Cómo tener una mejor actitud: Enfócate en lo positivo

mejor actitud

Muchas personas confunden ser positivo con evadir la realidad de lo que se está viviendo, incluso hoy en día son juzgadas aquellas que deciden ser optimistas en medio de un mundo tan conflictivo y problemático. Pero la realidad es que son pocas las personas que deciden ser diferentes y no dejarse arrastrar por la preocupación y ansiedad que este sistema conlleva y tener una mejor actitud.

Sabemos la realidad, la estamos viviendo, pero de nosotros depende la actitud con la que la atravesemos, porque independientemente de lo que decidas, igual vas a pasar por la situación. Entonces, la pregunta es: ¿Vas a ganar o a perder? La verdadera ganancia es aprender a recorrer la vida y atravesarla con la mejor actitud posible. Solo así se decide ser feliz.

Recuerda que la alegría es un fruto de Dios y por eso siempre está presente en nosotras, pero depende de ti ponerlo en práctica. En la Biblia, el apóstol Pablo lo deja claro en Filipenses 4:11, cuando dice:

he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.

Decidimos tener una actitud positiva y estar alegres porque Dios nos da la gracia de estar vivas pese a cualquier circunstancia adversa que estemos viviendo. Esa alegría se basa en la certeza de su victoria.

Dios desea verte alegre y optimista porque entiendes que Él es la fuente de donde proviene tu gozo y alegría. Por lo tanto, no busques más por fuera algo que sólo puede brotar desde tu interior, ten una actitud positiva que agrade a Dios, tal como dice Su palabra:

Regocíjense en el Señor siempre. Y otra vez les digo, ¡regocíjense! Filipenses 4:4.

Y si la temporada está difícil, pues con más razón necesitamos una buena actitud para superar ese tiempo y los retos que conlleva. Recuérdate siempre que parte de la confianza plena en Dios es no cuestionar su tiempo ni métodos.

Jesús enfatizó que veríamos la gloria de Dios si tan solo pudiésemos creer, ¡Así de simple! Nuestro trabajo es creerle a Dios y agradecer por lo que ya hizo; no preguntarnos cómo, cuándo o dónde actuará. Hacerlo solo mantiene viva la preocupación y la ansiedad en ti.

En vez de alimentar aquello que ahoga tu fe, mejor cuéntale a Dios lo que necesitas y agradécele por lo que aún no ves pero sabes que es un hecho, eso es tener una buena actitud. Después de todo, ¿qué otra razón necesitas para hacerlo cuando sabes que tienes un Papá que no defrauda?

❝No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que Él ha hecho❞, Filipenses 4:6

¿Presa del afán? 3 razones para decirle ¡adiós! a las preocupaciones

Tampoco es que nos encante la cosa pero, pensándolo bien, pareciera haber una especie de placer culposo implícito en el afán porque ¡con qué facilidad se nos da –a las mujeres– eso de preocuparnos por tener todo bajo control!, ¿o soy la única a quien le pasa?

El vivir preocupadas puede que se interprete como algo común en una sociedad que exalta la capacidad multitasking de la mujer y que confunde la adicción al trabajo con ser productivas. Así es como El afán se ha convertido en un estilo de vida en auge que hemos subestimado y al que nos hemos acostumbrado.

Para muchas de nosotras, el afán es una lucha constante que libramos en defensa de nuestra paz mental y espiritual. De allí parte la urgencia de ser intencional a la hora de enseñarnos a descansar en Dios y a priorizar este principio en nuestro día a día. Si esto no es motivo suficiente para ti, te daré tres razones por las que necesitas dejar de preocuparte por todo desde una óptica bíblica.

1. Porque preocuparte en exceso nubla tu perspectiva

Cuando te preocupas por algo con afán, sueles perder de vista el panorama general de las cosas porque tu atención y esfuerzo se abocan por completo hacia esa situación en particular que se ha salido de “tu control”. En este punto, pierdes la perspectiva de tal forma que, sin darte cuenta, terminas por hacer a un lado lo que debe ser prioridad para ti en ese momento. Un claro ejemplo lo encontramos en Marta y su hermana, María.

Cuando Jesús llegó a la aldea donde ellas vivían, Marta lo recibió en su casa. De inmediato, María se sentó a escuchar lo que decía; pero Marta estaba tan abrumada por sus quehaceres que solo supo dirigirse a Jesús para hacerle saber que su hermana no la ayudaba.

Pero Jesús le contestó: —Marta, Marta, estás preocupada y te inquietas por demasiadas cosas, pero sólo una cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la va a quitar. Lucas 10:41-42 (DHH).

2. Porque la preocupación ahoga tu fe

No importa cuántas veces hayas visto a Dios actuar a tu favor ya que la preocupación y el afán minimizan a Dios en tu vida al alimentar esa urgencia que tienes por encontrar una solución. Esto les pasó a los discípulos de Jesús a pesar de presenciar sus milagros a diario.

En una ocasión, los discípulos se olvidaron de llevar comida y solo tenían un pan en su barca. En ese momento, Jesús intentaba alertarlos de algo pero ellos, abstraídos por la situación, discutían entre sí sin recordar de quién venía su provisión. La respuesta de Jesús al respecto fue contundente:

—¿Por qué dicen que no tienen pan? ¿Todavía no entienden ni se dan cuenta? ¿Tienen tan cerrado el entendimiento? ¿Tienen ojos y no ven, y oídos y no oyen? ¿No se acuerdan? Cuando repartí los cinco panes entre cinco mil hombres, ¿cuántas canastas llenas de pedazos recogieron? Ellos contestaron: —Doce. —Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas recogieron?Contestaron: —Siete. Entonces les dijo: —¿Todavía no entienden?, Marcos 8:17-21 (DHH).

3. Porque el afán saca a Dios de la ecuación

Cuando la preocupación te domina, el mismo afán por resolver te impulsa a actuar por tu cuenta, como si Dios se hubiera retrasado o necesitara de tu ayuda. De esta forma, le haces una invitación formal a la autosuficiencia en tu vida y ¡ay de sus consecuencias!

Si piensas que exagero, déjame hablarte de Sara (en ese entonces, Sarai). Ella era estéril, pero Dios le había prometido a su esposo, Abram, darle un hijo.

Afanada por el pasar de los años que le sumaban vejez, Sara decidió tomar cartas en el asunto:

…Como ella tenía una esclava egipcia que se llamaba Agar, le propuso a su esposo: «Abram, como Dios no me deja tener hijos, acuéstate con mi esclava y ten relaciones sexuales con ella. Según nuestras costumbres, cuando ella tenga un hijo ese niño será mío, porque ella es mi esclava». Abram estuvo de acuerdo. Entonces Sarai tomó a su esclava y se la entregó a su esposo. Abram se acostó con Agar, y ella quedó embarazada. Génesis 16:1-4 (TLA).

A pesar de haber conseguido lo que deseaba, ese niño que venía en camino no era el hijo de la promesa de Dios y solo trajo problemas entre Sara y su criada, quien más tarde huyó a causa de sus maltratos. (Puedes leer la historia completa a partir de Génesis 16)

 El afán no da tregua. En un abrir y cerrar de ojos puede acabar con tu vida…

El 27 de diciembre de 2017, mi familia y yo regresábamos de nuestras vacaciones. Veníamos descendiendo el páramo andino, un lugar caracterizado por sus pronunciadas curvas y alta tasa de accidentes fatales.

Nuestro viaje de regreso se retrasó y la preocupación por llegar a casa antes que anocheciera era tal que no nos detuvimos ni para comer. El afán hizo de las suyas e hizo que subestimáramos un olor fuera de lo común; después de todo, la camioneta parecía funcionar a la perfección.

Cuando descendíamos hacia una acentuada curva que debíamos tomar con cautela, la camioneta perdió los frenos y cobró velocidad por el peso que traíamos. Nos dirigíamos directo hacia el precipicio.

Momento del accidente

Dios nos salvó de rodar cuesta abajo gracias a que la camioneta quedó prensada de una forma inexplicable a un pequeño poste de electricidad que, a pesar de haberse desenterrado con el impacto, aguantó todo el peso del auto y evitó que nos termináramos de volcar.

Pilar que evitó que la camioneta rodara cuesta abajo.

Como verás, Dios tuvo que irrumpir de manera inaudita y poco convencional en nuestro presente para hacernos entender el enorme riesgo al que voluntariamente nos exponemos cuando llevamos una vida marcada por una preocupación desmedida. Ese día volvimos a nacer y hoy somos afortunados de vivir para contarlo.

Al punto, ¿cómo dejo de afanarme cuando siento que las preocupaciones me superan?

  1. Ve a la fuente. Toma un tiempo para alejarte del caos cotidiano y busca la presencia de Dios porque solo Él puede calmar tu alma y darte ese descanso que por ti misma no has logrado conseguir. “Ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar”, Mateo 11:28 (TLA).
  2. Llénate más de lo que Dios dice que de tu realidad. Cuando el afán es la regla, necesitas contrarrestar lo que ahoga tu fe y nada mejor para hacerlo que recordarle a tu corazón lo que dice Dios en su palabra. Acá te dejo algunos pasajes:

Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy, Mateo 6:34 (NTV).

Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? Mateo 6:25 (NTV).

Así que no se preocupen por todo eso diciendo: “¿Qué comeremos?, ¿qué beberemos?, ¿qué ropa nos pondremos? Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades. Mateo 6:31 (NTV).

  1. Asume la actitud correcta. No, no es desesperarte, tampoco apostar a la autosuficiencia; todo lo que necesitas es poner en práctica la gratitud. Un corazón agradecido le demuestra a Dios que confía en Él y en sus tiempos aun cuando nada sale según lo esperado. “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que Él ha hecho”, Filipenses 4:6 (NTV).

El primer paso para ganarle la carrera al afán es entender que no necesitas correr cuando puedes caminar a tu propio ritmo. Ahora deja que Dios te ayude a hacerlo.

Devocional: Cuando tu fe está en crisis

Estas palabras no las escribo desde tierra firme, las escribo en medio de la tormenta y de las olas que golpean, una y otra vez, mi fe y mi esperanza, en medio de un momento en el que me cuestiono, ¿está en crisis mi fe?

Comienzo con esta advertencia, porque sé lo difícil que es escuchar las palabras de alguien que uno cree está en una tierra frondosa y firme. También lo hago, porque sé muy bien lo fácil que es hablar y aconsejar sobre la fe cuando todo está fantástico, pero te aseguro algo: en este momento de mi vida no todo está fantástico e instagrameable.

En los últimos meses he dudado de Dios, de su bondad, de su justicia y de esa fe que he defendido durante más de 12 años. Me he preguntado, una y otra vez, si Él me escucha o si le importa si quiera lo que me pasa. He tenido días oscuros; donde el miedo, la soledad, la desesperanza y la vergüenza me llenan los pensamientos de dudas y los ojos de lágrimas.

Días donde me siento avergonzada por sentirme mal o por dudar de mi fe, cuando hay personas que no tienen para comer, sufren crueles abusos o enfermedades y hasta han perdido a seres queridos.

Aún así, recuerdo lo que decía el profeta Jeremías cuando componía su quejumbroso y genuino canto:

“Pero hay algo que quiero recordar y en ello poner mi esperanza: ¡en que el gran amor del Señor no tiene fin, pues solo ha sido por su misericordia que nos ha guardado de la destrucción completa! El Señor es digno de toda confianza; sus muestras de bondad las recibimos cada día. Lamentaciones 3:21 (NBV).

Sí, el libro de Lamentaciones, como ya puedes percibir por su título, es el cántico de alguien que no la estaba pasando nada bien, pero que insistió en recordar la naturaleza del Dios que otras veces le ayudó. Yo elijo seguir su ejemplo y, en medio de la tormenta y de las aguas que arropan mi cabeza, saco mi mano para guindarme de ese hilito de fe que me queda cuando recuerdo la bondad y fidelidad de Dios en otras oportunidades.

Y tú ¿tienes tu fe en crisis en estos momentos?

crisis de fe

Con amor,
Laura.

Devocional: ¿Cómo estás viviendo tu fe?

Quiero comenzar este devocional con una pregunta que hacerte: ¿Como estas viviendo tu fe? Cuando me puse a reflexionar sobre ello, en mi caso, recordé la historia del pueblo de Israel.

Cuando el pueblo de Israel –liderado por Moisés– anduvo en el desierto, la orden era avanzar conforme la nube y la columna de fuego se movieran durante el día y la noche, respectivamente. Sin embargo, cuando Moisés murió y el liderazgo pasó a Josué, la orden cambió para él: ahora se trataba de “esforzarse y ser valiente, no temer ni desmayar” porque Dios le prometía su respaldo a donde quiera que fuese.

Dios es el mismo de ayer, hoy y siempre

En Moisés y en Josué vemos dos generaciones diferentes y dos liderazgos distintos, pero un mismo Dios. Un liderazgo marcado por evidentes señales y otro por el fruto de la fe.

A veces, aunque buscamos la dirección de Dios en nuestras vidas, tememos tomar decisiones hasta no tener una clara señal del respaldo de Dios. 😅 Eso no está mal. Sin embargo, a veces Dios calla y nos demanda que le tengamos un poco más de fe al actuar. Después de todo, ¿qué padre deja de tener cuidado de sus hijos?

En el Nuevo Testamento, Jesús fue claro con aquellos religiosos que le demandaban una señal para así creer en él y fue contundente al responder que la única señal que recibirían sería la de Jonás. ☝🏽 Jesús se refería a su resurrección.

Viviendo tu fe a la manera de Dios

Amiga, a veces lo único que Dios quiere es que seas fuerte y valiente. Esto es esforzarte en creerle pese a tu propio raciocinio o circunstancias y ser lo suficientemente valiente como para actuar por encima de tus temores, solo porque decidiste confiar a ojos cerrados en su respaldo de padre, entendiendo que aún si las cosas no salen como esperas, en sus manos “todo obra para bien”. Cuando te mueves de esa manera, el juego cambia de una forma sorprendente a tu favor y en vez de ir tras las señales, las señales te seguirán porque ese es el fruto de la fe que te mueve.

Y tú, ¿estás viviendo tu fe a la manera de Dios? ¿eres de las que no se mueve sin antes ver alguna señal de Dios, o eres de las que actúa confiando en el respaldo de su papá?

como estas viviendo tu fe

Devocional: Seguir adelante no es huir

¿Alguna vez has querido correr lejos de todo y de todos para tener un nuevo comienzo? 🙄💭 Solemos experimentar esa necesidad de huir cuando afrontamos procesos dolorosos que sentimos que nos superan, como –por ejemplo– algún problema familiar, un fracaso o una ruptura amorosa.

No está mal hastiarse de una situación que te hace daño pero, cuando el problema viene del corazón, simplemente este te seguirá a todas partes. Si lo piensas con cabeza fría, ¿de qué te sirve huir? ☝🏽 Así como el tiempo no cierra heridas por sí solo, huir de tus procesos tampoco hará que todo cambie –o mejore– por arte de magia.

Ahora, ¿por qué deseamos huir?

Muchas veces es más sencillo para una correr lejos que aceptar lo que vivimos, sentimos o las consecuencias de nuestros actos; todo sea por evitar una dolorosa confrontación personal que nos eche en cara –una vez más– eso que tanto nos esforzamos por ignorar para seguir pretendiendo que estamos bien, cuando nada está más alejado de la realidad.

Amiga, sabemos que no es fácil mirar hacia adentro para enmendar el corazón y sí, duele horrores; pero lo que no se atiende en lo interior, se repite afuera, en nuestra vida. Lo peor es que la próxima vez que caigas, esa nueva herida expandirá el daño de aquello que no te ocupaste en sanar.

Si vas a tomarte un tiempo lejos de todo, que sea solo eso: un tiempo para serenarte, replantearte y afrontar eso que vives con la mejor actitud.

No acumules tus procesos personales como asignaturas pendientes porque huir, en ningún sentido, implica avanzar.

mujer cristiana

Devocional: ¿Por qué no debes dejarte llevar por tu corazón?

no llevarse por el corazón

¡Qué mal nos han hecho con eso de enseñarnos a “seguir nuestro corazón” sobre todas las cosas! 😩 Así es como terminamos dándole rienda suelta al susodicho y total control de nuestras vidas al alegar que “no conoce de razones” cuando se empeña en algo o en alguien, sin meditar antes en cuán conveniente es eso de dejarnos llevar por lo que sentimos.

La biblia habla claro al respecto en Jeremías 17:9-10 👉 ❝El corazón humano es lo más engañoso que hay, y extremadamente perverso. ¿Quién realmente sabe qué tan malo es? Pero yo, El Señor, investigo todos los corazones y examino las intenciones secretas. A todos les doy la debida recompensa, según lo merecen sus acciones❞.

Si hay algo que como hijas de Dios debe caracterizarnos es el dominio propio. Esto quiere decir que no nos dejamos llevar por nuestras emociones, pensamientos ni circunstancias, sino por su Espíritu. Entonces,  ¿por qué empeñarnos en complacer los caprichos de un corazón que suele jugarnos en contra?

Vivir por fe es caminar de acuerdo a lo que creemos, no a lo que vemos y mucho menos a lo que sentimos, así que ten MUCHO cuidado de tomar decisiones basadas netamente en tus emociones. ☝ En esos momentos donde sientas que son más fuertes tus sentimientos, corre a la presencia de Dios y recuérdale a ese corazoncito terco que ya no vives tú, sino que ahora Cristo vive en ti.

Cuando aprendas a no dejarte dominar por lo que sientes (sobre todo en tus relaciones), escucharás la voz de Dios con mayor claridad y dejarás que sea su Espíritu quien tome las riendas de tu vida, porque ❝los propósitos del corazón son del hombre, pero la respuesta correcta viene del Señor❞. (Proverbios 16:1).

Y tú, ¿qué opinas sobre este tema? Cuéntanos en los comentarios acá abajo.

El mejor de los “sí”

Hace algún tiempo, dije “sí”, recuerdo que fue uno de los momentos más importantes de mi vida. Recuerdo que las lágrimas caían sin parar, sabía que estaba tomando la mejor decisión de mi vida.

Fue un proceso; me tomó tiempo estar segura, pero, creo que todas las que hemos dicho ese maravilloso sí, concordamos que existe una paz tremenda, que no se puede explicar. Así me sentía, estaba temblando, parecía que todo comenzaba a tener sentido. Cosas que había vivido años atrás, ese día, entendí, el porqué de tantas cosas.

Había muchas personas a mi alrededor, pero a la vez fue un momento tan íntimo, parecía que solo estábamos él y yo. Recuerdo haber cerrado los ojos y vi como un película: distintos momentos de mi vida, desde que yo era pequeña, haber soñado con ese momento, ¡no podía creer que estaba sucediendo!

Desde ese día mi vida cambió, cada detalle, cada momento, se tornó una aventura, literalmente. Comencé a ver a las personas de manera diferente, conocí lugares que no estaban en mis planes, experiencias increíbles comenzaron a ser parte de mi día a día. ¡Más allá de mi sí! creo que mi vida cambió, mi mente se transformó, mi ojos comenzaron a ver lo que yo no veía y, lo mejor, es que no estaba sola en cada uno de esos momentos.

Él se transformó en mi mejor amigo, mi primer amor, mi sustento; lo único que quiero muchas veces es solo disfrutar de su compañía, de sus palabras, de su amor.

Esta historia es verídica, es lo que estoy viviendo cada día y cada vez es más increíble. Pero… no estoy hablando de mi esposo (que, por cierto, sé que está en algún lugar del planeta, jeje) ¡estoy hablando de Jesús! Con él es que estoy viviendo las aventuras más locas de la vida, pero a la vez tan intencionales.

Desde que le dije “sí” a su propuesta, a su invitación, todo cambió y mi vida comenzó a tener propósito, esperanza, sentido.

Yo, hoy solo quiero invitarte a amar cada proceso, abraza tu soltería, ama vivir esas aventuras que Dios pone en nuestro frente. Sin duda, Dios tiene planes para tu matrimonio y familia, pero ese momento va a llegar en el momento justo, cuando tú estés plena, viviendo al máximo tu vida.

Te desafío a descubrir la aventura de ser hija de Dios, es lo mejor de la vida, disfrutar de su amor y sus detalles. ¡Solo necesitas decir SÍ!

Amando mis defectos

Ninguna de nosotras puede decir que no tiene defectos o áreas en las cuales podría mejorar. Creo que todas concordamos que hay algo de nosotras que no nos gusta, ya sea físico, que es lo más común, o emocional.

El problema no es tener defectos, porque cada habitante en esta tierra podría ser mejor en algún aspecto. El problema es cuando esos defectos comienzan a determinar nuestro estilo de vida, afectan nuestra personalidad y hacen de nosotros personas infelices, insatisfechas y
tristes.

Todas tenemos algo de nosotras mismas con lo cual luchamos o, a veces, ya ni siquiera luchamos. He vivido años llevando sobre mí un disgusto sobre mi cuerpo, no he llegado a tener trastornos, pero sí cada vez que hablo del tema o me enfrento al espejo es imposible de pasar por alto. Hoy estoy “haciéndome cargo” de esa situación y es difícil, es casi impensable dejar de pensar lo que he pensado de mí, por años. ¡Pero se puede!

Con tus virtudes y defectos eres especial

Hace algunos días aprendí una lección gigante que removió mi corazón y la quiero compartir contigo. Una persona a la que admiro mucho, hablando de este tema, puso como ejemplo aquellos padres que tienen hijos con alguna discapacidad. Ella nos preguntó: “¿Qué hace un padre de un niño que tiene alguna discapacidad? ¿Lo deja de amar por esa discapacidad? ¿Lo ignora? ¿Lo deja por meses en un sitio sin atenderlo?” La respuesta inmediata fue “¡No, Claro que no!”. Son muchos los testimonios de padres que comentan que es todo lo contrario, ese niño/a se vuelve el centro de atención y los padres lo aman, lo apoyan, lo motivan, le enseñan a amarse, y lo impulsan a ser el mejor.

Entonces… ¿por qué nosotras tenemos esa actitud con nosotras mismas? ¿Por qué no nos amamos? ¿Por qué decidimos ignorar y desarrollar caretas, imágenes, que escondan nuestro defecto? ¿Por qué a veces no logramos aceptarnos y sacar partido de las millones de otras cosas buenas que tenemos? ¿Por qué no dedicamos tiempo de calidad para nosotras mismas, en soledad, para pensar, para conocernos y descubrir quién realmente somos y lo que valemos?

Vivimos en pos de un ideal que nunca llega, que nunca se concreta y nos perdemos de vivir lo que debemos disfrutar hoy. Has dicho o pensado “cuando sea más delgada voy a vestirme de tal forma”, “cuando sea más delgada voy a cortarme el cabello”, “cuando esté de novia mi seguridad de seguro cambiará”, “si yo solo me hiciera esa cirugía mi vida cambiaría”, “si yo fuera más linda”, “si yo fuera más alta”, “si yo fuera más simpática”, y así, miles de frases.

Decide amarte hoy

Yo hoy te quiero decir que si quieres salir de ese círculo que te tiene atrapada y te ha dejado en un lugar de sufrimiento continuo, es necesario que recuerdes eres especial, que eres única. Hoy puedes empezar a andar un camino de aceptación y de amor propio.

Algo súper práctico para empezar esa caminada es destruir ese ideal, que por años alimentamos, y comiences a tomar valentía y hagas de ti la mujer que quieres ser, ¡pero hoy! Disfruta de la etapa que estás viviendo, atrévete a experimentar cambios, deja de repetir frases destructivas y recuerda que es un proceso, pero ese proceso comienza con pequeñas decisiones.

Vivamos hoy, hagámonos cargo, cambiemos, crezcamos, pero disfrutando y amando cada defecto, para que desde ese lugar de amor, podamos experimentar los cambios que sean necesarios, al ritmo que sea necesario.
Te desafío, abraza tus defectos y los cambios que quieres ver, van a llegar aún mas rápido de lo que esperas.

Año nuevo sin apuro y sin miedos

año nuevo sin miedos

Es de valientes parar y analizar lo que ha pasado durante todo un año, porque muchas veces es necesario reconocer que no hemos actuado de la mejor manera o no hemos avanzado lo que quisiéramos. Tendemos a compararnos con aquellos estándares de éxito que nos impone la sociedad.

Y las mujeres somos víctimas de esa presión social que nos apura a tener, lograr o alcanzar ciertas cosas “normales” para nuestra edad. La frustración se apodera de nuestra mente y allí vienen nuestros problemas de autoestima, depresión y desánimo. Pero no nos damos cuenta de que lo único que conseguimos al darle el espacio a la frustración es paralizamos, nos dañamos y perdemos de disfrutar el día a día.

Solemos querer ir al ritmo de “todas”, a la manera de alguien que decidió que eso era lo “normal”. Y avanzamos rápido, pero llenas de miedos, reprimiendo nuestras emociones y sin terminar de vivir nuestros propios procesos.

Pero…¿sabes? no hay apuro, la vida no se trata de avanzar a la velocidad de la luz. Normalmente las cosas que nos cuesta conseguir, los procesos más extensos, sacan lo mejor de nosotras y nos hacen avanzar. Aunque en el momento vemos que vamos a pasito de tortuga. Tranquila, la vida no es una carrera de velocidad, es una carrera de resistencia.

Lo importante es continuar, lo importante es que cada día sea una día de dar un paso más, de vencer esos miedos que nos paralizan, descubrir esos lugares de nuestra alma que aún no conocemos, dar más de lo que estamos acostumbradas, entre muchas cosas más.

Este 2019, yo me estoy enfrentando a un desafío enorme, un cambio de país, un cambio de cultura y donde mi fe se ha visto a prueba al máximo. Pero , en algún momento, decidí hacerme cargo de mis miedos y avanzar, luchar contra la frustración que me detuvo por años. Volver cada día a la esencia, a lo que me da un propósito, a lo que me hace vivir, un día a la vez, a mi ritmo, pero sin parar.

Cada detalle de tu personalidad, lo que has logrado ser hasta hoy, es suficiente para dar el próximo paso; tienes lo necesario para dar un paso de fe, para atreverte a dejar de agradar a los demás a cualquier costo y comenzar a vivir lo que ha sido planeado para ti.

Los años pasan volando, no dejes que otros determinen tu ritmo de avance, camina, siempre avanzando, venciendo los miedos y amándote. Y verás cómo todo lo que has soñado, lo que has anhelado comienza a suceder en el tiempo correcto.

Dios tiene los mejores planes para nuestra vida, y conoce los tiempos, no te apures, avanza sin miedo, que Dios va contigo y te guiará por el camino correcto. No te desesperes, abrázate de ese amor perfecto, que echa fuera el temor; y si hoy solo hay silencio, espera, la respuesta de Dios para ti, está a punto de ser revelada.

¿“Demasiado buena” para que te conquisten?

conquista mujer buena

El otro día conversaba con una amiga sobre mi experiencia para llegar al matrimonio. Durante la conversación ella me comentaba que a veces se sentía desesperanzada de que llegara un hombre dispuesto a conquistarla. Los últimos años de su vida los había dedicado a trabajar arduamente para salir adelante, había pasado por un proceso de emigración, comenzado desde cero en un país desconocido y emprendiendo su propio negocio; ahora que estaba estable, que servía a Dios en una iglesia, que estaba en proceso de comprarse su carro, sentía que en todo este tiempo no había nadie con la disposición de acercarse a ella.

Dentro de la conversación ella me contó que había conversado con el esposo de una amiga, él le decía que los hombres al ver una mujer emprendedora, luchadora y trabajadora muchas veces les generaba inseguridad porque parecía “demasiado buena” o “independiente” para acercarse. Desilusionada me dice “¿qué se supone que haga? Si toda mi vida esta he sido yo y no puedo dejar de serlo”

Esta pregunta me hizo darme cuenta de dos realidades:

  1. Existen hombres que desconocen su valor propio y usan las grandes cualidades de mujeres emprendedoras como razones para transferir su propia inseguridad, como si fuese responsabilidad de ellas el ser “demasiado buenas”. Lo cual es totalmente irresponsable.
  2. Las mujeres tendemos a responsabilizarnos y culparnos de procesos ajenos muy fácilmente.

La verdad es que no es tu responsabilidad lidiar con los procesos ajenos, y mucho menos ser culpable de no ser conquistada por ser considerada “inalcanzable”; ya que esto tiene que ver con la perspectiva y autoestima de quien te observa.

Si eres una mujer emprendedora, trabajadora, responsable y atenta, quiero decirte que eres admirable, digna de imitar e incluso Dios dice que eres ¡extraordinaria! En Proverbios 31:

“¡Qué difícil es hallar una esposa extraordinaria! ¡Hallarla es como encontrarse una joya muy valiosa! Quien se casa con ella puede darle toda su confianza; dinero nunca le faltará. A ella todo le sale bien; nunca nada le sale mal. Sale a comprar lana y lino, y con sus propias manos trabaja con alegría. Se parece a los barcos mercantes: de muy lejos trae su comida”

La mujer del pasaje, refleja a esa mujer trabajadora aún de hoy día, que no se rinde y persigue sus sueños. Y bien lo describe el Proverbio que debe “ser hallada” y para que alguien sea hallada, debe otra persona estar dispuesta a buscarla y conquistarla.

El hombre que se acerca a conquistar una mujer así, ha sido responsable de su vida y carácter, ha avanzado un camino que lo hace consciente de su autoestima sin considerarse superior, sino que reconoce que necesita una mujer en la que pueda confiar para juntos avanzar hacia los proyectos y el futuro que desean. Ese mismo carácter es el que le transmite la seguridad de que al hallar a esta mujer extraordinaria no habrá barrera que le impida conquistarla y hacerla parte de su vida.

A ti, mujer extraordinaria que estás a la espera. No dejes de brillar y perseguir tus sueños, cosecha la dulzura y feminidad de una dama que se ama y cuida, invierte en el futuro que anhelas sin perder de vista al compañero con el que lo vas a compartir, que en tu mejor momento, cuando menos te lo esperes, habrá alguien admirado por lo que ve y listo para salir a conquistarte.