Más que ocho vacas

mujer eres valiosa

Hace algún tiempo atrás, un chileno que compartía un mensaje en un retiro de jóvenes al que asistí, relataba una historia en la que en algún lugar África, donde se acostumbran a hacer  una especie de trueques para casarse, los hombres debían pagar al papá de la novia una dote para poder tomarlas como esposa. Este pago podía ir desde dos vacas hasta ocho vacas como máximo. Y pagar ocho vacas es el precio más alto que se podía dar si se considera realmente valiosa la recompensa.

En ese poblado lejano había un anciano tenía una hija bastante fea; no era nada agradable a los ojos de nadie, ni siquiera de ella misma. Su padre lo sabía, así que no guardaba muchas expectativas con ella. Un día tocó la puerta un joven pidiendo la mano de su hija y él no podía creerlo. Se lo preguntó muchas veces y el joven aseguraba que sí, que incluso pagaría por ella. El anciano, nervioso por la oferta, pensó que cualquier cosa aceptaría por ella ya que conocía su condición. Esperaba que, al menos, una vaca ofreciera por ella. Pero cuando el joven le dijo que pagaría ocho vacas por ella, la expresión del anciano fue asombrosa: no podía creer que alguien pagara un precio tan alto  por su hija, que a su parecer no valía nada y que incluso había pensado regalarla si el joven no accedía dar algo a cambio de ella. Desconcertado aún, el señor le preguntó: ¿Por qué pagas tanto por ella? Acto seguido, el muchacho respondió: “Para ustedes tal vez no valga nada, incluso para ella misma, pero ya verán en lo que se transformará. Pues ahora ella sabe que un hombre ha pagado el precio máximo por ella. Además, siempre quise tener una esposa que valiera ocho vacas”.

Cuando yo escuchaba esta historia, mi corazón se conmovió tanto, porque recordé literalmente todas las veces que sentí que no valía nada. Durante mucho tiempo de mi vida, creí que ni una sola vaca valía. Una mentira que el enemigo se había encargado de levantar en mi mente y que  muchos me hicieron creer también. Pasó mucho tiempo para que pudiera aceptar y entender que alguien, hace muchos años atrás, pagó más de ocho vacas por mí. Y Él no pagó con precisamente con animales; Él pagó con su sangre, sangre que se desbordaba con cada desgarre de su piel, con lágrimas calientes que caían al piso arenoso por mí, con manos que se extendían de un lado al otro para ser clavadas, pero con un mensaje directo: “Consumado es”, que quiere decir, “la deuda está pagada”. Sí, todo eso hizo Jesús por mí. Mi valor no dependió nunca de quienes decían qué era, sino de lo que Jesús hace años hizo por mí en esa cruz.

¿Y qué pasó con aquella mujer por la que pagaron ocho vacas?, semanas después, familiares y conocidos fueron a visitarla y estaban asombrados, en shock, de ver cómo había cambiado.  Ellos no la reconocían, pensaban que era otra persona: refinada, elegante, digna, hermosa, vestida con hermoso atuendo, bondadosa, y amada. Porque eso fue lo que las ocho vacas hicieron por ella y eso fue lo que la sangre de mi Salvador hizo por mí: ¡Cambió mi vida!

Hoy veo las fotos de mi boda y  recuerdo aquel momento en que estaba parada, justo allí, en las puertas de la iglesia y puedo reflexionar con absoluta convicción: Si todas las mujeres vivieran por 10 segundos lo que se siente cuando se abren las puertas de la iglesia y estás allí, vestida como una princesa, y ves a todas las personas sonriendo alrededor de ti, celebrando el amor entre tú y tu novio; él esperándote en el fondo con el rostro iluminado sólo por verte entrar a ti. Si tan sólo por 10 segundos pudieran vivir lo que siente, créanme, no habrían tantas  mujeres estando con cualquiera sólo por no estar solas, no habrían tantos corazones rotos, no habrían tantos hogares disfuncionales y madres solteras, porque estoy segura que harían de todo por esperar a ese hombre que Dios diseñó para ellas.

Yo le doy gracias a Dios porque a tiempo pude darme cuenta de eso, porque pude creer a ciegas de que Él tenía a ese príncipe para mí y ahora que está a mi lado es un sueño hecho realidad. Una historia de  una princesa real que creyó en un Dios real y que tuvo su “y vivieron felices para siempre” de verdad.

Princesas, sepan esperar, no se dejen  llevar por ilusiones momentáneas, ni por amores de una noche. Ustedes valen mucho más que ocho vacas y ya fueron compradas a precio de sangre. Por favor, acepten su valor, son hermosas, amadas, aceptadas, y son princesas. Las historias de amor sí existen, en Dios, sí existen.

 

Cómo ser una mujer inmensamente feliz

Como ya saben, se habla mucho de esta palabra últimamente, pero he descubierto con el pasar de los años que la felicidad no tiene nada que ver con las cosas materiales, sino más bien con las cosas simples. La felicidad es indiscutiblemente un estado del alma, una decisión que tomamos día a día.

Pero, ¿cuáles son esas cosas en las que encuentras la felicidad? Pues aquí te van unas cuantas que existen: Dios, las tardes de verano, las tardes de lluvia, las sorpresas, la naturaleza, los abrazos, los besos, los sueños, el amor, las sonrisas, la familia, los amigos y muchas más.

Sé que todas en algún momento nos hemos preguntado si somos felices y en muchas ocasiones la respuesta es NO. ¿por qué? Es simple: no nos damos cuenta que la felicidad vive en las cosas pequeñas, simples y gratis de la vida.

Por eso, he aquí algunas acciones que te ayudarán a ser una mujer inmensamente feliz.

  • Pon tu vida en manos de Dios.
  • Aprecia lo que tienes.
  • Regala muestras de amor.
  • Haz contacto con la naturaleza.
  • Rompe con la rutina.
  • Calma tus antojos.
  • Haz las cosas lo mejor posible.
  • Haz una lista de agradecimientos.
  • Saca tiempo para tus sueños.
  • Saca tiempo para consentirte.
  • Vive el momento.
  • No seas injusta contigo misma.
  • Piensa en las cosas buenas que te están sucediendo hoy.
  • Nunca dejes de aprender.
  • Ponte bonita.
  • Sé amable.
  • Sé autentica.
  • No te compares con los demás.

Date cuenta que la felicidad depende de ti misma y de la perspectiva con la que veas las cosas. Hoy atrévete a observar cada detalle que te da la vida. Te darás cuenta lo feliz que puedes llegar a ser.

Mientras más sencillas y menos complicadas, más felices. Aveces menos… es más.

Yo soy inmensamente feliz y aquí estoy. 

feliz

Mujer Maravilla o Mujer Virtuosa ¿Cuál eliges ser?

La mujer latina lleva una mochila de sueños, energía, inteligencia, creatividad y poder indiscutible. Entre quehaceres del hogar, el trabajo, la familia, las amigas, su cuidado personal, sus estudios e infinidad de ocupaciones más, se diluyen sus días.

¿Eres una de esas mujeres maravillas que desafía pronósticos de todo y conquista arrasando por donde quiere que pasa? Un cúmulo de virtudes abriga en su corazón y su ser, pero… ¿cómo te sientes? ¿Dónde quedan tus anhelos, sueños, descanso y lo que queda de ti?

¡Parece imposible no ser el hombre de la casa, versátil, multifacética! Y te cuento… puedes seguir haciendo eso y más, pero ¿qué tal si descubres para lo que fuiste diseñada?

Hablemos del #RetoMaravillosamenteVirtuosa

El Reto Maravillosamente Virtuosa te llevará por un paseo irresistible que va desde tu espíritu, tu mente, tu cuerpo, hasta irradiar quién eres, tan única, especial y extraordinaria. Así nadie lo crea, ¡lo eres!

Descubre la mejor versión de ti logrando cada día avanzar hacia el bienestar, el equilibrio, la felicidad y la excelencia, siendo tan maravillosa como virtuosa.

Un reto sólo para mujeres valientes, que creen que vinieron a este mundo para ser más que una simple mujer, madre, esposa, hermana, hija, tía, trabajadora, luchadora, emprendedora… hasta morir.

Con o sin gloria, nada vale más que vivir tus días a plenitud, honrando al creador de una preciosura como tú: Dios.

Te invito a guardar en tu corazón la esencia del Reto Maravillosamente Virtuosa:

  Proverbios 31:10 

Elogio de la mujer virtuosa

¡Qué difícil es hallar una esposa extraordinaria!¡Hallarla es como encontrarse una joya muy valiosa!  Quien se casa con ella puede darle toda su confianza; dinero nunca le faltará. A ella todo le sale bien; nunca nada le sale mal. Sale a comprar lana y lino, y con sus propias manos
trabaja con alegría. Se parece a los barcos mercantes: de muy lejos trae su comida. Se levanta muy temprano, y da de comer a sus hijos
y asigna tareas a sus sirvientas. Calcula el precio de un campo; con sus ganancias lo compra, planta un viñedo, y en él trabaja de sol a sol. Ella misma se asegura de que el negocio marche bien; toda la noche hay luz en su casa, pues toda la noche trabaja. Ella fabrica su propia ropa, y siempre ayuda a los pobres.No le preocupa que haga frío, pues todos en su casa andan siempre bien abrigados. Toma telas de lino y de púrpura,
y ella misma hace colchas y vestidos. En la ciudad y en el país su esposo es bien conocido, pues ocupa un lugar importante entre la gente de autoridad. La ropa y los cinturonesque ella misma fabrica los vende a los comerciantes. Es mujer de carácter; mantiene su dignidad, y enfrenta confiada el futuro. Siempre habla con sabiduría, y enseña a sus hijos con amor. Siempre está pendiente de su casa y de que todo marche bien.
Cuando come pan, es porque se lo ha ganado.Sus hijos la felicitan; su esposo la alaba y le dice:  «Mujeres buenas hay muchas, pero tú las superas a todas».La hermosura es engañosa, la belleza es una ilusión; ¡sólo merece alabanzas la mujer que obedece a Dios! ¡Que todo el mundo reconozca los frutos de su esfuerzo! ¡Que todos en la ciudad la alaben por sus acciones!

Escrito por: María de Jesús Arce Reyes