¿Presa del afán? 3 razones para decirle ¡adiós! a las preocupaciones

Tampoco es que nos encante la cosa pero, pensándolo bien, pareciera haber una especie de placer culposo implícito en el afán porque ¡con qué facilidad se nos da –a las mujeres– eso de preocuparnos por tener todo bajo control!, ¿o soy la única a quien le pasa?

El vivir preocupadas puede que se interprete como algo común en una sociedad que exalta la capacidad multitasking de la mujer y que confunde la adicción al trabajo con ser productivas. Así es como El afán se ha convertido en un estilo de vida en auge que hemos subestimado y al que nos hemos acostumbrado.

Para muchas de nosotras, el afán es una lucha constante que libramos en defensa de nuestra paz mental y espiritual. De allí parte la urgencia de ser intencional a la hora de enseñarnos a descansar en Dios y a priorizar este principio en nuestro día a día. Si esto no es motivo suficiente para ti, te daré tres razones por las que necesitas dejar de preocuparte por todo desde una óptica bíblica.

1. Porque preocuparte en exceso nubla tu perspectiva

Cuando te preocupas por algo con afán, sueles perder de vista el panorama general de las cosas porque tu atención y esfuerzo se abocan por completo hacia esa situación en particular que se ha salido de “tu control”. En este punto, pierdes la perspectiva de tal forma que, sin darte cuenta, terminas por hacer a un lado lo que debe ser prioridad para ti en ese momento. Un claro ejemplo lo encontramos en Marta y su hermana, María.

Cuando Jesús llegó a la aldea donde ellas vivían, Marta lo recibió en su casa. De inmediato, María se sentó a escuchar lo que decía; pero Marta estaba tan abrumada por sus quehaceres que solo supo dirigirse a Jesús para hacerle saber que su hermana no la ayudaba.

Pero Jesús le contestó: —Marta, Marta, estás preocupada y te inquietas por demasiadas cosas, pero sólo una cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la va a quitar. Lucas 10:41-42 (DHH).

2. Porque la preocupación ahoga tu fe

No importa cuántas veces hayas visto a Dios actuar a tu favor ya que la preocupación y el afán minimizan a Dios en tu vida al alimentar esa urgencia que tienes por encontrar una solución. Esto les pasó a los discípulos de Jesús a pesar de presenciar sus milagros a diario.

En una ocasión, los discípulos se olvidaron de llevar comida y solo tenían un pan en su barca. En ese momento, Jesús intentaba alertarlos de algo pero ellos, abstraídos por la situación, discutían entre sí sin recordar de quién venía su provisión. La respuesta de Jesús al respecto fue contundente:

—¿Por qué dicen que no tienen pan? ¿Todavía no entienden ni se dan cuenta? ¿Tienen tan cerrado el entendimiento? ¿Tienen ojos y no ven, y oídos y no oyen? ¿No se acuerdan? Cuando repartí los cinco panes entre cinco mil hombres, ¿cuántas canastas llenas de pedazos recogieron? Ellos contestaron: —Doce. —Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas recogieron?Contestaron: —Siete. Entonces les dijo: —¿Todavía no entienden?, Marcos 8:17-21 (DHH).

3. Porque el afán saca a Dios de la ecuación

Cuando la preocupación te domina, el mismo afán por resolver te impulsa a actuar por tu cuenta, como si Dios se hubiera retrasado o necesitara de tu ayuda. De esta forma, le haces una invitación formal a la autosuficiencia en tu vida y ¡ay de sus consecuencias!

Si piensas que exagero, déjame hablarte de Sara (en ese entonces, Sarai). Ella era estéril, pero Dios le había prometido a su esposo, Abram, darle un hijo.

Afanada por el pasar de los años que le sumaban vejez, Sara decidió tomar cartas en el asunto:

…Como ella tenía una esclava egipcia que se llamaba Agar, le propuso a su esposo: «Abram, como Dios no me deja tener hijos, acuéstate con mi esclava y ten relaciones sexuales con ella. Según nuestras costumbres, cuando ella tenga un hijo ese niño será mío, porque ella es mi esclava». Abram estuvo de acuerdo. Entonces Sarai tomó a su esclava y se la entregó a su esposo. Abram se acostó con Agar, y ella quedó embarazada. Génesis 16:1-4 (TLA).

A pesar de haber conseguido lo que deseaba, ese niño que venía en camino no era el hijo de la promesa de Dios y solo trajo problemas entre Sara y su criada, quien más tarde huyó a causa de sus maltratos. (Puedes leer la historia completa a partir de Génesis 16)

 El afán no da tregua. En un abrir y cerrar de ojos puede acabar con tu vida…

El 27 de diciembre de 2017, mi familia y yo regresábamos de nuestras vacaciones. Veníamos descendiendo el páramo andino, un lugar caracterizado por sus pronunciadas curvas y alta tasa de accidentes fatales.

Nuestro viaje de regreso se retrasó y la preocupación por llegar a casa antes que anocheciera era tal que no nos detuvimos ni para comer. El afán hizo de las suyas e hizo que subestimáramos un olor fuera de lo común; después de todo, la camioneta parecía funcionar a la perfección.

Cuando descendíamos hacia una acentuada curva que debíamos tomar con cautela, la camioneta perdió los frenos y cobró velocidad por el peso que traíamos. Nos dirigíamos directo hacia el precipicio.

Momento del accidente

Dios nos salvó de rodar cuesta abajo gracias a que la camioneta quedó prensada de una forma inexplicable a un pequeño poste de electricidad que, a pesar de haberse desenterrado con el impacto, aguantó todo el peso del auto y evitó que nos termináramos de volcar.

Pilar que evitó que la camioneta rodara cuesta abajo.

Como verás, Dios tuvo que irrumpir de manera inaudita y poco convencional en nuestro presente para hacernos entender el enorme riesgo al que voluntariamente nos exponemos cuando llevamos una vida marcada por una preocupación desmedida. Ese día volvimos a nacer y hoy somos afortunados de vivir para contarlo.

Al punto, ¿cómo dejo de afanarme cuando siento que las preocupaciones me superan?

  1. Ve a la fuente. Toma un tiempo para alejarte del caos cotidiano y busca la presencia de Dios porque solo Él puede calmar tu alma y darte ese descanso que por ti misma no has logrado conseguir. “Ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar”, Mateo 11:28 (TLA).
  2. Llénate más de lo que Dios dice que de tu realidad. Cuando el afán es la regla, necesitas contrarrestar lo que ahoga tu fe y nada mejor para hacerlo que recordarle a tu corazón lo que dice Dios en su palabra. Acá te dejo algunos pasajes:

Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy, Mateo 6:34 (NTV).

Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? Mateo 6:25 (NTV).

Así que no se preocupen por todo eso diciendo: “¿Qué comeremos?, ¿qué beberemos?, ¿qué ropa nos pondremos? Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades. Mateo 6:31 (NTV).

  1. Asume la actitud correcta. No, no es desesperarte, tampoco apostar a la autosuficiencia; todo lo que necesitas es poner en práctica la gratitud. Un corazón agradecido le demuestra a Dios que confía en Él y en sus tiempos aun cuando nada sale según lo esperado. “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que Él ha hecho”, Filipenses 4:6 (NTV).

El primer paso para ganarle la carrera al afán es entender que no necesitas correr cuando puedes caminar a tu propio ritmo. Ahora deja que Dios te ayude a hacerlo.

Lejos de casa, ¿lejos de Dios?

lejos de Dios

El otro día hablaba con una amiga que había regresado a casa luego de una temporada fuera de su país. Conversábamos acerca de su experiencia general durante el viaje, amistades, crecimiento y reflexiones personales de lo que vivió. Una de las cosas que me llamó la atención fue su vulnerabilidad al contarme que aun cuando siempre había estado involucrada en actividades de iglesia, sirviendo y se consideraba cercana a Dios, una vez que salió de su entorno normal, una cierta sensación de “libertad” le dio pie a alejarse de estos hábitos. Comenzó a hacer cosas que nunca había hecho y rodearse de personas que en otra oportunidad no hubiese sido su círculo regular de amigos. Poco a poco llegó a sentirse lejos de Dios.

La verdad es que he visto esto muchísimas veces. Por alguna razón personal el entorno es distinto, se mudan, cambian de ambiente y así como cambia el ambiente cambia el comportamiento. Me dio curiosidad esto y comencé a indagar acerca de las razones por las que esto sucede y esto fue lo que encontré:

No existe una autoridad

Cuando salimos de nuestra zona de confort y nos alejamos de quienes generalmente “nos cuidan”, entra esa sensación de libertad que a veces te llena la cabeza de pensamientos tales como “puedo hacer lo que quiera, sin que me digan nada” y es lo que muchas veces nos abre los sentidos a tomar decisiones alejadas de nuestra sabiduría o incluso de nuestros principios.

En las iglesias mucho sucede que las personas por cuidar un estándar personal, una ética, moral, nombre o posición, deciden vivir una vida de mentira solamente por mantener el título. Sin embargo, Dios “no se fija en las apariencias; Él se fija en el corazón” (1 Sam. 16:6). Y las intenciones de nuestro caminar, aunque externamente estén logrando una imagen ¿qué es más importante? ¿Lo que piensa la gente, o lo que piensa Dios? ¿Buscas una relación genuina con Dios o sigues “pasos” que te ayuden a subir tu propio estándar?

Te conviertes en lo que te rodeas

Cuando cambias de ambiente y relaciones, en algún momento te sentirás solo y las primeras personas con las que te conectes van a marcar una pauta en adelante. Cuando elegimos mudarnos de ciudad, país o incluso irnos una temporada de vacaciones, tus actividades seguramente se llenarán de las actividades de las personas con las que elijas rodearte.

El famoso dicho “mira con quien andas y te diré quién eres” da justo en el clavo en estas situaciones. No olvides que puedes prepararte para sentirte de esta manera y que también tendrás la libertad de elegir premeditadamente lo que es sabio y lo que traerá mayor beneficio a tu vida.

Tengo muchas amigas alrededor del mundo, el efecto “migración” ha afectado muchísimo en mi país -Venezuela- y, lamentablemente, para los que quedamos acá esta sensación de “soledad” también llega. Elegir lo bueno, lo agradable y lo digno de admiración sigue siendo difícil estés o no cerca de las personas que te cuidan. Para ti que lees esto, que te sientes lejos de Dios y “fuera de casa” te quiero decir que Dios siempre está cerca, nosotros somos los que elegimos alejarnos. Aunque muchas veces las personas señalen, juzguen tu caminar y desentiendan cómo te sientes, Dios sí lo conoce y quiere brindarte un lugar de descanso y bienestar para ti.

Si te has identificado con esto, te recomiendo algunas cosas para que comiences el camino de acercarte nuevamente a Dios:

 

4 Claves para evitar estar lejos de Dios

 

1. Ora

Muéstrale a Dios cómo te sientes y pídele su ayuda para caminar de su mano en ese reto que te planteaste al cambiar tu entorno. Que todo lo que hagas puedas rendirlo a él y contar con su favor para así lograr tus metas para Su gloria.

2. Asiste a una iglesia o comunidad

A veces solamente asistiendo a una iglesia y escuchar la palabra de Dios, renace en nuestro corazón aquello que con necedad quisimos apagar. Es un paso de valientes arrepentirse de nuestras acciones y elegir nuevamente a Dios. Pero te aseguro, no hay mejor elección que traiga más bienestar a tu vida y corazón.

3. Conéctate con personas te acerquen a Dios

Las relaciones lo son todo. Nos relacionamos con Dios, con nuestra familia, amigos y colegas. Cuando queremos crecer y cambiar, debemos buscar personas que representen un apoyo para seguir adelante, no un ancla que nos ate. Solo cuando estamos cerca de Dios, podemos ser de influencia espiritual hacia quienes nos rodean.

4. Sé siempre fiel a ti mismo

No pretendas ser algo que no eres ni alguien que no quieres ser. Sé fiel a tu personalidad, a tus principios y tu fe. Cuando nos permitimos ser controlados por algo o alguien que no es Dios, terminamos distorsionando nuestro futuro y nuestro diseño y eso jamás podría hacernos felices de verdad. Elige siempre ser tú.

Dios tiene mucho que hacer contigo y de ti, no te dejes llevar por las olas del mar de tu entorno, Dios es nuestra mejor guía en nuestro caminar. Usa esa libertad para florecer en tu diseño encaminada hacia tu propósito. Tu hogar es en la presencia de Dios, Él es nuestra morada eterna.

Seis tips para aprender a escuchar la voz de Dios a través de Su Palabra

leer la biblia

En la actualidad, muchas personas son algo escépticas con respecto a “escuchar” la voz de Dios, incluso lo consideran una cosa del pasado o de la Biblia únicamente. Sin embargo, hoy en día también podemos escuchar la voz de Dios que nos habla y nos guía.

Primeramente, tenemos un manual de vida que es la palabra escrita: La Biblia. Dios dio hace muchísimos años a hombres sabios y dignos la posibilidad de plasmar los milagros y la historia del pueblo de Israel, así como los mensajes de Dios a sus hijos a través de pergaminos, tablas y cartas que, aunque fueron escritos en tiempos distintos, en conjunto conforman un conglomerado congruente y fiel a la historia y al carácter de Dios.

Comenzar a leer la Biblia es difícil, las primeras complicaciones aparecen cuando se asoman palabras desconocidas, o historias difíciles de entender considerando un contexto actual. Es por eso que, si deseas comenzar y no sabes cómo, o si lo has intentado, pero te rindes después del primer capítulo, puedo darte algunas recomendaciones para comenzar con buen pie y mantenerte animada a continuar.

1. Comienza con un corazón dispuesto

Antes de comenzar, lo primero que debes hacer es entregar en oración ese tiempo a Dios y asumir la mejor disposición de tu corazón para no solamente leer, sino escuchar con oído espiritual, meditar en la palabra e interpretarla para llevarla a la práctica. Puedes hacer una oración como esta:

“Dios, conoces el deseo que tengo de aprender de ti y escuchar tu voz. Por eso te entrego este tiempo, quiero leer tu palabra y que ella se vaya sembrando en mi corazón. Te pido me des entendimiento para poder tomar de cada lectura lo mejor, guardarlo en mi mente y recordarlo en el momento que más lo necesite. Amén”

2. Busca una versión fácil de entender

Hay muchas versiones con lenguajes más actuales que nos permiten entender mejor la secuencia de la lectura; incluso es bueno utilizar varias versiones para comparar desde distintas aristas los mismos versículos. Por mi parte, siempre leo Traducción Lenguaje Actual (TLA), Nueva Versión Internacional (NVI) o Palabra de Dios para Todos (PDT) las cuales son más comprensibles y, para iniciarte en la lectura bíblica, pueden llegar más a nuestro corazón.

Por supuesto, versiones tradicionales como Reina Valera tienen igual un impacto, sobre todo si tenemos años escuchando líderes o pastores recitando ciertos versículos que al final quedaron en nuestra memoria, por ello tienen un valor importante (ya están en nuestro corazón).

3. Comienza por los Evangelios

Mateo, Marcos, Lucas y Juan; cuatro apóstoles que relatan la historia de la venida de Jesús a nuestro mundo, las muchas enseñanzas que impartió durante su ministerio en la tierra y el sacrificio que hizo por toda la humanidad en la cruz. ¿Por qué comenzar por allí? Porque es la razón de toda nuestra existencia, es la cúspide de la Biblia, la historia más trágica y a la vez más conmovedora, aquella que nos da esperanza, perdón y nos hace entender la magnitud del más puro amor. El evangelio nos acerca al corazón de Dios.

4. No pretendas leer todo al mismo tiempo

Cuando leemos rápidamente la palabra podemos pasar por alto importantes mensajes de parte de Dios. Por eso es que es recomendable leer un par de capítulos por día, para que puedas realmente analizar lo que lees e inclusive intentar memorizar algunos versículos.

5. Utiliza marcadores o resaltadores

Para resaltar aquellos versículos que te gustaron o que hablaron de alguna forma a tu corazón. De esta manera, luego podrás buscarlos nuevamente y recordar lo que Dios habló a tu vida. Yo utilizo unos marcadores tipo post-it transparentes, vienen de colores y a cada color le asigné un tema. Por ejemplo: el color naranja me habló de “sabiduría”, el color verde de “liderazgo”, el color amarillo de “fe” y el azul me dio una “promesa”.

6. Hazlo en común acuerdo

Tal como cuando comenzamos una dieta o el gimnasio, nada como hacerlo en común acuerdo con otra persona que desea lo mismo. ¿Por qué? Porque cuando uno desmaya, el otro lo levanta. Así como cuando Moisés alzaba sus brazos al cielo para que Dios les ayudara a librar la batalla (Éxodo 17:11-13), cuando él se cansaba, Aarón y Hur lo sostenían para apoyarlo en su cansancio y no dejar de tener el favor de Dios; así podemos buscar compañeros de batalla que sostengan nuestros brazos al cielo y no dejar de buscar la guía y el favor de Dios a través de su palabra.

Existen muchas otras cosas que puedes hacer para mantenerte fiel a la palabra, puedes comenzar con estos 6 tips que te ayudarán a fidelizar tu lectura bíblica diaria. Y no te frustres, a todos nos pasa que nos atrasamos, nos cansamos o que pasamos una temporada lejos de la palabra, sin embargo, puedo decirte que cuando atravesamos nuestros desiertos y momentos oscuros, es la palabra sembrada en nuestra mente y corazón la que nos regresa la esperanza y nos levanta. Así que ¡ánimo! ella siempre está allí a nuestro alcance, recuerda regresar a ella con un corazón dispuesto, Dios desea que escuches su voz.

Tres razones para hablar (orar) con Dios más allá de pedirle

orar

Aunque orar parece algo bastante fácil, a la mayoría de las personas nos cuesta hacer un hábito de ello y solemos orar solo cuando nos encontramos en una situación difícil. Orar es el medio que las personas utilizamos para comunicarnos con Dios, la oración es definida, como la acción de hablar con Dios.

Dios quiere que le hablemos, pero no solo cuando estemos en situaciones incómodas, sino en cualquier momento o etapa de nuestras vidas, en las tristezas pero también en las alegrías.

¿Por qué debemos orar? Hay varias razones por las que Dios quiere que le hablemos y le busquemos en oración.

1.Dios quiere que le hablemos

Sí, tan simple como eso. Iniciando por el Génesis, cuando el hombre pecó, Dios nos deja ver que quiere que vengamos a Él cuándo nos equivocamos, cuando hacemos algo mal o nos sentimos acorralados. Cuando pecaron, Adán y Eva se ocultaron al sentir la presencia de Dios pasearse en el huerto del Edén, y Dios le dijo: ¿Dónde estás? Me parece que Dios les estaba dando la oportunidad de que vinieran a Él y le contaran lo que habían hecho. De igual forma sucedió cuando Caín mató a Abel, Dios le preguntó: ¿Dónde está tu hermano, Abel? ¿Acaso no sabía Dios lo que había sucedido? ¡claro que sí!, pero Él quiere que le confesemos nuestras faltas.

2.Es la forma en que nos comunicamos con Dios

Aunque la tecnología ha avanzado mucho, Dios no tiene un número de whatsapp, un email o una dirección física en donde podamos enviar nuestras plegarias y darle gracias por las bendiciones recibidas. (Aunque mucha gente piensa que sí y se la pasa mandando cadenas sobre: “Di amen si crees en Dios”, “comparte la imagen si quieres un milagro”, etc.)

Dios es el dueño del mundo y el creador de todas las cosas, Él está en todas partes, podemos acceder a Él en cualquier momento y a cualquier hora sin necesidad de herramientas adicionales. La forma establecida para comunicarnos con Dios es mucho más sencilla que todo esto, es simplemente hablarle, abrir a Él nuestro corazones.

3.Hasta Jesús oró

Jesús, el hijo de Dios, sintió la necesidad de orar y nos enseñó y dio ejemplo de su vida de oración a través de las escrituras. El ministerio de Jesús comienza orando. En Lucas 3:21-22 leemos:

“Y aconteció que cuando todo el pueblo era bautizado, Jesús también fue bautizado: y mientras El oraba, el cielo se abrió, y el Espíritu Santo descendió sobre El en forma corporal, como una paloma, y vino una voz del cielo, que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido”.

Si el hijo de Dios se presentaba en oración, mucho más nosotros. Todo lo que hacemos, nuestros proyectos, cada decisión a tomar debemos presentarla ante Dios, pedir su dirección y confirmación sobre las acciones que tomamos en nuestras vidas.

En Lucas 5:15-16 leemos que, con frecuencia, Jesús pasaba tiempo a solas en oración y eso responde la pregunta sobre cuánto tiempo debemos orar, pues, frecuentemente. Y no necesariamente debe ser arrodillado, podemos hacerlo en una sala de espera, en el transporte público y a la hora del descanso. Nosotros desperdiciamos mucho tiempo en tonterías en vez de llenarnos de Dios.

Muchas veces Dios toca nuestro corazón cuando quiere que pasemos tiempo con Él, de noche, de madrugada, en la iglesia, en la casa y elegimos pasarlo por alto.

Es importante que quede en nuestras mentes y nuestros corazones que la oración es la forma en que nos comunicamos con Dios. No hay otra forma, no hay otro medio, no hay otra herramienta, solo humillarnos y presentarnos en oración delante de Él. Hasta Jesús oró. Si Jesús, el hijo de Dios, quien vino del cielo y en verdad le conocía tuvo necesidad de orar, aún más nosotros necesitamos orar, y así poder vencer al enemigo, sus tentaciones y no ceder a las debilidades de nuestra carne. Dios quiere que le hablemos y hay muchas ilustraciones en la biblia que nos hablan acerca de esto y que debemos tomar como ejemplo.

Mis Recomendaciones:

  • Establecer un lugar para tener intimidad con Dios.
  • Determinar una hora del día.
  • Ora en cualquier tiempo y lugar.
  • Toma nota de tus acciones de gracia y peticiones, especialmente si le prometes a alguien que le llevarás en oración. (Honra tu palabra)

Mi oración en este momento es que Dios derrame un avivamiento sobre su pueblo, y que nuestro tiempo de oración no sea solo para pedir y quejarnos, sino para llevar propósitos específicos y necesidades reales delante de Dios y podamos así ver su mano obrar en nuestras vidas.

Después de todo lo que he hecho ¿Puede Dios perdonarme?

Dios perdonarme

“Es que si supieras todo lo que he hecho, no perderías tu tiempo hablándome de Dios, no creo que Él esté interesado en alguien con mi recorrido, yo soy lo que soy y ya para mi no hay remedio”.

Me comentaba Alina, una chica cuyo pasado difícil había marcado su adolescencia y adultez temprana llevándola a tomar decisiones y caminos equivocados. Pero, ¿será eso cierto?, ¿podría su vida no tener remedio?, ¿podrá un pasado y presente oscuro obstaculizar la obra de Dios en la vida de una persona?

Esta historia no se trata simplemente de Alina, se trata de ti y de mí, se trata de todos los que, arrastrados por el título de este artículo, han decidido hacer click y leer lo que Dios ha puesto en mi corazón para decir hoy sobre el tema, sobre nuestras fallas, pero sobre todo, sobre nuestra culpa y sobre ese deseo enorme que todos tenemos en algún momento de nuestra vida de no sentir más vergüenza delante de Dios y de la gente por causa de nuestros actos. Todos somos o hemos sido Alina en algún momento, algunos lo admiten, otros no, y está bien.

Para ti que me lees, primeramente quiero decirte una cosa:

«Aquél de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra» dijo Jesús en Juan 8:7

Porque aquí no estamos para juzgarte, sino para ayudarte y hacerte entender una cosa y es que Dios te ama a pesar de lo que hiciste. Si, así como lo lees. Quizás aún no lo sepas, pero esa inquietud en tu corazón y ese sentimiento de culpa en el fondo son una buena señal, esa señal que indica que tienes un corazón arrepentido y esto está muy bien.

¿Y qué hago ahora? Quizás te preguntes. La respuesta es bastante sencilla, solo debes abrir tu boca y admitir ante Dios tu arrepentimiento, ponerle fin al asunto y no volver a caer en lo mismo. Te prometo que Dios no solo te va a escuchar, sino que te va a perdonar y va a olvidar lo que has hecho para siempre. Su palabra dice:

«…pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad», 1 Juan 1:9.

«Yo hago nuevas todas las cosas», Apocalipsis 21:5.

Estas palabras nos confirman una cosa, y es que Dios no solo puede, sino que Él quiere, anhela y desea renovar tu vida, que comiences de nuevo y no mires más atrás. Sin embargo, sigamos leyendo, vamos a remontarnos al antiguo testamento, en el libro de Ezequiel, en el cual se nos revela que Dios dijo lo siguiente:

«Y si condeno a morir a un malvado, y este deja el pecado y actúa bien y con justicia, y devuelve lo que había recibido en prenda o lo que había robado, y cumple las leyes que dan la vida y deja de hacer lo malo, ciertamente vivirá y no morirá. Puesto que ahora actúa bien y con justicia, vivirá, y no me acordaré de ninguno de los pecados que había cometido

Como verás todo encaja, Dios es el mismo hoy, ayer y siempre, y su propósito para tu vida es mayor que tus errores, va mucho más allá de tus fallas, no hay pasado demasiado oscuro que el no pueda volver blanco como la nieve. Entonces podemos afirmar que SÍ, Dios puede y quiere perdonarte.

No obstante, Dios es un caballero, y no va a obligarte a nada, Él quiere que seas tú quién de el primer paso, que te acerques, que lo busques, que te entregues, porque solo así Él sabrá que tiene tu permiso para entrar en tu vida y sanarte, limpiarte, restaurarte.

¿Y qué pasará si recaigo? Bueno, Él sabe que el cambio no será de la noche a la mañana, está bien, Dios tiene mucha paciencia con cada uno de nosotros y tu caso no es la excepción. No importa si al principio solo das pasitos de bebé, éstos también cuentan, lo importante es que avances, Dios no quiere personas atrapadas en el pasado, Él quiere darte un mejor futuro y una esperanza. En caso de recaídas, ¡vuelve a comenzar! nuevamente arrepintiéndote y confesándole a Dios lo sucedido, pero no lo tomes por costumbre ¡eh!, mira que Dios es bueno, pero no es tonto.

Así que ya lo sabes, no dejes que tu sentimiento de culpa pueda más que tu deseo de salir del abismo, Dios puede usarte aunque no estés calificada, ¡date esa oportunidad! Entonces, ¿qué dices? ¿Te atreverías a dar el primer paso?

Cinco razones por las que la oración es importante

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Cuando una persona decide comenzar a caminar de la mano de Dios, siempre habrá alguien que le aconseje mucho recurrir a la oración, no como un último recurso en una situación dificil, sino como un hábito diario que debe formarse.

En mi caso, debo reconocer que a lo largo de mi camino en la fe, la oración ha sido para mi todo un reto. No es algo que se me dio de manera natural y todavía, hoy en día, hay momentos en los que “cojeo” en ésta área de mi vida como creyente. Y es precisamente por esta razón que Dios me ha inquietado para indagar y escribir acerca de la importancia de la oración, así que aquí vamos:

¿Por qué es tan importante la oración?

Creo que hay muchísimas razones por las cuales orar es importante, sin embargo voy a explicar cinco de las más fundamentales:

  1. La oración nos sirve para pedir ayuda a Dios:

Ayuda, consejos, llámalo como quieras, lo cierto es que la oración es el canal por medio del cual podemos elevar nuestras necesidades a Dios para que éstas puedan ser escuchadas y tomadas en cuenta. La Biblia nos lo dice en Santiago 4:2 “…Sin embargo, no tienen lo que desean porque no se lo piden a Dios.” y también en Mateo 7:7 cuando Jesús dijo “Sigue pidiendo y recibirás lo que pides…”

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     2. La oración nos permite hablar con Dios: 

Pero la oración no solo se queda en tan solo pedir y pedir, también debe ser vista como un medio por el cual podemos establecer una sincera y maravillosa conversación con nuestro Creador, ¡qué privilegio!, ¿no? Es a través de la oración que podemos acercarnos a Él y derramar nuestra alma, contarle todo, ¡Dios debe ser nuestro mayor confidente!, el más confiable y genuino, alguien que sabemos jamás nos va a traicionar o a dar un mal consejo, alguien que a pesar de ser perfecto, no nos condena ni juzga de manera injusta, sino que nos ama y nos ofrece su perdón.

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    3. La oración es el medio más eficaz para ayudar a otros:

Cuando se trata de ayudar a otra persona, orar por ella siempre será lo más valioso que puedas hacer. La oración nos permite ser de mucha ayuda para otras personas al interceder ante Dios por ellas, no en vano la Biblia lo afirma en Santiago 5:16 cuando nos dice “…La oración ferviente de una persona justa tiene mucho poder y da resultados maravillosos”, ya que a través de tu oración sincera por otros, aún cuando ellos no lo pidan directamente, Dios puede hacer cualquier milagro.

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   4. La oración nos permite vivir en libertad:

Cuando oramos, podemos entregar nuestras más pesadas cargas a Dios y vivir en mayor plenitud y libertad. Puedes elegir orar en lugar de andar preocupándote por algo y tratando de manera desesperada de controlar cualquier situación por la que estés pasando. La oración sincera es capaz de liberarte de cualquier atadura mental y/o espiritual que te esté impidiendo llevar una vida sana, y de recordarte tu identidad verdadera a través de la comunión con Dios.

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   5. La oración es eficaz para obtener paz verdadera:

Uno de los efectos de llevar una vida de oración es la paz, y es que cuando entregas en las manos de Dios todas las cosas y aprendes a caminar confiando plenamente en Él, no solo te liberas de una pesada carga, también te llenas de esperanza, descansas y comienzas a disfrutar verdaderamente de la vida. Es algo inexplicable en palabras, pero las veces que he estado en la más perfecta paz, siempre han sido durante y después de una oración sincera.

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Y tú, ¿por cual otra razón consideras importante el hecho de orar? Me encantaría que nos lo cuentes en los comentarios, nunca se sabe para quien pueda ser de bendición tu aporte.

¡No es lo que tú digas! Cuando las cosas no salen como esperábamos

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No, no es ser pájaro de mal aguero, pavosa, negativa o poco cool, pero te vengo a hablar de algo que pasa, y pasa muy seguido: No siempre las cosas salen como esperábamos. De hecho, muchas veces no salen ni siquiera aparentemente bien. No vengo a hablarte de un tema de éxito personal, sino de todo lo contrario, pero lo hago porque es necesario que nos sacudan y nos hablen de lo que quizás no nos guste escuchar, pero que alguien nos tiene que decir por nuestro bien. Así que amiga, entiéndelo, ¡No es lo que tú digas! En realidad las cosas son como Dios dice y cuando Él dice. Él es soberano, punto.

En lo personal, yo siempre he sido una persona impaciente, obstinada, que quiere las cosas ¡ya y a mi manera!, y no digo que haya cambiado del todo este hecho, pero a través de los años, Dios se ha encargado de tratar en mí sobre este tema, y aunque en el instante que escribo estas líneas sé que Dios todavía está tratando conmigo, hoy en día puedo decir que he hecho algunos avances, mis primeros pasitos, por decirlo así. Porque si hay algo que jamás dejaremos de hacer en esta vida, es ser moldeadas y perfeccionadas por un Dios perfecto, amoroso y justo.

Atravesando el desierto con la mirada puesta en Dios:

Hace poco, en medio de una semana en la que emocionalmente me sentía muy mal, Dios habló a mi corazón a través de un devocional en una App que me encanta y les recomiendo, llamada First 5 (está en inglés). Wendy Pope, la autora del devocional de ese día, tituló la enseñanza de la siguiente manera:

“El tiempo en el desierto no es tan malo del todo”

La enseñanza se remontaba al libro de números, en el cual habían basado los devocionales de todo el mes, todos edificantes, todos maravillosos, pero este en particular llegó a mi corazón. Como algunas sabrán (y si no, te recomiendo que lo leas) el libro de números en la Biblia cuenta mucho de lo que sucedió con el pueblo de Israel después de su salida de Egipto, tierra en donde fueron esclavos por muchos años.

En lo particular no es de mis libros favoritos porque al leerlo siempre había pensado que los israelitas de aquella época eran muy tontos, estaban ciegos, tenían a Dios de su lado, guiándolos, presente para ayudarlos en todo, y ellos no hacían más que quejarse, dudar y tratar de hacer las cosas según lo que ellos creían, a su manera y no a la manera de Dios. Pero ¡hey! espera un segundo… ¿Te suena familiar? ¿Sí? ¡Claro! ¡Yo soy así! yo me he estado comportando así casi toda mi vida, ¡como no lo ví antes! Hoy en día los seres humanos en general somos como aquel pueblo de Israel, nos impacientamos, nos quejamos, lloramos, hacemos pataletas y nos cuesta un mundo aceptar que quien está en control es Dios y que el tiempo perfecto es el de Dios.

No se trata de obtener lo que deseamos y cuando lo deseamos, así no funcionan las cosas. Los israelitas querían llegar a la tierra prometida en un abrir y cerrar de ojos, ellos querían que Dios les diera de todo de una vez  y la cosa no era así. Y es por esa razón que Dios hizo que un viaje de 11 días hacia la tierra prometida, se extendiera por unos 40 años.

Esto no sucedió porque Dios fuese malo con ellos, sino todo lo contrario, Él lo hizo para su protección y para su formación. El pueblo de Israel tenía que aprender a confiar en Dios y a amarlo con todo su corazón.

Su temporada en el desierto los preparó para lo que venía, gracias a ese tiempo en el desierto el pueblo de Israel pudo ver los milagros de Dios, sentir Su presencia de una manera mucho más intensa, aprender a obedecer a Dios y a adorarlo con todo el corazón. Sin esa preparación, no hubiesen sido capaces de derribar el muro de Jericó y de conquistar la tierra prometida.

Amiga “desanimada”, ésto es para ti:

Tal vez tú estés pasando en este momento por un desierto en tu vida, quizás sientas que nada vale la pena, que no hay manera de que tu vida mejore y salgas adelante. Los planes no salieron como tú lo esperabas, la cosa ha resultado más ruda de lo que pensabas. Tal vez quieras darte por vencida o no te queden más fuerzas para pelear… Déjame decirte que te entiendo porque yo también he estado allí, de hecho, actualmente atravieso por un nuevo desierto en mi vida. Pero espera, quiero animarte a creerle a Dios por muy oscuro que se vea el panorama.

Consideremos que el desierto es donde Dios nos necesita ahora, Él nos está preparando para un gran propósito. Lo maravilloso de Dios es que, aún cuando creemos que Él no está trabajando, de hecho si lo está.

Te invito a pasar estos días en el desierto juntas, confiadas en que somos hijas de un Dios que no se ha olvidado de ninguna de nosotras y que de seguro, en este momento está a nuestro lado dándonos fuerzas para superar las pruebas y darnos una tremenda victoria, como solo Él sabe hacerlo. Nuestras luchas son Sus luchas, Él pelea por nosotras y nuestra única tarea en estos casos es creer, confiar, orar y esperar.

“Señor, usa estos días en el desierto para hacer que mi fe por tí sea más profunda”, Wendy Pope.