“Ni con amnesia, ni sordo” (Cuando Dios responde una oración)

hermanas

 Creo que todas podemos estar de acuerdo en algo: muchas veces es más fácil recordar lo que no tenemos que aquello que Dios nos ha dado, ¿cierto? ¿o es algo que solo me pasa a mí?

De hecho, si me preguntan cuál es la oración o petición que a menudo viene a mi cabeza, en un arrebato de sinceridad, les diré que es aquella que aún Dios no ha contestado.

Pero hay dos buenas noticias: la primera es que Dios no sufre de amnesia y nunca olvida alguna de nuestras peticiones, no importa cuánto tiempo haya pasado, ni lo infantil que pareciese en el momento, si es conforme a su propósito Él la cumplirá. La segunda es que, aunque tú sí sufras de ella,  Él no dudará en refrescarte la memoria.

Hace unas semanas atrás estaba en uno de esos días donde pareciese que la esperanza escasea, donde la opción más fácil es decir: “olvídalo, ya no pasará”. Y fue ese día, donde Dios en su infinita gracia, me recordó que lo que para mí llega tarde, para Él llega en el tiempo perfecto.



Ese sueño que había olvidado

La escena: estaba sentada en la orilla de mi cama, tratando de conseguir un poco de fuerzas para repetir esa oración, al no encontrarla, dejé caer mi cabeza sobre la almohada con resignación. En ese momento Dios me hizo recordar aquello que hoy ni siquiera considero una oración, pero que claramente era el anhelo de una niña pequeña. Una que ni siquiera recordaba cuánto tiempo deseó aquello. Acto seguido, supe que Dios había cumplido un deseo de mi corazón, uno que ni en mis sueños más locos, pensé que se pudiera cumplir.

Todo pasó en diciembre del año pasado. En un día sin muchas novedades; venía de una reunión de trabajo y me disponía  a descansar. Nada extraordinario hasta que sonó el teléfono. Era un mensaje privado por Instagram. Era de una muchacha, una que nunca había visto y de la que nunca había escuchado. Palabras más, palabras menos, el mensaje decía: “Me llamo Andrea y probablemente sea tu hermana”.

Improbable para ti, no para Dios

Esta es la historia: soy hija única, de madre soltera. Tengo 26 años, así que tener una hermana a esta altura del partido era bastante improbable. Pero no solo tenía una hermana real, de carne y hueso, prácticamente de mi misma edad, sino que también vivía en mi misma ciudad, compartía mi fe y teníamos varios amigos en común. Hasta al momento, ninguna de las dos entiende cómo fue que no nos conocimos antes, pero agradecemos la misteriosa obra de Dios.

Siempre he contado con muy buenas amigas y con media docena de primas que son como mis hermanas, tal cual. Sin embargo, en mi corazón siempre estuvo el anhelo de tener una hermana. De hecho, cuando era niña llegué a insistirle a mi mamá que adoptara un niño y no lo recuerdo muy bien, pero hay una gran probabilidad que, de manera muy infantil, le hubiese pedido a Dios alguna hermanita con la cual compartir.

Andrea y yo somos hermanas por parte de papá. Ella no tiene otros hermanos por parte de mamá y su historia es asombrosamente muy parecida a la mía, así que cuando logramos conocernos fue una bendición de todas las maneras posibles.

Hermanas
Mi hermana y yo celebrando su primer cumpleaños juntas.

Conocerla para mí fue el fiel cumplimiento de esta palabra: “Dios ubica a los solitarios en familias; pone en libertad a los prisioneros y los llena de alegría”. Salmos 68:6.

Dios aún no responde mi oración, tampoco sé cuándo lo hará o si la responderá exactamente como lo pedía, pero sí sé que me dará algo mejor y justo como lo necesito. Hoy sé que Dios no sufre de amnesia como para olvidar nuestras oraciones, ni mucho menos es sordo como para no escucharlas. No importa cuánto tiempo haya pasado, Él cumplirá.

“No soy evangélica pero leo Entaconadas”

mujer lee entaconadas

Hace poco me dijeron: “No soy evangélica pero leo Entaconadas“.

Confieso que eso me sacó una de esas sonrisas espontáneas que no se pueden quedar atrapadas entre los labios. Así que la chica se sintió en confianza y me preguntó cómo podía acercarse a Dios sin involucrarse en “la religión”, entonces le dije: “no quiero que seas evangélica, quiero que ames a Dios”.

Quienes me conocen, saben la negativa que mantuve por años ante muchos sistemas de iglesias, jamás se trató de algo en contra de Dios, siempre supe que mi camino estuvo lleno de su Gracia, aunque muchas veces la ignoré. Mi intención, desde hace mucho, es llegar con naturalidad a aquellas chicas que no son evangélicas, pero que sin duda, anhelan crecer como mujeres y acercarse a Dios.

Antes de explicar cualquier cosa, tengo algo que decir en nombre de nosotros, los mortales que pecamos pero que también buscamos agradar a Dios cada día, apartándonos de lo que nos aleja de Él: quiero pedirte perdón si algún cristiano evangélico te hirió al juzgarte y te condenó por alguna conducta. Créeme, simpatizar con Dios no es como simpatizar con ellos. Si se tratara de condenar, ninguno calificaríamos para el gran sacrificio.

 Acercarse a Dios no se trata de simpatizar con una corriente religiosa

Acercarse a Dios se trata de vivir una relación de forma creciente, ascendente, no es estática ni conformista, no se basa en el “hasta aquí puedo dar”. Es una relación basada en amor genuino, dejas de hacer cosas porque sabes que te alejan de Él, y haces cosas porque te acercan. Lo máximo de todo esto es que las cosas que dejas de hacer porque te hacen daño no son un capricho; y aún cuando fallas, Él se queda contigo… ¡Eso es amor!

Así, a mí no me suena a normas ni a aquella larga lista de “¡a partir de ahora todo esto queda prohibido!”, para mí es más bien un “a partir de ahora debes ser más consciente y responsable”. Se trata de una búsqueda continua para ser mejores y hacer el bien. Conozco a algunas personas que saben mucho de biblia, memorizan todo, ¡vaya capacidad!, pero sus relaciones se basan en condenar, no en explicar los beneficios de seguir a Dios.

El cómo acercarse a Dios…

¿Recuerdan al angelito y al diablito de los dibujos animados? Ja, ja, ja, ¡qué cosa tan inmadura como para hablar de Dios! Pero sí, esa lucha de conductas e impulsos explican mucho – así lo veo yo – pero mejor fíjense como lo explica Pablo en Gálatas 5:16-17:

Por eso les digo: dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida. Entonces no se dejarán llevar por los impulsos de la naturaleza pecaminosa. La naturaleza pecaminosa desea hacer el mal, que es precisamente lo contrario de lo que quiere el Espíritu. Y el Espíritu nos da deseos que se oponen a lo que desea la naturaleza pecaminosa. Estas dos fuerzas luchan constantemente entre sí, entonces ustedes no son libres para llevar a cabo sus buenas intenciones.

Luego de haber leído esto, por favor díganme si sigo siendo la única que ve el debate entre ese angelito y diablito, jajaja.

¿Qué nos aleja de Dios?

A ver, lo primero que quiero explicarte es que Dios no se aleja de ti, es tu conducta la que hace que por pena y prejuicios no te sientas apta para acercarte a Él. Dios tampoco castiga, lo que ves como “castigo” se trata de las consecuencias de tu conducta y elecciones.

Te invito a leer esto como una conversación entre Pablo y yo (basado en Gálatas 5):

Rouse: Pablo, ¿por qué me cuesta tanto acercarme a Dios?

Pablo: 19 Cuando ustedes siguen los deseos de la naturaleza pecaminosa, los resultados son más que claros: inmoralidad sexual, impureza, pasiones sensuales, 20 idolatría, hechicería, hostilidad, peleas, celos, arrebatos de furia, ambición egoísta, discordias, divisiones, 21 envidia, borracheras, fiestas desenfrenadas y otros pecados parecidos. Permítanme repetirles lo que les dije antes: cualquiera que lleve esa clase de vida no heredará el reino de Dios.

Rouse: Con todo respeto, Pablo, pero ¿y entonces? ¡Aquí entramos TODOS! Dame un remedio, un consejo, algo más alentador y motivador.

Pablo: 22 En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, 23 humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!

Rouse: ¡Aaah! Es como hacer el contra, ¡como el opuesto, pues!

Pablo:  25… sigamos la guía del Espíritu en cada aspecto de nuestra vida.

Rouse: Entendido, Pablo. ¡Gracias! Cualquier duda te vuelvo a leer ☺

 Según mi interpretación:

  1. Pablo le escribía a los creyentes, es decir, lo primero que debes hacer es reconocer que Jesús murió por amor a nosotros y que resucitó, todo para darnos la oportunidad de vivir, sin pagar como antes por el pecado.
  2. Nos toca hacer la misma columna, tal como en el colegio: uno detrás del otro y guardando distancia. Quizás nos parezca menos grave aquellas cosas como la hostilidad, peleas, celos, arrebatos de furia, ambición egoísta, discordias, divisiones, y envidia, pero muy claramente nos deja ver que no hay categorías para el pecado, todo depende de nosotros y del tiempo que pasemos formados en esa columna (arrepentimiento y reconciliación).

Acercase a Dios es como renovarse cada vez. ¡Es tan simple! Es hablarle, conocerle, reconocer que su sacrificio nos dio la oportunidad de vivir. Su muerte nos dio vida, su resurrección nos dio salvación, su compañía y promesa nos da la fe y la esperanza, no te resistas a eso.

Acercase a Dios tiene beneficios incalculables, ¡vívelos!

 

Consejos para mejorar tu relación con Dios

consejos para hablar con Dios

Desde que comencé mi vida cristiana –hace ya varios años– siempre tuve dudas en mi corazón acerca de cómo era eso de la oración efectiva y de la relación con Dios. Sabía que Dios era mi Padre, que me amaba y que al creer y aceptar que Jesús había dado su vida por mí en la cruz, yo había sido salvada y restaurada por Él, pero ¿cómo hablar con Él?

Durante mucho tiempo escuché a muchos decir frases como “Dios me dijo tal cosa” o “Dios me reveló esto” o “Dios me confirmó que esta decisión era correcta”, y yo me frustraba y no entendía como era eso. ¿Cómo podía dirigirme a Él? ¿Cuál era el tono en que debía hablarle? ¿Cómo sabría si efectivamente Él me estaba escuchando? ¿Le gustará lo que le estoy diciendo o mi sinceridad le parecerá arrogante? Y en caso de que me haya escuchado, ¿Cómo podía yo “escuchar” su respuesta?

A medida que pasó el tiempo comencé a adoptar ciertas recomendaciones que otros me daban sobre cómo orar, comencé también a adoptar ciertas palabras y vocabulario más “formal” para dirigirme a Dios, a hacer devocionales a ciertas horas, sin embargo, seguía sintiéndome frustrada porque orar no era algo que se me daba de forma natural bajo estas circunstancias.

Una tarde, durante una reunión de sanidad entre el equipo de Entaconadas, llegamos al tema. Me sorprendió ver cómo casi todas confesamos que de alguna manera habían tenido algún obstáculo para establecer una plena comunicación con Dios, y de cómo teníamos las mismas dudas acerca de cómo orar efectivamente en medio de nuestra agitada agenda como hijas, siervas, esposas, profesionales y voluntarias para distintas causas.

Esa tarde aprendí algo: No estaba sola. Mis frustraciones y dudas las tienen muchas personas y esa pequeña, pero enriquecedora charla entre amigas, me demostró que esta lucha era más común de lo que pensaba. Mi problema no era que no sabía o no procuraba comunicarme con Dios como pensaba (y me sentía mal por eso), sino que no había descubierto cómo hacer de la oración parte de mi día a día.



El libro “Vida con Propósito” del autor Rick Warren terminó de aclararme más el panorama enseñándome que Dios no quiere vanas repeticiones, palabras y discursos elaborados, o extensas oraciones si nuestro corazón no está involucrado. Él desea que seamos lo más sinceras y honestas posibles cuando hablemos con Él, que le hablemos con respeto y reverencia pero con nuestras propias palabras, desde el alma y corazón, tal como le hablaríamos a un padre amoroso. Dios es nuestro Padre, una persona cercana y amorosa, pero también digna de honor y respeto, así que debemos procurar un equilibrio entre sinceridad y reverencia cuando oremos.

La Biblia expresa que debemos orar sin cesar (Tesalonicenses 5:17-18; Efesios 6:18), o lo que es lo mismo, que estemos constantemente en comunicación con Dios por medio de la oración, sin embargo; en el diario vivir pareciera resultar complicado hacer esto, ¡es tan fácil distraerse y dejarse llevar por la rutina! Es por ello que en simples palabras quiero darte algunas ideas para que poco a poco hagas de la oración parte de tu diario vivir y no te resulte una tarea para nada complicada o ajena:

Establece una rutina de conversación con Dios:

Haz esto en lugar de largas oraciones con palabras complicadas, coloca tu alarma unos 30 minutos antes cada mañana y apenas despiertes acostúmbrate a tomar ese tiempo para dar gracias a Dios por un nuevo día. Si se te hace complicado o el sueño te vence, entonces levántate y lávate la cara con agua fría, luego dedica unos minutos a orar, si no sabes aún muy bien como hacerlo, toma como referencia la oración más básica, el “Padre Nuestro” y luego ve añadiéndole más cosas según tus necesidades.

Comparte con Él tu día a día:

Mientras te duchas, preparas desayuno, te vistes, o haces tareas rutinarias, en lugar de pensar en problemas o preocupaciones, habla con Dios, recita versículos bíblicos que te hayas memorizado, o canta canciones que hablen de lo maravilloso que es Dios. Él se regocija de que en todo momento le tengas presente y compartas con Él lo que sientes. Agradece por el alimento, por la ropa, por todo lo que en ese momento estás usando que Él te haya provisto.

Ten a Dios presente aún en el camino:

No importa tu medio de transporte, si es auto propio, bus, bicicleta o a pie, aprovecha el camino para leer (o escuchar) la Biblia, un libro cristiano o un devocional. Dios nos habla siempre a través de su palabra, ¿te ha pasado que lees un versículo, y aunque ya lo has leído antes, pasa que en ese momento sientes algo así como que es para ti? Eso es Dios hablándote.

Invítalo a tomarse un café juntos:

Bien sea que trabajes o estudies, tómate unos minutos en tu oficina o universidad para hablar con Dios. Hacer pausas cortas en medio de la rutina es bueno para tu mente y cuerpo, y también lo será para tu espíritu si dedicas unos minutos de esas pausas o “breaks” para tomarte un café o té y leer la Biblia. Puedes orar y contarle acerca de una situación de trabajo, de un caso de estudio, examen o lo que quieras y clamar por dirección y que se haga Su voluntad, la cual es agradable y perfecta en todo.

Dedícale tu trabajo o estudios:

Haz tu trabajo o estudios con amor, da lo mejor de ti, ésta es otra forma de obediencia y de consagración a Dios. Cuando te levantas y dedicas tiempo en oración verás que las tareas rutinarias del día a día se te hacen más llevaderas y que tu humor mejora.

Escoge el mejor momento para compartir a solas con Él:

Si no puedes orar por la mañana (aunque sería lo ideal), escoge algún momento del día para apartarte en algún lugar solitario a orar, puede ser durante tu hora de almuerzo o en algún rato libre entre clases o trabajo. Incluso si durante el día se te complica, puedes hacerlo en la noche al llegar a casa, si compartes habitación o no hay espacio en casa para estar a solas, enciérrate en el baño o sal a caminar.

Escríbele cartas a Dios:

Una práctica muy bonita es anotar tus oraciones en un cuaderno o diario y leerlas. Te sorprenderá con el pasar del tiempo mirar atrás y ver oraciones que hiciste hace meses o años y darte cuenta de lo que Dios ha hecho en tu vida.

Post it, post it, ¡que no se te olvide cuánto te ama!:

Utiliza papelitos tipo “post it” para anotar oraciones breves o versículos bíblicos y pégalas en tu oficina, en la puerta del clóset, en el espejo del baño, o donde quieras. Leerlas con fe todos los días te ayudará muchísimo.

Y para finalizar…

Pídele a Dios que Él te guíe en cada oración, que te muestre cómo orar, de manera que puedas desarrollar tus propias maneras de hablar con Dios. Acá te he dejado varias ideas que espero puedan ayudarte, pero la verdad es que solo tú conoces tus circunstancias y tu día a día, así que siéntete libre de adaptar estas ideas a tu realidad o generar otras que puedan servirte mejor, lo importante es que entiendas que Dios quiere escucharte y quiere que le escuches, la comunicación es una base fundamental en todas las relaciones.

Mis planes Vs. Los planes de Dios (Parte II)

venezolana en costa rica

–“¡Pero Elí!, ¿dónde vamos a vivir? ¡No te das cuenta que tenemos que tener un plan seguro?”

–“Cálmate, mujer, todo va a estar bien. Estamos en las manos de Dios”.

Y aun así, no me calmé.

Hace algunos años conocí a una chica por internet, nos hicimos amigas, era de Costa Rica. Apenas mi esposo y yo decidimos, por varios factores, que emigraríamos a Costa Rica, la contacté.

Ella se mostró receptiva, habló con su mamá y ambas estuvieron de acuerdo en recibirnos en su casa por unos días o semanas hasta que lográramos una estabilidad para poder buscar un lugar propio. “Mi casa es muy pequeña, solo tenemos un mueble en la sala que les puede servir mientras tanto”, me dijo.

Le conté a mi familia y a mis amigos nuestro plan. Todos me decían que iba a ser incómodo, hasta algunos amigos que siempre hacen sus chistes pasados de tono me decían: “¿Y cómo vas a hacer cositas con Elí?” –¡Qué desastre de amigos tengo, jajaja!– Pero, ¿qué otra opción tenía? Al menos estaba agradecida de que ellas me ayudaran con lo que pudieran.

Así que… ¿Cómo me imaginaba la situación que se avecinaba?

Expectativa

Los planes era que estaríamos algunas semanas viviendo en una pequeña  sala de la casa de una persona que conocí por internet. Dormiríamos en un sofá, comeríamos ahí con ellas, usaríamos el mismo baño. Me llenaba de pavor el solo pensar que íbamos a ser de tal incomodidad para mi amiga y su mamá. A pesar de todo, no éramos las mejores amigas, su mamá no nos conocía. Pensaba que quizás se cansarían de nosotros mucho antes de que lográramos una estabilidad y de que pudiésemos irnos a vivir solos a otro lugar.

Y al decir verdad, ¿qué tan factible era que en un mes o en un tiempo prudencial consiguiéramos el suficiente dinero para pagar un alquiler y costear nuestra vida en ese país? Si me lo preguntan, no estaba nada satisfecha con el plan. No era lo suficiente seguro para mí, pero era la única opción que teníamos. O eso pensábamos…

Realidad

Por razones que no tengo derecho a contar públicamente en este post, la casa que estaba al lado de la de mi amiga había quedado desocupada y era propiedad de sus tíos, por lo que ella podía hablar para que nos prestaran la casa por un tiempito y así no fuese tan incómodo para todos nuestra estadía.

Transcurrieron al menos dos semanas para esperar la decisión final; estaba nerviosa, lo más probable era que no se diera, yo no era más que una desconocida para toda su familia. Sin embargo, dos días antes del vuelo, mi amiga me dijo que ya todo estaba hablado y nos dejarían quedarnos en la casa desocupada.

Una casa grande para nosotros solos, baño con agua caliente, electricidad, no necesitábamos más por los momentos… ¡Ah, sí! Comida. Pero no se preocupen –como yo lo hice–, pues mi amiga y su mamá nos acogieron como parte de su propia familia y nos dieron de lo que tenían para comer. Durante al menos tres meses estuvieron ayudándonos con gastos en alimentación.

Si se preguntan dónde estoy actualmente, sigo en la misma casa, pagando un alquiler que representa en costo el 20% de lo que cualquier otro alquiler costaría. Con trabajos estables con los que ya podemos costearnos sin problemas.

Dios desbarata nuestros planes para hacer cosas asombrosas por sus hijos, mucho más allá de lo que podamos pensar. Y pone en nuestro camino personas que hacen de nuestra vida y experiencia un total milagro. Hoy, agradezco que esas personas –Naty y la señora Carmen– nos hayan tomado como su familia, y agradezco que Dios no se conformó con mi plan, como yo lo hice, sino que me dio mucho más de lo que pedí.

Su hija favorita: una historia de la fidelidad de Dios

La favorita de Dios

Es probable que más de una coincida en esto conmigo: Siempre había pensado, por alguna razón, que la gente más bendecida o “afortunada” solía ser esa que ora 24 x 7, o que vive metida en la iglesia, o que simplemente uno ve que es súper cristiana.

Su hija favorita

Yo, desde hacía mucho tiempo, sentía que no era la favorita de Dios ¿Te has sentido alguna vez así? Digamos que me consideraba como una cristiana más del montón, por lo que a veces terminaba pensando que yo no merecía que Dios me “extra bendijera” o me llenara de milagros y regalos.

Cuando decidí que quería irme definitivamente de Venezuela. Era algo que en realidad tenía varios años rondando por mi cabeza, incluso desde antes que la crisis encrudeciera como lo hizo en el último año.

Desde aquél día que compramos los pasajes – mi esposo y yo-, hasta poco antes de irnos en avión, pasé por mucha angustia. No teníamos los recursos suficientes para subsistir hasta encontrar estabilidad económica, ni para pagar un alquiler. No sabía cuánto y hasta qué punto podría ayudarme la persona que me iba a recibir en donde estoy actualmente.

Nos íbamos sin ninguna posibilidad de trabajo. Sólo buscábamos a ver qué salía de todo este intento por cumplir nuestros sueños. Entre todo eso, siempre llegaban a mí pensamientos de negatividad: ¿por qué Dios habría de ayudarme y bendecirme? si quizás yo no lo honraba como Él se merecía; sentía que no era su hija mimada, por lo que muchas veces creí que quizás iba a gastar todo lo que tenía en un viaje y que iba a regresar con “las tablas en la cabeza”.

Compramos todos los dólares que pudimos –no lo suficiente, si le preguntas a cualquier persona cuerda– Sin saber cuánto tiempo íbamos a estar sin trabajo, sin saber si íbamos a tener que pagar alquiler ni cuánto gastaríamos en comida…

Poco menos de un mes antes de la fecha del viaje, mi esposo puso la renuncia en su trabajo por obvias razones; para nuestra sorpresa, su jefe le dijo que no se preocupara, que siguiera con ellos y le pagaban un sueldo en dólares, donde sea que él estuviera.

El alivio que tuve fue algo inexplicable. Sin embargo, quedaba yo a la deriva. Me habían dicho, además, que aquí –en Costa Rica– era muy difícil conseguir trabajo y más para un extranjero, el trámite migratorio era un dolor de parto, me decían: “vas a tener que buscar trabajo de niñera o limpiado casas”, y pare de contar. Ante eso, yo me decía: “si es lo que tengo que hacer para comenzar, lo haré”.

Un mes después de haber llegado al país conseguí trabajo en una agencia de comunicación digital -mi especialidad-, en un buen puesto.

Esto solo es un botoncito de todas las bendiciones que Dios me ha dado. Quizás más adelante les cuente otro pedacito de tela, pero con todo esto solo puedo decir que Dios siempre tiene el control y que, aunque nosotros no le seamos fieles, Él siempre, SIEMPRE es fiel.

Descubre cómo tener fortaleza en la debilidad

“¿Sabes qué me gustaría? Que en el artículo de esta semana hables de las pruebas y cómo tu fe en Dios te ayuda a estar tranquila y confiada”, me propuso una amiga y colega, al saber que atravesaba por una complicación en mi salud que ameritaba un procedimiento médico en quirófano.

Un problema que me tenía de baja desde hace dos semanas, pero que realmente padezco desde hace 15 años. La diferencia, para esta ocasión, era que había comenzado a afectar fuertemente mi desempeño desde hace aproximadamente 42 días.

Aún recuerdo cómo tragué grueso tras leer esas palabras…

“¿Y si mi fe está fallando? ¿Y si no estoy tranquila ni confiada? no puedo mentir, ¡tengo miedo! Y eso no es fe… sé que Dios tiene el control de todo esto y tiene el poder para sanarme, pero la realidad es que estoy sumamente abrumada, entristecida… ¿qué tengo para dar en este momento al escribir?… sin duda alguna, tener que escribir sobre esto tiene que ser de Dios”, pensé al respecto.

No hay artículo que escriba que no sea personal; no podría escribir de lo que no conozco o no he vivido. Sin embargo, me atrevería a decir que este es el artículo más íntimo que me ha tocado escribir. A través de estas líneas confieso que mi fe falló, confieso que una vez más cuestioné a mi creador, confieso que me dejé arropar por la tristeza y desesperanza; en resumidas cuentas, confieso haberme olvidado de las promesas que el único y gran Dios un día, en amor, me hizo.

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Todo es cuestión de fe

Sin fe es imposible agradar a Dios, pero ¿qué pasa cuando sientes desvanecerse esa medida de fe que ha sido depositada en ti? No faltó que me cuestionara y que me sintiera indigna: “Señor, tú me lo has dado todo, tú siempre has estado, tú me has levantado y ahora estoy aquí, respondiéndote así… no puedo esconderte mi corazón endurecido, perdóname por sentirme así, solo estoy cansada de que siempre sea lo mismo”, le decía.

Ahora bien, El Señor lo dejó claro; para los que le amamos, TODO obra para bien conforme al propósito para el cual fuimos llamados, y también aclaró que en este mundo tendríamos aflicciones, pero que nos animáramos, pues Él ha vencido. Todo esto me llevó a meditar en mi carácter, en la autosuficiencia (otra confesión) con la que día a día lucho.

Y aquí estaba, sumamente confrontada, enfrentando una situación que, hiciese lo que hiciese, no estaba en mis manos cambiar, mi única parte era orar y abandonarme en Él nuevamente, en un nuevo nivel de entrega, más allá de mis barreras mentales.

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Y ahí estaba Él nuevamente, hablando a mi vida con una invitación a renovar mi confianza. A Él no le importa lo que pienses, sientas, hagas o digas, Él siempre ha estado, está y estará ahí. Su amor NUNCA te abandona. Pero yo estaba bloqueada a causa de haber dejado entrar el temor a mi vida por medio de pensamientos fatales, esos tóxicos dardos que apagan la fe al impedir ver lo que Dios dice, dejando a la óptica lo que las circunstancias auguran.

Ahora bien, ¿cómo se puede retomar esa confianza?

Retornando a la cruz. Cuando permitimos que nuestro panorama empeñe nuestra visión, solo queda regresar a Cristo. Regresar a ese momento en el que te encontrabas cuando salió a buscarte, a lo que hizo en ti cuando te encontró, al momento en que tus circunstancias no cambiaron, pero te dotó de la entereza y la paz para atravesar por la turbulencia hasta que la tormenta pasó. Vuelve al momento en que comprendiste que hoy estás aquí porque Él escogió la peor de las muertes para no vivir sin ti, para que pudieses conocerle, refugiarte y permanecer en Él.

Humildad, arrepentimiento, adoración y gratitud.

¡Cuánta vida aflora cuando decides renunciar a ti! No es algo que mis palabras puedan explicar a cabalidad, solo se puede experimentar cuando te determinas a emprender la lucha contra ti misma para abandonarte en Él.

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Si me preguntaras qué es aquello por lo que estoy más agradecida en la vida, además del sacrificio de Jesús, sin duda alguna te respondería que por mis desiertos. Es justo en esos momentos difíciles de dolor y de incertidumbre donde mi debilidad se convierte en la materia prima de Dios para moldearme, para perfeccionarme en Él, no conforme a lo que yo quiero o espero, sino a su perfecta voluntad.

Es en la debilidad donde la confianza en Cristo se fortalece a un nivel tal que solo Él cobra sentido en medio del caos; porque recuerdas que aunque no comprendas de causas, razones ni desenlaces; al final, todo estará bien simplemente porque Él ya venció y te hizo vencedora. Fue en mi más fuerte momento de debilidad donde Dios sensibilizó mi corazón hace siete años, esa fue su excusa para llevarme a conocerlo y a entender que soy amada, que tengo un propósito y que Él cuida de mí.

Es así como hoy me confieso vulnerable, pecadora, imperfecta y con muchas luchas que librar; pero también me confieso feliz, agradecida y orgullosa de ello; ¿por qué? Simplemente porque hoy comprendo que no se trata de mí, se trata de Él en mi vida, y cuando Él es el centro, NADA puede salir mal.

Me siento descalificada: Un mensaje de amor y redención

no calificada, falta de perdon

¿Has llegado a pensar “me siento descalificada” para hacer el bien, por causa de la falta de perdón propio? Déjame decirte que te entiendo. No estás sola.

Debo reconocer que cuando vi por primera vez este mensaje en YouTube lloré demasiado. Si bien, yo nunca he recibido ningún mensaje en Facebook ni en otro lugar que me hiciera sentir como le pasó a Jon Jongerson (El chico del vídeo), en mi interior yo me sentía “No calificada” para llevar algún mensaje u obra buena a alguien.

En mi vida he cometido error tras error, y no estoy exenta de seguir cometiéndolos en el futuro. No soy perfecta, ahora lo veo más claro, pero a causa de esto durante mucho tiempo me persiguió la culpa y la falta de perdón hacia mí misma. Aún cuando ya había arrepentimiento en mi corazón, aún cuando ya le había pedido perdón a Dios por mis fallas, aún así; yo no podía perdonarme.

No sé cómo sucedió el cambio, no sé cuándo comenzó, solo sé que Dios lo hizo, no fui yo, y eso me hace inmensamente feliz, pues sé que el que comenzó la buena obra en mí, la perfeccionará. Lo cierto es que, de pronto, comencé a sentir una constante necesidad de servicio, de ayudar a otros y de ser parte de la solución, mas no del problema de esta sociedad.

Al principio ignoré ese sentimiento, pero Dios no me dejó de recordar que era momento de comenzar a hacer algo, yo no sabía qué, creo que aún no sé a dónde me quiere llevar, pero sé que me está preparando, Él me está “calificando” para hacerlo; y creo profundamente que también lo hará con muchas otras personas allá afuera, tal vez contigo, quizás te esté hablando a través de este mensaje, pues no es casualidad que hayas llegado hasta aquí.

Me tomé la libertad de traducir el contenido del vídeo de Anima Series que escribió Jon, porque sé que es un mensaje poderoso que ayudará a muchos “No calificados” como yo a ignorar lo que el mundo pueda decir, y a lanzarse a comenzar a hacer algo que tenga sentido, algo comandado por Dios en sus vidas.

Sin más preámbulos, les dejo el diálogo del vídeo:

No Calificado.

Por Jon Jorgenson. The Anima Series.

El otro día recibí un mensaje en Facebook que decía:

– “Jon, me encantan los mensajes de tus videos, pero no si vienen de ti. Hay elecciones que hiciste en tu pasado que te descalifican para difundir ese mensaje”.

Y para mí fue algo difícil de oír, porque ser un cristiano hipócrita es algo que temo.

Pero hay algo que debo decir primero:

No puedo, no pretendo, ni pretenderé ser perfecto. De hecho, la mayoría de las veces ni siquiera soy bueno. Tomo la responsabilidad por los errores que he cometido, por las heridas que he causado, tengo más de eso de lo que probablemente debería.

¿Pero usaría Dios eso en mi contra?

¿Haciendo imposible que lo bueno venga a mi vida?

Que me perdone, pero ¿que se niegue a usarme?

Yo no creo en eso.

Yo creo en el Dios de Moisés.

Moisés fue un huérfano y un asesino, un prófugo, con un precio sobre su cabeza. Y Dios eligió a este homicida para ser un cumplidor, haciendo milagros, liderando a su gente, haciendo que ríos fueran sangre.

Creo en el Dios de David.

David, el pastorcito que se convirtió en rey, un padre terrible y un adultero al comienzo, a quien aún con sus malos actos e iniquidad, nosotros recordamos como el hombre con el corazón de Dios.

María Magdalena fue prostituta, vivía una vida sin dirección. Mateo era un recaudador de impuestos, lo más bajo de lo bajo y aun así ellos caminaron, hablaron y fueron testigos de la perfección de Cristo.

¿Acaso Dios escogió a los Fariseos? Los autosuficientes, estirados y pretenciosos. ¿O escogió al cobarde Pedro o al perseguidor Pablo para difundir el mensaje de la redención de Dios?

Todos estos héroes de la Biblia, ni uno de ellos era apropiado, pero no se apoyaron en ellos mismos, se apoyaron en Dios, ¿y sabes quien es Dios? Él es Todopoderoso.

Entonces, ¿puede Dios usarme a mí que soy un lío desastroso?

¿Y podrá Dios usarlo a él, o a ella o a ti?

Estoy aquí para decirte en este momento que la respuesta es SI.

Dios puede y usará a cualquiera, aun si tú solo vas a la iglesia en Navidad. ¿Acaso Él solo habla a través del predicador? NO. Dios está en otra cosa, porque creer en el Señor no se trata de vivir una vida perfecta, siempre haciendo todo bien, es acerca de dejar que Su luz brille desde adentro de ti, es dejar que Su palabra sea tu tutor, Él tomará tu pasado destruido, ayudándote a tener un futuro más esperanzador, porque no fue por la perfección que Jesús murió en esa Cruz, fue por los enfermos, para que ellos pudieran servir a otros enfermos, para que ellos pudieran buscar y ayudar a salvar a otros perdidos.

Porque al final, estas palabras, y estas luces, y estas cámaras, y este video, no son acerca de mí. Es acerca de Dios, y con Dios nunca es acerca de quien eras, es acerca de quien SERÁS.

Es la historia de Dios para el mundo, y nosotros solo estamos haciendo nuestras partes, así que si estás allá afuera, sintiendo que no estás calificado, es grandioso, porque con los “no calificados” es donde Él comienza.

Este año no celebro la navidad sin… ¡Jesús!

Cuando se aproxima esta época de gran celebración, empezamos a ver que el mundo se vuelve loco, las tiendas están a punto de explotar y todos estamos preparándonos para el gran día de Navidad con altas expectativas de que todos estén felices y de que sea una celebración sin precedentes.  ¿Pero realmente entendemos el significado verdadero de la Navidad?

Gracias a mi amigo y pastor Sebastián Giménez entendí el verdadero significado de la navidad. Mi concepto de ella  cambió 180 grados y por eso hoy, inspirada por su mensaje, me lanzo a escribir este artículo que espero sea de bendición para tu vida y que esta sea una experiencia realmente diferente para ti y tus seres queridos.

La Navidad va mas allá de lo que muchos en algún momento pensamos que es, una celebración donde se dan regalos, se come rico y se comparte en familia. Sin saber que esta celebración trae consigo un mensaje de esperanza y humildad para la humanidad.

Yo amo las celebraciones y más si tienen un significado importante. Por este motivo, te dejo aquí plasmados algunos consejos para que vivas una navidad como Dios manda:

  1. Vive como Dios quiere que vivas
  • Arregla tus cuentas con Dios y prepara tu corazón para la navidad. ¡Qué bueno es que Dios se agrade de nosotros!
  1. No cuestiones la manera en que Dios trabaja:
  • Él tiene fecha y hora para cumplir su voluntad en tu vida. Aprendamos a confiar. Solo da gracias, no cuestiones.
  1. Perdona:
  • El perdón sana el corazón. ¡Vamos!, llama a esas personas que no has perdonado y perdona. Dios no quiere que vivamos una vida llena de resentimientos y odio.
  1. Comparte el mensaje de la Navidad:
  • No olvidemos que nació nuestro Salvador y que no hay nada mas lindo que los demás sepan de él. El regalo de la salvación vale más que los regalos materiales.
  1. Haz algo nuevo:
  • Por qué no dar un regalo diferente, quizás con alguna promesa de Dios para tus seres queridos. Sé creativo, regala esperanza.
  1. No hagas de tu navidad algo solo material:
  • Valora el compartir, sé humilde, ama, abraza, besa, da una palabra de ánimo. Los regalos materiales no son lo más importante.
  1. Sé responsable de la imagen de Jesús:
  • No te avergüences de tus creencias esta es una oportunidad hermosa para mostrar lo que Dios ha hecho en tu vida. No te pierdas la oportunidad de bendecir a tus seres queridos que aún no creen. Ora por la cena y ora por tu familia.
  1. Prepara un regalo especial para Dios:
  • Bendice de alguna manera a alguien que lo necesita.
  1. No olvides dar gracias:
  • A pesar de tus circunstancias.

En conclusión, convierte tu corazón y tu hogar en un pesebre.