¡Auxilio, me siento deprimida!: Herramientas de guerra contra la depresión

Creo que la mayoría de las personas, en algún momento de su vida se han sentido de una u otra forma deprimidos. Éste es un mal que afecta a millones de personas en la actualidad, y los hijos de Dios no son la excepción. ¿Por qué?

De acuerdo a la autora Shirley Trickett, la depresión es una enfermedad de los sentimientos, que puede ir desde una tristeza normal, a una reacción exagerada. Pasando de un sentimiento de vacío gris en el que aún puedes funcionar, hasta una desesperación absoluta, falta de esperanza y postración. La depresión te hace más lenta, y puede aparecer justo después de un momento fuerte de ansiedad.

La depresión puede afectar a cualquier persona, de cualquier edad, y por muchas razones. Nadie está excento. Algunas de las razones más comunes pueden ser:

– Pérdida de algún ser querido.

– Una ruptura amorosa.

– Un pasado lleno de abuso familiar.

– Haber sido abusada sexualmente.

– Sentimiento de culpa.

– Inseguridad, baja autoestima, entre otros.

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La depresión vista desde el punto de vista espiritual:

“Mientras no sepas que la vida es una guerra, no podrás saber la razón de la oración” — John Piper.

El hecho de ser cristiana, no te libra de la posibilidad de caer en depresión, así que si éste es tu caso, no te sientas culpable. Yo he tenido momentos de depresión, en especial cuando no conocía al Señor, pero también aún después de entregar mi vida a Jesús. Su palabra dice que en Cristo somos nuevas criaturas, pero ésto no ocurre por arte de magia, no es como presionar un botón y ya, se trata de un proceso largo de sanación interior por el que todos tenemos que pasar.

Inclusive en la Biblia hay versículos que nos muestran cómo algunos personajes importantes padecieron de depresión, uno de ellos es Job, también el Rey David. En Salmos 13:2 el autor exclama: “¿Hasta cuando tendré que luchar con angustia en mi alma, con tristeza en mi corazón, día tras día? ¿Hasta cuando mi enemigo seguirá dominandome?”

Claramente, en la anterior cita bíblica el autor está atravesando por un proceso de depresión, tal vez se refiera en ella a un enemigo físico, en medio de una guerra física, pero para nosotras puede interpretarse como un enemigo espiritual. Así como existe Dios, existe también el mal y en él radican todas las enfermedades, incluyendo la depresión.

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Nuestro llamado es a pelear como buenas guerreras la buena batalla. No se trata de una batalla en el mundo físico donde tengamos que vestirnos con trajes de guerra y usar nuestra fuerza física, sino más bien armarnos a nivel espiritual con la palabra de Dios. La Biblia está llena de promesas maravillosas de Dios hacia nosotras. Éstas promesas tienen poder y tan solo necesitamos creerlo y clamar a Dios para que sean activadas. Así, nuestra arma más eficaz contra la depresión será la oración y la declaración de éstas promesas de Dios.

Dios no quiere que oremos con temor, como si le estuviésemos pidiendo un favor, a ver si Él quiere ayudarnos a vencer la depresión. Dios quiere que oremos con firmeza y seamos específicas en nuestras peticiones, con fe y certeza de que Él nos escucha y que hará todo por nosotras, peleará nuestra batalla y nos dará la victoria.

 Ustedes pueden orar por cualquier cosa, y si tienen fe la recibirán. Mateo 21:22

¿Quieres ganarle a tu depresión? Entonces ¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea! Declara las promesas de Dios para ti, declara que eres una mujer libre y declara que en el nombre de Jesús, toda depresión, tristeza, amargura, culpa, ansiedad, se va, no te pertenece, no tiene cabida en tu vida. Ora de ésta manera cuantas veces sea necesario, investiga los versículos bíblicos que contengan promesas de Dios para ti y tu situación y luego léelos en voz alta. Dedica un tiempo en tu día a día para esta práctica, escoge un lugar solitario en el que nadie pueda escucharte, solo Dios, y ¡Pelea!

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Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2 Timoteo 1:7

Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza. Jeremías 29:11

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