Cuando la tentación sexual toca a la puerta (Parte II)

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En el artículo anterior les hablaba sobre la tentación sexual y que, cuando esta toca a nuestra puerta, nuestra fidelidad (tanto a una pareja, como a Dios) se podría ver comprometida, por no decir amenazada.

Citando una parte de ese artículo, les comentaba que si hay algo que nosotras, las mujeres, comúnmente escondemos son los deseos de intimidad física y sexual. Aunque nuestra libido no se activa necesariamente a través de la mirada, ciertamente nuestros pensamientos e imágenes mentales nos conducen a veces a soñar mucho más de lo que podría hacer un hombre.

Hay ciertas reflexiones que han despertado en mí luego de que tocaran el tema de la fidelidad en un taller para mujeres al que asistí; acá les menciono un par de ellas que me habían quedado pendientes en el anterior artículo, y esta vez quiero hablarle por separado tanto a la mujer soltera como a la casada ya que, aunque ambas son tentadas, viven realidades diferentes:

Mujer Soltera: Tu fidelidad se la debes a Dios

El estar soltera muchas veces nos invita a mostrarnos muy disponibles porque anhelamos compañía, ser admiradas, buscadas, deseadas. Sin embargo, la mujer que se muestra desesperadamente disponible jamás va a conseguir esa pareja adecuada que quiera invertir, románticamente y a largo plazo, su tiempo con ella. ¿Por qué? Porque está desesperada y enfoca sus esfuerzos en sus deseos insatisfechos, no en su crecimiento personal, en la construcción de algo cimentado en bases firmes o en decisiones sabias.

Es por eso que en la etapa de soltería (entiéndase: no-casada) es importante que construyamos una relación íntima y personal con Dios, que nos mantenga firmes y con dominio propio cuando iniciemos un noviazgo.

Los noviazgos cristianos tienen las mismas tentaciones que un noviazgo no-cristiano, es imposible decir que no deseas a la otra persona íntimamente en todos los aspectos. La diferencia está en que existe algo llamado “dominio propio” y el profundo deseo de honrar a Dios que nos hace decir “no vamos a caer”. Aunque hay noviazgos cristianos que llegan a tener relaciones sexuales, lo que sucede a nivel interno en estas parejas luego del acto es mucho peor y más difícil de superar que ese pequeño momento de placer que se dio entre ellos. Es por eso que durante nuestra soltería estamos llamados a ser fieles a Dios.

Durante el taller, esta frase vino a mi mente y quedó muy marcada en mí: “Las parejas que son infieles a Dios durante la etapa de noviazgo, incrementan las posibilidades de ser infieles el uno al otro durante el matrimonio”. ¿Por qué?, porque si no honras a tu pareja por respeto al mismo Dios que los unió, ¿qué te va a garantizar que vas a honrarla después del matrimonio?

Por eso te animo a que construyas la relación de intimidad y fidelidad a Dios durante tu noviazgo, para así construir algo firme, íntimo y fiel durante tu matrimonio.

Mujer Casada: Goza de la bendición de la seducción con tu esposo

Para las casadas, el coqueteo no hay que apagarlo durante toda la vida ni se acaba luego del matrimonio. Todo lo contrario, tienes la bendición de Dios de explotar tu “yo” seductor con tu esposo y de hacer realidad cada anhelo físico y sexual con él. No permitas que “el tiempo”, “la confianza”, “los hijos” y “la costumbre” llenen tu mente de mentiras para convertirte en una mujer descuidada, fría y evasiva.

Toma esos mismos atributos que enamoraron a tu esposo para usarlos a tu favor y a favor de él. Lo casada no te quita lo mujer y el tiempo no apaga tu capacidad de seducción si no lo permites.

Toma el ejemplo de Cantares 1:1, donde leemos a esa mujer que seduce a su esposo: “¡Ay, amado mío, cómo deseo que me beses! Prefiero tus caricias, más que el vino; prefiero disfrutar del aroma de tus perfumes”.

Con respecto a la fidelidad, el psicólogo y escritor Walter Riso dice:

“El amor es una condición necesaria, pero no suficiente para ser fiel. La fidelidad también es una decisión. Un acto de la voluntad que exige atención despierta y capacidad de discriminación para mantenerse alejado de lo que teóricamente no queremos hacer”.

Enfoca tus pensamientos en la bendición del matrimonio, en satisfacer tus deseos junto a esa persona con la cual elegiste pasar el resto de tu vida. El amor construye lo que destruye el deseo de lo ajeno; permítete disfrutar de lo que la mujer soltera se limita y vive al máximo un matrimonio vivo en amor a Dios y amor mutuo. Dios se regocija en hacer del matrimonio de dos individuos, uno solo.

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