Cómo tener una mejor actitud: Enfócate en lo positivo

mejor actitud

Muchas personas confunden ser positivo con evadir la realidad de lo que se está viviendo, incluso hoy en día son juzgadas aquellas que deciden ser optimistas en medio de un mundo tan conflictivo y problemático. Pero la realidad es que son pocas las personas que deciden ser diferentes y no dejarse arrastrar por la preocupación y ansiedad que este sistema conlleva y tener una mejor actitud.

Sabemos la realidad, la estamos viviendo, pero de nosotros depende la actitud con la que la atravesemos, porque independientemente de lo que decidas, igual vas a pasar por la situación. Entonces, la pregunta es: ¿Vas a ganar o a perder? La verdadera ganancia es aprender a recorrer la vida y atravesarla con la mejor actitud posible. Solo así se decide ser feliz.

Recuerda que la alegría es un fruto de Dios y por eso siempre está presente en nosotras, pero depende de ti ponerlo en práctica. En la Biblia, el apóstol Pablo lo deja claro en Filipenses 4:11, cuando dice:

he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.

Decidimos tener una actitud positiva y estar alegres porque Dios nos da la gracia de estar vivas pese a cualquier circunstancia adversa que estemos viviendo. Esa alegría se basa en la certeza de su victoria.

Dios desea verte alegre y optimista porque entiendes que Él es la fuente de donde proviene tu gozo y alegría. Por lo tanto, no busques más por fuera algo que sólo puede brotar desde tu interior, ten una actitud positiva que agrade a Dios, tal como dice Su palabra:

Regocíjense en el Señor siempre. Y otra vez les digo, ¡regocíjense! Filipenses 4:4.

Y si la temporada está difícil, pues con más razón necesitamos una buena actitud para superar ese tiempo y los retos que conlleva. Recuérdate siempre que parte de la confianza plena en Dios es no cuestionar su tiempo ni métodos.

Jesús enfatizó que veríamos la gloria de Dios si tan solo pudiésemos creer, ¡Así de simple! Nuestro trabajo es creerle a Dios y agradecer por lo que ya hizo; no preguntarnos cómo, cuándo o dónde actuará. Hacerlo solo mantiene viva la preocupación y la ansiedad en ti.

En vez de alimentar aquello que ahoga tu fe, mejor cuéntale a Dios lo que necesitas y agradécele por lo que aún no ves pero sabes que es un hecho, eso es tener una buena actitud. Después de todo, ¿qué otra razón necesitas para hacerlo cuando sabes que tienes un Papá que no defrauda?

❝No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que Él ha hecho❞, Filipenses 4:6

¿Presa del afán? 3 razones para decirle ¡adiós! a las preocupaciones

Tampoco es que nos encante la cosa pero, pensándolo bien, pareciera haber una especie de placer culposo implícito en el afán porque ¡con qué facilidad se nos da –a las mujeres– eso de preocuparnos por tener todo bajo control!, ¿o soy la única a quien le pasa?

El vivir preocupadas puede que se interprete como algo común en una sociedad que exalta la capacidad multitasking de la mujer y que confunde la adicción al trabajo con ser productivas. Así es como El afán se ha convertido en un estilo de vida en auge que hemos subestimado y al que nos hemos acostumbrado.

Para muchas de nosotras, el afán es una lucha constante que libramos en defensa de nuestra paz mental y espiritual. De allí parte la urgencia de ser intencional a la hora de enseñarnos a descansar en Dios y a priorizar este principio en nuestro día a día. Si esto no es motivo suficiente para ti, te daré tres razones por las que necesitas dejar de preocuparte por todo desde una óptica bíblica.

1. Porque preocuparte en exceso nubla tu perspectiva

Cuando te preocupas por algo con afán, sueles perder de vista el panorama general de las cosas porque tu atención y esfuerzo se abocan por completo hacia esa situación en particular que se ha salido de “tu control”. En este punto, pierdes la perspectiva de tal forma que, sin darte cuenta, terminas por hacer a un lado lo que debe ser prioridad para ti en ese momento. Un claro ejemplo lo encontramos en Marta y su hermana, María.

Cuando Jesús llegó a la aldea donde ellas vivían, Marta lo recibió en su casa. De inmediato, María se sentó a escuchar lo que decía; pero Marta estaba tan abrumada por sus quehaceres que solo supo dirigirse a Jesús para hacerle saber que su hermana no la ayudaba.

Pero Jesús le contestó: —Marta, Marta, estás preocupada y te inquietas por demasiadas cosas, pero sólo una cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la va a quitar. Lucas 10:41-42 (DHH).

2. Porque la preocupación ahoga tu fe

No importa cuántas veces hayas visto a Dios actuar a tu favor ya que la preocupación y el afán minimizan a Dios en tu vida al alimentar esa urgencia que tienes por encontrar una solución. Esto les pasó a los discípulos de Jesús a pesar de presenciar sus milagros a diario.

En una ocasión, los discípulos se olvidaron de llevar comida y solo tenían un pan en su barca. En ese momento, Jesús intentaba alertarlos de algo pero ellos, abstraídos por la situación, discutían entre sí sin recordar de quién venía su provisión. La respuesta de Jesús al respecto fue contundente:

—¿Por qué dicen que no tienen pan? ¿Todavía no entienden ni se dan cuenta? ¿Tienen tan cerrado el entendimiento? ¿Tienen ojos y no ven, y oídos y no oyen? ¿No se acuerdan? Cuando repartí los cinco panes entre cinco mil hombres, ¿cuántas canastas llenas de pedazos recogieron? Ellos contestaron: —Doce. —Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas recogieron?Contestaron: —Siete. Entonces les dijo: —¿Todavía no entienden?, Marcos 8:17-21 (DHH).

3. Porque el afán saca a Dios de la ecuación

Cuando la preocupación te domina, el mismo afán por resolver te impulsa a actuar por tu cuenta, como si Dios se hubiera retrasado o necesitara de tu ayuda. De esta forma, le haces una invitación formal a la autosuficiencia en tu vida y ¡ay de sus consecuencias!

Si piensas que exagero, déjame hablarte de Sara (en ese entonces, Sarai). Ella era estéril, pero Dios le había prometido a su esposo, Abram, darle un hijo.

Afanada por el pasar de los años que le sumaban vejez, Sara decidió tomar cartas en el asunto:

…Como ella tenía una esclava egipcia que se llamaba Agar, le propuso a su esposo: «Abram, como Dios no me deja tener hijos, acuéstate con mi esclava y ten relaciones sexuales con ella. Según nuestras costumbres, cuando ella tenga un hijo ese niño será mío, porque ella es mi esclava». Abram estuvo de acuerdo. Entonces Sarai tomó a su esclava y se la entregó a su esposo. Abram se acostó con Agar, y ella quedó embarazada. Génesis 16:1-4 (TLA).

A pesar de haber conseguido lo que deseaba, ese niño que venía en camino no era el hijo de la promesa de Dios y solo trajo problemas entre Sara y su criada, quien más tarde huyó a causa de sus maltratos. (Puedes leer la historia completa a partir de Génesis 16)

 El afán no da tregua. En un abrir y cerrar de ojos puede acabar con tu vida…

El 27 de diciembre de 2017, mi familia y yo regresábamos de nuestras vacaciones. Veníamos descendiendo el páramo andino, un lugar caracterizado por sus pronunciadas curvas y alta tasa de accidentes fatales.

Nuestro viaje de regreso se retrasó y la preocupación por llegar a casa antes que anocheciera era tal que no nos detuvimos ni para comer. El afán hizo de las suyas e hizo que subestimáramos un olor fuera de lo común; después de todo, la camioneta parecía funcionar a la perfección.

Cuando descendíamos hacia una acentuada curva que debíamos tomar con cautela, la camioneta perdió los frenos y cobró velocidad por el peso que traíamos. Nos dirigíamos directo hacia el precipicio.

Momento del accidente

Dios nos salvó de rodar cuesta abajo gracias a que la camioneta quedó prensada de una forma inexplicable a un pequeño poste de electricidad que, a pesar de haberse desenterrado con el impacto, aguantó todo el peso del auto y evitó que nos termináramos de volcar.

Pilar que evitó que la camioneta rodara cuesta abajo.

Como verás, Dios tuvo que irrumpir de manera inaudita y poco convencional en nuestro presente para hacernos entender el enorme riesgo al que voluntariamente nos exponemos cuando llevamos una vida marcada por una preocupación desmedida. Ese día volvimos a nacer y hoy somos afortunados de vivir para contarlo.

Al punto, ¿cómo dejo de afanarme cuando siento que las preocupaciones me superan?

  1. Ve a la fuente. Toma un tiempo para alejarte del caos cotidiano y busca la presencia de Dios porque solo Él puede calmar tu alma y darte ese descanso que por ti misma no has logrado conseguir. “Ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar”, Mateo 11:28 (TLA).
  2. Llénate más de lo que Dios dice que de tu realidad. Cuando el afán es la regla, necesitas contrarrestar lo que ahoga tu fe y nada mejor para hacerlo que recordarle a tu corazón lo que dice Dios en su palabra. Acá te dejo algunos pasajes:

Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy, Mateo 6:34 (NTV).

Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? Mateo 6:25 (NTV).

Así que no se preocupen por todo eso diciendo: “¿Qué comeremos?, ¿qué beberemos?, ¿qué ropa nos pondremos? Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades. Mateo 6:31 (NTV).

  1. Asume la actitud correcta. No, no es desesperarte, tampoco apostar a la autosuficiencia; todo lo que necesitas es poner en práctica la gratitud. Un corazón agradecido le demuestra a Dios que confía en Él y en sus tiempos aun cuando nada sale según lo esperado. “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que Él ha hecho”, Filipenses 4:6 (NTV).

El primer paso para ganarle la carrera al afán es entender que no necesitas correr cuando puedes caminar a tu propio ritmo. Ahora deja que Dios te ayude a hacerlo.

Devocional: Cuando tu fe está en crisis

Estas palabras no las escribo desde tierra firme, las escribo en medio de la tormenta y de las olas que golpean, una y otra vez, mi fe y mi esperanza, en medio de un momento en el que me cuestiono, ¿está en crisis mi fe?

Comienzo con esta advertencia, porque sé lo difícil que es escuchar las palabras de alguien que uno cree está en una tierra frondosa y firme. También lo hago, porque sé muy bien lo fácil que es hablar y aconsejar sobre la fe cuando todo está fantástico, pero te aseguro algo: en este momento de mi vida no todo está fantástico e instagrameable.

En los últimos meses he dudado de Dios, de su bondad, de su justicia y de esa fe que he defendido durante más de 12 años. Me he preguntado, una y otra vez, si Él me escucha o si le importa si quiera lo que me pasa. He tenido días oscuros; donde el miedo, la soledad, la desesperanza y la vergüenza me llenan los pensamientos de dudas y los ojos de lágrimas.

Días donde me siento avergonzada por sentirme mal o por dudar de mi fe, cuando hay personas que no tienen para comer, sufren crueles abusos o enfermedades y hasta han perdido a seres queridos.

Aún así, recuerdo lo que decía el profeta Jeremías cuando componía su quejumbroso y genuino canto:

“Pero hay algo que quiero recordar y en ello poner mi esperanza: ¡en que el gran amor del Señor no tiene fin, pues solo ha sido por su misericordia que nos ha guardado de la destrucción completa! El Señor es digno de toda confianza; sus muestras de bondad las recibimos cada día. Lamentaciones 3:21 (NBV).

Sí, el libro de Lamentaciones, como ya puedes percibir por su título, es el cántico de alguien que no la estaba pasando nada bien, pero que insistió en recordar la naturaleza del Dios que otras veces le ayudó. Yo elijo seguir su ejemplo y, en medio de la tormenta y de las aguas que arropan mi cabeza, saco mi mano para guindarme de ese hilito de fe que me queda cuando recuerdo la bondad y fidelidad de Dios en otras oportunidades.

Y tú ¿tienes tu fe en crisis en estos momentos?

crisis de fe

Con amor,
Laura.

Devocional: ¿Cómo estás viviendo tu fe?

Quiero comenzar este devocional con una pregunta que hacerte: ¿Como estas viviendo tu fe? Cuando me puse a reflexionar sobre ello, en mi caso, recordé la historia del pueblo de Israel.

Cuando el pueblo de Israel –liderado por Moisés– anduvo en el desierto, la orden era avanzar conforme la nube y la columna de fuego se movieran durante el día y la noche, respectivamente. Sin embargo, cuando Moisés murió y el liderazgo pasó a Josué, la orden cambió para él: ahora se trataba de “esforzarse y ser valiente, no temer ni desmayar” porque Dios le prometía su respaldo a donde quiera que fuese.

Dios es el mismo de ayer, hoy y siempre

En Moisés y en Josué vemos dos generaciones diferentes y dos liderazgos distintos, pero un mismo Dios. Un liderazgo marcado por evidentes señales y otro por el fruto de la fe.

A veces, aunque buscamos la dirección de Dios en nuestras vidas, tememos tomar decisiones hasta no tener una clara señal del respaldo de Dios. 😅 Eso no está mal. Sin embargo, a veces Dios calla y nos demanda que le tengamos un poco más de fe al actuar. Después de todo, ¿qué padre deja de tener cuidado de sus hijos?

En el Nuevo Testamento, Jesús fue claro con aquellos religiosos que le demandaban una señal para así creer en él y fue contundente al responder que la única señal que recibirían sería la de Jonás. ☝🏽 Jesús se refería a su resurrección.

Viviendo tu fe a la manera de Dios

Amiga, a veces lo único que Dios quiere es que seas fuerte y valiente. Esto es esforzarte en creerle pese a tu propio raciocinio o circunstancias y ser lo suficientemente valiente como para actuar por encima de tus temores, solo porque decidiste confiar a ojos cerrados en su respaldo de padre, entendiendo que aún si las cosas no salen como esperas, en sus manos “todo obra para bien”. Cuando te mueves de esa manera, el juego cambia de una forma sorprendente a tu favor y en vez de ir tras las señales, las señales te seguirán porque ese es el fruto de la fe que te mueve.

Y tú, ¿estás viviendo tu fe a la manera de Dios? ¿eres de las que no se mueve sin antes ver alguna señal de Dios, o eres de las que actúa confiando en el respaldo de su papá?

como estas viviendo tu fe

El mejor de los “sí”

Hace algún tiempo, dije “sí”, recuerdo que fue uno de los momentos más importantes de mi vida. Recuerdo que las lágrimas caían sin parar, sabía que estaba tomando la mejor decisión de mi vida.

Fue un proceso; me tomó tiempo estar segura, pero, creo que todas las que hemos dicho ese maravilloso sí, concordamos que existe una paz tremenda, que no se puede explicar. Así me sentía, estaba temblando, parecía que todo comenzaba a tener sentido. Cosas que había vivido años atrás, ese día, entendí, el porqué de tantas cosas.

Había muchas personas a mi alrededor, pero a la vez fue un momento tan íntimo, parecía que solo estábamos él y yo. Recuerdo haber cerrado los ojos y vi como un película: distintos momentos de mi vida, desde que yo era pequeña, haber soñado con ese momento, ¡no podía creer que estaba sucediendo!

Desde ese día mi vida cambió, cada detalle, cada momento, se tornó una aventura, literalmente. Comencé a ver a las personas de manera diferente, conocí lugares que no estaban en mis planes, experiencias increíbles comenzaron a ser parte de mi día a día. ¡Más allá de mi sí! creo que mi vida cambió, mi mente se transformó, mi ojos comenzaron a ver lo que yo no veía y, lo mejor, es que no estaba sola en cada uno de esos momentos.

Él se transformó en mi mejor amigo, mi primer amor, mi sustento; lo único que quiero muchas veces es solo disfrutar de su compañía, de sus palabras, de su amor.

Esta historia es verídica, es lo que estoy viviendo cada día y cada vez es más increíble. Pero… no estoy hablando de mi esposo (que, por cierto, sé que está en algún lugar del planeta, jeje) ¡estoy hablando de Jesús! Con él es que estoy viviendo las aventuras más locas de la vida, pero a la vez tan intencionales.

Desde que le dije “sí” a su propuesta, a su invitación, todo cambió y mi vida comenzó a tener propósito, esperanza, sentido.

Yo, hoy solo quiero invitarte a amar cada proceso, abraza tu soltería, ama vivir esas aventuras que Dios pone en nuestro frente. Sin duda, Dios tiene planes para tu matrimonio y familia, pero ese momento va a llegar en el momento justo, cuando tú estés plena, viviendo al máximo tu vida.

Te desafío a descubrir la aventura de ser hija de Dios, es lo mejor de la vida, disfrutar de su amor y sus detalles. ¡Solo necesitas decir SÍ!

Descubriendo mi Identidad en Dios

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Conocer nuestra identidad es saber quiénes somos; nuestros rasgos y características que nos distinguen de los demás. Conocer nuestra “identidad en Dios” es saber quiénes somos con respecto a nuestro creador y por supuesto conocerlo. La naturaleza de Dios, su esencia, es el amor y con amor nos creó para propósitos específicos. El punto clave sobre tu identidad está en descubrir quién eres y cómo te proyectas o presentas al mundo.

Cuando tienes clara tu identidad en Dios serás capaz de defenderla y mostrársela a los demás. La biblia cuenta la historia de cuatro jóvenes (Libro de Daniel) que fueron arrancados de sus raíces. pero, que el simple hecho de ellos saber quiénes eran en y para Dios, fue determinante en su vida espiritual y su éxito en tierras lejanas. A pesar de que estos jóvenes estaban en un lugar con creencias, cultura e idioma completamente diferentes a lo que ellos conocían, y aún estando en el palacio del máximo representante de esa nación, no influyó en ellos para hacerlos cambiar sino que ellos mantuvieron y defendieron quiénes eran (su identidad) y el Dios en quien habían creído.

Una vez entiendas tu valor para Dios y el amor con que te creó, te protege, provee y en general cuida de ti, entenderás quién eres para Dios. Ahora bien, debes poner empeño en conocer a tu Dios y el propósito para el cual fuiste creada; una lectura que recomiendo es el libro de Rick Warren “Una vida con propósito“.

Descubre tu Identidad en Dios, no en tu entorno

Cuando comprendas quién eres desde una perspectiva espiritual y respecto a Dios, debes ser coherente en cuanto a modelar los valores que caracterizan a una hija de Dios y defenderlos no importa el ambiente en el que estés (así como Daniel y sus amigos) y no comprometer quien eres por complacer a los demás.

– No cedas a las presiones: alguien que sabe quién es no cede a las provocaciones de los demás, no se deja arrastrar y no deja de ser quien es para complacer a otros. El trabajo de querer complacer a otros es una carga muy pesada de llevar; siempre habrá presiones en el entorno, pero es difícil que alguien que reconoce quién es, se deje llevar.

– Que alguien te critique no indica que tiene la razón: no importa qué tanto te critiquen por quien eres, eres hija de Dios y eso tiene más peso que cualquier crítica. Saber esto te da seguridad y poder sobre lo que otros dicen. Es imposible controlar lo que otros piensan de ti, lo que puedes controlar es la forma en que te puede afectar.

– Si cambias que sea por ti y para mejor: Dios te creó con características específicas y especiales; con una personalidad única como una huella dactilar. Esa personalidad es lo que hace que tus relaciones sean genuinas y especiales. Las personas saben cuando alguien no es real o se presenta diferente a como es y si no lo descubren de inmediato en algún momento lo sabrán.

Todos hemos realizado acciones contrarias al carácter y persona de Dios, esas cosas son las que debemos cambiar, las que no agradan a Dios. Por lo demás, Disfruta quien eres, muestra tu personalidad y brilla con esa luz hermosa que te ha dado Dios. Eres hija de Dios creada con amor eterno para propósitos que solo tú cumplirás.

Lejos de casa, ¿lejos de Dios?

lejos de Dios

El otro día hablaba con una amiga que había regresado a casa luego de una temporada fuera de su país. Conversábamos acerca de su experiencia general durante el viaje, amistades, crecimiento y reflexiones personales de lo que vivió. Una de las cosas que me llamó la atención fue su vulnerabilidad al contarme que aun cuando siempre había estado involucrada en actividades de iglesia, sirviendo y se consideraba cercana a Dios, una vez que salió de su entorno normal, una cierta sensación de “libertad” le dio pie a alejarse de estos hábitos. Comenzó a hacer cosas que nunca había hecho y rodearse de personas que en otra oportunidad no hubiese sido su círculo regular de amigos. Poco a poco llegó a sentirse lejos de Dios.

La verdad es que he visto esto muchísimas veces. Por alguna razón personal el entorno es distinto, se mudan, cambian de ambiente y así como cambia el ambiente cambia el comportamiento. Me dio curiosidad esto y comencé a indagar acerca de las razones por las que esto sucede y esto fue lo que encontré:

No existe una autoridad

Cuando salimos de nuestra zona de confort y nos alejamos de quienes generalmente “nos cuidan”, entra esa sensación de libertad que a veces te llena la cabeza de pensamientos tales como “puedo hacer lo que quiera, sin que me digan nada” y es lo que muchas veces nos abre los sentidos a tomar decisiones alejadas de nuestra sabiduría o incluso de nuestros principios.

En las iglesias mucho sucede que las personas por cuidar un estándar personal, una ética, moral, nombre o posición, deciden vivir una vida de mentira solamente por mantener el título. Sin embargo, Dios “no se fija en las apariencias; Él se fija en el corazón” (1 Sam. 16:6). Y las intenciones de nuestro caminar, aunque externamente estén logrando una imagen ¿qué es más importante? ¿Lo que piensa la gente, o lo que piensa Dios? ¿Buscas una relación genuina con Dios o sigues “pasos” que te ayuden a subir tu propio estándar?

Te conviertes en lo que te rodeas

Cuando cambias de ambiente y relaciones, en algún momento te sentirás solo y las primeras personas con las que te conectes van a marcar una pauta en adelante. Cuando elegimos mudarnos de ciudad, país o incluso irnos una temporada de vacaciones, tus actividades seguramente se llenarán de las actividades de las personas con las que elijas rodearte.

El famoso dicho “mira con quien andas y te diré quién eres” da justo en el clavo en estas situaciones. No olvides que puedes prepararte para sentirte de esta manera y que también tendrás la libertad de elegir premeditadamente lo que es sabio y lo que traerá mayor beneficio a tu vida.

Tengo muchas amigas alrededor del mundo, el efecto “migración” ha afectado muchísimo en mi país -Venezuela- y, lamentablemente, para los que quedamos acá esta sensación de “soledad” también llega. Elegir lo bueno, lo agradable y lo digno de admiración sigue siendo difícil estés o no cerca de las personas que te cuidan. Para ti que lees esto, que te sientes lejos de Dios y “fuera de casa” te quiero decir que Dios siempre está cerca, nosotros somos los que elegimos alejarnos. Aunque muchas veces las personas señalen, juzguen tu caminar y desentiendan cómo te sientes, Dios sí lo conoce y quiere brindarte un lugar de descanso y bienestar para ti.

Si te has identificado con esto, te recomiendo algunas cosas para que comiences el camino de acercarte nuevamente a Dios:

 

4 Claves para evitar estar lejos de Dios

 

1. Ora

Muéstrale a Dios cómo te sientes y pídele su ayuda para caminar de su mano en ese reto que te planteaste al cambiar tu entorno. Que todo lo que hagas puedas rendirlo a él y contar con su favor para así lograr tus metas para Su gloria.

2. Asiste a una iglesia o comunidad

A veces solamente asistiendo a una iglesia y escuchar la palabra de Dios, renace en nuestro corazón aquello que con necedad quisimos apagar. Es un paso de valientes arrepentirse de nuestras acciones y elegir nuevamente a Dios. Pero te aseguro, no hay mejor elección que traiga más bienestar a tu vida y corazón.

3. Conéctate con personas te acerquen a Dios

Las relaciones lo son todo. Nos relacionamos con Dios, con nuestra familia, amigos y colegas. Cuando queremos crecer y cambiar, debemos buscar personas que representen un apoyo para seguir adelante, no un ancla que nos ate. Solo cuando estamos cerca de Dios, podemos ser de influencia espiritual hacia quienes nos rodean.

4. Sé siempre fiel a ti mismo

No pretendas ser algo que no eres ni alguien que no quieres ser. Sé fiel a tu personalidad, a tus principios y tu fe. Cuando nos permitimos ser controlados por algo o alguien que no es Dios, terminamos distorsionando nuestro futuro y nuestro diseño y eso jamás podría hacernos felices de verdad. Elige siempre ser tú.

Dios tiene mucho que hacer contigo y de ti, no te dejes llevar por las olas del mar de tu entorno, Dios es nuestra mejor guía en nuestro caminar. Usa esa libertad para florecer en tu diseño encaminada hacia tu propósito. Tu hogar es en la presencia de Dios, Él es nuestra morada eterna.

Cinco Tips sobre Adorar a Dios

adorar a dios

Si buscamos en Google el significado de la palabra “Adorar” nos arroja varias definiciones, una está enfocada en la rendición de culto a un ser divino y la segunda al amor intenso. Pero cuando hablamos de adorar a Dios, podría decir que esas vagas definiciones no son suficientes. Adorar a Dios básicamente es la razón o propósito por el cual fuimos creados.

Muchas personas piensan en términos “religiosos” que adorar es cantar en la iglesia hermosos coros, himnos y canciones que hablan de cuán maravilloso es Dios. Pero también es una definición muy corta para ello. En verdad la adoración a Dios puede abarcar cantos, oraciones, conversas, acciones, comportamientos, pensamientos y además nuestra mismísima forma de vivir.

Así que para hacerlo más práctico, a continuación te daré algunos tips sencillos y en lenguaje coloquial acerca de adorar a Dios:

Adorar a Dios implica rendición absoluta:

Adoras a Dios cuando rindes tu corazón a Su voluntad divina y aceptas no tener más el control de tu vida, sino que se lo entregas a Él para que en Su soberanía sea Él quien determine el curso de tu vida. Esto no debe ser confundido con sentarse a esperar que todo te caiga del cielo, sino que significa vivir una vida esforzada pero paciente y sin afanes, reconociendo que nada a tu alrededor está bajo tu control y que las cosas no suceden por tus méritos propios, sino porque ha sido la voluntad de Dios que así sea.

Adoras a Dios cuando resaltas sus cualidades:

¿A quién no le gusta que le reconozcan sus cualidades o le digan cosas lindas con amor? Sí, a Dios también le encanta. Así que en esos momentos de oración, dedícale todo o parte del tiempo a decirle a Dios cuánto le amas, lo maravilloso que es y cómo no puedes vivir sin Él. Recuerda que no todo en la oración es pedir, o acaso ¿cómo te sentirías tú si como madre tus hijos solo te hablaran para pedirte cosas y nada más?

Ser agradecida es una forma de adorar a Dios:

La gratitud y el reconocimiento de que lo que somos y lo que tenemos es gracias a Dios, es una forma constante de adorar a Dios. Así que, cuando te sientas tentada a la queja, mira a tu alrededor y adora a Dios por lo que sí tienes, por las oportunidades que te ha dado, por la gente que te rodea, por todo lo bueno que sí te ha sucedido. Recuerda que es mejor siempre ver el vaso medio lleno y no el vaso medio vacío.

Adorar a Dios debe ser algo sincero:

La adoración debe ser algo que hagas de forma consciente, es decir, de forma intencional y que salga de tu corazón con total honestidad. La Biblia nos narra cómo Jesús se indignaba al ver a los fariseos, estos hombres legalistas, orar en las calles y darse golpes de pecho, pero en su vida real, no estaban realmente siendo sinceros en esas oraciones, solo lo hacían por seguir rituales o aparentar espiritualidad. A Dios no se le puede engañar y Él aborrece la mentira, así que cuando adores, procura que sea de corazón, de lo contrario, pierdes tu tiempo.

Tu estilo de vida es tu mayor adoración:

Y voy a resumir esto en una sola palabra: OBEDIENCIA. Cuando vives un estilo de vida en concordancia con la palabra viva de Dios, en obediencia a ella, estás adorando a Dios con tus acciones, debido a que estás mostrando reverencia, respeto, amor, honestidad, entre otras cualidades honrosas que agradan a Dios. Que vivas un estilo de vida en concordancia con lo que Dios nos manda es la mayor alegría que le puedes dar a nuestro Señor y ten por seguro que esto traerá bendiciones a tu vida.

Devocional: Salgamos del hoyo y aprendamos a mirar a Dios

devocional joven cristiana

“Me ha estrellado contra el suelo; me ha hecho morder el polvo. Me ha quitado la paz; ya no recuerdo lo que es la dicha. Y digo: «La vida se me acaba, junto con mi esperanza en el Señor». Recuerda que ando errante y afligido, que estoy saturado de hiel y amargura. Siempre tengo esto presente, y por eso me deprimo” Lamentaciones 3:16-20 (NVI)

He tenido este tipo de pensamientos, me he deprimido, he llorado, me he sentido sin esperanzas. Sé que, al igual que yo, también has sentido esto o lo estás sintiendo en este momento. Tal vez algún engaño, o puede que no te alcance el dinero para lo que necesitas y eso te frustra, todo te sale mal y sientes que Dios te tiene en la mira. No sé qué puedas estar pasando en este momento, pero lo que sí sé es que no hay mucha diferencia entre Jeremías (el autor del libro de Lamentaciones) tú y yo, porque todas en algún momento nos hemos sentido de esta forma, y no es fácil, no es fácil poder dormir pensando en cómo resolver equis situación, buscando las mil y una formas de intentar que todo vuelva a la calma, y te desgastas, te desvelas, te desesperas, y te sientes en un hoyo, del cual es difícil salir, un hoyo de pensamientos. Pero si me acompañas a leer más adelante lo que dice el versículo siguiente: Lamentaciones 3:21 (NVI)

“Pero algo más me viene a la memoria, lo cual me llena de esperanza:…”

Puedo darme cuenta que él (el escritor) en medio de todos sus problemas, en medio de la difícil realidad que estaba viviendo, en medio de su desesperanza, él hace un Stop, se detiene, imagino el momento y sé que fue algo así:

“Sí, la verdad estoy viviendo un momento difícil, es una realidad dolorosa y frustrante que me agobia, me siento en un hoyo, pero ¡Un momento!, eso no es todo, existe algo más que me devuelve la esperanza, aun cuando la he perdido”

Y allí, Jeremías relata uno de mis versículos favoritos y uno de los más hermosos que se encuentran en la Biblia: Lamentaciones 3:22-23

“El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad! Por tanto, digo: «El Señor es todo lo que tengo. ¡En él esperaré!»”

Y justo allí, sale del hoyo, algo lo hala fuera de él, lo saca del estado de depresión y abatimiento en el que estaba. Cuando pensamos en nuestros problemas, nos hundimos cada vez más bajo, nos frustramos, nos deprimimos, pero cuando pensamos en todas las cosas buenas que también nos han sucedido a lo largo de nuestra vida, nos detenemos a ver los pequeños detalles, como el estar vivos, el poder ver, caminar, respirar, en quién y cómo es Dios, esto nos sacará del hoyo y nos devolverá la esperanza.

¿Quieres salir del hoyo? Piensa en quién y cómo es Dios

¿Impaciente? Tips para aprender a esperar el tiempo de Dios

Una de las cosas que más nos cuesta a muchas, es la de aprender a esperar. Vivimos en un mundo acelerado e impaciente, donde todo es urgente, donde parece que corremos una carrera contra reloj para lograr las cosas que queremos, cuando las queremos.

Sí, somos impacientes, nunca estamos conformes, siempre queremos más y lo queremos ¡ya!

Cuando somos niñas, queremos ser grandes, jugamos con el maquillaje de mamá y nos ponemos sus tacones y vestidos. Cuando llegamos a la adolescencia, a veces nos frustramos por no tener una voluptuosa figura de mujer, o porque no nos dan permiso para depilarnos las cejas y piernas. Cuando somos estudiantes, queremos graduarnos ¡ya! para trabajar. Cuando somos solteras, queremos que llegue ¡ya! el indicado para casarnos. Cuando estamos casadas queremos una casa grande, el auto, los hijos, y pare de contar. Nunca estamos conformes, siempre queremos más y lo queremos ¡ya!

Lo que a veces no somos capaces de ver es cuánto daño nos hace esto.

El afán, el estrés y las preocupaciones, no nos llevan a nada, créanme, se los digo por experiencia. No es fácil esperar, pero cuando confiamos que tenemos un Dios sobrenatural, cuando tenemos fe en que Dios es nuestro suplidor, nuestro redentor y nuestro Padre amado, toda duda se disipa, todo miedo se esfuma y es en ese preciso momento, cuando aún en medio de la tempestad del día a día, de los problemas y las frustraciones, que podemos sentir paz.

Amiga, hoy quiero decirte que no te desesperes

Y antes de todo acude a la oración. Pídele a Dios y Él te responderá en su tiempo y según su voluntad. La buena noticia es que tenemos un Padre que no nos desampara. Dios es nuestro Padre y como tal, Él quiere lo mejor para ti y para mí. Porque si aún nuestros padres terrenales quieren lo mejor para nosotras, ¿cuánto no querrá Dios que logremos?

Sin embargo, no seamos sabias en nuestra propia opinión, quizás lo que tú quieres para ¡ya! te parezca bueno, pero Dios tiene otra cosa para un poquito más tarde que será ¡muchísimo mejor! ¿Comprendes? Él puede ver más allá de lo que tú o yo jamás podamos imaginar, Él es Dios.

Para finalizar, quiero regalarte algunas citas bíblicas que puedes memorizar o anotar para leer cuando lo necesites:

“Pero ustedes, hermanos, tengan paciencia y no se desesperen, pues ya pronto viene Cristo el Señor. Hagan como el campesino, que con paciencia espera la lluvia, y también espera que la tierra le dé buenas cosechas”; Santiago 5:7 TLA.

“Calla en presencia de Dios, y espera paciente a que actúe; no te enojes por causa de los que prosperan ni por los que hacen planes malvados”; Salmos 37:7.

“Toda mi esperanza la tengo puesta en Dios, pues aceptó atender mis ruegos”; Salmos 40:1 TLA.

“Y así, habiendo esperado con paciencia, Abraham obtuvo la promesa” Hebreos 6:15 NBLH

“Espero en el Señor; en Él espera mi alma, y en Su palabra tengo mi esperanza”; Salmo 130:5 NBLH.