La sumisión no te hace una mujer débil

sumisión

Las mujeres tenemos un lugar especial dentro del hogar dado por Dios, porque Él conoce nuestra fortaleza. Tenemos la habilidad de usar la sumisión a nuestro favor; tenemos la capacidad de guardar silencio y dejar pasar ciertas situaciones, no por debilidad sino, porque entendemos cuándo no es el momento oportuno, especialmente si los ánimos están descontrolados o nos estamos llenando de ira. Somos estrategas innatas en la resolución de conflictos.

Es cierto que muchas mujeres han descuidado su papel en la sociedad por querer mostrarle al mundo que son capaces. Está más que demostrada nuestra capacidad en diferentes áreas dentro de la sociedad, pues, física y emocionalmente somos fuertes y no necesitábamos salir de casa para comprobarlo: Tenemos la capacidad de ser madres, llevamos un ser dentro de nuestro cuerpo durante nueve meses, soportando malestares e incomodidades de diferentes tipos, pasamos horas con dolor de parto y todo lo que ésto conlleva… Si esto no evidencia que somos fuertes, nada lo hará. Además, luego de ser madres, las responsabilidades y deberes aumentan ya que nos convertimos en mujeres domésticas, psicólogas, paramédicos, cocineras, chofer y un sinfín de cosas más.

La sumisión dentro del hogar es muy importante porque dos no pueden ser cabeza; como verás, es cuestión de liderazgo. Que alguien más lleve el liderazgo no significa que el resto del equipo no piensen o puedan tener buenas ideas; se trata simplemente de trabajo en conjunto, donde cada quien tiene una responsabilidad diferente y eso no te hace inferior. Se trata de entender que como mujer, eres una pieza importante y si faltas, las cosas seguirán su curso pero no serán igual; por eso es que debemos desempeñar nuestro papel sin importa a qué altura de la escalera estemos.

Somos parte de un gran engranaje en donde no podemos delegar nuestra función y estas son algunas características que, como mujeres, nos define:

  • Somos empáticas por naturaleza, es decir, nos resulta fácil ponernos en la piel de otros y alentarlos.
  • Somos activistas, pues, reconocemos las debilidades del sistema que nos rige y enfrentamos la situación.
  • Somos sensibles ante la presencia de Dios, por lo que le buscamos e intercedemos por los nuestros de formas diferentes, y oramos por las necesidades de quiénes nos rodean, incluso, de aquellos que están lejos.

Sumisión y debilidad no son sinónimos. Como mujeres, somos muy capaces. Dios entregó al hombre y a la mujer las características y cualidades para que puedan complementarse y dos iguales no se pueden complementar, ya que sería cómo tratar de unir dos polos opuestos; simplemente, no sería posible. Por eso, aún dentro de nuestras diferencias, tanto el hombre como la mujer cuentan con las fortalezas y capacidades para desempeñar el rol que a cada cual les compete.

La biblia está llena de historias sobre mujeres admirables, fuertes y temerosas de Dios. Es digno de honra el trabajo que muchas mujeres han logrado hacer y los lugares prominentes a los cuales han llegado, pero muchas han pagado un alto precio: sus esposos e hijos son delegados a un plano de menor importancia y a veces hasta alegan que lo hacen por ellos, sin saber si es eso lo que ellos quieren, lo que necesitan o bien, sin entender que sacrifican a su familia mientras se desgastan en demostrar su capacidad. Otras veces ni siquiera tienen tiempo para formar un hogar, derivando esto a una vejez llena de soledad y sin recompensa. Tampoco me malentiendas, no es malo ser profesional, trabajar por tus sueños, crecer, ser emprendedoras y ocupar lugares importantes; el problema se da cuando dejamos de lado a Dios y a quiénes nos aman, ya que al final pagaremos un precio muy alto.

Ser sumisas es ejecutar nuestro papel con la mayor responsabilidad y amor posible sin dejar de amarnos a nosotras mismas. Si Dios dice: “ama a tu prójimo cómo a ti mismo”, queda implícito el hecho que debemos amarnos sin permitir ser humilladas, subyugadas, despreciadas o deshumanizadas, convirtiéndonos así en débiles y por lo general, en mujeres maltratadas; NO, la sumisión no se trata de eso.

Dios no sólo nos hizo bellas, también nos hizo inteligentes, diligentes, amorosas, sensibles, esforzadas, sacrificadas, pero sobre todo, nos hizo fuertes.

El mejor consejo para superar el rechazo

¿Alguna vez te has sentido rechazada? Creo que la sola palabra rechazo me causa un poco de dolor, pero la verdad es que pocas personas se escapan de esta sensación. Quizás fue tu padre quien no cuidó de ti, quizás tu madre descuidó su relación contigo, quizás te compararon con alguien, quizás eras la “rara” de la clase, quizás fue ese chico guapo que te ilusionó solo para terminar diciéndote que le gustaba tu amiga y que solo se acercó a ti para llegar a ella. ¿suena duro, verdad? Sé que lo es. Según el diccionario, la palabra rechazo significa: no aceptado, no admitido.

El ejemplo de Lea

Existe en la Biblia un claro ejemplo de una mujer rechazada, por si no has oído de ella, su nombre fue Lea. Cuenta la historia que Lea era la mayor de dos hermanas, sin embargo es descrita como “el patito feo” de la familia, en comparación con su hermana menor, Raquel. Por aquella época, su primo Jacob conoció a Raquel y quedó enamorado de su belleza, por lo que la pidió en matrimonio, pero Labán; el padre de ambas, engañó a Jacob y le entregó por esposa primero a Lea, ya que era costumbre que la mayor se casara primero. Y así fue como Jacob terminó con dos esposas, que a la vez eran hermanas.

La Biblia cuenta cómo Jacob amaba a Raquel, sin embargo, no así a la pobre Lea. ¿Se imaginan lo que debió sentir Lea? Ser rechazada por su propio esposo, no deseada, no amada, viviendo siempre bajo la sombra de su hermana menor; su vida parecía que no tendría un futuro muy alentador, sin embargo, Lea lejos de guardar rencor, se acercó más a Dios en la búsqueda del amor que necesitaba para llenar su corazón, y Dios, en su infinita misericordia y amor, hizo de aquel “patito feo” el más hermoso cisne ante los ojos de su esposo, pues le dio muchos hijos y el privilegio de ser la madre de seis de las doce tribus que conformaron la nación de Israel, convirtiendo a Lea con el tiempo, no solo en la esposa preferida de Jacob, sino en un personaje histórico importante.

¿Y qué hay de tu historia?…

Tal vez en el pasado fuiste rechazada, o quizás es algo que vives en tu día a día, sin importar cuál sea tu caso, me atrevería a decir que puede que sientas algo de resentimiento a causa de esto, entre otros sentimientos negativos que surgen a raíz del dolor de sentirnos rechazados. Amiga, no importa cuál sea tu historia, existe alguien que nunca va a rechazarte y ese es Dios.

Siéntete libre, porque Dios te acepta con todo y tus manías, tu pasado, tu presente y aún con los errores que ya Él sabe que cometerás en el futuro, porque no somos perfectas. Si tú supieras cuánto Dios te anhela, cuánto desea tu amor, saldrías corriendo a sus brazos. No tengas miedo, Él te ama, y su amor es superior al que pueda brindarte cualquier ser humano. Si tu padre biológico te rechazó, Dios desea ser tu padre espiritual. Si fuiste comparada con otra persona, Dios desea susurrarte al oído todas las cualidades que puso en ti que te hacen única. Si un amor te abandonó, Dios anhela estar a tu lado toda la vida para amarte. Él te ama, Él te desea, Él te anhela, Él lo ha dado todo por ti y te está esperando con los brazos abiertos.

Dios no quiere que te veas como un patito feo, cuando Él te ha hecho todo un cisne. Él tiene planes maravillosos para tu vida, solo debes acudir a Él y confiar en su soberanía y poder para hacerte una mujer sana y libre emocional y espiritualmente.

¿Impaciente? Tips para aprender a esperar el tiempo de Dios

Una de las cosas que más nos cuesta a muchas, es la de aprender a esperar. Vivimos en un mundo acelerado e impaciente, donde todo es urgente, donde parece que corremos una carrera contra reloj para lograr las cosas que queremos, cuando las queremos.

Sí, somos impacientes, nunca estamos conformes, siempre queremos más y lo queremos ¡ya!

Cuando somos niñas, queremos ser grandes, jugamos con el maquillaje de mamá y nos ponemos sus tacones y vestidos. Cuando llegamos a la adolescencia, a veces nos frustramos por no tener una voluptuosa figura de mujer, o porque no nos dan permiso para depilarnos las cejas y piernas. Cuando somos estudiantes, queremos graduarnos ¡ya! para trabajar. Cuando somos solteras, queremos que llegue ¡ya! el indicado para casarnos. Cuando estamos casadas queremos una casa grande, el auto, los hijos, y pare de contar. Nunca estamos conformes, siempre queremos más y lo queremos ¡ya!

Lo que a veces no somos capaces de ver es cuánto daño nos hace esto.

El afán, el estrés y las preocupaciones, no nos llevan a nada, créanme, se los digo por experiencia. No es fácil esperar, pero cuando confiamos que tenemos un Dios sobrenatural, cuando tenemos fe en que Dios es nuestro suplidor, nuestro redentor y nuestro Padre amado, toda duda se disipa, todo miedo se esfuma y es en ese preciso momento, cuando aún en medio de la tempestad del día a día, de los problemas y las frustraciones, que podemos sentir paz.

Amiga, hoy quiero decirte que no te desesperes

Y antes de todo acude a la oración. Pídele a Dios y Él te responderá en su tiempo y según su voluntad. La buena noticia es que tenemos un Padre que no nos desampara. Dios es nuestro Padre y como tal, Él quiere lo mejor para ti y para mí. Porque si aún nuestros padres terrenales quieren lo mejor para nosotras, ¿cuánto no querrá Dios que logremos?

Sin embargo, no seamos sabias en nuestra propia opinión, quizás lo que tú quieres para ¡ya! te parezca bueno, pero Dios tiene otra cosa para un poquito más tarde que será ¡muchísimo mejor! ¿Comprendes? Él puede ver más allá de lo que tú o yo jamás podamos imaginar, Él es Dios.

Para finalizar, quiero regalarte algunas citas bíblicas que puedes memorizar o anotar para leer cuando lo necesites:

“Pero ustedes, hermanos, tengan paciencia y no se desesperen, pues ya pronto viene Cristo el Señor. Hagan como el campesino, que con paciencia espera la lluvia, y también espera que la tierra le dé buenas cosechas”; Santiago 5:7 TLA.

“Calla en presencia de Dios, y espera paciente a que actúe; no te enojes por causa de los que prosperan ni por los que hacen planes malvados”; Salmos 37:7.

“Toda mi esperanza la tengo puesta en Dios, pues aceptó atender mis ruegos”; Salmos 40:1 TLA.

“Y así, habiendo esperado con paciencia, Abraham obtuvo la promesa” Hebreos 6:15 NBLH

“Espero en el Señor; en Él espera mi alma, y en Su palabra tengo mi esperanza”; Salmo 130:5 NBLH.

10 formas de orar en tiempos difíciles

A pesar del motivo que haya para las dificultades que atrevieses, orar en tiempos difíciles causará una diferencia positiva en el desenlace. Cada día tienes otra oportunidad para afectar tu futuro con las palabras que le dices a Dios. No te preocupes por el número de veces que las repites, Dios escucha tu oración cada vez como si fuese una nueva.

Tu oración tiene una nueva vida cada vez que las dices

Aún si no ves respuesta inmediata, cada oración pone algo en movimiento. Hay muchas cosas que pasan en el reino espiritual que no ves y cuando oras por necesidades específicas, algo pasa a tu favor.

Te enseño 10 formas de orar en tiempos difíciles:

1.Ora por sabiduría

Cuando no tomamos buenas decisiones en nuestra vida, pagamos un precio y nunca estamos en mayor peligro que cuando estamos bajo estrés o sufrimiento. En esos momentos es fácil tomar una decisión nacida de la desesperación, así que siempre es bueno pedirle a Dios sabiduría y entendimiento.

 2. Ora por la ayuda del Espíritu Santo

Cuando estamos en medio de un tiempo difícil o de alguna desilusión, nos cuesta pensar más allá del dolor pero muchas veces debemos pasar por esos momentos. De igual forma, el Espíritu Santo está ahí para ayudarnos siempre.

En algunas traducciones de la Biblia, el Espíritu Santo es llamado El ayudador. 

Jesús le dijo: Y yo le pediré a Dios el Padre que les envíe al Espíritu Santo, para que siempre los ayude y siempre esté con ustedes. Juan 14:16.

3. Ora para pensar como Jesús piensa

La Biblia dice que nosotros tenemos la mente de Cristo:

«¿Quién sabe lo que piensa el Señor? ¿Quién puede darle consejos?» Pero nosotros tenemos el Espíritu de Dios, y por eso pensamos como Cristo. 1 Corintios 2:16.

Si le pides a Dios que te ayude a pensar como Él piensa, te capacitará para sobrellevar el sufrimiento. En otras palabras, Él te ayudará a enfocarte en el bien que traerá esta situación en vez del sufrimiento que estás experimentando.

4. Ora por un sentir mayor de la presencia de Dios

En tiempos, difíciles pídele a Dios que te ayude a sentir su presencia de una manera más fuerte cada día.  El sentir la presencia de Dios a tu alrededor te ayudará a aumentar tu fe y a no ser dominada por la duda.

Todos deseamos llegar al lugar donde no tenemos temor, donde tenemos un corazón firme y confiado en Dios, queremos sentir la presencia de aquél que libera nuestra alma, nuestros ojos de las lágrimas y nuestro pies de caer. Queremos decir: “no temeré porque sé que el Señor está conmigo”. Cuando sientes la presencia de Dios, el temor se va y llega la esperanza.

5. Ora para permanecer en la palabra de Dios

Cuando la tormenta cae implacable a tu alrededor, debes estar agarrada de algo sólido e inamovible. No hay nada más sólido que la palabra de Dios; en la Biblia leemos de las promesas que Dios tiene para mí y para tí y eso te da esperanza.

6. Ora para ver lo bueno en las cosas malas que pasan

Ninguna de nosotras disfruta el dolor, la incertidumbre, las luchas o las frustraciones; pero los momentos difíciles no vienen sin traer también algo bueno.

Hay cosas que nos suceden en esos momentos que son tan preciosas como un diamante. ¿No te ha pasado? Es allí que tenemos la oportunidad de experimentar la presencia de Dios de una manera más profunda. Cuando nos aferramos a Él, Dios mismo nos revela lo bueno que está justo delante de nosotros y no logramos ver.

7. Ora para que todas tus expectativas estén solamente en Dios

La desilusión y el sufrimiento son inevitables porque la vida nunca podrá satisfacer nuestras expectativas. Las cosas muchas veces no salen de la manera que queremos, pero cuando ponemos nuestra esperanza en el Señor y reconocemos que nuestra ayuda viene solo de Él, eso quita la presión que ponemos en otros para que satisfagan nuestras necesidades.

Cometemos un error al esperar demasiado de la gente y de la vida y de nosotras mismas.

Nuestras expectativas deben estar en Dios. No huyas hacia los brazos de otros por amargura o falta de perdón, en vez de eso, corre hacia los brazos de tu padre para que te abrace y te sostenga.

8. Ora para que puedas perdonar a otros

Nuestros momentos de dolor y dificultad casi siempre ocurren cuando alguien nos falla, pero nuestra felicidad y realización personal no depende de otros, depende de Dios. Muchas veces confiamos en otros para ciertas cosas y sé que es doloroso cuando ellos nos fallan, pero el gozo de nuestra vida no depende de ellos. Tenemos que perdonar  y no continuar sufriendo por lo que otros hagan o dejen de hacer; a fin de cuentas, nuestra recompensa está en las manos de Dios.

9. Ora para que Dios te ayude a perdonarte a ti misma

Es devastador cuando creemos que hemos fallado de alguna manera o somos responsables por lo malo que haya pasado. Quizás pasó por nuestra falta de cuidado y nos torturamos permitiendo que nuestro lamento y condenación golpee nuestra alma como un martillo gigante; ese es un peso que no podemos cargar y que no fuimos diseñados para cargar, aún cuando tenemos que pagar las consecuencias por las malas decisiones tomadas, Dios está ahí para sacar algo bueno de lo malo. En nuestras peores fallas, Dios redime todas las cosas cuando le imploramos en humildad.

10. Ora para que no te desanimes

El desánimo puede ser muy abrumador, piensas que estás firme y de repente, en un momento de cansancio, el desánimo te inunda y amenaza con ahogarte.

A pesar de que pueda parecer una eternidad la espera en tiempos de dificultad  y sientas como si ya no tuvieras la fuerza para enfrentar la situación por más tiempo, repítete a ti misma que todo lo puedes en Cristo que te fortalece. Filipenses 4:13, “Cristo me da fuerzas para enfrentarme a toda clase de situaciones. Declara “Descansaré en el Señor y esperaré en Él” salmos 37:7

Dios es famoso por contestar oraciones en un abrir y cerrar de ojos, ese día podría ser hoy, no te rindas.

 

Inspirado en el libro Cómo orar durante las tormentas de la vida por Stormie Omartian.

 

Ocho cosas que Jesús nos dijo sobre la ansiedad

Muchas mujeres nos llenamos de ansiedad, como si Dios no supiera lo que hace. Él no está distante de nuestros sentimientos o preocupaciones. En la Biblia vemos como Jesús trata con la ansiedad de una forma radical. Por ejemplo en Mateo 6:25-34 nos dice tres veces que no estemos ansiosos y nos da ocho razones de no estarlo.

Escucha las cosas que Jesús quiere decirte y aplícalas a tu alma 😍

Ora así: ”Alma, esto es verdadero. Jesucristo lo dice. Confíale. Él murió por ti. Te ama. Él te creó. Te conoce. Nadie – ningún consejero, ningún pastor, ningún amigo – te conoce como él. Escúchale. Deje que estas razones penetren. Descanse en ellas. Ahora, levantémonos y hagamos lo que necesitamos hacer. Adiós, ansiedad.”

🙏 Aquí ocho cosas que Jesús nos dijo sobre la ansiedad:

1) La vida es más que la comida y el cuerpo más que la ropa (Mateo 6:25).

2)Dios alimenta a las aves y tú eres más valioso que ellas (Mateo 6:26).

3)La ansiedad no tiene sentido. No añade ni una hora a tu vida (Mateo 6:27).

4)Si Dios viste a la hierba efímera, te vestirá a ti, una criatura eterna (Mateo 6:28-30).

5)Los incrédulos están ansiosos por cosas. Y tú no eres un incrédulo (Mateo 6:32a).

6)Tu padre sabe que necesitas todas estas cosas por las cuales estás ansioso (Mateo 6:32b).

7)Cuando buscas primero el reino de Dios y su justicia, lo que necesitas te es añadido (Mateo 6:33).

8) Suficiente para el día es su propio afán. El afán de mañana se queda allí (Mateo 6:34).

El día que comprendí la gracia de Dios

El otro día conversaba con un amigo acerca de esas batallas que peleamos en distintas áreas de nuestras vidas y pude ver cómo el querer alcanzar un estándar de rectitud se vuelve tan abrumador que perdemos de vista las pequeñas victorias que obtenemos.

Como hombre, estamos envueltos en una sociedad que incentiva dar rienda suelta a todos nuestros deseos, indiferentemente si sea conveniente o no; puedes estar en medio de una batalla contra el licor o el cigarrillo y enfrentarte a un contexto en donde todo te invita a no dejarlo. Como cristiano, puedes desear profundamente mantenerte en pureza sexual y luchar cada día por evitar miradas inadecuadas a mujeres que evidentemente se visten para provocar.

Mi amigo me compartía su satisfacción por haber ganado una batalla que naturalmente perdía frente al alcohol, yo lo felicitaba y compartía su alegría; sin embargo, le decía que, aunque la hubiese perdido, Jesús podía borrar esa derrota, dándole la oportunidad para obtener una nueva victoria.

Como seres humanos, nuestra tendencia es al pecado; sentimos culpa, y nos avergonzamos ante Dios porque fallamos, es aquí cuando muchas veces no entendemos la gracia de Dios. La gracia no justifica el error, pero sí es una oportunidad para hacer las cosas de una mejor manera.

Dios conoce nuestros corazones y si nos esforzamos en fortalecer esas áreas que nos cuestan, podemos volver a sus pies para encontrar nuevamente su amor. El pecado muchas veces nos hace alejarnos de Dios, pero su gracia es un puente para acercarnos a Él. Las pequeñas victorias hay que celebrarlas y tomarlas en cuenta.

Entendiendo la gracia de Dios

En los años que tengo como seguidor de Jesús, escuchaba sobre su gracia y predicaba sobre ella, pero no fue hasta el momento en que lo único que tuve fue eso, que la entendí.

Hace poco tiempo perdí una batalla en la cual deshonré a Dios, mis valores e hice daño a seres queridos que creían en mí. La culpa llenó mi corazón de desesperanza, pues no me sentía merecedor del perdón. A pesar de que tomar una mala decisión ha traído consecuencias difíciles, a través de la confesión y el arrepentimiento pude recibir el perdón de Dios, de mis seres queridos y levantarme. Entendí por primera vez en cuatro años la gracia de Dios, me dejé arropar por ella teniendo muy en cuenta que él murió por los pecados que he cometido, por este que cometí y los que voy a cometer, trabajando conscientemente en lo que debo para no volver a tropezar.

“pero Él me dijo: Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo”; 2 Corintios 12:9 (NVI).

La gracia te limpia, pero no te excusa. Es lo que te impulsa a una mejor versión de ti. ¡Qué poderosa puede ser una mala experiencia, para corregirte, levantarte y usar ese testimonio para mostrar esperanza al caído!

La paradoja del cristiano sin misericordia

Luego de toda esta experiencia, pude ver que la raíz de esa culpa que sentí en mi corazón era que para mí mismo era muy difícil perdonar. Reflexionaba en esos días la frase del Padre nuestro que dice “perdona nuestros pecados, como nosotros perdonamos a quienes pecan en contra nuestra”; esa parte de la oración que nos enseñó Jesús, nunca la comprendí hasta que me sucedió esto. Estoy siendo retado a perdonar como fui perdonado y a tener misericordia como la han tenido conmigo.

El otro día, me encontraba en la iglesia y una persona con la que conversaba, cuestionó una de mis amistades por su historia y sus luchas. En ese momento me di cuenta que muchísimas personas – lamentablemente también dentro de la iglesia– no han recibido lo que yo recibí. Comprendí por qué tantos se van de la iglesia o ni si quiera se acercan a alguien para abrir su corazón. El juicio genera una herida que perjudica la vulnerabilidad de quien es juzgado, pues cuando tienen la suficiente valentía para confesarse, reciben juicio sobre misericordia y reglas sobre gracia.

Cuando Jesús estaba en la tierra, estuvo entre personas enfermas y necesitadas. En Marcos se refleja el momento en el que se sentó a comer junto con pecadores; los líderes religiosos lo señalaron, preguntando a sus seguidores “¿por qué su Maestro come con cobradores de impuestos y personas de mala fama?”, a lo que Jesús les contestó: “Los que necesitan al médico son los enfermos, no los sanos. Y yo vine a invitar a los pecadores para que regresen a Dios, no a los que se creen buenos” (Marcos 2:17, TLA).

Cristiano, te pregunto: ¿Te estás sentando a comer con gente de mala fama? ¿A cuántos enfermos les estás dando la buena noticia? ¿Hay entre tus allegados alguien a quien estés acercando a Jesús? O solamente te rodeas de personas “buenas”.

Si nuestro modelo a seguir es Jesús, ¿por qué seguimos lejos de los enfermos?

Esta reflexión nos debe llevar a una acción, por lo cual he decidido que este nuevo año que comienza seré diligente en la misión que me encomendó Jesús y la posición que me ha dado, te invito a que te unas:

  • Invertirte en amistades y/o familiares que no conozcan a Jesús.
  • Perdona como te gustaría ser perdonado. Recordando que el que no perdona, no recibe misericordia.
  • Acércate a Jesús aun cuando no te sientas merecedor de su gracia.
  • Celebra tus pequeñas victorias, éstas te fortalecerán para enfrentar grandes batallas.

 

Escrito por Luis Castro en colaboración con Lisangel Paolini.

Devocional – Vístete siempre de amor y perdona

¿Amar a nuestros enemigos? ¿Orar por ellos? ¿Tener sentimientos de bienestar para el que te ha hecho mal? Parece muy raro,  ¿verdad? Sin embargo las escrituras nos enseñan todo lo contrario. Perdona

Mira lo diferente que piensa Dios

Ora por tus enemigos. Si alguien te da una bofetada, pon tu otra mejilla. te piden algo, sírvele y bendice su vida. Si han pecado contra ti, perdona hasta 70 veces 7.

Quizás me digas: “¡Increíble! ¿Cómo voy a hacer todo esto con el que me mintió, me engañó, me maltrató y me maldijo?  ¡Imposible!

Hoy quiero que puedas con la ayuda de Dios cambiar esa manera de pensar y ser obediente a lo que Él espera de nosotros.

La Biblia dice que debemos arreglar las cuentas con los que estamos mal.

La palabra también nos advierte que si no perdonamos Dios no nos podrá perdonar y nos hace ver en varias oportunidades que el mejor ejemplo de humildad.

¿Te imaginas que Dios nos dijera: “De ninguna manera. como hiciste esto, no te puedo perdonar, así que te condeno” ¡Qué triste sería! En mi caso, experimentado la libertad que se siente cuando perdonamos, es una sensación de independencia cuando liberas a esa persona que te ha tenido atada por tu rencor y  tu odio entonces cuando perdonas de inmediato te liberas tú también.

Efesios 4:32 Por el contrario, sean buenos y compasivos los unos con los otros, y perdónense, así como Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo.

Colosenses 3:12-13  Dios los ama mucho a ustedes, y los ha elegido para que formen parte de su pueblo. Por eso, vivan como se espera de ustedes: amen a los demás, sean buenos, humildes, amables y pacientes. Sean tolerantes los unos con los otros, y si alguien tiene alguna queja contra otro, perdónense, así como el Señor los ha perdonado a ustedes.

Devocional tomado de Un día a la vez de Claudia Pinzón.

¿Qué hacer ante la incertidumbre?

Hace poco más de 2 años, recién llegada a Costa Rica, estaba en un bus e iba a mi primera entrevista de trabajo. Por supuesto, iba con una amiga que me había recibido en el país, de lo contrario, probablemente no hubiese llegado con éxito al lugar de destino.

Mientras conversábamos, mi amiga me preguntó: “¿No estás nerviosa?”. Me extrañé y le repliqué: “¿por qué habría de estar nerviosa?”.“Pues, es una entrevista de trabajo, un trabajo que necesitas… ¿Qué pasa si no te dan el trabajo?”, me dijo incisiva. —“Ummm, no. Si el trabajo es para mí, todo saldrá bien; si no es para mí, pues, no lo es y otro vendrá”, le respondí.

En ese momento quedé impactada de mí misma. Tantas experiencias que había tenido en mi proceso de emigrar —y en las que Dios había actuado de manera sobrenatural a mi favor— me habían enseñado que si Dios estaba al mando, no tenía de qué temer. Es de eso, precisamente, que quiero hablarte.

¿Miedo a la incertidumbre?

Vivir en este mundo muchas veces nos llena de aflicciones, de desespero, de afán; ese sentimiento de no saber qué pasará o cómo terminará la historia cuando estás en un valle de sombra, de incertidumbre.

Es común que nos dejemos guiar por nuestros ojos y sentimientos, que nos digamos cosas como: “de esta no salgo”. O bien, que nos afanemos y pensemos: “¿qué pasa si no me va bien?”. Es común que en medio de circunstancias difíciles o de dudas tengamos temor. “¿Cómo sé si esta decisión es la correcta?”, “¿cómo sé que este camino me llevará a bien?”, te preguntarás.

Ante esto, en Filipenses 4:6-7 Dios nos dice así: “No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también”.

Dejemos en manos de Dios todas nuestras inquietudes, nuestras dudas, nuestras peticiones, nuestros anhelos. Si Dios es quien maneja el barco de tu vida, cree que todo saldrá según su voluntad agradable y perfecta.

Aprende a reposar en Dios porque Él tiene el control de tu vida, de los tiempos y de cada situación. No importa si sientes que te estás ahogando, no importa si la duda del “¿qué pasará?” te carcome. ¡Descansa en Él! Recuerda que Él tiene la visión del cuadro entero, de la historia completa y sabe lo que es mejor para ti.

“Estad quietos y conoced que yo soy Dios”, Salmos 46:10.

Lo amé y aunque jugó conmigo, siempre vuelvo a él, ¿cómo puedo superarlo?

Tuve varias relaciones pero un chico en particular fue quien me marcó. Todo se terminó entre nosotros pero a veces no entiendo por qué ese hombre al que tanto quise y al que me entregué tantas veces sólo jugó conmigo. A veces siento que lo extraño. Aunque él está con otra persona, me sigue buscando para tener intimidad y cuando no accedo, desaparece. La verdad es que regresé nuevamente con ese hombre y estoy muy mal porque yo dejé que pasara y de nuevo me usó, lo peor es que lo sigo queriendo. ¿Cómo hago? Esto me ha dejado secuelas. No aguanto más y necesito contarlo, ya estoy harta de estar así y volver siempre a lo mismo, harta de que no me tome en serio; ya sé que no me quiere pero me duele y me cuesta tanto aceptarlo…

Entaconadas responde:

Querida lectora, lo primero que debes entender es que sin importar cuantas veces tomes la decisión errada, Dios no te abandona ni te deja de amar. ¿Qué sería de nosotras si cada vez que falláramos, Dios nos abandonará? Pero no, Él permanece siempre fiel; su amor cubre multitud de fallas, es por eso es que justo así cómo estás y te sientes en necesario que te acerques a Él para que te restaure, sane tu corazón y en sus fuerzas te hagas fuerte en la debilidad. Créeme, si te aferras a Dios, en su momento sacará lo mejor de lo que hoy vives, te hará una mujer más fuerte y madura espiritualmente.

En segundo lugar, eso que sientes por ese hombre, aunque parezca amor, no lo es. La Biblia nos enseña en 1 Corintios 3:4-7 (NTV) que “el amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso ni fanfarrón, ni orgulloso ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas. No se alegra de la injusticia sino que se alegra cuando la verdad triunfa. El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia”. Como verás, nada parecido a lo que Él te ofrece ni a lo que tú le das, porque sencillamente, el amor genuino –ese que proviene de Dios y manifestamos en Él– no te lleva a hacer nada indebido.

La intimidad sexual fuera del orden que Dios establece es un pecado que, entre sus consecuencias, acarrean ataduras emocionales hacia la persona con la que intimas; ataduras que acaban por dominarte y que sólo Dios puede romper. Ahora bien, la palabra de Dios nos enseña que cuando Dios nos limpia del pecado pero no nos aferramos a Él ni nos ocupamos de mantenernos llenas de su presencia –la que nos cambia desde adentro–, cuando la tentación vuelve a tocar la puerta de nuestras vidas logra entrar tranquilamente, pues, no hay quien le haga frente ya que dejamos nuestra casa desocupada y en nuestras propias fuerzas es difícil resistir; esto acarrea sus consecuencias:

«Cuando un espíritu maligno sale de una persona, va por lugares áridos, buscando descanso sin encontrarlo. Entonces dice: “Volveré a la casa de donde salí”. Cuando llega, la encuentra desocupada, barrida y arreglada. Luego va y trae a otros siete espíritus más malvados que él, y entran a vivir allí. Así que el estado postrero de aquella persona resulta peor que el primero…». Mateo 12:43-45 (NVI).

Es por ello que cada vez que caes te sientes peor y más alejada de Dios, aunque Dios siga estando ahí para ti, al alcance de una oración. Amiga, necesitas entender que aunque Dios te ama sin importar qué, debes renunciar de corazón a todo lo que sientes y a lo que te ata a ese hombre para dar a Dios nuevamente el primer lugar de tu vida.

¿Cómo hacerlo?

Primero, arrepintiéndote genuinamente de tus actos y reconociendo la condición de tu corazón ante Dios, no por lo que sufres como consecuencia de tus actos sino con conciencia de haber lastimado su corazón e ir en contra de su voluntad; esa es la diferencia entre el verdadero arrepentimiento y el remordimiento o culpa, porque el remordimiento simplemente se encarga de hacerte sentir mal por saber que hiciste algo mal, pero no porque repudies el pecado en sí, es decir, el conflicto se vuelve moral porque en lo profundo de tu corazón, sigues deseando intimar con aquél hombre aunque sabes que juega contigo y que no está bien delante de los ojos de Dios.

Cuando un arrepentimiento genuino se gesta en tu vida es porque, por encima de tus deseos, prevalece el temor de Dios; es decir, no haces nada que le dañe por amor, más allá de lo que puedas sentir.

“Pues la clase de tristeza que Dios desea que suframos nos aleja del pecado y trae como resultado salvación. No hay que lamentarse por esa clase de tristeza; pero la tristeza del mundo, a la cual le falta arrepentimiento, resulta en muerte espiritual”, 2 Corintios 7:10.

Puedes pedirle al Señor que te ayude, que ponga un arrepentimiento genuino en ti y te ayude a ser libre de esa ligadura emocional. Eso sí, el arrepentimiento genuino y el cambio llegarán cuando tu corazón se haga cónsono con tus oraciones en cuanto a renunciar para siempre a ese hombre y a lo que sientes por Él. En otras palabras, puedes estar harta de volver a él y decírselo a Dios de continuo, pero si en tu corazón no te cansas de verdad, renuncias a él y anhelas ese cambio, nada pasará.

Segundo, aferrándote con todas tus fuerzas a Dios y buscando su presencia cada día. La Biblia nos enseña a bastarnos en su gracia, pues, “su poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). ¿Cómo podría Dios perfeccionarse en ti y en tus debilidades si no le buscas ni cultivas tu relación con Él? Cuando lo hagas y la tentación regrese, entonces tomarás la decisión adecuada; resistirás porque no serás tú, sino la presencia de su Santo Espíritu en ti. “Así que humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes”. Santiago 4:7.

Sin duda alguna Dios no desea que vivas lo que estás atravesando, Él desea para ti a alguien que te ame y vea cómo Él lo hace, alguien que reconozca tu valor y lo sepa respetar; para ello primero debes comprender esa verdad tú misma y aprender el valor que tienes cómo mujer, así que no te aferres más a ese hombre, no eches por tierra el valor que tienes y que Dios te dio. Hazlo por amor a ti y por amor a Dios mismo.

Por último, te invito a leer este artículo sobre las verdades detrás del proceso que atraviesas y solemos olvidar → ¿Cansada de no ver cambios? Razones por las que sueles reincidir en tus fallas.

Mi mejor amiga tiene una relación con mi ex novio ¿cómo afrontarlo?

mi mejor amiga y mi ex

Queridas Entaconadas, me gustaría saber su punto de vista ante una situación. Mi mejor amiga y mi ex novio tienen una relación, ellos asisten a la misma iglesia que yo ¿Cómo debo afrontarlo? ¿Cuáles serían las conductas adecuadas para sanar dicha traición?

Entaconadas responde:

Querida lectora: La verdad es que la situación que planteas es bastante incómoda. Para comenzar, queremos acotar que aunque hablas de traición, tu pregunta no nos deja en claro si ese chico decidió andar con tu amiga aún estando en un noviazgo contigo o si te refieres a que, luego de que ustedes terminaron su relación, fue que tu amiga y tu ex novio comenzaron la relación que ahora sostienen.

Sea cual sea el caso, si fue premeditado o no, sabemos que tanto el chico en cuestión como tu amiga han ocasionado una herida en tu corazón y sin importar mucho de qué manera se dieron las cosas, claramente te enfrentas a un proceso de perdón.

Amiga, en términos generales y respondiendo a tu segunda pregunta, el evangelio no lo podemos vivir siguiendo procedimientos o conductas (eso sería vivir religión), más bien se trata de decidir cada día morir a nuestro ego y a nuestra manera de manejarnos para dejar que sea Dios mismo trabajando en nuestros corazones como Él quiere, a través de su palabra y presencia; pero tal como lo mencionamos, hacer esto cada día es una decisión que nos compete a nosotras asumir.

Asimismo funciona con el perdón, para perdonar no tienes que sentirlo, tampoco es necesario que te pidan perdón para hacerlo e inclusive, quizás hasta tengas todas tus razones para argumentar que ellos no merecen tu perdón, pero igual, si deseas hacer lo que Jesús haría, debes decidir perdonarlos; ese es el primer paso si deseas que tu corazón empiece a sanar de esa traición.

El perdón representa el primer paso hacia la sanidad del corazón porque espiritualmente:

  1. Estás cumpliendo con la voluntad de Dios.
  2. Porque cuando nos disponemos a hacerlo aunque no lo queramos, lo hacemos por amor a Dios, a su palabra y a ti misma (a fin de poder avanzar).
  3. Porque estás diciendo a lo que viviste que no importa la magnitud del daño que te causó, sino que decides soltar esa herida sin guardar resentimientos para abrir paso a la libertad y sanidad de Dios en ti.

Sé lo duro que puede ser verlos en la iglesia, pero ¿sabes qué? Cuando nos congregamos, lo hacemos porque vamos a entregarnos a Dios y a recibir lo que Dios tiene para nosotras. Con esto queremos decir que no cometas el error de dejar de asistir a la iglesia o apartarte completamente de ella, pues, ahora más que nunca necesitas aferrarte a Dios para que pueda sanar tu corazón.

Ahora bien, en el caso de que tu iglesia tenga varios servicios a diferentes horas, procura ir a una hora en la que sepas que ellos no asistirán, pero si esto no es posible, simplemente ve y al terminar el servicio, no te quedes afuera conversando a fin de evitar pasar por momentos incómodos, esto sólo mientras te habitúas a lo que vives, pues al principio la herida está a flor de piel y es cuando más nos afecta; sin embargo, en cuanto te sientas mejor regresa a tus hábitos normales de compartir con el resto de los miembros de tu iglesia.

Con respecto a tu amiga, no sé si aún mantienes una relación de amistad con ella, pero lo mejor es tomar la mayor distancia posible, de manera que tu corazón tenga el tiempo de sanar. Ahora mismo no sería adecuado buscar ni entender razones. Es importante que sepas que mientras esa herida no sane, si mantienes tu amistad como si nada, sólo estarás alimentando el resentimiento y exponiéndote a escenarios que podrían abrir más la herida de tu corazón.

En conclusión, es tiempo de aferrarte a Dios. Sólo Él podrá restaurar tu corazón, pero para ello debes estar dispuesta a entregarle todas las piezas y a dejarlo obrar como Él quiere. Aunque sea doloroso, cuando el proceso pase habrás aprendido el poder y la importancia del perdón, y cuando en el futuro recuerdes lo que ahora vives o cuentes tu historia, ya no habrá ni una pizca de dolor ni amargura hacia lo sucedido o hacia ellos, sólo habrá agradecimiento porque ese proceso te hizo más fuerte en Jesús.