¡Soy Rouse, la chica del afro!

En definitiva, ¡pasa cada cosa chistosa cuando usas afro! Sin duda, es un remedio natural para refrescar la memoria, ¡está comprobado! A continuación las evidencias:

• En la tienda: “A mí me atendió la muchacha, la ‘peluíta’”.

• En la oficina: “Yo hablé con la psicóloga, la del pelo así” (Mientras dibujan un afro como referencia).

• En los colegios, al verme llegar, los niños gritan: “¡Llegó la maestra del pelo grande!” – ¡Jajaja! lo más lindo que he escuchado ♥

• Una vez, hablando por teléfono, dije: “Soy Rouse, la chica del afro”. – ¡Jajajajaja!

De inmediato empecé a reír y eso me hizo recordar las veces que he reído por esas referencias o características en los distintos escenarios de mi vida: “la pelúa”, “la maestra del pelo grande”, “la negra de pelo inflado”, “la chica del afro”… y hay muchos otros, claro, sin contar aquellos que no se atreven a decir de forma directa y que aluden a mi cabello.

Debo confesar que también recordé el capítulo de la novela colombiana “Soy Betty, la fea”, especialmente aquel capítulo cuando la protagonista, enojada, decía por teléfono: “Soy Betty, la fea”

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. Fue así como entre risas y recuerdos pensé en la palabra identidad, esa que nos define y que nos hace dejar un precedente a donde vamos.

La experta en materia de definiciones (Real Academia Española) nos dice lo siguiente en relación al concepto de Identidad:

1.  Cualidad de idéntico.

2. Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás.

3. Conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás.

4.  Hecho de ser alguien o algo, el mismo que se supone o se busca.

¡No puede estar más claro! Me encanta eso que dice así: “… que los caracterizan frente a los demás”, y “conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a los demás”. ¡Wow, es genial! Lo es porque todos cabemos ahí, porque no hay prototipos para encajar, ¡por supuesto que somos distintos a los demás! Si buscáramos encajar es simplemente porque no es nuestro lugar; si la pieza del rompecabezas no va en ese lugar, entonces al forzarla a entrar tendrá un mal acabado. Así mismo pasa con nosotros y la moda.

Betty tenía identidad: ella era “la fea”. Ahora, ¿por qué la fea?, la verdad es que no me sé la historia de su vida antes de su aparición en escena, pero según lo que nos dejan ver, solo sabemos que siempre vistió así y se arreglaba de esa manera. Estoy segura que detrás de ese intelecto, talento, ropa grande y lentes/gafas, había una historia de dolor que hizo que se ocultara detrás de esos accesorios y se amarrara a una identidad errada. La historia nos deja ver que fue engañada, usada, y rechazada; marginada por desencajar en un mundo de exigencias que escapan de nuestras manos.

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Lo cierto es que la belleza ha sido alterada, la identidad prostituida y degradada, los espejos menospreciados y usados como buzón de reproches o sugerencias al Creador, todo por no entender que no vamos a encajar fuera del diseño del Creador.

Te contamos otra de nuestras historias

Llegué a un salón de belleza nuevo para mí, recomendado para arreglarme las uñas. Entro y todos los estilistas voltean, me miran sin decir ni una palabra, uno muy valiente y muy cordial se me acerca y pregunta: “¿vienes para secarte?” – a lo que yo respondo: “¿Ah?, ¿en serio? ¡No vale!, ¿tú crees que me voy a dañar mi cabello?”

Después de un silencio que se rompió con algunos “consejos” -que por cierto, no pedí ¡Jajaja!- y, al final, todos hablaron maravillas de mi afro, todos coincidieron en mantenerlo así. Y es que de eso se trata, de amarlo al punto que todos empiecen a respetarlo y hasta quererlo. Hoy él me llama “la chica del afro”.

Para animarte a darle el uso correcto a ese espejo

Es cierto que Betty podía lucir mejor, resaltar nuestra belleza femenina es válido, al igual que usar ropa que nos haga lucir mejor, y no me refiero a los toques “sexys o picantes”, me refiero a interesarnos por saber cuáles son los colores que nos resaltan, qué tipo de ropa va con nuestro cuerpo o cuál corte de cabello hace que nuestro rostro luzca mejor. Si amamos al Creador, entonces somos capaces de amar el diseño. Conéctate con tus rasgos físicos y empieza por aceptarlos, verás que de esta forma llegarás a amarlos y así otros también los empezarán a respetar y a amar.

Rouse, la chica del afro.

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