Devocional – Una mujer que brilla

Una mujer que brilla

Mateo 5:14-16 (NTV)

»Ustedes son la luz del mundo, como una ciudad en lo alto de una colina que no puede esconderse. Nadie enciende una lámpara y luego la pone debajo de una canasta. En cambio, la coloca en un lugar alto donde ilumina a todos los que están en la casa. De la misma manera, dejen que sus buenas acciones brillen a la vista de todos, para que todos alaben a su Padre celestial.

¡Brilla! No puedes hacer otra cosa cuando tu corazón está encendido por la fuente de luz del universo. 

¡Brilla! porque para eso fuiste creada y porque debes hacerlo. 

Las mujeres suelen trabajar con la supuesta ilusión de que deben mantener sus dones y talentos en una vasija de barro. Confunden el significado de “humilde” junto a Dios con lo que significa hacer brillar su luz.

Como todo lo demás, es cuestión de corazón y motivación. Si tu corazón está lleno de alegría que rebasa, sin importar lo que hagas continuará brillando, pero si te estás conteniendo porque no estás segura de que esté bien ser una luz en el mundo, lee nuevamente el versículo Mateo 5:14-16 hasta que realmente lo entiendas.

Tú eres una luz, una mujer de testimonio, tienes un mensaje que dar al mundo entero. Te dio su luz para que otros puedan verte con claridad, te la dio para que nunca te encuentres caminando en la oscuridad.

Pon una planta en tu vasija de barro y ubícala en la ventana. De esa manera ambas estarán en la luz ofreciendo tus dones de radiante belleza al mundo.

Un pensamiento valioso

“Una alma amante hace arder a otras”.

Oración: Señor, ayúdame a mantener tu luz en alto esta semana. Ayúdame a entender que allí afuera hay alguien que te está buscando y que quizás yo sea el único medio que tenga para encontrarte. Déjame ser tu luz en el mundo, Amén.

Extraído de “Devocionales para una mujer de gran valor”.

Ansiedad: Un mal que puede ser vencido

ansiedad puede ser vencida

Según el portal web psicositio.com, “la ansiedad puede ser calificada como una emoción, pero en realidad, es un mecanismo humano de adaptación al medio y nos ayuda a superar ciertas exigencias de la vida; las mujeres solemos ser dos veces más propensas a padecer este trastorno. La ansiedad pasa a ser algo negativo cuándo presenta sentimientos de malestar tales como, preocupación, tensión, temor, inseguridad, hipervigilancia entre otros”.

En la adolescencia, esa etapa llena de cambios y fuertes emociones, sufrí de ansiedad (la cual se prolongó hasta la adultez). Como no era extrovertida, mis padres no lo notaron de inmediato; algunos sucesos drásticos en la familia y otros de índole personal destrozaron mis sentimientos y cambiaron mi personalidad. No me apena contarlo, gracias a Dios pude salir adelante. Mucha gente, especialmente mujeres, sufren de este mal pero no buscan ayuda. Por esta razón quiero contarles mi experiencia y algunos puntos que les ayuden a reconocer si la padecen a fin de salir adelante.

¿Qué sentí?

En mayor medida sentía miedo irracional y mucha inseguridad, sensación de incertidumbre y desinterés.

  • En cuanto a la conducta, desarrollé un trastorno obsesivo compulsivo; sentía cierta inquietud, miedo a los gérmenes, necesidad constante de aseo, no tocaba las personas, limpiaba la casa constantemente (en especial el baño) y siempre estaba intranquila.
  • Cuando salía tenía un estado de hipervigilancia, una sensación horrible de amenaza, no tenía paz.
  • Mentalmente me perdía en mis pensamientos, a veces me costaba concentrarme y era muy susceptible.
  • Socialmente tenía temor a los conflictos, dificultad para defender mis puntos de vista, irritabilidad y era poco sociable.
  • Físicamente sentía molestias digestivas, hipertensión por causas emocionales, palpitaciones, falta de aire, opresión en el pecho, trastornos alimenticios e insomnio.

Barreras que hacen difícil la recuperación:

  • Desconocimiento del tema:

Ya sea de nuestra parte o de quienes nos rodean, el hecho de tener manifestaciones físicas nos puede hacer creer que estamos enfermas de un virus o algo parecido. Visitas constantes al médico sin resultado alguno. Este mismo desconocimiento nos hace objeto de burlas por parte de quienes nos rodean y pueden dirigirse a nosotras con frases como: eres muy débil o sensible, no tienes carácter, cada vez estás más tonta, pareces un cerdo (si subes de peso) o estás esquelética (Si bajas de peso); el punto es que todo esto empeora la situación.

  • No reconocer emocionalmente que no estamos bien:

Nadie nos conoce más que nosotras mismas, de hecho uno de los síntomas pre-menstruales es el cambio de las emociones, (de eso sí que sabemos). Así que, aunque entremos en una etapa de negación, sabemos que algo no está bien. Como en cualquier condición, ya sea física, emocional y hasta espiritual, reconocer lo que está mal es el primer paso para salir adelante.

  • Desconocimiento por parte de nuestra comunidad de fe:

Lamentablemente, muchas de nuestras iglesias o de nuestros líderes consideran las enfermedades psicológicas como falta de fe o influencia demoníaca, por lo tanto, en vez de ser fortalecidas espiritualmente, puede darse una tendencia de alejamiento y desconfianza ya que no encontramos apoyo. La Biblia habla de aflicciones como el temor o angustia y todo esto se refiere a nuestras emociones; un caso marcado en la Biblia es cuando David reconoce su pecado con Betsabé al ser confrontado por el profeta Natán  y es informado de que el niño, fruto de su pecado, moriría. David se encerró por largo tiempo, lloró y no comió, señal de una gran tristeza o depresión, aunque luego de morir el niño, reaccionó y entendió que nada cambiaría lo sucedido, así que se levantó y siguió adelante.

Mis recomendaciones personales:

Antes que nada, estas recomendaciones son basadas en mi experiencia y no en la ciencia.

Busca ayuda

Ya sea de alguien en tu familia, de tu mejor amiga, líder, pastores o de un profesional en el área. Tratar de salir de esto sola no será tu mejor opción. Sentir que le importas a alguien y que ese alguien nos apoya, afirmará nuestras emociones de forma positiva.

Sal de la cueva

Evita el encierro, deja de ver la vida en blanco y negro y ¡ponle colores! Ve a un parque, a la playa, al cine, reúnete con amigos, en fin, vive nuevas experiencias.

Encuentra paz

Date una oportunidad, no seas dura contigo misma ni te exijas más de la cuenta. También evita situaciones estresantes en la familia, lugar de estudio o trabajo; aprende a delegar, apóyate en los demás para realizar tareas y confía en que todo estará bien. Obtener un resultado de 7/10, por ejemplo, no es el fin del mundo; de todo se aprende y una oportunidad de 10/10 en superar dificultades será de mucho provecho.

No pierdas la fe

El salmo 34:19 dice:

“Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas te librará Jehová”.

Dios nunca te desamparará. Apóyate en tu fe, cree, confía, pídele a Dios que te ayude y te guíe a encontrar la salida a esta situación difícil.

En la Biblia encontramos muchas historias de situaciones difíciles en las que Dios ayudó a salir adelante. Somos más fuertes de lo que pensamos. Pide la oración a tu grupo de fe si así lo sientes, saber que hay personas que están contigo y te apoyan al menos en oración también te afirmará espiritualmente. Recuerda que ninguna carga es tan pesada que Dios no pueda ayudarnos a llevarla y que, en cada situación o proceso, hay una enseñanza, hay algo que podemos compartir con otras personas y ayudar a otros a fortalecerse en fe, emocional y espiritualmente. Así que podemos decir que Dios nos capacita para ser el apoyo de otras personas que están en situaciones que ya nosotros conocemos.

Enfócate en lo importante ¡No te distraigas en lo temporal!

no te distraigas

A quien no le ha pasado que por estar distraída, te pierdes justo justo el momento que estabas esperando, de aquella serie que estás viendo, y
simplemente fue por algo sin importancia.

¿Te ha pasado que cuando quieres estudiar, hasta lavar la loza o limpiar tu cuarto es más llamativo?, a mí me pasaba cuando estudiaba en la universidad, decidía empezar a estudiar y justo en ese momento, se me ocurría darle un nuevo orden al closet o limpiar mi dormitorio, y retrasaba el estudio incluso por horas.

Cuando oramos (para buscar a Dios) nos pasa algo parecido, a veces nos disponemos incluso físicamente, pero nuestra mente está en los lugares más inexplicables y simplemente nos distraemos.

Me encanta pensar que la vida con Dios es una aventura, en donde cada día tenemos la oportunidad de descubrir algo nuevo en Él o recibir lo nuevo que ese día Dios preparó para nosotras. Pero son muchísimas las cosas que parecieran tener más importancia a la hora de prestarle atención a Dios.

Como te decía, creer en Dios no se trata de un estado místico, se trata de decisiones, de una relación diaria con Dios, ¡de una aventura!, en donde el mapa de esa aventura, está disponible cada día a través de una oración o experiencia con Dios, es ahí donde tu puedes encontrar aquellas “pistas” que te llevarán a descubrir un nuevo tesoro.

A veces con aquella “pista” que Dios te da, se abre una puerta y encuentras de inmediato aquello tan esperado por ti. Otras veces tienes que pasar por ciertas pruebas, caminos montañosos, verte enfrentada a dos caminos y elegir uno de ellos, o caminos con piedras que nos hacen tropezar. Sumado a esto, voces, personas, circunstancias, que llaman tu atención, porque pareciera que son más interesantes, más llamativos. Y es posible que así sea, pero tienes que saber, que independiente de lo que te puedan ofrecer, en primer lugar, te distraen de tu destino, de tu objetivo real; y en segundo lugar, todo aquello que nos distrae, tiene una característica en común, es temporal. Lo único que es eterno es aquella aventura de conocer a Dios. Jesús dice en una oración:

“ … y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti..”Jn. 17:3.

En otras palabras, podemos vivir un pedacito de la eternidad cada día, conociendo a Dios. No hay mejor aventura que conocer a aquel que trazó los planos de tu aventura y que escondió los tesoros para ti. Nunca olvides que tu vida no es una coincidencia, es un plan perfecto de Dios, en donde él te asignó un propósito, solo debes descubrirlo, tu personalidad, tus habilidades e incluso el conocimiento que has adquirido, hablan de tu propósito, son las “pistas”, a veces tan solo debes juntarlas y leerlas.

No dejes de vivir esta aventura por estar distraída en cosas que solo son temporales, experiencias que decides vivir, pero al final solo retrasan el cumplimiento de aquellas promesas que Dios tiene para ti. ¡Ah! Y una última cosa, no te olvides de disfrutar esta aventura, ahí está la clave.

Escrito por Keila Vera @key.vera

Amiga, ¡siempre digna!

digna

¿Has escuchando alguna vez esta frase? En mi país (Chile) la utilizamos mucho entre amigas, con ella queremos decir que a pesar de cualquier imprevisto que pueda ocurrir, incluso vergonzoso, lo debemos enfrentar siempre con la frente en alto.

La palabra dignidad no es muy utilizada, al contrario, es parte de la ética o es una característica que le atribuimos a Dios. Claro está que es algo un poco más profundo para solamente sortear de buena manera una situación imprevista.

Teóricamente es algo así, “…remite al valor único, insustituible e intransferible de toda persona humana, con independencia de su situación económica y social, de la edad, del sexo, de la religión, etcétera, y al respeto absoluto que ella merece”. Scielo; D. Michelini, 2010.

Nuestra dignidad tiene que ver con nuestra esencia, con nuestro valor y para las que creemos en Dios, con lo que Él puso en nuestra vida y que nos hace únicas, especiales y sobre todo, ¡valiosas! Toda esta introducción no tiene otro objetivo más que nos preguntemos si realmente estamos considerando nuestra dignidad (nuestro valor), como un elemento a tomar en cuenta cuando debemos tomar algunas decisiones.

Decisiones como el valor que otorgamos a la voz de nuestro entorno, a los riesgos que somos capaces de correr para lograr algún objetivo o a la manera en que tratamos de incluirnos en la sociedad, intentando agradar a otros, incluso cambiando u omitiendo información para que nuestra “imagen” sea “perfecta”, para que “otros”, subjetivamente, nos otorguen un valor y así lograr ser aceptadas, conseguir popularidad e incluso, poder.

Intentar agradar a otro, poniendo en juego nuestra esencia, no es una buena jugada. Todas sabemos que tenemos un valor, no por lo que poseemos, proyectamos o por lo que otros dicen, sino que nuestro valor nace a partir de nuestra calidad humana, e incluso desde más profundo, del valor que Dios nos dio al aparecer en nuestra vida.

Existen valores y principios, como el respeto, el amor al prójimo, la compasión, la lealtad, la fidelidad, la honestidad, entre otros, que aunque hoy, para muchos sean conceptos retrógrados, se ven puestos en riesgo cuando queremos lograr ser aceptadas o integradas en un ambiente que muchas veces no comparte nuestras mismas bases.

Si las personas que hoy te rodean, te exigen que cambies o dejes a un lado tus convicciones, puedes estar segura que el futuro de esas relaciones no será bueno. El valor que estas personas pongan sobre ti debería estar puesto específicamente en lo contrario, en tu esencia, tras conocer quien realmente eres y no intentar cambiar lo que, por tiempo, Dios y tú han logrado construir.

Nuestra dignidad no se mide, en cuánta experiencia en relaciones amorosas tenemos, por cuán “a la moda” podamos estar o por cuántas personas dañamos con el fin de lograr nuestro objetivo. Nuestro valor, en ningún aspecto, se puede medir con base en el conocimiento que hemos podido adquirir, o por lo que otros opinan de nosotras. Como te decía antes, tu valor está tan solo en el hecho de ser mujer e hija Dios, una creación perfecta a su imagen y semejanza.

Si nos enfocamos en agradar a Dios y en ser cada vez mejores réplicas de su amor, bondad, fidelidad y todos los atributos que Él desea que desarrollemos, estoy segura de que no necesitaremos de otras voces que nos otorguen valor.

Cuando estamos seguras de que Dios nos amó y nos eligió no por nuestros méritos, sino por su voluntad, nuestra identidad de hijas comienza a crecer y ya no necesitamos transar nuestros valores o poner en riesgo nuestra integridad para agradar a otros, al contrario, logramos ser capaces de contagiarlos de nuestra esperanza y felicidad de vivir cada día, sin importar las circunstancias, porque tenemos a un padre que es SUFICIENTE para cubrir todas nuestras necesidades y recordarnos cuán valiosas somos.

Nunca olvides que Dios ya tiene lista la mejor versión de ti misma, solo aguarda por ser encontrada.

Escrito por: Keila Vera.

¿Realmente es bueno seguir el corazón?

“Escucha a tu corazón”, “tu corazón te dirá qué hacer”… ¿Les suena familiar? ¿Cuántas veces hemos escuchado que el corazón es el que nos va a llevar a la felicidad? Solemos creer que ese cúmulo de sentimientos y emociones es el que nos ayudará a tomar las mejores decisiones en cuanto al amor, a la vida laboral, a los sueños. Pero, ¿qué dice Dios en la Biblia al respecto?

“Nada hay tan engañoso y perverso como el corazón humano. ¿Quién es capaz de comprenderlo?” (Jeremías 17:9).

El corazón no es solo de donde procede el amor. El corazón es también donde pensamos, decidimos y sentimos.  Pareciera que más bien el corazón está en la cabeza y no en el pecho: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal,” Génesis 6:5.

Entonces, estamos más que claras en que muchas de las decisiones que tomamos, debido a nuestro razonamiento o sentimientos NO son las correctas. Podemos ver, quizás, chicas “enamoradas” de un hombre casado, o de un hombre con valores errados, o de un hombre que quizás hasta comete delitos. Y todo recae en el “pero, yo lo amo”. Dejamos que los sentimientos y pensamientos del corazón sean los que tomen las decisiones sin importar lo ilógico o negativo que pueda ser para nuestras vidas.

Quizás dirás “pero bueno, no exageremos, tampoco es que estoy enamorada de un hombre que está pagando 30 años de cárcel por asesinato”. No, quizás no, pero es para que te des cuenta que el hecho de que tengas sentimientos hacia esa persona no quiere decir que sea lo mejor para ti.

Nuestro corazón es uno de los elementos más carnales que podemos tener, y con esto me refiero a algo contrario al espíritu y a lo que Dios quiere para nosotras. Así que por más que suene muy bonito eso de “dejar que tu corazón te guíe”, ya sabes que no es nada cierto.

Entonces, si no debemos fiarnos de nuestros pensamientos, emociones, sentimientos y esa vocecita del corazón, ¿de qué debemos fiarnos? Debemos confiar en lo que Dios nos enseña, de lo que dice Su palabra (la Biblia) y lo que hemos aprendido de ella, pues, eso siempre va a estar por encima de lo que pueda dictar nuestro corazón. Dios es el todo, el que conoce lo que conviene, el que siempre ve el cuadro completo. Él sabe mejor que tu corazón lo que es correcto para ti.

“El corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos,” Proverbios 16:9.

Seis tips para aprender a escuchar la voz de Dios a través de Su Palabra

leer la biblia

En la actualidad, muchas personas son algo escépticas con respecto a “escuchar” la voz de Dios, incluso lo consideran una cosa del pasado o de la Biblia únicamente. Sin embargo, hoy en día también podemos escuchar la voz de Dios que nos habla y nos guía.

Primeramente, tenemos un manual de vida que es la palabra escrita: La Biblia. Dios dio hace muchísimos años a hombres sabios y dignos la posibilidad de plasmar los milagros y la historia del pueblo de Israel, así como los mensajes de Dios a sus hijos a través de pergaminos, tablas y cartas que, aunque fueron escritos en tiempos distintos, en conjunto conforman un conglomerado congruente y fiel a la historia y al carácter de Dios.

Comenzar a leer la Biblia es difícil, las primeras complicaciones aparecen cuando se asoman palabras desconocidas, o historias difíciles de entender considerando un contexto actual. Es por eso que, si deseas comenzar y no sabes cómo, o si lo has intentado, pero te rindes después del primer capítulo, puedo darte algunas recomendaciones para comenzar con buen pie y mantenerte animada a continuar.

1. Comienza con un corazón dispuesto

Antes de comenzar, lo primero que debes hacer es entregar en oración ese tiempo a Dios y asumir la mejor disposición de tu corazón para no solamente leer, sino escuchar con oído espiritual, meditar en la palabra e interpretarla para llevarla a la práctica. Puedes hacer una oración como esta:

“Dios, conoces el deseo que tengo de aprender de ti y escuchar tu voz. Por eso te entrego este tiempo, quiero leer tu palabra y que ella se vaya sembrando en mi corazón. Te pido me des entendimiento para poder tomar de cada lectura lo mejor, guardarlo en mi mente y recordarlo en el momento que más lo necesite. Amén”

2. Busca una versión fácil de entender

Hay muchas versiones con lenguajes más actuales que nos permiten entender mejor la secuencia de la lectura; incluso es bueno utilizar varias versiones para comparar desde distintas aristas los mismos versículos. Por mi parte, siempre leo Traducción Lenguaje Actual (TLA), Nueva Versión Internacional (NVI) o Palabra de Dios para Todos (PDT) las cuales son más comprensibles y, para iniciarte en la lectura bíblica, pueden llegar más a nuestro corazón.

Por supuesto, versiones tradicionales como Reina Valera tienen igual un impacto, sobre todo si tenemos años escuchando líderes o pastores recitando ciertos versículos que al final quedaron en nuestra memoria, por ello tienen un valor importante (ya están en nuestro corazón).

3. Comienza por los Evangelios

Mateo, Marcos, Lucas y Juan; cuatro apóstoles que relatan la historia de la venida de Jesús a nuestro mundo, las muchas enseñanzas que impartió durante su ministerio en la tierra y el sacrificio que hizo por toda la humanidad en la cruz. ¿Por qué comenzar por allí? Porque es la razón de toda nuestra existencia, es la cúspide de la Biblia, la historia más trágica y a la vez más conmovedora, aquella que nos da esperanza, perdón y nos hace entender la magnitud del más puro amor. El evangelio nos acerca al corazón de Dios.

4. No pretendas leer todo al mismo tiempo

Cuando leemos rápidamente la palabra podemos pasar por alto importantes mensajes de parte de Dios. Por eso es que es recomendable leer un par de capítulos por día, para que puedas realmente analizar lo que lees e inclusive intentar memorizar algunos versículos.

5. Utiliza marcadores o resaltadores

Para resaltar aquellos versículos que te gustaron o que hablaron de alguna forma a tu corazón. De esta manera, luego podrás buscarlos nuevamente y recordar lo que Dios habló a tu vida. Yo utilizo unos marcadores tipo post-it transparentes, vienen de colores y a cada color le asigné un tema. Por ejemplo: el color naranja me habló de “sabiduría”, el color verde de “liderazgo”, el color amarillo de “fe” y el azul me dio una “promesa”.

6. Hazlo en común acuerdo

Tal como cuando comenzamos una dieta o el gimnasio, nada como hacerlo en común acuerdo con otra persona que desea lo mismo. ¿Por qué? Porque cuando uno desmaya, el otro lo levanta. Así como cuando Moisés alzaba sus brazos al cielo para que Dios les ayudara a librar la batalla (Éxodo 17:11-13), cuando él se cansaba, Aarón y Hur lo sostenían para apoyarlo en su cansancio y no dejar de tener el favor de Dios; así podemos buscar compañeros de batalla que sostengan nuestros brazos al cielo y no dejar de buscar la guía y el favor de Dios a través de su palabra.

Existen muchas otras cosas que puedes hacer para mantenerte fiel a la palabra, puedes comenzar con estos 6 tips que te ayudarán a fidelizar tu lectura bíblica diaria. Y no te frustres, a todos nos pasa que nos atrasamos, nos cansamos o que pasamos una temporada lejos de la palabra, sin embargo, puedo decirte que cuando atravesamos nuestros desiertos y momentos oscuros, es la palabra sembrada en nuestra mente y corazón la que nos regresa la esperanza y nos levanta. Así que ¡ánimo! ella siempre está allí a nuestro alcance, recuerda regresar a ella con un corazón dispuesto, Dios desea que escuches su voz.

Me quedé sin amigas, ¿qué puedo hacer para no sentirme tan sola?

me quede sin amigas

Hace poco tiempo una de nuestras lectoras nos pidió consejo acerca de qué podía hacer en su tiempo libre, ya que se sentía muy sola porque se había quedado con pocas amigas y las que tenía estaban tan ocupadas en su propia vida que no tenían ya tiempo de compartir con ella.

¿En qué invierto mi tiempo? ¡quisiera tener un novio o alguien con quién compartir pero, ¡no quiero unirme a alguien solo por evitar mi soledad! ¿Qué hago? – Nos comentaba.

Entaconadas responde:

Hola,linda. Leo lo que nos cuentas y recuerdo algo que viví cuando empecé a buscar de Dios. En mi caso, cuando Dios empezó a trabajar genuinamente conmigo, fue quitando personas de mi lado, personas que eran mis amigos y a quienes quería mucho, pero que hoy entiendo no me convenían. Fue algo realmente duro para mí porque soy una persona muy sociable, y para ese entonces, lo único que tenía como distracción era salir con ellos o estar en sus casas (y era algo que hacía casi todos los días). ? Así que luego de un tiempo me encontré que me había quedado sola y no solo batallaba con la soledad, sino con la costumbre del estilo de vida que llevaba.

Recuerdo que igual seguía yendo a la iglesia pero no tenía ni siquiera amigos cristianos, eso se convirtió en algo que me empezó a afectar, pero como a Dios no le podemos esconder nada, hice dos cosas:

☝ Afiancé la relación con mi familia: Ahora hablaba más con mamá, con papá y con mi hermano; y lo segundo y más importante:

✌ Le pedí a Dios que me diera amigos que me edificaran: Y no me preocupé más por eso, porque ahora Él conocía mi necesidad, ¡así de simple! No pasaron ni dos meses cuando de manera inexplicable, estaba entablando amistad con varias personas. Y digo “inexplicable” porque de verdad ni sé cómo es que empecé a hablar con esas personas o si se me acercaron a mí, ? simplemente fue Dios supliendo mi necesidad.

Luego de un tiempo, entré en un proceso personal muy fuerte donde mi corazón salió muy lastimado de una relación fallida y para poder sanar por completo y de una vez por todas, tuve que tomar la decisión de apartarme por buen tiempo de TODOS esos buenos amigos que había hecho, ¿la razón? también eran los amigos más cercanos del chico que necesitaba superar, y bueno, resultaba inevitable que siempre coincidiéramos en reuniones (cosa que no me hacía nada bien); además había otra razón de la cual no era consciente y de la que te hablaré más adelante… En fin, así me vi bien sola de nuevo por varios meses, justo cuando más necesitaba en quién apoyarme (pensaba). ?

Te comento todo esto por tres razones:

1. Desconozco la razón por la cual dices que no tienes amigos, pero si se trata de que quienes eran tus amigos, Dios mismo los quitó de tu vida, entonces no sientas mal por eso, porque solo Él sabe con quién te conviene andar o no.

2. Dios conoce TODAS tus necesidades, pero también quieres que se las cuentes porque su Espíritu Santo es tu mejor amigo, así que pídele a Él que te dé amistades duraderas y fidedignas, no solo para pasar el rato, y ante todo ¡confía y reposa en que Él te las dará!, en vez de dejarte envolver por los sentimientos negativos que eso te genera.

3. A veces Dios nos cerca con un único objetivo: que dejemos de andar buscando el llenar nuestros vacíos con lo que alguien más puede darnos (consuelo, amistad, compañía, amor…) cuando sólo en Él esos vacíos pueden ser genuinamente llenados.

Invierte tiempo en cultivar tu relación con Dios:

Y hablando de acercarse más a Dios, justo eso fue lo que me pasó la última vez que me vi sola; en el momento que más anhelaba compañía y distracción, Dios mismo me llamaba diciendo: “¡Hey, no es con ellos, no es con tu mejor amiga ni alguien más; es conmigo que tienes que relacionarte más!”

En mi caso, Él me llamaba a tener más comunión con Él, a dejarme arropar por el Espíritu Santo y a conocerlo como mi amigo fiel, ese que nunca me abandona y al único que necesito para sentirme plena, aunque nadie más esté ahí. ?

En lo particular, y mientras escribo estas líneas, siento en mi corazón que parte de lo que estás viviendo es un llamado que Dios te está haciendo para que cultives tu relación con Él, ¿qué tan seguido estás hablando con Él? ¿Le has contado cómo te sientes? ¿Te estás ocupando de hablar más con Él a fin de entablar una relación, y no hacerlo solo por pedirle lo que necesitas?

Querida lectora, ¡cuídate MUCHO de malinterpretar esos vacíos! No es tiempo de abrir corazón a chicos, porque –por más que te repitas lo contrario, y como bien lo dices– andarás con alguien solo por acompañar tu soledad, y eso es muy delicado porque puede generar grandes consecuencias.

Cultiva tu relación contigo misma, tu desarrollo personal y tu buena autoestima:

Mientras trabajas en cultivar tu relación con Dios a diario, puedes cultivar tu relación contigo misma y hay ¡infinidad de cosas que puedes hacer! Sal a correr, ejercítate, ve a una plaza a leer un libro, explora tu creatividad, practica proyectos DIY, dibuja, escribe, cocina, inscríbete en un curso de algo que te guste hacer, ¡hay tantas maneras de ocupar tu mente y disfrutar de tu propia compañía! ¡La vida es mucho más que un computador o nuestro smartphone! Lo más importante lo tienes: ¡El tiempo! ☺ así que inviértelo sabiamente:

1. Cultivando tu relación con Dios (ese es el llamado primordial)

2. Cultivando tu relación contigo misma.

Y recuerda, ¡no te afanes por lo que aún no llega ni te sientas mal por nada! Mejor mira lo que tienes a la mano. Como dice la palabra de Dios en Eclesiastés 3:11; ❝Él ha hecho todo apropiado a su tiempo. También ha puesto la eternidad en sus corazones, sin embargo el hombre no descubre la obra que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin❞.

Ocúpate en descubrir esas maravillosas cosas… ☺ Háblalo con Dios y que sea Él quién te confirme lo que está demandando de ti en este tiempo. ? Recuerda que su presencia lo llena TODO, como lo dice su palabra: ❝Tú me enseñas el camino de la vida; con tu presencia me llenas de alegría; ¡estando a tu lado seré siempre dichoso!❞ Salmos 16:11.

Tres razones para hablar (orar) con Dios más allá de pedirle

orar

Aunque orar parece algo bastante fácil, a la mayoría de las personas nos cuesta hacer un hábito de ello y solemos orar solo cuando nos encontramos en una situación difícil. Orar es el medio que las personas utilizamos para comunicarnos con Dios, la oración es definida, como la acción de hablar con Dios.

Dios quiere que le hablemos, pero no solo cuando estemos en situaciones incómodas, sino en cualquier momento o etapa de nuestras vidas, en las tristezas pero también en las alegrías.

¿Por qué debemos orar? Hay varias razones por las que Dios quiere que le hablemos y le busquemos en oración.

1.Dios quiere que le hablemos

Sí, tan simple como eso. Iniciando por el Génesis, cuando el hombre pecó, Dios nos deja ver que quiere que vengamos a Él cuándo nos equivocamos, cuando hacemos algo mal o nos sentimos acorralados. Cuando pecaron, Adán y Eva se ocultaron al sentir la presencia de Dios pasearse en el huerto del Edén, y Dios le dijo: ¿Dónde estás? Me parece que Dios les estaba dando la oportunidad de que vinieran a Él y le contaran lo que habían hecho. De igual forma sucedió cuando Caín mató a Abel, Dios le preguntó: ¿Dónde está tu hermano, Abel? ¿Acaso no sabía Dios lo que había sucedido? ¡claro que sí!, pero Él quiere que le confesemos nuestras faltas.

2.Es la forma en que nos comunicamos con Dios

Aunque la tecnología ha avanzado mucho, Dios no tiene un número de whatsapp, un email o una dirección física en donde podamos enviar nuestras plegarias y darle gracias por las bendiciones recibidas. (Aunque mucha gente piensa que sí y se la pasa mandando cadenas sobre: “Di amen si crees en Dios”, “comparte la imagen si quieres un milagro”, etc.)

Dios es el dueño del mundo y el creador de todas las cosas, Él está en todas partes, podemos acceder a Él en cualquier momento y a cualquier hora sin necesidad de herramientas adicionales. La forma establecida para comunicarnos con Dios es mucho más sencilla que todo esto, es simplemente hablarle, abrir a Él nuestro corazones.

3.Hasta Jesús oró

Jesús, el hijo de Dios, sintió la necesidad de orar y nos enseñó y dio ejemplo de su vida de oración a través de las escrituras. El ministerio de Jesús comienza orando. En Lucas 3:21-22 leemos:

“Y aconteció que cuando todo el pueblo era bautizado, Jesús también fue bautizado: y mientras El oraba, el cielo se abrió, y el Espíritu Santo descendió sobre El en forma corporal, como una paloma, y vino una voz del cielo, que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido”.

Si el hijo de Dios se presentaba en oración, mucho más nosotros. Todo lo que hacemos, nuestros proyectos, cada decisión a tomar debemos presentarla ante Dios, pedir su dirección y confirmación sobre las acciones que tomamos en nuestras vidas.

En Lucas 5:15-16 leemos que, con frecuencia, Jesús pasaba tiempo a solas en oración y eso responde la pregunta sobre cuánto tiempo debemos orar, pues, frecuentemente. Y no necesariamente debe ser arrodillado, podemos hacerlo en una sala de espera, en el transporte público y a la hora del descanso. Nosotros desperdiciamos mucho tiempo en tonterías en vez de llenarnos de Dios.

Muchas veces Dios toca nuestro corazón cuando quiere que pasemos tiempo con Él, de noche, de madrugada, en la iglesia, en la casa y elegimos pasarlo por alto.

Es importante que quede en nuestras mentes y nuestros corazones que la oración es la forma en que nos comunicamos con Dios. No hay otra forma, no hay otro medio, no hay otra herramienta, solo humillarnos y presentarnos en oración delante de Él. Hasta Jesús oró. Si Jesús, el hijo de Dios, quien vino del cielo y en verdad le conocía tuvo necesidad de orar, aún más nosotros necesitamos orar, y así poder vencer al enemigo, sus tentaciones y no ceder a las debilidades de nuestra carne. Dios quiere que le hablemos y hay muchas ilustraciones en la biblia que nos hablan acerca de esto y que debemos tomar como ejemplo.

Mis Recomendaciones:

  • Establecer un lugar para tener intimidad con Dios.
  • Determinar una hora del día.
  • Ora en cualquier tiempo y lugar.
  • Toma nota de tus acciones de gracia y peticiones, especialmente si le prometes a alguien que le llevarás en oración. (Honra tu palabra)

Mi oración en este momento es que Dios derrame un avivamiento sobre su pueblo, y que nuestro tiempo de oración no sea solo para pedir y quejarnos, sino para llevar propósitos específicos y necesidades reales delante de Dios y podamos así ver su mano obrar en nuestras vidas.

Amo a Dios pero reincido en la inmoralidad sexual ¿cómo puedo parar?

inmoralidad sexual

Hace poco una lectora me contaba cómo, en el pasado, había tenido prácticas dañinas en el ámbito sexual. Prácticas que al conocer a Dios había logrado controlar, pero luego de una fuerte decepción amorosa que le había dejado una relación “aparentemente prometedora” con un chico que compartía su fe –la cual había terminado de buenas a primeras y sin razones aparentes–, quedó tan devastada que volvió a recurrir a sus antiguas prácticas con chicos, esas que tanto la avergonzaban.

Su corazón estaba claramente arrepentido, pero no sabía bien cómo hacer para dejar atrás su reincidencia en la inmoralidad sexual. Si estás viviendo algo parecido, sea cual sea tu problema (pornografía, masturbación, relaciones sexuales fuera del matrimonio, adulterio, entre otros), lo primero que quiero decirte es que no estás sola, que entiendo lo que dices, y que aunque te cueste creerlo, comprendo exactamente cómo te sientes.

Sé que en las iglesias se habla poco de estos temas, en especial si eres mujer, y es por ello que consideré importante compartirte lo que le respondí aquel día a aquella lectora, esperando que pueda ayudarte a ti también.

Llenando los vacíos de forma incorrecta:

Aunque hace muchos años había aceptado a Jesús, no fue sino hasta hace 6 años que empecé a tener encuentros genuinos con Él, encuentros que me transformaron y me dieron identidad en Él. Ese proceso empezó justo dentro de la misma iglesia, a raíz de una relación fallida con un chico cristiano que me devastó en todos los sentidos posibles.

Si bien no hay pecado mayor que otro, la Biblia es clara cuando nos habla de la inmoralidad sexual. 1 Corintios 6:18 nos dice que es el único pecado que no está fuera del cuerpo, pero en lo particular me llama la atención como lo refleja la versión TLA:

“No tengan relaciones sexuales prohibidas. Ese pecado le hace más daño al cuerpo que cualquier otro pecado”.

En mi caso, había intimado con tantos chicos que traía todo eso acumulado (años de rechazo, falta de estima, necesidad de amor y aceptación), y el hecho que mi relación con este chico cristiano fuera tan bien me hizo convencerme (antes de tiempo) que era TAN de Dios, que llené todos los vacíos que le correspondían a Dios con él (aceptación, amor, identidad…). Por eso, cuando la relación acabó (también me dejó por alguien más), eso solo implosionó en mí todo lo que traía acumulado, llevándome a una muerte espiritual que conllevó a una depresión severa, a reincidir en mi pecado, a una anorexia y casi a la muerte física.

No había una noche que no llorara y que no me odiara por ser así, por preguntarme qué ¿había hecho mal? Y aunque lo perdoné, mi dolor era tal que dejé de orar a Dios y me dediqué a llorarle, porque sentía que no había palabras que ya no hubiese dicho para pedirle que me liberara y sanara de todo lo que sentía.

Pero su amor es tan fiel que en esas madrugadas que me dispuse a estar con Él, donde solo me rendía a llorar, sin entender nada, deseando solo que Dios estuviera conmigo y consolara mi corazón, en esos momentos de suprema angustia, dolor y desesperación, sin darme cuenta, Él fue transformando mi corazón; pero después comprendí que eso sucedió cuando empecé a reconocer mi condición y extrema necesidad de su intervención, porque ya no era solo un llanto de lamento y desahogo, sino que era un llanto de perdón y clamor por intervención.

Reconociendo el problema y tomando acción:

La biblia nos enseña que la tristeza del mundo produce la muerte, pero la tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a salvación (2 Corintios 7:10). Aún en el proceso, esas noches con Él me hicieron recobrar ciertas fuerzas para tomar pequeñas pero contundentes acciones para cortar con todo lo que me dañaba, y eso incluyó contacto con personas; algunos no lo entendieron y dolió, pero si quería que Dios me sanara, debía cortar con todo y todos los que me conducían a ese círculo vicioso en el que estaba.

Recuerdo que por meses me quedé sola, y como la soledad no es buena consejera, me acerqué más a mis padres cristianos, me dediqué a servir en lo poco y a cultivar mi área espiritual en lo que pudiese, porque como dicen por ahí: “la mente ociosa es oficina del diablo”, en fin, me dejé arropar en lo íntimo por el amor de Dios, fue así como me recordó que su amor nunca caduca, y sentir su amor cuando ni siquiera yo misma podía amarme, fue lo que me restauró.

La relación que cambiará tu vida:

No importa cuán indigna te sientas, cada vez que pides perdón, Jesús dice: “ya te perdoné, una vez y para siempre, hace 2017 años atrás, cuando me hice maldición por ti”. Solo que el peso del pecado nos hace creer que somos indignos, cuando es justo en esa condición que Jesús desea que nos acerquemos a Él para transformarnos en su amor y volvernos a llevar a la cruz, a fin de recordarnos su verdad, nuestra única verdad.

Nena, ¡el Rey te está llamando! Él está tocando a tu puerta porque anhela mostrarte que eres sumamente amada, pero para llenar esos vacíos necesita que te dejes arropar por Él, que deseches todo pensamiento, sentimiento y concepción que tienes de ti, y te entregues por completo en sus brazos. En la intimidad, Él aguarda por ti justo así como estás; tan solo anhela su intervención y contra todo pronóstico, distracción, y aunque duela, ¡disponte a ello!

La religión nos hace cambiar nuestras actitudes, pero la relación transforma nuestras vidas. El tiempo de atender el llamado es ahora…

Después de todo lo que he hecho ¿Puede Dios perdonarme?

Dios perdonarme

“Es que si supieras todo lo que he hecho, no perderías tu tiempo hablándome de Dios, no creo que Él esté interesado en alguien con mi recorrido, yo soy lo que soy y ya para mi no hay remedio”.

Me comentaba Alina, una chica cuyo pasado difícil había marcado su adolescencia y adultez temprana llevándola a tomar decisiones y caminos equivocados. Pero, ¿será eso cierto?, ¿podría su vida no tener remedio?, ¿podrá un pasado y presente oscuro obstaculizar la obra de Dios en la vida de una persona?

Esta historia no se trata simplemente de Alina, se trata de ti y de mí, se trata de todos los que, arrastrados por el título de este artículo, han decidido hacer click y leer lo que Dios ha puesto en mi corazón para decir hoy sobre el tema, sobre nuestras fallas, pero sobre todo, sobre nuestra culpa y sobre ese deseo enorme que todos tenemos en algún momento de nuestra vida de no sentir más vergüenza delante de Dios y de la gente por causa de nuestros actos. Todos somos o hemos sido Alina en algún momento, algunos lo admiten, otros no, y está bien.

Para ti que me lees, primeramente quiero decirte una cosa:

«Aquél de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra» dijo Jesús en Juan 8:7

Porque aquí no estamos para juzgarte, sino para ayudarte y hacerte entender una cosa y es que Dios te ama a pesar de lo que hiciste. Si, así como lo lees. Quizás aún no lo sepas, pero esa inquietud en tu corazón y ese sentimiento de culpa en el fondo son una buena señal, esa señal que indica que tienes un corazón arrepentido y esto está muy bien.

¿Y qué hago ahora? Quizás te preguntes. La respuesta es bastante sencilla, solo debes abrir tu boca y admitir ante Dios tu arrepentimiento, ponerle fin al asunto y no volver a caer en lo mismo. Te prometo que Dios no solo te va a escuchar, sino que te va a perdonar y va a olvidar lo que has hecho para siempre. Su palabra dice:

«…pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad», 1 Juan 1:9.

«Yo hago nuevas todas las cosas», Apocalipsis 21:5.

Estas palabras nos confirman una cosa, y es que Dios no solo puede, sino que Él quiere, anhela y desea renovar tu vida, que comiences de nuevo y no mires más atrás. Sin embargo, sigamos leyendo, vamos a remontarnos al antiguo testamento, en el libro de Ezequiel, en el cual se nos revela que Dios dijo lo siguiente:

«Y si condeno a morir a un malvado, y este deja el pecado y actúa bien y con justicia, y devuelve lo que había recibido en prenda o lo que había robado, y cumple las leyes que dan la vida y deja de hacer lo malo, ciertamente vivirá y no morirá. Puesto que ahora actúa bien y con justicia, vivirá, y no me acordaré de ninguno de los pecados que había cometido

Como verás todo encaja, Dios es el mismo hoy, ayer y siempre, y su propósito para tu vida es mayor que tus errores, va mucho más allá de tus fallas, no hay pasado demasiado oscuro que el no pueda volver blanco como la nieve. Entonces podemos afirmar que SÍ, Dios puede y quiere perdonarte.

No obstante, Dios es un caballero, y no va a obligarte a nada, Él quiere que seas tú quién de el primer paso, que te acerques, que lo busques, que te entregues, porque solo así Él sabrá que tiene tu permiso para entrar en tu vida y sanarte, limpiarte, restaurarte.

¿Y qué pasará si recaigo? Bueno, Él sabe que el cambio no será de la noche a la mañana, está bien, Dios tiene mucha paciencia con cada uno de nosotros y tu caso no es la excepción. No importa si al principio solo das pasitos de bebé, éstos también cuentan, lo importante es que avances, Dios no quiere personas atrapadas en el pasado, Él quiere darte un mejor futuro y una esperanza. En caso de recaídas, ¡vuelve a comenzar! nuevamente arrepintiéndote y confesándole a Dios lo sucedido, pero no lo tomes por costumbre ¡eh!, mira que Dios es bueno, pero no es tonto.

Así que ya lo sabes, no dejes que tu sentimiento de culpa pueda más que tu deseo de salir del abismo, Dios puede usarte aunque no estés calificada, ¡date esa oportunidad! Entonces, ¿qué dices? ¿Te atreverías a dar el primer paso?