tanto tener iniciativas románticas cuando deseamos ser las primeras en recibir. Sin embargo, el mejor antídoto a la frialdad dentro de la relación es ir contra la corriente y comenzar a hacer nuestra porción para avivar la llama.

Ser seguidora de Jesús no te exime de ser tentada

Como cristiana, digamos que la sociedad espera mucho de nosotras como mujeres de Dios. Existen ciertos estándares construidos en nuestra cabeza sobre cómo deberíamos ser, así como el maravilloso y muchas veces desafiante Proverbios 31, que nos coloca una barra alta en términos de virtudes.

Sin embargo, nuestra naturaleza (somos humanas) nos recuerda que no somos perfectas, sino que somos poco a poco perfeccionadas por Dios en la medida que depositamos en él nuestros más íntimos anhelos.

La Biblia dice en 1 Corintios 10:13 “Ustedes no han pasado por ninguna tentación que otros no hayan tenido. Y pueden confiar en Dios, pues él no va a permitir que sufran más tentaciones de las que pueden soportar. Además, cuando vengan las tentaciones, Dios mismo les mostrará cómo vencerlas, y así podrán resistir”.

Esto me llena de esperanza, pues puedo reconocer que no voy a ser expuesta a una situación de la que no tendré oportunidad de salir; siempre puedo escoger algo distinto, algo bueno.

Por otra parte, no tengo que sentirme culpable al sentirme tentada, más mi responsabilidad es esforzarme por honrar a Dios, resistir y huir de la infidelidad, del coqueteo, del toque físico, las llamadas, fotos o miradas inadecuadas. Cuando hago esto, honro a Dios, me respeto a mí misma y respeto a mi pareja.

En el próximo artículo les estaré compartiendo un par de reflexiones más acerca de estos temas tan poco comentados dentro de nuestras iglesias, pero que sin duda están latentes. Ninguna está exenta.

Si Dios me ama, ¿por qué permite esta prueba en mi vida?

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Creo que a nadie en la vida le gusta sufrir, ni disfruta mientras está pasando un momento duro o circunstancia difícil. ¿Sería absurdo verdad? Nosotros los seres humanos siempre optamos por el camino fácil, lo cómodo, lo que menos molestia e incomodidad cause porque, por naturaleza, buscamos lo que nos haga sentir bien.

Sin embargo, hay algo llamado “Pruebas” o “Procesos” que si bien queremos crecer, avanzar y ser transformados, será necesario pasar por ellos, aunque quisiéramos evitarlos.

Muchas veces, y en algunos casos Dios se vale de ellos, llámese como se llame la prueba, para hacer algo en nuestras vidas con algún propósito. Pero, aceptar las pruebas o procesos no siempre es fácil, se requiere de mucha fortaleza y valentía para caminar en medio de ello y poder salir airoso. En algunos casos estas pruebas suelen pasar por consecuencia de “desobediencia” o por causa de un trato especial de Dios. ¡Sí, especial!

En un momento de mi vida pasé por una prueba grande, un proceso de Dios del que todos los días quería salir corriendo, porque efectivamente no era nada fácil. Literalmente podía sentir cómo quemaba, cómo dolía y el sufrimiento que me causaba. (En mi caso fue por desobediencia).

Pero un día, un bendito día, en el que me encontraba de visita en una iglesia en la ciudad de Miami, se encontraba una pastora invitada que se encargó de llevar el mensaje. Realmente no recuerdo con detalles ni siquiera el tema de la prédica, pero unas de las pocas cosas que sí recuerdo, fueron unas palabras que hicieron eco en mi vida y aunque fueron tan sencillas, fueron suficientes para sostenerme durante mi proceso, estas palabras fueron las siguientes:

“No te saltes la prueba, porque sino te va tocar presentar un examen más difícil

Cuando escuché esas simples palabras sentí claramente que Dios me estaba hablando a través de ellas, sabía que era conmigo, que esa palabra era para mí. A veces creemos que si es Dios y Su Espíritu Santo el mensaje o la palabra debe venir casi que con fuego, en algún tono agudo o con términos rebuscados, pero así es como he visto que Dios habla a mi vida, de una manera simple, por decirlo de algún modo.

Durante mi proceso y cuanto más difícil se hacía la prueba, más traía a mi mente esas palabras y me agarraba fuerte de ellas. El solo pensar que el salirme de la prueba me podía tocar más adelante pasar un proceso aún más difícil me llenaba de fuerzas, además el saber de que Dios estaba en control y debía dejar que Él terminara el trabajo que estaba haciendo en mí sin interrumpir el proceso.

La palabra de Dios dice que así como el oro y la plata es pasada por el fuego, así seremos pasados nosotros por él (1 Pedro 1:7, 1 Pedro 4:12-13, Zacarías 13:9).

¿Y será porque Dios es cruel?.. Al contrario, es porque es tan bueno y nos ama tanto, que desea que seamos pulidos y purificados de todas esas impurezas. El fuego representa la prueba: (Divorcio, ruptura, enfermedad, pérdida de un trabajo o alguna posesión, etc). Las impurezas o suciedad representan: (El pecado, algunas debilidades de nuestro carácter, arrogancia, falta de humildad, orgullo, etc). El oro o la plata somos nosotros.
A través del fuego estos metales o minerales son fundidos, purificados y moldeados para luego finalmente crear una pieza hermosa. Dios desea que así como el oro, la plata e incluso el diamante pasa por este proceso, nosotros también pasemos de lo ordinario a lo extraordinario. Para que no haya nada que opaque e impida que podamos brillar como Él anhela que lo hagamos.

El plan de Dios no es castigarnos, pero sí desea corregirnos a través de su disciplina, sin embargo; aún cuando lo hace, y aún siendo por causa de alguna falla o pecado, Él sigue mostrando su amor, misericordia y fidelidad como un Padre que ama su hijo. Él no nos deja solas en medio de nuestras pruebas, por el contrario, está allí presente para sostenernos, fortalecernos y darnos su consuelo.

Su propósito es convertir nuestras debilidades en fortalezas, nuestro carácter en semejanza al de Cristo, nuestro corazón en uno más puro y limpio.

Si me preguntaras si hubiese querido que esto pasara te dijera que no, pero sin duda no sería lo que hoy en día soy. Después de haber pasado por mi proceso puedo asegurarte que mi vida no es la misma. Me costó muchísimo, no fue ni un poquito fácil pero Dios siempre estuvo conmigo. Romanos 8:28 se convirtió en mi verso favorito:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas le ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

¡Doy fe de esta verdad!

Qué bendición es que podemos contar con Su Palabra que nos recuerda sus grandes promesas y nos fortalece en medio de las pruebas. Nunca subestimes el poder de una simple y sencilla palabra, venga de la forma o el medio que sea, porque Dios la puede usar para comenzar hacer algo en tu vida.

Si estás pasando por uno de esos procesos o trato especial de Dios, no lo olvides: “No te saltes la prueba” puedes estar segura de que Él no te dejará, ni te soltará hasta que no estés lista y preparada para brillar.

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Santiago 1:2-5”

Escrito por: Shaysiu García (@Shaysiu1)

Como ser una mujer libre de la comparación

como ser libre de la comparación

Ésta es la secuela del artículo “Ella solo quiere detenerte: La comparación“, por lo que si no has leído el anterior, te invito a que lo hagas para luego continuar leyendo este artículo.

¿Como ser una mujer libre de la comparación? ¡Wow! Honestamente te cuento que no se trata de seguir unos simples pasos o de apretar un botón, no es algo tan fácil, pero lo que sí puedo afirmarte es que con la ayuda de Dios es algo totalmente viable. Así que ¡vamos amiga!, aventurémonos juntas en este camino hacia la libertad y plenitud en Cristo, ¡vale totalmente la pena!

Reconoce el problema

En el primer párrafo les hice énfasis en que antes de leer éste artículo, leyeran el anterior; esto porque en el primer artículo hablé sobre la comparación en sí, las maneras cómo se manifiesta y consigue engañarnos y atraparnos en su juego. Considero que el primer paso hacia la libertad en esta y cualquier otra área problemática, es el hecho de reconocer el problema, en este caso, me refiero a reconocer que nos comparamos constantemente con otras personas o que comparamos nuestras relaciones con las relaciones de otros, y que sabemos y aceptamos que ésto nos hace daño, por lo tanto queremos y debemos parar de hacerlo.

Aprende a ver tu valor

Hace poco, el pastor de mi iglesia, durante una de sus prédicas, hablaba sobre los asuntos del corazón y del propósito de cada uno de nosotros como seres humanos, creados a imagen de Dios. Él mencionó el siguiente versículo:

 “El Señor me dio el siguiente mensaje: —Te conocía aún antes de haberte formado en el vientre de tu madre; antes de que nacieras, te aparté y te nombré mi profeta a las naciones”. Jeremías 1:4-5 NTV

¿Tienes idea de lo que esto significa? ¡Oh, cuánto valor! Somos tan valiosas que Dios ya nos había apartado y puesto en alto aún antes de siquiera habernos formado en el vientre de nuestras madres. Somos tan valiosas que el Dios del universo, creador y Señor de todo lo que existe se tomó el tiempo no solo de diseñarnos, sino de escogernos, de darnos vida y de darnos un propósito.

“…mi propósito es darles una vida plena y abundante”. Juan 10:10 NTV

Pero no solo le bastó a Dios el hecho anterior. Aunque tengamos un propósito hermoso, nosotras (de necias) nos corrompimos a causa del pecado y nos desviamos de ese camino hermoso que Dios nos preparó, así que ¿qué hizo Dios?… Nos envió a Jesús:

“Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí, como también mi Padre me conoce a mí, y yo conozco al Padre. Así que sacrifico mi vida por las ovejas”. Juan 10:14-15 NTV
¿Ahora lo ves más claro? Sí, es verdad que “Fulanita” con todos sus talentos, vale, y vale mucho, pero ¿sabes qué? ¡Tú también vales!, y no vales más ni menos que ella, ya que para Dios todos somos iguales.

Descubre tus propios talentos

Ahora bien, tú dirás: “Este es el punto, yo no soy talentosa y exitosa como Fulanita”. Nena, estás en lo cierto en una cosa, y es que tú no eres como “Fulanita” porque tú eres tú, ¡Dios te ha hecho única! Sí, quizás no tengas los talentos de esa otra persona, pero tienes los tuyos propios y el chiste está en que comiences a mirar más allá para que los descubras poco a poco

Te confieso que por años sufrí mucho porque yo no era la chica popular y extrovertida, y durante muchos años luché con ese sentir, miraba a otras chicas que sí lo eran y eran las amigas de todos, luego me miraba a mí y me sentía menos importante: la callada, la introvertida, la de pocos (pero valiosos) amigos. Sin embargo, con el tiempo, Dios me mostró que ser introvertida no era un defecto y que si bien Él no me dio el talento para ser animadora de TV, habían muchas otras cosas que sí podía hacer muy bien. Por ejemplo, descubrí que era buena con la fotografía, haciendo ricos dulces o escribiendo, como lo hago ahora. Yo sé que tú también eres buena en muchas cosas, porque está en nuestro diseño, y que si pones de tu parte, pronto podrás hacer cosas maravillosas con esos talentos. Solo confía…

Confía en el Señor

Creo que confiar en Dios es la clave para todo. Si hay algo que he aprendido, es que de nada sirve afanarse y que Dios siempre hará como Él quiere. Así que en medio de la tempestad de una vida agitada como la que vivimos hoy en día, en la que la lucha por sobresalir es voráz Keep calm and… Confía en Dios.

¡Ah pero es que Fulanita tiene un novio de ensueño y a mi como que me va a dejar el tren!” —me dirás tú, pero yo te digo: ¿Y qué?, ¡alégrate por ella y sigue tu vida! No te enfoques en los demás, enfocate en Jesús, Él sabe lo que es bueno para ti, y también lo que es bueno para “Fulanita”. Créeme TODOS pasamos nuestros procesos, nadie tiene una vida perfecta y absolutamente todos necesitamos una cosa: Confiar en Dios, porque la verdad es una, y es que aunque tengas todo lo que deseas en esta vida: amor, dinero, fama… absolutamente nada de esto te va a llenar, solo tu relación con Dios.

Repite el proceso una y otra vez

Ahora bien, déjame contarte un secreto… Debo confesar que no escribí este artículo en una sentada, nada que ver, de hecho llevaba más de un mes como “borrador”, allí, todo abandonado, porque aunque Dios había puesto en mi corazón hablar de ello, no ha sido para mí un camino fácil esto de dejar de compararme constantemente y aprender a valorarme, más que como mujer, como ser humano en sí. Ya había reconocido que sufro de comparación, y digo “sufro” aún en tiempo presente porque, amiga mía, la sanidad es un proceso y muchas veces habrán recaídas, y no podemos dar por sentado que hemos alcanzado la meta, como lo expresa Pablo aquí:

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús”. Filipenses 3:12

Así que si un día sientes que ya eres libre de comparaciones y al otro día amaneces comparándote de nuevo con cualquiera, tranquila, respira profundo y una vez más repite el proceso, reconoce el problema, recuérdate tu valor, re-descubre tus talentos y confía en Dios. Recuerda que tienes derecho a tropezar y caer, pero que luego de cada caída es necesario que tomemos la mano que nos extiende nuestro Padre para levantarnos y continuar hacia adelante.

Cinco grandes lecciones que nos dio Rut

rut

La biblia está llena de historias fascinantes, de batallas y giros inesperados. Una de mis favoritas está en el libro de Rut. Un pequeño relato, contado en tan solo cuatro capítulos, que guarda poderosas lecciones de vida que seguramente traerán luz al momento de tomar decisiones importantes.

La historia comienza con una familia que decide abandonar su país a causa de una hambruna feroz. Pero no era cualquier familia, ni cualquier destino al que marchaban. Era una familia judía que abandonaba Belén (Tierra de pan) para ir tras un futuro incierto en Moab (un país gentil que continuamente estaba en tensión con Israel y que surgió cuando las hijas de Lot le embriagaron y tuvieron relaciones con él para tener un heredero).

Se trataba de la familia de Abimelec y su esposa Neomí, quienes tenían dos hijos que se casaron con dos hermanas Moabitas: Rut y Orfa.  Todo parecía marchar con normalidad hasta la muerte de todos los hombres de la familia. El panorama era desolador: una anciana judía en tierra extranjera con dos jóvenes nueras que no tenían la obligación de permanecer junto a ella.

Quiero que entiendas bien la situación: esas mujeres habían quedado en la calle; en la antigüedad las mujeres no heredaban, solo los hombres. Así que allí estaba Noemí, pensando qué haría ella en una tierra que no era suya, con todos sus años encima y sin heredad. Lo lógico era que sus nueras la dejaran, ellas todavía eran jóvenes y podrían conseguir un esposo y tener hijos. Sin embargo, a pesar de persuadirlas a que volvieran con sus parientes, una de ellas, Rut, dijo una de las declaraciones más importantes en la historia de la fe: “No insistas que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, iré yo, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios”.

Y siempre bromeo con esto, pero de verdad ¿si no hay esposo de por medio, qué chiste tiene vivir con la suegra? Algo muy diferente tenía Neomí que esta joven moabita había decidió hacer tan poderosa declaración: “Ese Dios al que le sirves, ese Dios que ha hecho de ti una mujer diferente, a ese Dios también quiero conocerle y servirle. Así que a donde tú vayas, yo iré”.

Una vez establecidas en Belén, Rut, la moabita, se encuentra en los campos de Booz, un pariente lejano de Noemí, y él simpatiza con ella. Antes de que termine la historia, Booz decide casarse con ella, y al final Rut termina dando a luz a un niño judío, que terminó siendo el abuelo del rey David. La mujer que estaba de última en la fila, la marginada, fue puesta adelante para recibir la bendición de Dios.

Para conocer a fondo la historia  y todos sus detalles te recomiendo que leas el libro, si la lees por primera vez te recomiendo esta versión con un lenguaje mucho más fresco y entendible.

Estas son las cinco cosas que debemos aprender de Rut, basadas en el libro de “Las intrépidas hijas de la Biblia” de J Lee Grady:

1.-Le dijo adiós a su pasado. Rut era moabita, lo que probablemente implicaba que había crecido en un hogar donde el incesto y otro tipo de prácticas inmorales eran ofrecidas como sacrificio a dioses paganos. No tenía una historia familiar muy digna de contar. Posiblemente creció en un hogar donde lo normal era el abuso y el desenfreno. Y aunque su pasado no era muy bueno y pudo escudarse en algo como: “más vale malo conocido que bueno por conocer”, ella decidió darle un vuelco a su vida.

2.- Tuvo determinación. Muchas personas eligen seguir a Cristo, pero no todos están dispuestos a tomar su cruz a diario. Muchas veces nos agarramos del Señor con una mano pero con la otra sostenemos nuestro pasado. Tratamos de adorar a Dios, aún viviendo en Moab. Rut tuvo la determinación de dejar todo atrás y salir de opresión. Para ella Moab era su país, su historia familiar, para ti puede significar una relación, un hábito dañino, un trabajo.

3.- Tuvo una mentora. Rut encontró una mentora en Noemí. Dios no nos creó para ser seres ermitaños, al contrario nos diseñó como seres gregarios. Para toda mujer en crecimiento espiritual es indispensable tener una mentora, alguien que le guíe y pueda ayudarle en este viaje. Si no tienes una mentora, pídele a Dios que te ponga una en el camino. Rut nunca hubiese llegado a Belen si Dios no hubiese puesto a una Noemí en su camino, mucho menos hubiese conocido a Booz y se hubiesen casado.

4.-Descubrió la misericordia de Dios. Rut descubrió la misericordia de Dios cuando estaba en los campos de Booz. Ella no tenía idea de lo bueno que era el Dios de Israel hasta que Booz y sus parientes demostraron generosidad con ella. Ella había escuchado de Dios por su suegra, pero ella experimentó su bondad en Belén. La única forma de conocer al Señor es pasando tiempo con Él. Debes convencerte de que Él está contigo y no en tu contra. Debes edificar tu confianza sobre la bondad de Jesús.

5.- Rut estaba desafiando la tradición al hacer esto. Además, ella estaba arriesgando su vida, las mujeres no paseaban normalmente por donde estaban los hombres y menos si estos estaban bebidos o en fiestas. Ella puso su confianza en Dios, y también confió en Booz, que era un hombre moral el cual la protegería. Se armó de gran valor y tomó su decisión.

En definitva, Rut decidió abandonar sus hábitos de vida, que aunque posiblemente eran muy malos, era lo único que ella conocía. Cambió lo que para ella era familiar y seguro por algo aparentemente incierto. Abandonó su tierra, dejó atrás su situación, sus prácticas, le creyó a Dios y optó por un modo de vida diferente. No debió ser fácil,  pero ella se arriesgó. Ella decidió darle un vuelco a su historia. Cambió su pasado triste y doloroso por un mejor porvenir. Después de todo para Dios no hay pasado vergonzoso que no merezca una segunda oportunidad.

 

Ella solo quiere detenerte: La comparación (I)

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Hace un tiempo les compartí un artículo en el que hablaba sobre una enemiga silenciosa que hace mucho daño: La Envidia. Hoy vengo a hablarles de la hermana de ella, La Comparación, otra mentirosa que vino a robarnos la capacidad de ver nuestra verdadera valía y las múltiples bendiciones que tenemos.

Satanás solo quiere apartarnos de los dones que Dios nos ha dado, él quiere hacernos dudar y que nos comparemos con los demás. Y yo le había estado dando el gusto durante tanto tiempo. Comparándome con tantas personas. En vez de estarme regocijando por mis dones específicos y aprendiendo de ellos. He dejado que mis comparaciones me detengan. “No soy tan buena como… No soy tan divertida como… No soy tan sabia como… No soy tan valiente como…”. Alyssa Bethke

Desde pequeñas pareciera que aprendemos a compararnos, aún sin saberlo comenzamos a mirarnos en el espejo de alguien más. Yo diría que el abismo se hace mayor cuando llegamos a la adolescencia, en el colegio vemos a otras chicas y sentimos que no “damos la talla” como ellas. Nos vemos a nosotras mismas y nos sentimos menos, menos bonitas, menos inteligentes, menos afortunadas. Nos la pasamos comparándonos, desde nuestro cabello hasta la marca de la ropa que usamos. Y lo que un día comenzó como algo sin mucha importancia, ahora es como una neblina mental que nos ciega y no nos deja ver la realidad.

De la comparación nacen muchos males modernos: El creciente auge de la cirugía estética nos da un indicio, los desordenes alimenticios también pueden ser una consecuencia de compararse con otros. Lo cierto es que ella no se detiene y su único propósito es hacernos infelices y robarnos lo que es nuestro, el propósito que Dios tiene para nuestras vidas.

La comparación no te deja ver la bendición

Debo confesar que aunque he superado a la comparación en muchos aspectos, todavía me queda mucho camino por recorrer, y que escribir estas líneas es tanto para hablarles a ustedes, como para hablarme a mí. No podría aconsejarlas si no supiera bien de qué se trata y con lo que estamos luchando. La comparación está en todos lados, y nos afecta a todos, hombres, mujeres y niños, pero por alguna razón somos las mujeres las más vulnerables.

Hace algunos días me pasó que estando en la iglesia comencé a mirar a mi alrededor, y de repente comencé a ver cómo estaban vestidas otras chicas contemporáneas conmigo, luego miré mi ropa y me sentí “fea”, el asunto me perturbó y me desenfocó de la verdadera razón por la cual yo estaba allí ese día, en vez de fijarme en lo maravilloso que era estar allí, habitando entre amigos y hermanos en la fe, alabando a Dios y recibiendo sabiduría, me dejé cegar por la comparación y perdí de vista la bendición. Y es que precisamente esa es la intención de satanás al colocar a la comparación en tu vida, distraerte y apartar tu mirada de lo que realmente importa: de Dios y Su gracia.

La comparación daña tus relaciones con los demás

La comparación siempre ha existido, sin embargo; creo que nuestra generación es la más vulnerable, con el auge de las redes sociales son muchas las personas que han perdido su enfoque al dejarse arrastrar por la falsa perfección que en estos canales se transmite, y es que con ellas en el juego, compararse nunca había sido tan fácil, y me refiero a una comparación en todo sentido, donde ya no solamente te verás en la necesidad de “competir” con los looks perfectos de Perensejita, sino que ahora comenzarás a preocuparte porque tu vida social y tus amigos no son tan “in” como los de Fulanita, y por qué tu pareja no es tan detallista como la de Menganeja. Y allí es donde comienzan las inconformidades…

¿Por qué mi pareja no puede ser como el novio/esposo de Menganeja? Mira, le llevó un ramo de flores y un peluche del tamaño de ella en su cumpleaños. En cambio el mío…

¡Wow! Fulanita tiene tantos amigos, todos los fines de semana van al cine o a la playa, en cambio yo… en cambio mis amigos… en cambio mi vida…

Me encanta la buena relación que tiene Yayita con su mamá, ¡si hasta se toman selfies juntas! En cambio la mía…

¿Entiendes el punto, verdad? Cuando comienzas a comparar tus relaciones y la forma de ser de las personas que te rodean con lo que otras aparentan ser, o lo que crees ver en otras relaciones y en otras personas, comienzas a sentirte chiquita y comienzas a minimizar el valor de tus relaciones y el de las personas que forman parte de tu vida. Como resultado de ello comenzarás a sentirte insatisfecha, poco digna, de poco valor, como que no vales tanto como esas otras chicas que parecen tener una “mejor vida” que tú, pero ¿sabes qué? ¡Nada está más lejos de la realidad!

Sobre la comparación y su hermana, la envidia:

La comparación y la envidia están íntimamente relacionadas, digamos que son hermanas, y es que ser víctima de una puede llevarte a caer en la trampa de la otra.

Verás, cuando te comparas con otras personas tiendes a mirarte a ti misma y a lo que tienes como “menos”, ya que las personas que comparan tienen la manía de ver todo lo bueno de los demás y todo lo malo de ellas mismas. Por tanto, siempre lo que es o lo que tiene el otro es mejor, y es allí donde se produce el daño. La persona que se compara puede, o bien sufrir de un bajón en su autoestima que la limita o bloquea, es decir, se ensaña contra sí misma y eso le impide crecer; o bien, puede comenzar a sufrir de envidia deseando lo que ese otro tiene, lo cual le impide aprovechar sus talentos propios y alcanzar su propósito en la vida.

Es así como -continuando con los ejemplos anteriores- La mujer que compara puede romper o dañar su relación de pareja al exigirle a su novio o esposo que sea como la pareja de Menganeja, o puede perder a sus verdaderas amistades por buscar otras “más cool” como las que tiene Fulanita, o bien, dañar a su mamá al reprocharle el por qué no es como la mamá de Yayita, cuando lo que esta mujer no sabe es que las relaciones de Menganeja, Fulanita y Yayita tampoco son perfectas; la gente solo muestra lo bonito, lo que quiere mostrar, pero amigas, los “trapos sucios” se lavan en casa.

Como puedes ver, no exagero cuando llamo a la comparación “ladrona”, ciertamente es algo que puede llegar a cegarte, a robarte la paz y los momentos felices con tu familia, amigos y contigo misma. Sin embargo, no todo está perdido y mientras tengamos un Dios hermoso cuidando de nosotras y amándonos, habrá esperanza.

No te pierdas la segunda parte de este post, próximamente…

Cuatro lecciones que debes aprender de María de Betania (I)

María de Betania

A lo largo de la Biblia podemos ver, de manera clara, cómo Dios le ha dado a la mujer un rol fundamental, a pesar de las limitaciones culturales características de la época.

En esta ocasión, me centraré en una peculiar mujer que encontramos en las escrituras, y digo “peculiar” porque su nombre es pocas veces mencionado, no tiene un libro en específico que retrate su asombrosa historia, como Rut; tampoco fue una reina con gran liderazgo, como Ester; ni contó con un propósito de Dios único, como María, la madre de Jesús. Sin embargo, hoy es recordada por una de las muestras de amor más sublimes de la historia, y fue justo su entrega total lo que la hizo especial ante los ojos Dios.

Ella era María de Betania −mejor conocida como la hermana de Marta y Lázaro− y es un personaje que encontramos en el Nuevo Testamento. Apenas es mencionada en tres episodios de la Biblia, pero bastaron esas tres menciones para dejar grandes enseñanzas de lo que representa a una mujer que ama sin reservas.

A continuación, te presentaré cuatro características de María de Betania que toda mujer debe aprender:

Sabía a quién acudir en medio de la adversidad

Para ponerte en contexto; María, Marta y Lázaro eran amigos muy estimados por Jesús. Un día, el hermano de María, Lázaro, enfermó terriblemente y ella, junto a su hermana, decidió avisarle a Jesús, pues, sabían que solo Él podría ayudarles (Juan 11:3).

Para hacerte corta la historia, Lázaro murió, pero Jesús ya sabía lo que pasaría (Juan 11:4) y en su tiempo, regresó a ver a sus amigas. ¿Qué pasó luego? Cuando Marta y María se enteraron de que Jesús estaba por llegar, Marta corrió a recibirlo, pero María se quedó en casa hasta que Jesús la llamó (Juan 11:28-29).

«Cuando la gente que estaba en la casa consolando a María la vio salir con tanta prisa, creyeron que iba a la tumba de Lázaro a llorar. Así que la siguieron. Cuando María llegó y vio a Jesús, cayó a sus pies y dijo: −Señor, si tan solo hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto» Juan 11:31-32 (NTV)

En medio de tan terrible circunstancia, donde parecía no haber esperanza alguna, María esperó por Jesús, y sólo cuando estuvo frente a Él fue que descargó su dolor, después de todo, María sabía que solo Él podía darle el consuelo y la fortaleza que necesitaba.

María de Betania tenía sus prioridades muy claras

María de Betania entendía lo que era realmente importante en su vida y le dedicaba tiempo. Sin importar lo que tuviese que hacer, ella no estaba dispuesta a negociar sus prioridades; así lo vemos en Lucas 10:38-40. Cuando Jesús llegó de visita, María dejó todo de lado y se sentó a escuchar a su amigo, mientras que su hermana, Marta, estaba atareada por los preparativos de la cena. Al ver la actitud de María, Marta se molestó y le pidió a Jesús que le instara a ayudarle, pero Jesús no respondió como ella esperaba:

«El Señor le dijo: −Mi apreciada Marta, ¡Estás tan preocupada e inquieta con todos los detalles! Hay una sola cosa por la que vale la pena preocuparse. María la ha descubierto, y nadie se la quitará» Lucas 10:41-42 (NTV).

Esto nos deja ver que María de Betania tenía mucho interés por la palabra de Dios, siempre estaba atenta a lo que venía de Dios, se preocupaba por aprender de Jesús y atesoraba más que cualquier cosa estar con Él y escucharle. Ella entendía que poner a Dios en primer lugar, era el secreto de una vida plena.

No dejes de leer la continuación de este artículo en nuestro próximo post, Cuatro lecciones que debes aprender de María de Betania (II).

 

¡No es lo que tú digas! Cuando las cosas no salen como esperábamos

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No, no es ser pájaro de mal aguero, pavosa, negativa o poco cool, pero te vengo a hablar de algo que pasa, y pasa muy seguido: No siempre las cosas salen como esperábamos. De hecho, muchas veces no salen ni siquiera aparentemente bien. No vengo a hablarte de un tema de éxito personal, sino de todo lo contrario, pero lo hago porque es necesario que nos sacudan y nos hablen de lo que quizás no nos guste escuchar, pero que alguien nos tiene que decir por nuestro bien. Así que amiga, entiéndelo, ¡No es lo que tú digas! En realidad las cosas son como Dios dice y cuando Él dice. Él es soberano, punto.

En lo personal, yo siempre he sido una persona impaciente, obstinada, que quiere las cosas ¡ya y a mi manera!, y no digo que haya cambiado del todo este hecho, pero a través de los años, Dios se ha encargado de tratar en mí sobre este tema, y aunque en el instante que escribo estas líneas sé que Dios todavía está tratando conmigo, hoy en día puedo decir que he hecho algunos avances, mis primeros pasitos, por decirlo así. Porque si hay algo que jamás dejaremos de hacer en esta vida, es ser moldeadas y perfeccionadas por un Dios perfecto, amoroso y justo.

Atravesando el desierto con la mirada puesta en Dios:

Hace poco, en medio de una semana en la que emocionalmente me sentía muy mal, Dios habló a mi corazón a través de un devocional en una App que me encanta y les recomiendo, llamada First 5 (está en inglés). Wendy Pope, la autora del devocional de ese día, tituló la enseñanza de la siguiente manera:

“El tiempo en el desierto no es tan malo del todo”

La enseñanza se remontaba al libro de números, en el cual habían basado los devocionales de todo el mes, todos edificantes, todos maravillosos, pero este en particular llegó a mi corazón. Como algunas sabrán (y si no, te recomiendo que lo leas) el libro de números en la Biblia cuenta mucho de lo que sucedió con el pueblo de Israel después de su salida de Egipto, tierra en donde fueron esclavos por muchos años.

En lo particular no es de mis libros favoritos porque al leerlo siempre había pensado que los israelitas de aquella época eran muy tontos, estaban ciegos, tenían a Dios de su lado, guiándolos, presente para ayudarlos en todo, y ellos no hacían más que quejarse, dudar y tratar de hacer las cosas según lo que ellos creían, a su manera y no a la manera de Dios. Pero ¡hey! espera un segundo… ¿Te suena familiar? ¿Sí? ¡Claro! ¡Yo soy así! yo me he estado comportando así casi toda mi vida, ¡como no lo ví antes! Hoy en día los seres humanos en general somos como aquel pueblo de Israel, nos impacientamos, nos quejamos, lloramos, hacemos pataletas y nos cuesta un mundo aceptar que quien está en control es Dios y que el tiempo perfecto es el de Dios.

No se trata de obtener lo que deseamos y cuando lo deseamos, así no funcionan las cosas. Los israelitas querían llegar a la tierra prometida en un abrir y cerrar de ojos, ellos querían que Dios les diera de todo de una vez  y la cosa no era así. Y es por esa razón que Dios hizo que un viaje de 11 días hacia la tierra prometida, se extendiera por unos 40 años.

Esto no sucedió porque Dios fuese malo con ellos, sino todo lo contrario, Él lo hizo para su protección y para su formación. El pueblo de Israel tenía que aprender a confiar en Dios y a amarlo con todo su corazón.

Su temporada en el desierto los preparó para lo que venía, gracias a ese tiempo en el desierto el pueblo de Israel pudo ver los milagros de Dios, sentir Su presencia de una manera mucho más intensa, aprender a obedecer a Dios y a adorarlo con todo el corazón. Sin esa preparación, no hubiesen sido capaces de derribar el muro de Jericó y de conquistar la tierra prometida.

Amiga “desanimada”, ésto es para ti:

Tal vez tú estés pasando en este momento por un desierto en tu vida, quizás sientas que nada vale la pena, que no hay manera de que tu vida mejore y salgas adelante. Los planes no salieron como tú lo esperabas, la cosa ha resultado más ruda de lo que pensabas. Tal vez quieras darte por vencida o no te queden más fuerzas para pelear… Déjame decirte que te entiendo porque yo también he estado allí, de hecho, actualmente atravieso por un nuevo desierto en mi vida. Pero espera, quiero animarte a creerle a Dios por muy oscuro que se vea el panorama.

Consideremos que el desierto es donde Dios nos necesita ahora, Él nos está preparando para un gran propósito. Lo maravilloso de Dios es que, aún cuando creemos que Él no está trabajando, de hecho si lo está.

Te invito a pasar estos días en el desierto juntas, confiadas en que somos hijas de un Dios que no se ha olvidado de ninguna de nosotras y que de seguro, en este momento está a nuestro lado dándonos fuerzas para superar las pruebas y darnos una tremenda victoria, como solo Él sabe hacerlo. Nuestras luchas son Sus luchas, Él pelea por nosotras y nuestra única tarea en estos casos es creer, confiar, orar y esperar.

“Señor, usa estos días en el desierto para hacer que mi fe por tí sea más profunda”, Wendy Pope.