10 formas de orar en tiempos difíciles

A pesar del motivo que haya para las dificultades que atrevieses, orar en tiempos difíciles causará una diferencia positiva en el desenlace. Cada día tienes otra oportunidad para afectar tu futuro con las palabras que le dices a Dios. No te preocupes por el número de veces que las repites, Dios escucha tu oración cada vez como si fuese una nueva.

Tu oración tiene una nueva vida cada vez que las dices

Aún si no ves respuesta inmediata, cada oración pone algo en movimiento. Hay muchas cosas que pasan en el reino espiritual que no ves y cuando oras por necesidades específicas, algo pasa a tu favor.

Te enseño 10 formas de orar en tiempos difíciles:

1.Ora por sabiduría

Cuando no tomamos buenas decisiones en nuestra vida, pagamos un precio y nunca estamos en mayor peligro que cuando estamos bajo estrés o sufrimiento. En esos momentos es fácil tomar una decisión nacida de la desesperación, así que siempre es bueno pedirle a Dios sabiduría y entendimiento.

 2. Ora por la ayuda del Espíritu Santo

Cuando estamos en medio de un tiempo difícil o de alguna desilusión, nos cuesta pensar más allá del dolor pero muchas veces debemos pasar por esos momentos. De igual forma, el Espíritu Santo está ahí para ayudarnos siempre.

En algunas traducciones de la Biblia, el Espíritu Santo es llamado El ayudador. 

Jesús le dijo: Y yo le pediré a Dios el Padre que les envíe al Espíritu Santo, para que siempre los ayude y siempre esté con ustedes. Juan 14:16.

3. Ora para pensar como Jesús piensa

La Biblia dice que nosotros tenemos la mente de Cristo:

«¿Quién sabe lo que piensa el Señor? ¿Quién puede darle consejos?» Pero nosotros tenemos el Espíritu de Dios, y por eso pensamos como Cristo. 1 Corintios 2:16.

Si le pides a Dios que te ayude a pensar como Él piensa, te capacitará para sobrellevar el sufrimiento. En otras palabras, Él te ayudará a enfocarte en el bien que traerá esta situación en vez del sufrimiento que estás experimentando.

4. Ora por un sentir mayor de la presencia de Dios

En tiempos, difíciles pídele a Dios que te ayude a sentir su presencia de una manera más fuerte cada día.  El sentir la presencia de Dios a tu alrededor te ayudará a aumentar tu fe y a no ser dominada por la duda.

Todos deseamos llegar al lugar donde no tenemos temor, donde tenemos un corazón firme y confiado en Dios, queremos sentir la presencia de aquél que libera nuestra alma, nuestros ojos de las lágrimas y nuestro pies de caer. Queremos decir: “no temeré porque sé que el Señor está conmigo”. Cuando sientes la presencia de Dios, el temor se va y llega la esperanza.

5. Ora para permanecer en la palabra de Dios

Cuando la tormenta cae implacable a tu alrededor, debes estar agarrada de algo sólido e inamovible. No hay nada más sólido que la palabra de Dios; en la Biblia leemos de las promesas que Dios tiene para mí y para tí y eso te da esperanza.

6. Ora para ver lo bueno en las cosas malas que pasan

Ninguna de nosotras disfruta el dolor, la incertidumbre, las luchas o las frustraciones; pero los momentos difíciles no vienen sin traer también algo bueno.

Hay cosas que nos suceden en esos momentos que son tan preciosas como un diamante. ¿No te ha pasado? Es allí que tenemos la oportunidad de experimentar la presencia de Dios de una manera más profunda. Cuando nos aferramos a Él, Dios mismo nos revela lo bueno que está justo delante de nosotros y no logramos ver.

7. Ora para que todas tus expectativas estén solamente en Dios

La desilusión y el sufrimiento son inevitables porque la vida nunca podrá satisfacer nuestras expectativas. Las cosas muchas veces no salen de la manera que queremos, pero cuando ponemos nuestra esperanza en el Señor y reconocemos que nuestra ayuda viene solo de Él, eso quita la presión que ponemos en otros para que satisfagan nuestras necesidades.

Cometemos un error al esperar demasiado de la gente y de la vida y de nosotras mismas.

Nuestras expectativas deben estar en Dios. No huyas hacia los brazos de otros por amargura o falta de perdón, en vez de eso, corre hacia los brazos de tu padre para que te abrace y te sostenga.

8. Ora para que puedas perdonar a otros

Nuestros momentos de dolor y dificultad casi siempre ocurren cuando alguien nos falla, pero nuestra felicidad y realización personal no depende de otros, depende de Dios. Muchas veces confiamos en otros para ciertas cosas y sé que es doloroso cuando ellos nos fallan, pero el gozo de nuestra vida no depende de ellos. Tenemos que perdonar  y no continuar sufriendo por lo que otros hagan o dejen de hacer; a fin de cuentas, nuestra recompensa está en las manos de Dios.

9. Ora para que Dios te ayude a perdonarte a ti misma

Es devastador cuando creemos que hemos fallado de alguna manera o somos responsables por lo malo que haya pasado. Quizás pasó por nuestra falta de cuidado y nos torturamos permitiendo que nuestro lamento y condenación golpee nuestra alma como un martillo gigante; ese es un peso que no podemos cargar y que no fuimos diseñados para cargar, aún cuando tenemos que pagar las consecuencias por las malas decisiones tomadas, Dios está ahí para sacar algo bueno de lo malo. En nuestras peores fallas, Dios redime todas las cosas cuando le imploramos en humildad.

10. Ora para que no te desanimes

El desánimo puede ser muy abrumador, piensas que estás firme y de repente, en un momento de cansancio, el desánimo te inunda y amenaza con ahogarte.

A pesar de que pueda parecer una eternidad la espera en tiempos de dificultad  y sientas como si ya no tuvieras la fuerza para enfrentar la situación por más tiempo, repítete a ti misma que todo lo puedes en Cristo que te fortalece. Filipenses 4:13, “Cristo me da fuerzas para enfrentarme a toda clase de situaciones. Declara “Descansaré en el Señor y esperaré en Él” salmos 37:7

Dios es famoso por contestar oraciones en un abrir y cerrar de ojos, ese día podría ser hoy, no te rindas.

 

Inspirado en el libro Cómo orar durante las tormentas de la vida por Stormie Omartian.

 

Ocho cosas que Jesús nos dijo sobre la ansiedad

Muchas mujeres nos llenamos de ansiedad, como si Dios no supiera lo que hace. Él no está distante de nuestros sentimientos o preocupaciones. En la Biblia vemos como Jesús trata con la ansiedad de una forma radical. Por ejemplo en Mateo 6:25-34 nos dice tres veces que no estemos ansiosos y nos da ocho razones de no estarlo.

Escucha las cosas que Jesús quiere decirte y aplícalas a tu alma 😍

Ora así: ”Alma, esto es verdadero. Jesucristo lo dice. Confíale. Él murió por ti. Te ama. Él te creó. Te conoce. Nadie – ningún consejero, ningún pastor, ningún amigo – te conoce como él. Escúchale. Deje que estas razones penetren. Descanse en ellas. Ahora, levantémonos y hagamos lo que necesitamos hacer. Adiós, ansiedad.”

🙏 Aquí ocho cosas que Jesús nos dijo sobre la ansiedad:

1) La vida es más que la comida y el cuerpo más que la ropa (Mateo 6:25).

2)Dios alimenta a las aves y tú eres más valioso que ellas (Mateo 6:26).

3)La ansiedad no tiene sentido. No añade ni una hora a tu vida (Mateo 6:27).

4)Si Dios viste a la hierba efímera, te vestirá a ti, una criatura eterna (Mateo 6:28-30).

5)Los incrédulos están ansiosos por cosas. Y tú no eres un incrédulo (Mateo 6:32a).

6)Tu padre sabe que necesitas todas estas cosas por las cuales estás ansioso (Mateo 6:32b).

7)Cuando buscas primero el reino de Dios y su justicia, lo que necesitas te es añadido (Mateo 6:33).

8) Suficiente para el día es su propio afán. El afán de mañana se queda allí (Mateo 6:34).

El día que comprendí la gracia de Dios

El otro día conversaba con un amigo acerca de esas batallas que peleamos en distintas áreas de nuestras vidas y pude ver cómo el querer alcanzar un estándar de rectitud se vuelve tan abrumador que perdemos de vista las pequeñas victorias que obtenemos.

Como hombre, estamos envueltos en una sociedad que incentiva dar rienda suelta a todos nuestros deseos, indiferentemente si sea conveniente o no; puedes estar en medio de una batalla contra el licor o el cigarrillo y enfrentarte a un contexto en donde todo te invita a no dejarlo. Como cristiano, puedes desear profundamente mantenerte en pureza sexual y luchar cada día por evitar miradas inadecuadas a mujeres que evidentemente se visten para provocar.

Mi amigo me compartía su satisfacción por haber ganado una batalla que naturalmente perdía frente al alcohol, yo lo felicitaba y compartía su alegría; sin embargo, le decía que, aunque la hubiese perdido, Jesús podía borrar esa derrota, dándole la oportunidad para obtener una nueva victoria.

Como seres humanos, nuestra tendencia es al pecado; sentimos culpa, y nos avergonzamos ante Dios porque fallamos, es aquí cuando muchas veces no entendemos la gracia de Dios. La gracia no justifica el error, pero sí es una oportunidad para hacer las cosas de una mejor manera.

Dios conoce nuestros corazones y si nos esforzamos en fortalecer esas áreas que nos cuestan, podemos volver a sus pies para encontrar nuevamente su amor. El pecado muchas veces nos hace alejarnos de Dios, pero su gracia es un puente para acercarnos a Él. Las pequeñas victorias hay que celebrarlas y tomarlas en cuenta.

Entendiendo la gracia de Dios

En los años que tengo como seguidor de Jesús, escuchaba sobre su gracia y predicaba sobre ella, pero no fue hasta el momento en que lo único que tuve fue eso, que la entendí.

Hace poco tiempo perdí una batalla en la cual deshonré a Dios, mis valores e hice daño a seres queridos que creían en mí. La culpa llenó mi corazón de desesperanza, pues no me sentía merecedor del perdón. A pesar de que tomar una mala decisión ha traído consecuencias difíciles, a través de la confesión y el arrepentimiento pude recibir el perdón de Dios, de mis seres queridos y levantarme. Entendí por primera vez en cuatro años la gracia de Dios, me dejé arropar por ella teniendo muy en cuenta que él murió por los pecados que he cometido, por este que cometí y los que voy a cometer, trabajando conscientemente en lo que debo para no volver a tropezar.

“pero Él me dijo: Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo”; 2 Corintios 12:9 (NVI).

La gracia te limpia, pero no te excusa. Es lo que te impulsa a una mejor versión de ti. ¡Qué poderosa puede ser una mala experiencia, para corregirte, levantarte y usar ese testimonio para mostrar esperanza al caído!

La paradoja del cristiano sin misericordia

Luego de toda esta experiencia, pude ver que la raíz de esa culpa que sentí en mi corazón era que para mí mismo era muy difícil perdonar. Reflexionaba en esos días la frase del Padre nuestro que dice “perdona nuestros pecados, como nosotros perdonamos a quienes pecan en contra nuestra”; esa parte de la oración que nos enseñó Jesús, nunca la comprendí hasta que me sucedió esto. Estoy siendo retado a perdonar como fui perdonado y a tener misericordia como la han tenido conmigo.

El otro día, me encontraba en la iglesia y una persona con la que conversaba, cuestionó una de mis amistades por su historia y sus luchas. En ese momento me di cuenta que muchísimas personas – lamentablemente también dentro de la iglesia– no han recibido lo que yo recibí. Comprendí por qué tantos se van de la iglesia o ni si quiera se acercan a alguien para abrir su corazón. El juicio genera una herida que perjudica la vulnerabilidad de quien es juzgado, pues cuando tienen la suficiente valentía para confesarse, reciben juicio sobre misericordia y reglas sobre gracia.

Cuando Jesús estaba en la tierra, estuvo entre personas enfermas y necesitadas. En Marcos se refleja el momento en el que se sentó a comer junto con pecadores; los líderes religiosos lo señalaron, preguntando a sus seguidores “¿por qué su Maestro come con cobradores de impuestos y personas de mala fama?”, a lo que Jesús les contestó: “Los que necesitan al médico son los enfermos, no los sanos. Y yo vine a invitar a los pecadores para que regresen a Dios, no a los que se creen buenos” (Marcos 2:17, TLA).

Cristiano, te pregunto: ¿Te estás sentando a comer con gente de mala fama? ¿A cuántos enfermos les estás dando la buena noticia? ¿Hay entre tus allegados alguien a quien estés acercando a Jesús? O solamente te rodeas de personas “buenas”.

Si nuestro modelo a seguir es Jesús, ¿por qué seguimos lejos de los enfermos?

Esta reflexión nos debe llevar a una acción, por lo cual he decidido que este nuevo año que comienza seré diligente en la misión que me encomendó Jesús y la posición que me ha dado, te invito a que te unas:

  • Invertirte en amistades y/o familiares que no conozcan a Jesús.
  • Perdona como te gustaría ser perdonado. Recordando que el que no perdona, no recibe misericordia.
  • Acércate a Jesús aun cuando no te sientas merecedor de su gracia.
  • Celebra tus pequeñas victorias, éstas te fortalecerán para enfrentar grandes batallas.

 

Escrito por Luis Castro en colaboración con Lisangel Paolini.

¿Qué hacer ante la incertidumbre?

Hace poco más de 2 años, recién llegada a Costa Rica, estaba en un bus e iba a mi primera entrevista de trabajo. Por supuesto, iba con una amiga que me había recibido en el país, de lo contrario, probablemente no hubiese llegado con éxito al lugar de destino.

Mientras conversábamos, mi amiga me preguntó: “¿No estás nerviosa?”. Me extrañé y le repliqué: “¿por qué habría de estar nerviosa?”.“Pues, es una entrevista de trabajo, un trabajo que necesitas… ¿Qué pasa si no te dan el trabajo?”, me dijo incisiva. —“Ummm, no. Si el trabajo es para mí, todo saldrá bien; si no es para mí, pues, no lo es y otro vendrá”, le respondí.

En ese momento quedé impactada de mí misma. Tantas experiencias que había tenido en mi proceso de emigrar —y en las que Dios había actuado de manera sobrenatural a mi favor— me habían enseñado que si Dios estaba al mando, no tenía de qué temer. Es de eso, precisamente, que quiero hablarte.

¿Miedo a la incertidumbre?

Vivir en este mundo muchas veces nos llena de aflicciones, de desespero, de afán; ese sentimiento de no saber qué pasará o cómo terminará la historia cuando estás en un valle de sombra, de incertidumbre.

Es común que nos dejemos guiar por nuestros ojos y sentimientos, que nos digamos cosas como: “de esta no salgo”. O bien, que nos afanemos y pensemos: “¿qué pasa si no me va bien?”. Es común que en medio de circunstancias difíciles o de dudas tengamos temor. “¿Cómo sé si esta decisión es la correcta?”, “¿cómo sé que este camino me llevará a bien?”, te preguntarás.

Ante esto, en Filipenses 4:6-7 Dios nos dice así: “No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también”.

Dejemos en manos de Dios todas nuestras inquietudes, nuestras dudas, nuestras peticiones, nuestros anhelos. Si Dios es quien maneja el barco de tu vida, cree que todo saldrá según su voluntad agradable y perfecta.

Aprende a reposar en Dios porque Él tiene el control de tu vida, de los tiempos y de cada situación. No importa si sientes que te estás ahogando, no importa si la duda del “¿qué pasará?” te carcome. ¡Descansa en Él! Recuerda que Él tiene la visión del cuadro entero, de la historia completa y sabe lo que es mejor para ti.

“Estad quietos y conoced que yo soy Dios”, Salmos 46:10.

Enfócate en lo importante ¡No te distraigas en lo temporal!

no te distraigas

A quien no le ha pasado que por estar distraída, te pierdes justo justo el momento que estabas esperando, de aquella serie que estás viendo, y
simplemente fue por algo sin importancia.

¿Te ha pasado que cuando quieres estudiar, hasta lavar la loza o limpiar tu cuarto es más llamativo?, a mí me pasaba cuando estudiaba en la universidad, decidía empezar a estudiar y justo en ese momento, se me ocurría darle un nuevo orden al closet o limpiar mi dormitorio, y retrasaba el estudio incluso por horas.

Cuando oramos (para buscar a Dios) nos pasa algo parecido, a veces nos disponemos incluso físicamente, pero nuestra mente está en los lugares más inexplicables y simplemente nos distraemos.

Me encanta pensar que la vida con Dios es una aventura, en donde cada día tenemos la oportunidad de descubrir algo nuevo en Él o recibir lo nuevo que ese día Dios preparó para nosotras. Pero son muchísimas las cosas que parecieran tener más importancia a la hora de prestarle atención a Dios.

Como te decía, creer en Dios no se trata de un estado místico, se trata de decisiones, de una relación diaria con Dios, ¡de una aventura!, en donde el mapa de esa aventura, está disponible cada día a través de una oración o experiencia con Dios, es ahí donde tu puedes encontrar aquellas “pistas” que te llevarán a descubrir un nuevo tesoro.

A veces con aquella “pista” que Dios te da, se abre una puerta y encuentras de inmediato aquello tan esperado por ti. Otras veces tienes que pasar por ciertas pruebas, caminos montañosos, verte enfrentada a dos caminos y elegir uno de ellos, o caminos con piedras que nos hacen tropezar. Sumado a esto, voces, personas, circunstancias, que llaman tu atención, porque pareciera que son más interesantes, más llamativos. Y es posible que así sea, pero tienes que saber, que independiente de lo que te puedan ofrecer, en primer lugar, te distraen de tu destino, de tu objetivo real; y en segundo lugar, todo aquello que nos distrae, tiene una característica en común, es temporal. Lo único que es eterno es aquella aventura de conocer a Dios. Jesús dice en una oración:

“ … y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti..”Jn. 17:3.

En otras palabras, podemos vivir un pedacito de la eternidad cada día, conociendo a Dios. No hay mejor aventura que conocer a aquel que trazó los planos de tu aventura y que escondió los tesoros para ti. Nunca olvides que tu vida no es una coincidencia, es un plan perfecto de Dios, en donde él te asignó un propósito, solo debes descubrirlo, tu personalidad, tus habilidades e incluso el conocimiento que has adquirido, hablan de tu propósito, son las “pistas”, a veces tan solo debes juntarlas y leerlas.

No dejes de vivir esta aventura por estar distraída en cosas que solo son temporales, experiencias que decides vivir, pero al final solo retrasan el cumplimiento de aquellas promesas que Dios tiene para ti. ¡Ah! Y una última cosa, no te olvides de disfrutar esta aventura, ahí está la clave.

Escrito por Keila Vera @key.vera

Seis tips para aprender a escuchar la voz de Dios a través de Su Palabra

leer la biblia

En la actualidad, muchas personas son algo escépticas con respecto a “escuchar” la voz de Dios, incluso lo consideran una cosa del pasado o de la Biblia únicamente. Sin embargo, hoy en día también podemos escuchar la voz de Dios que nos habla y nos guía.

Primeramente, tenemos un manual de vida que es la palabra escrita: La Biblia. Dios dio hace muchísimos años a hombres sabios y dignos la posibilidad de plasmar los milagros y la historia del pueblo de Israel, así como los mensajes de Dios a sus hijos a través de pergaminos, tablas y cartas que, aunque fueron escritos en tiempos distintos, en conjunto conforman un conglomerado congruente y fiel a la historia y al carácter de Dios.

Comenzar a leer la Biblia es difícil, las primeras complicaciones aparecen cuando se asoman palabras desconocidas, o historias difíciles de entender considerando un contexto actual. Es por eso que, si deseas comenzar y no sabes cómo, o si lo has intentado, pero te rindes después del primer capítulo, puedo darte algunas recomendaciones para comenzar con buen pie y mantenerte animada a continuar.

1. Comienza con un corazón dispuesto

Antes de comenzar, lo primero que debes hacer es entregar en oración ese tiempo a Dios y asumir la mejor disposición de tu corazón para no solamente leer, sino escuchar con oído espiritual, meditar en la palabra e interpretarla para llevarla a la práctica. Puedes hacer una oración como esta:

“Dios, conoces el deseo que tengo de aprender de ti y escuchar tu voz. Por eso te entrego este tiempo, quiero leer tu palabra y que ella se vaya sembrando en mi corazón. Te pido me des entendimiento para poder tomar de cada lectura lo mejor, guardarlo en mi mente y recordarlo en el momento que más lo necesite. Amén”

2. Busca una versión fácil de entender

Hay muchas versiones con lenguajes más actuales que nos permiten entender mejor la secuencia de la lectura; incluso es bueno utilizar varias versiones para comparar desde distintas aristas los mismos versículos. Por mi parte, siempre leo Traducción Lenguaje Actual (TLA), Nueva Versión Internacional (NVI) o Palabra de Dios para Todos (PDT) las cuales son más comprensibles y, para iniciarte en la lectura bíblica, pueden llegar más a nuestro corazón.

Por supuesto, versiones tradicionales como Reina Valera tienen igual un impacto, sobre todo si tenemos años escuchando líderes o pastores recitando ciertos versículos que al final quedaron en nuestra memoria, por ello tienen un valor importante (ya están en nuestro corazón).

3. Comienza por los Evangelios

Mateo, Marcos, Lucas y Juan; cuatro apóstoles que relatan la historia de la venida de Jesús a nuestro mundo, las muchas enseñanzas que impartió durante su ministerio en la tierra y el sacrificio que hizo por toda la humanidad en la cruz. ¿Por qué comenzar por allí? Porque es la razón de toda nuestra existencia, es la cúspide de la Biblia, la historia más trágica y a la vez más conmovedora, aquella que nos da esperanza, perdón y nos hace entender la magnitud del más puro amor. El evangelio nos acerca al corazón de Dios.

4. No pretendas leer todo al mismo tiempo

Cuando leemos rápidamente la palabra podemos pasar por alto importantes mensajes de parte de Dios. Por eso es que es recomendable leer un par de capítulos por día, para que puedas realmente analizar lo que lees e inclusive intentar memorizar algunos versículos.

5. Utiliza marcadores o resaltadores

Para resaltar aquellos versículos que te gustaron o que hablaron de alguna forma a tu corazón. De esta manera, luego podrás buscarlos nuevamente y recordar lo que Dios habló a tu vida. Yo utilizo unos marcadores tipo post-it transparentes, vienen de colores y a cada color le asigné un tema. Por ejemplo: el color naranja me habló de “sabiduría”, el color verde de “liderazgo”, el color amarillo de “fe” y el azul me dio una “promesa”.

6. Hazlo en común acuerdo

Tal como cuando comenzamos una dieta o el gimnasio, nada como hacerlo en común acuerdo con otra persona que desea lo mismo. ¿Por qué? Porque cuando uno desmaya, el otro lo levanta. Así como cuando Moisés alzaba sus brazos al cielo para que Dios les ayudara a librar la batalla (Éxodo 17:11-13), cuando él se cansaba, Aarón y Hur lo sostenían para apoyarlo en su cansancio y no dejar de tener el favor de Dios; así podemos buscar compañeros de batalla que sostengan nuestros brazos al cielo y no dejar de buscar la guía y el favor de Dios a través de su palabra.

Existen muchas otras cosas que puedes hacer para mantenerte fiel a la palabra, puedes comenzar con estos 6 tips que te ayudarán a fidelizar tu lectura bíblica diaria. Y no te frustres, a todos nos pasa que nos atrasamos, nos cansamos o que pasamos una temporada lejos de la palabra, sin embargo, puedo decirte que cuando atravesamos nuestros desiertos y momentos oscuros, es la palabra sembrada en nuestra mente y corazón la que nos regresa la esperanza y nos levanta. Así que ¡ánimo! ella siempre está allí a nuestro alcance, recuerda regresar a ella con un corazón dispuesto, Dios desea que escuches su voz.

Tres razones para hablar (orar) con Dios más allá de pedirle

orar

Aunque orar parece algo bastante fácil, a la mayoría de las personas nos cuesta hacer un hábito de ello y solemos orar solo cuando nos encontramos en una situación difícil. Orar es el medio que las personas utilizamos para comunicarnos con Dios, la oración es definida, como la acción de hablar con Dios.

Dios quiere que le hablemos, pero no solo cuando estemos en situaciones incómodas, sino en cualquier momento o etapa de nuestras vidas, en las tristezas pero también en las alegrías.

¿Por qué debemos orar? Hay varias razones por las que Dios quiere que le hablemos y le busquemos en oración.

1.Dios quiere que le hablemos

Sí, tan simple como eso. Iniciando por el Génesis, cuando el hombre pecó, Dios nos deja ver que quiere que vengamos a Él cuándo nos equivocamos, cuando hacemos algo mal o nos sentimos acorralados. Cuando pecaron, Adán y Eva se ocultaron al sentir la presencia de Dios pasearse en el huerto del Edén, y Dios le dijo: ¿Dónde estás? Me parece que Dios les estaba dando la oportunidad de que vinieran a Él y le contaran lo que habían hecho. De igual forma sucedió cuando Caín mató a Abel, Dios le preguntó: ¿Dónde está tu hermano, Abel? ¿Acaso no sabía Dios lo que había sucedido? ¡claro que sí!, pero Él quiere que le confesemos nuestras faltas.

2.Es la forma en que nos comunicamos con Dios

Aunque la tecnología ha avanzado mucho, Dios no tiene un número de whatsapp, un email o una dirección física en donde podamos enviar nuestras plegarias y darle gracias por las bendiciones recibidas. (Aunque mucha gente piensa que sí y se la pasa mandando cadenas sobre: “Di amen si crees en Dios”, “comparte la imagen si quieres un milagro”, etc.)

Dios es el dueño del mundo y el creador de todas las cosas, Él está en todas partes, podemos acceder a Él en cualquier momento y a cualquier hora sin necesidad de herramientas adicionales. La forma establecida para comunicarnos con Dios es mucho más sencilla que todo esto, es simplemente hablarle, abrir a Él nuestro corazones.

3.Hasta Jesús oró

Jesús, el hijo de Dios, sintió la necesidad de orar y nos enseñó y dio ejemplo de su vida de oración a través de las escrituras. El ministerio de Jesús comienza orando. En Lucas 3:21-22 leemos:

“Y aconteció que cuando todo el pueblo era bautizado, Jesús también fue bautizado: y mientras El oraba, el cielo se abrió, y el Espíritu Santo descendió sobre El en forma corporal, como una paloma, y vino una voz del cielo, que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido”.

Si el hijo de Dios se presentaba en oración, mucho más nosotros. Todo lo que hacemos, nuestros proyectos, cada decisión a tomar debemos presentarla ante Dios, pedir su dirección y confirmación sobre las acciones que tomamos en nuestras vidas.

En Lucas 5:15-16 leemos que, con frecuencia, Jesús pasaba tiempo a solas en oración y eso responde la pregunta sobre cuánto tiempo debemos orar, pues, frecuentemente. Y no necesariamente debe ser arrodillado, podemos hacerlo en una sala de espera, en el transporte público y a la hora del descanso. Nosotros desperdiciamos mucho tiempo en tonterías en vez de llenarnos de Dios.

Muchas veces Dios toca nuestro corazón cuando quiere que pasemos tiempo con Él, de noche, de madrugada, en la iglesia, en la casa y elegimos pasarlo por alto.

Es importante que quede en nuestras mentes y nuestros corazones que la oración es la forma en que nos comunicamos con Dios. No hay otra forma, no hay otro medio, no hay otra herramienta, solo humillarnos y presentarnos en oración delante de Él. Hasta Jesús oró. Si Jesús, el hijo de Dios, quien vino del cielo y en verdad le conocía tuvo necesidad de orar, aún más nosotros necesitamos orar, y así poder vencer al enemigo, sus tentaciones y no ceder a las debilidades de nuestra carne. Dios quiere que le hablemos y hay muchas ilustraciones en la biblia que nos hablan acerca de esto y que debemos tomar como ejemplo.

Mis Recomendaciones:

  • Establecer un lugar para tener intimidad con Dios.
  • Determinar una hora del día.
  • Ora en cualquier tiempo y lugar.
  • Toma nota de tus acciones de gracia y peticiones, especialmente si le prometes a alguien que le llevarás en oración. (Honra tu palabra)

Mi oración en este momento es que Dios derrame un avivamiento sobre su pueblo, y que nuestro tiempo de oración no sea solo para pedir y quejarnos, sino para llevar propósitos específicos y necesidades reales delante de Dios y podamos así ver su mano obrar en nuestras vidas.

Después de todo lo que he hecho ¿Puede Dios perdonarme?

Dios perdonarme

“Es que si supieras todo lo que he hecho, no perderías tu tiempo hablándome de Dios, no creo que Él esté interesado en alguien con mi recorrido, yo soy lo que soy y ya para mi no hay remedio”.

Me comentaba Alina, una chica cuyo pasado difícil había marcado su adolescencia y adultez temprana llevándola a tomar decisiones y caminos equivocados. Pero, ¿será eso cierto?, ¿podría su vida no tener remedio?, ¿podrá un pasado y presente oscuro obstaculizar la obra de Dios en la vida de una persona?

Esta historia no se trata simplemente de Alina, se trata de ti y de mí, se trata de todos los que, arrastrados por el título de este artículo, han decidido hacer click y leer lo que Dios ha puesto en mi corazón para decir hoy sobre el tema, sobre nuestras fallas, pero sobre todo, sobre nuestra culpa y sobre ese deseo enorme que todos tenemos en algún momento de nuestra vida de no sentir más vergüenza delante de Dios y de la gente por causa de nuestros actos. Todos somos o hemos sido Alina en algún momento, algunos lo admiten, otros no, y está bien.

Para ti que me lees, primeramente quiero decirte una cosa:

«Aquél de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra» dijo Jesús en Juan 8:7

Porque aquí no estamos para juzgarte, sino para ayudarte y hacerte entender una cosa y es que Dios te ama a pesar de lo que hiciste. Si, así como lo lees. Quizás aún no lo sepas, pero esa inquietud en tu corazón y ese sentimiento de culpa en el fondo son una buena señal, esa señal que indica que tienes un corazón arrepentido y esto está muy bien.

¿Y qué hago ahora? Quizás te preguntes. La respuesta es bastante sencilla, solo debes abrir tu boca y admitir ante Dios tu arrepentimiento, ponerle fin al asunto y no volver a caer en lo mismo. Te prometo que Dios no solo te va a escuchar, sino que te va a perdonar y va a olvidar lo que has hecho para siempre. Su palabra dice:

«…pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad», 1 Juan 1:9.

«Yo hago nuevas todas las cosas», Apocalipsis 21:5.

Estas palabras nos confirman una cosa, y es que Dios no solo puede, sino que Él quiere, anhela y desea renovar tu vida, que comiences de nuevo y no mires más atrás. Sin embargo, sigamos leyendo, vamos a remontarnos al antiguo testamento, en el libro de Ezequiel, en el cual se nos revela que Dios dijo lo siguiente:

«Y si condeno a morir a un malvado, y este deja el pecado y actúa bien y con justicia, y devuelve lo que había recibido en prenda o lo que había robado, y cumple las leyes que dan la vida y deja de hacer lo malo, ciertamente vivirá y no morirá. Puesto que ahora actúa bien y con justicia, vivirá, y no me acordaré de ninguno de los pecados que había cometido

Como verás todo encaja, Dios es el mismo hoy, ayer y siempre, y su propósito para tu vida es mayor que tus errores, va mucho más allá de tus fallas, no hay pasado demasiado oscuro que el no pueda volver blanco como la nieve. Entonces podemos afirmar que SÍ, Dios puede y quiere perdonarte.

No obstante, Dios es un caballero, y no va a obligarte a nada, Él quiere que seas tú quién de el primer paso, que te acerques, que lo busques, que te entregues, porque solo así Él sabrá que tiene tu permiso para entrar en tu vida y sanarte, limpiarte, restaurarte.

¿Y qué pasará si recaigo? Bueno, Él sabe que el cambio no será de la noche a la mañana, está bien, Dios tiene mucha paciencia con cada uno de nosotros y tu caso no es la excepción. No importa si al principio solo das pasitos de bebé, éstos también cuentan, lo importante es que avances, Dios no quiere personas atrapadas en el pasado, Él quiere darte un mejor futuro y una esperanza. En caso de recaídas, ¡vuelve a comenzar! nuevamente arrepintiéndote y confesándole a Dios lo sucedido, pero no lo tomes por costumbre ¡eh!, mira que Dios es bueno, pero no es tonto.

Así que ya lo sabes, no dejes que tu sentimiento de culpa pueda más que tu deseo de salir del abismo, Dios puede usarte aunque no estés calificada, ¡date esa oportunidad! Entonces, ¿qué dices? ¿Te atreverías a dar el primer paso?

¿Cansada de no ver cambios? Razones por las que sueles reincidir en tus fallas

Luchar contra un error que se ha vuelto constante en nuestra vida suele ser devastador. Es una lucha que agota el corazón, resquebraja la fe, y justo cuando crees avanzar, caes en cuenta que nunca lo has superado realmente. Así se te va la vida, muriendo cada día a la esperanza, esperando un toque especial de Dios que cambie tu realidad, sin comprender que es Él quien siempre ha estado esperando por ti para actuar… Pero entonces, ¿qué te lo impide? He aquí alguna de las principales razones:

Creerte indigna

Cuando caes de forma recurrente, sentirte una causa perdida se vuelve típico. Eso sucede porque fallarle a Dios suele sembrar un complejo absurdo que te hace subestimar el amor de Jesús, como si la inversión de su vida en la cruz no hubiese sido exitosa (al menos, en tu caso); ¿o me equivoco?

«Él anuló el acta con los cargos que había contra nosotros y la eliminó clavándola en la cruz. De esa manera, desarmó a los gobernantes y a las autoridades espirituales. Los avergonzó públicamente con su victoria sobre ellos en la cruz», Colosenses 2:14-15 (NTV).

Sé que suena duro, pero, por muy indigna que te sientas, necesitas entenderlo: El amor de Dios no caduca. Es tiempo de cambiar nuestra mentalidad y comprender que Jesús pagó una vez y para siempre por tus faltas pasadas, presentes y futuras, por infames y recurrentes que sean.

¿La estrategia?, disponerte a recibir ese amor que crees no merecer, reconociendo tu condición y urgente necesidad de su intervención, siempre de corazón y cuantas veces sea necesario.

Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad», 2 Corintios 12:9 (NTV).

Buscar el cambio por tus propios medios

Combatir los problemas del alma con métodos propios nunca dará resultado. Aclaro: una cosa es esforzarte en alejarte de todo lo que te conecta o incita a fallar, y otra muy diferente es intentar cambiar tu conducta (hábitos) sin cambiar tu naturaleza; esto solo acarrea frustración y desánimo. Por esa razón necesitas trabajar en lo que habita en tu interior con las estrategias apropiadas para ello:

«No se duerman; velen y oren para que puedan resistir la prueba que se acerca. Ustedes están dispuestos a hacer lo bueno, pero no pueden hacerlo con sus propias fuerzas», Mateo 26:41 (TLA).

El miedo a fallar

El temor es fe que opera a la inversa. Cuando te mueve más el miedo a fallar que el fundamento de tu fe, se hace obvio que estás alimentando al lobo incorrecto; entonces, ¿qué crees que sucederá? –Y si aún dudas de la respuesta, pregúntale a Job–.

«Lo que yo siempre había temido me ocurrió; se hizo realidad lo que me horrorizaba», Job 3:25 (NTV).

¿La estrategia para combatirlo? Fortalecer tu relación con Dios. Verás, cuando esta se vuelve unilateral, deja de ser una relación, pero enfocarte en comunicarte y aprender constantemente de Él, –aún en medio del dolor– te enseña a dejarte arropar por el perfecto amor de Jesús, el único antídoto:

«En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios», 1 Juan 4:18 (NTV).

Preocuparte más que ocuparte

«Si el Señor no construye la casa, de nada sirve que trabajen los constructores; si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que vigilen los centinelas», Salmos 127:1 (DHH).

Como verás, si la responsabilidad que sientes de guardar tu reputación ante otros te preocupa más que ponerte a cuentas y crecer con Jesús (sea porque asistes a una iglesia, prestas un servicio a otros, ejerces un liderazgo, o por la opinión de tu familia y/o amigos), déjame decirte que en vano es tu esfuerzo. Por esa razón es que quizás, desde hace tanto, vienes cargando con el peso de tus faltas a cuestas:

«Ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar», Mateo 11:28 (TLA).

Jesús fue claro. ¿Necesitas otra razón para acudir al único que puede darte descanso y empezar a cultivar una genuina relación con Él?

Amiga, podemos asistir a la iglesia cada domingo, pero solo una relación con Jesús transforma nuestras vidas. No es lo mismo desear un cambio que buscar una transformación. Él está esperando por ti, de ti depende atender su llamado.

«¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos», Apocalipsis 3:20 (NTV).

Si Dios me ama, ¿por qué permite esta prueba en mi vida?

prueba mujer cristiana

Creo que a nadie en la vida le gusta sufrir, ni disfruta mientras está pasando un momento duro o circunstancia difícil. ¿Sería absurdo verdad? Nosotros los seres humanos siempre optamos por el camino fácil, lo cómodo, lo que menos molestia e incomodidad cause porque, por naturaleza, buscamos lo que nos haga sentir bien.

Sin embargo, hay algo llamado “Pruebas” o “Procesos” que si bien queremos crecer, avanzar y ser transformados, será necesario pasar por ellos, aunque quisiéramos evitarlos.

Muchas veces, y en algunos casos Dios se vale de ellos, llámese como se llame la prueba, para hacer algo en nuestras vidas con algún propósito. Pero, aceptar las pruebas o procesos no siempre es fácil, se requiere de mucha fortaleza y valentía para caminar en medio de ello y poder salir airoso. En algunos casos estas pruebas suelen pasar por consecuencia de “desobediencia” o por causa de un trato especial de Dios. ¡Sí, especial!

En un momento de mi vida pasé por una prueba grande, un proceso de Dios del que todos los días quería salir corriendo, porque efectivamente no era nada fácil. Literalmente podía sentir cómo quemaba, cómo dolía y el sufrimiento que me causaba. (En mi caso fue por desobediencia).

Pero un día, un bendito día, en el que me encontraba de visita en una iglesia en la ciudad de Miami, se encontraba una pastora invitada que se encargó de llevar el mensaje. Realmente no recuerdo con detalles ni siquiera el tema de la prédica, pero unas de las pocas cosas que sí recuerdo, fueron unas palabras que hicieron eco en mi vida y aunque fueron tan sencillas, fueron suficientes para sostenerme durante mi proceso, estas palabras fueron las siguientes:

“No te saltes la prueba, porque sino te va tocar presentar un examen más difícil

Cuando escuché esas simples palabras sentí claramente que Dios me estaba hablando a través de ellas, sabía que era conmigo, que esa palabra era para mí. A veces creemos que si es Dios y Su Espíritu Santo el mensaje o la palabra debe venir casi que con fuego, en algún tono agudo o con términos rebuscados, pero así es como he visto que Dios habla a mi vida, de una manera simple, por decirlo de algún modo.

Durante mi proceso y cuanto más difícil se hacía la prueba, más traía a mi mente esas palabras y me agarraba fuerte de ellas. El solo pensar que el salirme de la prueba me podía tocar más adelante pasar un proceso aún más difícil me llenaba de fuerzas, además el saber de que Dios estaba en control y debía dejar que Él terminara el trabajo que estaba haciendo en mí sin interrumpir el proceso.

La palabra de Dios dice que así como el oro y la plata es pasada por el fuego, así seremos pasados nosotros por él (1 Pedro 1:7, 1 Pedro 4:12-13, Zacarías 13:9).

¿Y será porque Dios es cruel?.. Al contrario, es porque es tan bueno y nos ama tanto, que desea que seamos pulidos y purificados de todas esas impurezas. El fuego representa la prueba: (Divorcio, ruptura, enfermedad, pérdida de un trabajo o alguna posesión, etc). Las impurezas o suciedad representan: (El pecado, algunas debilidades de nuestro carácter, arrogancia, falta de humildad, orgullo, etc). El oro o la plata somos nosotros.
A través del fuego estos metales o minerales son fundidos, purificados y moldeados para luego finalmente crear una pieza hermosa. Dios desea que así como el oro, la plata e incluso el diamante pasa por este proceso, nosotros también pasemos de lo ordinario a lo extraordinario. Para que no haya nada que opaque e impida que podamos brillar como Él anhela que lo hagamos.

El plan de Dios no es castigarnos, pero sí desea corregirnos a través de su disciplina, sin embargo; aún cuando lo hace, y aún siendo por causa de alguna falla o pecado, Él sigue mostrando su amor, misericordia y fidelidad como un Padre que ama su hijo. Él no nos deja solas en medio de nuestras pruebas, por el contrario, está allí presente para sostenernos, fortalecernos y darnos su consuelo.

Su propósito es convertir nuestras debilidades en fortalezas, nuestro carácter en semejanza al de Cristo, nuestro corazón en uno más puro y limpio.

Si me preguntaras si hubiese querido que esto pasara te dijera que no, pero sin duda no sería lo que hoy en día soy. Después de haber pasado por mi proceso puedo asegurarte que mi vida no es la misma. Me costó muchísimo, no fue ni un poquito fácil pero Dios siempre estuvo conmigo. Romanos 8:28 se convirtió en mi verso favorito:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas le ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

¡Doy fe de esta verdad!

Qué bendición es que podemos contar con Su Palabra que nos recuerda sus grandes promesas y nos fortalece en medio de las pruebas. Nunca subestimes el poder de una simple y sencilla palabra, venga de la forma o el medio que sea, porque Dios la puede usar para comenzar hacer algo en tu vida.

Si estás pasando por uno de esos procesos o trato especial de Dios, no lo olvides: “No te saltes la prueba” puedes estar segura de que Él no te dejará, ni te soltará hasta que no estés lista y preparada para brillar.

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Santiago 1:2-5”

Escrito por: Shaysiu García (@Shaysiu1)