Heridas que sanan, cicatrices que cuentan una historia

Heridas que sanan, cicatrices que cuentan una historia

Hace unas semanas hablaba con alguien de esos temas de mujeres relacionados con la estética, y surgió un comentario sobre la condición física en la que actualmente me encuentro.

A esta persona le respondí que en realidad no existe el cuerpo perfecto, de hecho tengo varias marcas de cicatrices en mi cuerpo, esas marcas no producen en mi ningún tipo de molestias, cada una de ellas cuenta una historia de algo que he superado, son heridas que lograron sanar, son batallas que he logrado ganar.

Te cuento sobre mis cicatrices

Cuando era niña caí sobre un plato de cristal, lección aprendida: No correr con platos de cristal en las manos; así que, me dieron varias puntadas en el abdomen.

En otra ocasión me caí de la cama mientras daba saltos en ella – puede parecer que no, pero era una niña tranquila-, había una plancha caliente cerca y, al caer, la plancha se pegó a mi costado dejando una gran marca que va de mi cadera a la altura del pecho, y por último, ya de adulta, me practicaron una cirugía que agregó otra cicatriz a mi abdomen.

Esas cicatrices tienen su historia y valor

No le pregunté a mi mamá, pero sé que después de las caídas que me llevaron al hospital puedo afirmar que me convertí en una niña más cuidadosa y precavida, lo sé porque no pasaron más accidentes de este tipo.

Así como de esos accidentes aprendí a ser cautelosa, la cicatriz de la cirugía me recuerda el dolor y los meses de desesperación que sufrí antes de que el doctor pudiera identificar la causa de mi mal y me llevara de emergencia al quirófano, y por eso hoy gozo de salud y puedo entender que, aunque tarde, la respuesta llega, el dolor se va y la restauración se concreta dejando solo el recuerdo de lo que fue.

Físicamente una cicatriz es una señal o marca que queda en la piel después de cerrarse una herida. Una herida es una lesión, que se produce como consecuencia de un corte, un disparo, una presión, un roce. Pero, emocionalmente una cicatriz es una impresión profunda y duradera que deja en alguien un hecho doloroso. Y emocionalmente, una herida es una pena o daño moral.

No hay por qué avergonzarnos de nuestras heridas o marc as, son el testimonio de algo que fue restaurado ya sea física o emocionalmente

Jesús, el hijo de Dios, mantuvo las marcas de su crucifixión y esto fue de testimonio a sus discípulos y seguidores de que realmente había resucitado; estaba vivo y sus marcas cuentan la historia de resurrección que ha llevado a la vida a millones de personas.

Existen otras heridas, las emocionales, aquellas que no se ven

Estas duelen tanto que a veces sentimos que el corazón literalmente está roto. Heridas por perder un ser amado, por una ruptura amorosa, por la enfermedad de un hijo, por una traición, por muchas razones. Estas heridas emocionales cuando sanan también dejan cicatrices, cuentan sobre algo que pasó y que logramos superar, algo de lo que podemos dar testimonio y que muestra qué tan fuerte somos y qué tanto podemos avanzar.

Sanar no implica olvidar

De hecho, necesitamos recordar eso de lo que hemos sido rescatadas y transformadas y dejar ver a aquellas mujeres que se creen débiles por ser dañadas que es posible seguir adelante. Recordar hará que no permitas que te causen el mismo dolor o te enseñará cómo superar los momentos de dificultad cuando estos se avecinen. Sanar es posible.

Cada una de nuestras marcas habla del poder de Dios en nuestras vidas, de que se puede volver a empezar, de que sentir dolor no es señal de un final sino una oportunidad de acercarnos más a Dios y hacer evidente su poder en nuestras vidas.

Las cicatrices del alma son difíciles de evidenciar pero…

De ti depende mostrar a los demás que aunque estén ahí esas señales, el dolor quedó atrás. Ayuda o da apoyo a alguien que lo necesita a través de tu testimonio y de la maravillosa gracia de Dios en tu vida. Deja que tus cicatrices cuenten su gran historia.

Recuerda que la herida debe sanar antes de llegar a ser una cicatriz, que la cicatriz es señal de que algo ha sanado completamente, y que a través de ellas podemos mostrar el poder de Dios en nuestras vidas, disfruta tu sanidad y comparte tu historia de restauración con personas que lo necesitan.

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