Me siento confundida, ¿será que me gustan las mujeres?

Hace algunos años atrás, durante mi adolescencia e inicio de mi adultez, me vi en una disyuntiva que me hacía sentir mal, rara y como si yo fuese la única que estaba pasando por aquello, ¿será que me gustan las mujeres?”.

Ahora, con el tiempo y al hablar con tantas jóvenes, me doy cuenta que no era yo sola, sino que hay muchas mujeres, como yo, que durante esa etapa se han hecho esta misma pregunta.

Si me lo preguntas, jamás me hubiese atrevido a abrir mi corazón para hablar de este tema, pero también entiendo que no tuve quién me ayudara o, por lo menos, se solidarizara con lo que estaba pasando y tampoco yo busqué hablar de esto con nadie. Así que como sé que son temas y preguntas que a la mayoría nos da vergüenza compartir, decidí escribir sobre ello.

Hay un diseño perfecto…

Sin lugar a dudas existe un diseño perfecto, ese es el que Dios hizo cuando creó todo. El creó al hombre y a la mujer; claramente lo podemos leer en Génesis. El hombre se sentía solo y Dios, como buen padre, decidió crearle a su ayuda idónea, Eva; luego les dijo que fueran fructíferos, es decir, que tuvieran hijos. La única forma original para tener hijos es que un hombre y una mujer tengan relaciones sexuales, cualquier otra alternativa existente para ello fue ideada por el hombre –entiéndase fertilización in vitro, inseminación artificial, entre otras técnicas–. De antemano aclaro que no tengo nada en contra de los métodos de reproducción asistida, al contrario, me parecen una buena opción para aquellas personas que tiene problemas para tener hijos.

“Creo que me gustan las mujeres…”

Volviendo al tema, allí me encontraba yo, preguntándome por qué al ver a algunas chicas me sentía atraída. ¿Había algo mal en mí? Particularmente yo sabía que ese no era el diseño original que Dios había creado; desde niña lo había escuchado, por eso el sentir o pensar en ello me llenaba de tanta vergüenza, pues, no entendía la razón. Cabe destacar que al mismo tiempo también me sentía atraída por chicos y para ser honesta no sé si eso me hizo sentir mejor o peor, pues, aumentó mi confusión.

No sé si estés pasando por lo mismo, pero si es así déjame decirte que no hay nada mal en ti. Hay muchas razones por las cual ese sentir se está originando en ti, no voy a entrar en detalles con respecto a ello pero sí puedo compartirte que hay un diseño perfecto, original y como lo reseñé anteriormente: es el que Dios creó. Años más tarde puedo verme y saber que aquello que sentía en ese momento sólo eran mentiras para distorsionar el diseño original de Dios en mi mente, así como mi verdadera identidad.

¿Qué hago al respecto?

Una de las cosas que hice en medio de esa revolución de sentimientos y pensamientos fue pedirle a Dios que los aclarara y afirmar mi fe en una verdad inexcusable: esa verdad es que lo que Dios creó es bueno y perfecto en gran manera. Ya eso es un capítulo en mi vida que está superado, hoy estoy felizmente casada con un hombre que no solamente amo, sino que ¡me encanta! (ja, ja, ja), además, tengo un hermoso bebé junto a él.

Yo pasé por esa confusión

Con propiedad puedo decirte claramente que no hay nada más hermoso y perfecto que el diseño bajo el cual Dios te creó. Que una mujer y hombre no sólo se amen, sino que sean uno en sí y puedan formar una familia es mucho más especial y único que cualquier tendencia contraria que la sociedad pretenda imponer. Todo lo demás sólo busca confundir y engañar a tu mente y corazón; aún más en los tiempos actuales, donde hay un bombardeo masivo de información tergiversada con el propósito de llevarte a corromper tu diseño original.

La palabra de Dios nos enseña

“hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte” (Proverbios 16:25, NVI). Con esto me refiero a que, contrario a lo que muchos creen, no despejarás tu duda al experimentar con base en lo que sientes; eso sólo arraigará la confusión en ti, contaminará tu sexualidad y abrirá puertas indeseadas en tu vida. Mejor abrázate al diseño perfecto de Dios y combate esos pensamientos confusos con su verdad como argumento.

Si Él fue quien te creó, ¿acaso podría equivocarse sobre ti?

Lo amé y aunque jugó conmigo, siempre vuelvo a él, ¿cómo puedo superarlo?

Tuve varias relaciones pero un chico en particular fue quien me marcó. Todo se terminó entre nosotros pero a veces no entiendo por qué ese hombre al que tanto quise y al que me entregué tantas veces sólo jugó conmigo. A veces siento que lo extraño. Aunque él está con otra persona, me sigue buscando para tener intimidad y cuando no accedo, desaparece. La verdad es que regresé nuevamente con ese hombre y estoy muy mal porque yo dejé que pasara y de nuevo me usó, lo peor es que lo sigo queriendo. ¿Cómo hago? Esto me ha dejado secuelas. No aguanto más y necesito contarlo, ya estoy harta de estar así y volver siempre a lo mismo, harta de que no me tome en serio; ya sé que no me quiere pero me duele y me cuesta tanto aceptarlo…

Entaconadas responde:

Querida lectora, lo primero que debes entender es que sin importar cuantas veces tomes la decisión errada, Dios no te abandona ni te deja de amar. ¿Qué sería de nosotras si cada vez que falláramos, Dios nos abandonará? Pero no, Él permanece siempre fiel; su amor cubre multitud de fallas, es por eso es que justo así cómo estás y te sientes en necesario que te acerques a Él para que te restaure, sane tu corazón y en sus fuerzas te hagas fuerte en la debilidad. Créeme, si te aferras a Dios, en su momento sacará lo mejor de lo que hoy vives, te hará una mujer más fuerte y madura espiritualmente.

En segundo lugar, eso que sientes por ese hombre, aunque parezca amor, no lo es. La Biblia nos enseña en 1 Corintios 3:4-7 (NTV) que “el amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso ni fanfarrón, ni orgulloso ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas. No se alegra de la injusticia sino que se alegra cuando la verdad triunfa. El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia”. Como verás, nada parecido a lo que Él te ofrece ni a lo que tú le das, porque sencillamente, el amor genuino –ese que proviene de Dios y manifestamos en Él– no te lleva a hacer nada indebido.

La intimidad sexual fuera del orden que Dios establece es un pecado que, entre sus consecuencias, acarrean ataduras emocionales hacia la persona con la que intimas; ataduras que acaban por dominarte y que sólo Dios puede romper. Ahora bien, la palabra de Dios nos enseña que cuando Dios nos limpia del pecado pero no nos aferramos a Él ni nos ocupamos de mantenernos llenas de su presencia –la que nos cambia desde adentro–, cuando la tentación vuelve a tocar la puerta de nuestras vidas logra entrar tranquilamente, pues, no hay quien le haga frente ya que dejamos nuestra casa desocupada y en nuestras propias fuerzas es difícil resistir; esto acarrea sus consecuencias:

«Cuando un espíritu maligno sale de una persona, va por lugares áridos, buscando descanso sin encontrarlo. Entonces dice: “Volveré a la casa de donde salí”. Cuando llega, la encuentra desocupada, barrida y arreglada. Luego va y trae a otros siete espíritus más malvados que él, y entran a vivir allí. Así que el estado postrero de aquella persona resulta peor que el primero…». Mateo 12:43-45 (NVI).

Es por ello que cada vez que caes te sientes peor y más alejada de Dios, aunque Dios siga estando ahí para ti, al alcance de una oración. Amiga, necesitas entender que aunque Dios te ama sin importar qué, debes renunciar de corazón a todo lo que sientes y a lo que te ata a ese hombre para dar a Dios nuevamente el primer lugar de tu vida.

¿Cómo hacerlo?

Primero, arrepintiéndote genuinamente de tus actos y reconociendo la condición de tu corazón ante Dios, no por lo que sufres como consecuencia de tus actos sino con conciencia de haber lastimado su corazón e ir en contra de su voluntad; esa es la diferencia entre el verdadero arrepentimiento y el remordimiento o culpa, porque el remordimiento simplemente se encarga de hacerte sentir mal por saber que hiciste algo mal, pero no porque repudies el pecado en sí, es decir, el conflicto se vuelve moral porque en lo profundo de tu corazón, sigues deseando intimar con aquél hombre aunque sabes que juega contigo y que no está bien delante de los ojos de Dios.

Cuando un arrepentimiento genuino se gesta en tu vida es porque, por encima de tus deseos, prevalece el temor de Dios; es decir, no haces nada que le dañe por amor, más allá de lo que puedas sentir.

“Pues la clase de tristeza que Dios desea que suframos nos aleja del pecado y trae como resultado salvación. No hay que lamentarse por esa clase de tristeza; pero la tristeza del mundo, a la cual le falta arrepentimiento, resulta en muerte espiritual”, 2 Corintios 7:10.

Puedes pedirle al Señor que te ayude, que ponga un arrepentimiento genuino en ti y te ayude a ser libre de esa ligadura emocional. Eso sí, el arrepentimiento genuino y el cambio llegarán cuando tu corazón se haga cónsono con tus oraciones en cuanto a renunciar para siempre a ese hombre y a lo que sientes por Él. En otras palabras, puedes estar harta de volver a él y decírselo a Dios de continuo, pero si en tu corazón no te cansas de verdad, renuncias a él y anhelas ese cambio, nada pasará.

Segundo, aferrándote con todas tus fuerzas a Dios y buscando su presencia cada día. La Biblia nos enseña a bastarnos en su gracia, pues, “su poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). ¿Cómo podría Dios perfeccionarse en ti y en tus debilidades si no le buscas ni cultivas tu relación con Él? Cuando lo hagas y la tentación regrese, entonces tomarás la decisión adecuada; resistirás porque no serás tú, sino la presencia de su Santo Espíritu en ti. “Así que humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes”. Santiago 4:7.

Sin duda alguna Dios no desea que vivas lo que estás atravesando, Él desea para ti a alguien que te ame y vea cómo Él lo hace, alguien que reconozca tu valor y lo sepa respetar; para ello primero debes comprender esa verdad tú misma y aprender el valor que tienes cómo mujer, así que no te aferres más a ese hombre, no eches por tierra el valor que tienes y que Dios te dio. Hazlo por amor a ti y por amor a Dios mismo.

Por último, te invito a leer este artículo sobre las verdades detrás del proceso que atraviesas y solemos olvidar → ¿Cansada de no ver cambios? Razones por las que sueles reincidir en tus fallas.

«Soy cristiana y siento que la promiscuidad me domina»

Hace tiempo hablé con una chica a la que llamaremos Ana. Ana es cristiana desde hace varios años y ama a Dios con todo su corazón. Ella tiene un novio maravilloso; está convencida de que Dios lo ha puesto en su camino y lo considera el amor de su vida, sin embargo, ambos se apresuraron en la relación e iniciaron su vida sexual. A pesar de ello, ella desea casarse y servir a Dios junto a él, pero teme llevar a su matrimonio un oscuro secreto que alberga en su corazón, un hábito con el que lucha y que la está consumiendo:

“…Aún no sé qué pasa conmigo, pero siento que hay algo en mí que domina mi vida sexual, a tal punto de querer acostarme y entregar mi cuerpo al chico que sea; de hecho, le he sido infiel a mi novio ya cuatro veces y eso me está matando (…) No sé qué hacer, siento que ya toqué fondo; deseo renunciar a esto que me domina y sentirme libre. No quiero seguir siendo ese tipo de mujer que se acuesta con cualquiera”.

La inmoralidad sexual es una de las tentaciones más fuertes que enfrenta el ser humano, tanto así que cuando la Biblia nos habla al respecto, sólo recomienda una cosa: HUIR; por lo que el primer error que solemos cometer ante la tentación de índole sexual es creer que debemos luchar contra ella o que podemos controlarla. 1 Corintios 6:18 (NTV) lo establece claramente “¡Huyan del pecado sexual! Ningún otro pecado afecta tanto el cuerpo como este, porque la inmoralidad sexual es un pecado contra el propio cuerpo”.

Otros ejemplos claros los vemos cuando el apóstol Pablo le dice a Timoteo que “huya de las pasiones juveniles” (2 Timoteo 2:22); cuando en Proverbios 5:8 se recomienda “alejarse” de la mujer adúltera, al punto de “ni siquiera acercarse a la puerta de su casa”; y el caso más citado, el de José y la esposa de Potifar: “lo agarró de la ropa y le exigió: —¡Acuéstate conmigo! Pero José prefirió que le arrebatara la ropa, y salió corriendo de la casa” (Génesis 39:12, TLA).

Es importante entender que somos tentadas desde los deseos impropios que alberga nuestro corazón. Ante esto, la palabra de Dios también nos enseña una verdad irrefutable: cuando Jesús te libera, quedas realmente libre de toda opresión, una vez y para siempre.

«Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán verdaderamente libres», Juan 8:36 (DHH).

Para que esto se haga tangible en tu vida, sólo necesitas:

  1. Un corazón que así lo crea, es decir, fe.
  2. Arrepentimiento 100 % genuino, no remordimiento.
  3. Plena disposición al cambio.
  4. Hacer tu parte, es decir, apartarte de lo que te incita y desechar toda conducta pecaminosa.

Estos elementos los podemos observar cada vez que Jesús sanaba. Si lees detalladamente la Biblia, notarás que siempre había alguien que creía con todo el corazón que lo haría, arrepentimiento genuino y disposición. Por último, no faltaba la advertencia de Jesús: “vete y no peques más”.

Si hasta el sol de hoy, en tu vida como cristiana no has experimentado esta libertad plena de la que te hablo, no es porque Jesús no te ame, no desee liberarte o Dios no escuche tus oraciones, más bien es porque hay un paso de la ecuación que está faltando.

Entonces, ¿qué estoy haciendo mal?

Lo que por lo general suele fallarnos primero, es la fe. Así nos encontramos orando por lo mismo  –y de forma automática– cada día; sin expectativas y con un corazón resignado, porque son tantas las veces que hemos fallado en la misma área, que –aunque nos recordemos lo que dice la Biblia al respecto o mentalmente sepamos y creamos que Jesús lo hace– el corazón se ha acostumbrado a no esperar cambios.

La fe no es una condición mental.

En segunda instancia, solemos confundir nuestro remordimiento o sentimientos de culpa con el arrepentimiento. Verás, sentimos remordimiento y culpa cuando sabemos que lo que hacemos está mal, nos perjudica y no le agrada a Dios, pero hasta ahí. A pesar de ello, nos sigue generando placer o “gustando” el pecado que practicamos y cuando lo hacemos; es decir, no es algo que aborrezcamos en sí, sino que nuestro conflicto es moral. En cambio, el arrepentimiento genuino es esa tristeza profunda o dolor que experimentamos no por lo que hicimos en sí –sea bueno e intencional o no–, sino por la consciencia de haber lastimado el corazón de Dios y por ende, el reconocimiento inmediato de nuestra condición.

«Pues la clase de tristeza que Dios desea que suframos nos aleja del pecado y trae como resultado salvación. No hay que lamentarse por esa clase de tristeza; pero la tristeza del mundo, a la cual le falta arrepentimiento, resulta en muerte espiritual», 2 Corintios 7:10 (NTV).

Cuando el arrepentimiento es genuino, el perdón y la liberación son inmediatas. Un claro ejemplo de esta verdad es el ladrón que fue crucificado junto a Jesús, aquél que se arrepintió y reconoció su condición; puedes leerlo en Lucas 23:40-43.

Por último, nos falla la disposición o voluntad cuando a pesar de tener conocimiento de nuestras fallas, del daño que nos hace y cómo  nos aleja de Dios, nos resistimos al cambio por miedo. Miedo de perder algo a lo que nos aferramos, de que nos duela el proceso, de lo que Dios vaya a hacer en nosotras y su forma de hacerlo, en fin… miedo a lo que desconocemos, aunque sepamos que los planes de Dios siempre serán mejor que los nuestros.

Cuando no hay disposición, el pecado te estanca.

Como verás, todas estas condiciones responden a asuntos inconclusos de nuestro corazón, no de Dios. “Luego añadió: —Lo que sale de la persona es lo que la contamina. Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona”; Marcos 7:20-23 (NVI).

Si sientes la promiscuidad como un impulso que te domina y te lleva a intimar sexualmente con facilidad, más que sólo hacerle frente a la tentación, puede que haya influencias espirituales en tu vida de las que necesitas ser liberada. Sin embargo, no ¡te asustes con esto! Recuerda que la Biblia nos enseña que la liberación “es el pan de los hijos”, es decir, algo que necesitamos de continuo. Esto es porque, aunque el Espíritu Santo de Dios vino a vivir en nosotras, todavía en nuestra alma y en nuestro cuerpo pueden existir influencias del pasado (propio o familiar), y a fin de que el Espíritu Santo pueda obrar a plenitud, tenemos que limpiar la casa.

Te explico todo esto para que puedas examinar tu corazón y pedir dirección a Dios con el fin de poder entender el trasfondo espiritual de tu situación actual.

Si hasta hoy la promiscuidad ha dominado tus impulsos en tu caminar con Dios:

  1. Lo primordial y urgente es que cultives a como dé lugar tu vida espiritual; tu vida depende de ello. No des pie a distracciones; busca la presencia de Dios al máximo, lee más la Biblia, ora al respecto, presta atención a lo que Dios desea hablarte… Como dice Mateo 26:41 (NVI): “Estén alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil”.
  2. Busca ayuda. Encuentra a una persona de tu congregación, con liderazgo activo, que ESTRICTAMENTE sea mujer –es muy importante este punto–. Puede ser tu pastora, una pastora de jóvenes, o una mentora. Procura que se trate de alguien que esté firme en los caminos de Dios, es decir, que dé testimonio, esté al servicio, sea prudente, en fin, una genuina mujer de Dios; alguien a quien puedas acercarte, abrirte y pueda ser tu guía durante el proceso que atraviesas porque necesitas apoyo, guía espiritual y alguien a quien poder rendir cuentas de tus actos. Ante todo, pídele dirección a Dios para que te lleve a acudir a la persona adecuada.

«Confiésense los pecados unos a otros y oren los unos por los otros, para que sean sanados. La oración ferviente de una persona justa tiene mucho poder y da resultados maravillosos», Santiago 5:16 (NTV).

Eso sí ¡nada de acudir a simples amigas!, mucho menos a tu pareja –si la tienes–. Cuando luchas con la promiscuidad estando en una relación sentimental con un chico cristiano (como es el caso de Ana, la chica de nuestra historia); aunque sea difícil, es necesario entender que ambos –tú y tu pareja– necesitan recuperar su relación con Dios, ser procesados y restaurados individualmente, dado que son procesos de carácter personal.

  1. A las chicas que luchan con la promiscuidad mientras mantienen una relación de noviazgo: Si tu caso se asemeja al de Ana, debes entender que como parte del proceso que atraviesas, Dios mismo delimitará el rumbo que tomará tu relación y lo que deberás hacer al respecto. Mientras trabajas en tu vida espiritual y proceso, lo más prudente que deben hacer es tomar distancia, o bien, evitar pasar demasiado tiempo juntos y salir o quedarse solos; si esto pasara sin premeditación alguna, HUIR (por separado) sin pensarlo mucho. Sé que suena duro, pero hablemos claro: si les ha resultado imposible contenerse hasta ahora, lo mejor es evitar cualquier panorama donde intimar sexualmente entre ustedes se les haga sencillo. ¿La razón? Ten en cuenta que ambos son hijos de Dios, por lo que no sólo estarían fallando, sino que estarían siendo de tropiezo el uno para el otro, porque cuando uno intente ser fuerte, el otro no lo será. (Lee Mateo 18:6).

Dios te ama de manera incalculable. Si hay alguien más interesado que tú por sacarte de la situación en la que te encuentras es Él, tanto así que invirtió la vida de su hijo en ti, y aunque su gracia y perdón estarán siempre a tu acceso, debemos entender que como creyentes e hijas de Dios, debemos hacer lo que nos corresponde, tomar decisiones y acciones que nos encaminen hacia su propósito, voluntad y le den luz verde para penetrar en esas áreas de nuestra vida donde su luz no ha llegado aún.

¿Amigos que se atraen o amigos con derecho? Riesgos de cruzar la línea mientras se conocen

Este post es un compendio de las lecciones de Dios detrás de cada fracaso emocional, producto de algunas experiencias personales y otros tantas de mujeres cercanas; lecciones que nacieron en medio de interminables conversaciones por teléfono, llantos desconsolados y confesiones de medianoche. Aunque fueron muchas las malas decisiones y los errores recurrentes en el campo de las relaciones, al final todas coincidimos en la enseñanza que cada experiencia dejó a su pasó y encontramos que las penas pasadas ayudaron a recordarnos porqué es conveniente respetar ciertos límites cuando se sale con un chico.

El primer error que la mayoría comete ante la posibilidad de establecer una relación es preocuparse más por conocer a la persona “como pareja” –considerándolo un paso imprescindible para garantizar el éxito de la misma–, en vez de ocuparse primero en conocer a su prospecto de pareja como persona. Este comportamiento responde a un concepto que la sociedad nos inculca, sin embargo, la Biblia enfatiza que los principios establecidos por Dios no se amoldan al pensamiento actual.

Las relaciones informales están a la orden del día y lamentablemente la iglesia no escapa de esta realidad. El término “amigos con propósito” se ha vuelto, en la mayoría de los casos, un eufemismo de los “con derecho” y parte de la responsabilidad recae sobre nosotras, las mujeres. Pero antes de entrar en materia, vayamos por partes.

Durante el cortejo…

En cuanto al tema, existen dos cosas que nos caracterizan como mujeres: lo vulnerable que podemos ser ante nuestras emociones y lo auditivas que somos. Por esa razón es que nos derretimos cuando un hombre se muestra atento y nos dice cosas que terminan por robarnos el aliento. Sin embargo, los hombres y las mujeres funcionamos un tanto distinto.

Aunque ambos géneros se convierten en un cúmulo de hormonas y emociones andante durante el coqueteo, cada cual reacciona de formas diferentes. Así como nosotras solemos inclinarnos hacia lo auditivo, el hombre es más propenso a estímulos físicos y visuales. Por esa razón, su naturaleza es inclinarse a buscar respuestas más tangibles; por eso la cercanía, las miradas profundas, esas manos que premeditadamente te encuentran o las indirectas pícaras que en ocasiones se escapan…

A pesar de ello, aclaremos algo: que un hombre sea cristiano no implica que sus hormonas funcionen diferente. Aquí es donde, como mujeres, solemos cometer el primer error.

Compartir la fe no es excusa para bajar tu guardia, ¿o es que acaso la santidad es algo que se deja al cuido de otro? Con esto me refiero a que por muy “de Dios” que sea un chico, tu deber es mantener esos límites que te corresponde establecer –esto aplica tanto para conductas como conversaciones–, primero por amor a Dios, luego por amor a ti y después por amor a él; sin relajarte al respecto ni dar por sentado que, por ser cristiano, él siempre respetará los limites. Aunque es el deber ser; amiga, ¡la tentación es real!

En este punto quizás pienses: «¡Nada que ver conmigo!, nosotros primero estamos orando»… Y eso está bien, pero déjame decirte que cuando una chica se siente atraída por un chico y el sentimiento es mutuo, ceder terreno es más común de lo que piensas; así se van colando los abrazos prolongados, la cercanía al sentarse juntos, las caricias aparentemente inocentes, los besitos de despedida que cada vez se acercan más a los labios, el beso furtivo, las conversaciones más íntimas o reveladoras… y todo esto pasa mientras «siguen orando». ¡Ni hablar de la intimidad sexual!, porque sí, también pasa.

Respetar los límites físicos tampoco se trata de ser mojigata. La razón de esto es simple y lógica: si sabes que cada día te involucras más con cada conversación y gesto, entonces ¿qué te hace pensar que puedes dar pie a lo físico sin involucrar tu corazón?

Puede que sean amigos, que estén saliendo y conociéndose, que la atracción sea innegable y que él se muestre comprometido al 100 por ciento. Lo cierto es que desde el primer momento que te permitas dar paso a lo físico, entrarás en ese peligroso limbo en el que dejan de ser amigos, pero sin llegar a consolidar un noviazgo o compromiso mutuo expreso –aunque sus palabras o tu corazón aseguren lo contrario–, porque sí, eso de ser una “amiga con derechos” no se limita sólo al sexo.

Tan sólo piénsalo: si consolidar una amistad genuina y duradera requiere mucho más que un par de meses y salidas, ¿qué te hace pensar que la ecuación es diferente para una relación duradera, exitosa y que Dios aprueba?

Si de constante se encuentran diciéndole a los demás «sólo somos amigos», seguro es porque se comportan como si fueran algo más… Los verdaderos amigos no se besan, no se la mantienen abrazados, no caminan de la mano ni se acarician, tampoco tienen sexo. Si algo de esto pasó con tu crush mientras salían y se conocían, lo mejor es ser sensata, reconocer que entraste en la zona de los “con derecho” y hacer algo al respecto, porque nada bueno crece ahí.

Aclarado el punto, puede que digas: «es que ya casi somos novios, sólo esperamos hablar con nuestras familias y/o pastores». Si este es tu caso, te invito a que te respondas lo siguiente: ¿y si la relación no se consolida? ¿Si no llega el respaldo de Dios o simplemente no es tiempo para relaciones? Es entonces cuando tomar distancia –si lo logran– se siente morir, pues, cruzar los límites físicos por lo general conlleva a la dependencia emocional.

Por cruzar esos pequeños límites aparentemente inofensivos es que muchas veces terminamos desilusionadas o heridas, sin entender que, en parte, nosotras mismas somos responsables del daño que sufrimos; todo porque en un momento de ilusión permitimos que todas esas experiencias, detalles y palabras bonitas nublaran nuestro juicio y cediéramos terreno antes de tiempo, endosando el corazón a quien se dejó guiar por el enamoramiento y quizás hoy, después de hablarte de amor y prometerte un futuro juntos, está enamorando a otra chica…

Entonces, ¿qué hacer?

La mejor manera para conocer a alguien a fin de establecer una relación de noviazgo exitosa no es hacerlo “como pareja” antes, a modo de prueba; sino aplicar una bien jugada carta de la amistad; esta promueve el estímulo espiritual, intelectual y emocional porque lo físico no tiene cabida. Además, aunada a la oración te ayudará a conocer el corazón, la madurez y la condición espiritual de la otra persona.

Amiga, no subestimes el poder de preservar los límites con un chico al entrar voluntariamente en un margen de error del cual Dios te advierte. Hazlo por ti, por lo que deseas y por lo que sabes que mereces. ¡Apuesta mejor por una amistad sincera!, así evitarás endosar tu corazón y si luego te enamoras, lo estarás haciendo de tu mejor amigo, no de un desconocido que te pretende. Quien te ame de verdad no sólo lo sabrá respetar, permanecerá a tu lado y te dará un lugar digno en su vida, sino que aprenderá a valorar la entereza que tienes para preservarte fiel y por amor a tus convicciones. Recuerda que sólo tú puedes establecer los límites para no dar pie a arrebatos hormonales a fin de evitar tropiezos y experiencias dolorosas que luego acaben por frustrar lo que pudo ser una hermosa relación.

Ocho conductas sexuales que te apartan de Dios

conductas sexuales que te apartan de Dios

Las conductas sexuales impuras para una mujer comúnmente se ilustran con la figura de un paraguas, externamente se ve como una conducta única, pero cubre debajo varias necesidades insatisfechas al mismo tiempo. Una mujer puede alimentar aún más su naturaleza carnal con conductas sexuales, así algunas mujeres no buscan el placer sexual como placer mismo, sino para calmar algún dolor emocional.

Así que para que una mujer pueda encontrar libertad de esos pecados sexuales, debe remover ese paraguas que está cubriendo todas esas heridas y conductas que está ocultando, para así sacarlas a la luz. Estas conductas sexuales pueden ser de varios tipos. A continuación vamos a examinar algunas de ellas.

1. Adicción a las relaciones sentimentales:

La mujer en esencia es un ser relacional, sin embargo, se vuelve adicta a las relaciones con hombres cuando no tiene la capacidad de mantener una relación, cayendo en el ciclo de saltar de una relación a otra (promiscuidad), a veces escalando en peligrosidad, o teniendo varias relaciones a la vez con tal de llenar una necesidad, o bien, de provocarse el próximo “acelerón” (por llamarlo así) que es ese estado de éxtasis pasajero, tal como sucede con la adicción a sustancias ilícitas.

Es importante mencionar que pude darse la variante de que ya las tantas relaciones fallidas con hombres no le satisfagan, por lo que tiende a volverse hacia otras mujeres (como por ejemplo, la obsesión por una amiga), lo que puede confundirlas y llevarlas a experimentar el lesbianismo.

2. Adictas al romance mismo:

Una mujer puede no ser adicta a estar en una relación, sino más bien al proceso previo: el de coqueteo y conquista. Así, cuando está a punto de comenzar o formalizar la relación, se echa para atrás y se vuelve hacia otro nuevo hombre para comenzar todo el proceso de nuevo. Esto también sucede a aquellas mujeres que sólo se sienten felices dentro de una relación durante los momentos de romanticismo. Se sienten plenas en una cena especial, cuando le traen regalos, pero no soportan la rutina que conlleva estar en una relación real.

En este caso, la mujer puede buscar su próximo “acelerón” manipulando, a fin de provocar el próximo momento romántico o el próximo regalo. Éste es el caso de aquellas mujeres que parecen como que siempre están saliendo con alguien, pero nunca logran realmente estar en una relación.

3. Fantasías sexuales o románticas:

Una mujer puede crear en su mente al hombre perfecto, porque en a realidad no existe. Esa fantasía puede ser alimentada por los ideales que otras mujeres le comentan, por lo que ella cree ver en relaciones de otras personas, o en la misma televisión; generando así el problema principal, que es que esa mujer no puede tener en sí ninguna relación romántica con nadie porque ningún hombre se asemeja a ese hombre ideal que ella ha creado en sus fantasías.

Tristemente, algunas mujeres necesitan recurrir a esas imágenes durante el acto sexual con sus esposos. Puede que parezca algo sin importancia para ella, pero la realidad es que una fantasía puede robarle a una mujer el gozo de estar en una relación real, o bien, caer en lo que plantea la Biblia en Mateo 5:28:

Si una mujer desea a otro hombre que no es su esposo, ya cometió adulterio en su corazón (Versículo parafraseado por el autor).

4. Adicción a la pornografía y al cybersexo:

Siempre se habla de la adicción de los hombres a la pornografía, pero lo que todavía se reserva es la verdad que muchas son las mujeres que, al haber crecido en la era del internet, se han hecho adictas a la pornografía más dura. Sin embargo, algunas pueden preferir materiales menos “explícitos”, pero que causan el mismo efecto de lujuria; algunos de ellos pueden ser ver partidos de algún deporte o telenovelas únicamente por el hecho de mirar a los jugadores o actores.

Otra conducta que también tiene un tinte femenino es el cybersexo y se da mucho cuando una mujer que ha visto con frecuencia pornografía, le añade ese componente relacional a esas imágenes, tanto que termina haciéndose imágenes con una buena carga sexual, o bien, de carácter pornográfico, y compartiéndolas con otra persona.

Según la Dra. Jennifer Schneider, el 80 % de las personas que mantienen relaciones por internet, llegan a conocerse en persona y de ese grupo, 1 de cada 3 mujeres acceden a tener sexo en la primera cita en persona, sólo por el hecho de creer que asumen que conocen bien a esa persona, que tienen una relación y alegar estar “enamoradas”.

5.  Masturbación:

Otras mujeres no necesitan acompañar el acto con pornografía, sino que se estimulan física y sexualmente al traer a su mente sus propias fantasías o recuerdos románticos de una relación. Muchas mujeres no conocen ni siquiera el significado de la palabra masturbación y aún así lo practican. A algunas mujeres les es difícil entender por qué el sexo sin una pareja es pecado mientras que otras sí saben que lo es, pero no saben cómo dejar de hacerlo y luchan con la culpa.

6.   Necesidad del exhibicionismo:

El exhibicionismo de una mujer es aplaudido culturalmente, sin embargo, ésto no implica que esté bien hacerlo. En este caso, una mujer utiliza su cuerpo para llamar la atención y se vuelve adicta a la sensación de ser vista y deseada. Esto al final causará problemas a su autoestima debido a que, tarde o temprano, se sentirá espiritualmente vacía y se dará cuenta que ha estado siendo percibida como un objeto.

Una mujer exhibicionista, no expondrá su cuerpo desnudo así por así, sino que lo hará de una manera muy elaborada, con ropa provocativa, para lograr las reacciones deseadas en un hombre o para ser notada. A la larga, esta mujer nota que su estado emocional y su autoestima dependen de las miradas de los demás y de las opiniones que le hagan sobre su apariencia o su cuerpo, es decir, no es plena por sí misma, sino que se encuentra en una prisión emocional.

7. Adicción a comprar y vender sexo:

Cuando se habla de esto, no se está hablando solamente de prostitución. Sino de que realmente hay mujeres que voluntariamente intercambian sexo por algún regalo o cosa que deseen. Conocí de una chica que estaba luchando para dejar de tener sexo con su novio, pero lo que más la deprimía era que después de cada recaída, su novio le compraba un regalo muy costoso y ella no podía dejar de pensar que prácticamente le estaba vendiendo sexo a su novio y él le estaba pagando.

El problema radica en que la mujer se vuelve dependiente de ofrecer sexo para obtener lo que desea. Otro caso muy recurrente sucede dentro del ámbito profesional, en el que algunas chicas acceden a propuestas indecentes de jefes para ellas obtener promociones de cargos, u otros beneficios. Dentro de una historia de este tipo, generalmente hay una historia de necesidad económica.

8. Desarrollar una adicción sexual por estar en una relación con un adicto sexual:

Según Bethesda Workshops, entre un 15 % a un 20 % de las mujeres que conviven con un esposo adicto al sexo, se convertirán en adictas también. Cuando una mujer adicta está en una relación con un hombre adicto, la relación se volverá muy confusa. Ella podrá verse muy involucrada en un ciclo interminable de dolor y reconciliación. Dejar de experimentar emociones sanas se vuelve un estilo de vida de pecado que te aparta de Dios.

Una esposa que convive con un esposo adicto también estará en riesgo de entrar en contacto con la pornografía, y caer ante otra adicción. Si es este tu caso, se recomienda que busques ayuda debido a que tu esposo está en pecado sexual.

Si has detectado que tú tienes o estás desarrollando alguna de estas conductas sexuales dañinas, nuestra mejor recomendación es que busques ayuda con algún consejero cristiano experto en la materia. Si no conoces a nadie, puedes acudir al Ministerio Libres en Cristo, quienes se dedican a tratar este tipo de adicciones o conductas. Dios nos ha hecho libres, no te dejes dominar por estas cosas ni permitas que ellas te aparten de Él.

Este artículo ha sido escrito por Laura Mejía, Psicopedagoga y Consejera Clínica, miembro del equipo del Ministerio Libres en Cristo y publicado con autorización. Con adaptaciones enfocadas al estilo editorial de Entaconadas.

Puedes leer el artículo original aquí.

Me acosté con mi novio, me siento mal ¿Qué puedo hacer?

Diariamente recibo muchos correos y mensajes privados al Facebook de chicos y chicas que abren su corazón y me cuentan sus problemas. A la mayoría de ellos no los conozco personalmente, es seguro que me conocen porque han estado en una de mis conferencias en su ciudad.

En una oportunidad, una chica, a la que llamaremos Carla, me contó que estaba pasando por un mal momento en su relación con Dios, la cercanía de sus palabras me permitió hacerle preguntas precisas que me ayudarían a entender lo que pasaba. Ella hizo una pausa después de varias preguntas que me contestó; Carla sentía la distancia propia de la vergüenza de una niña que cometió un error que no sabe como reparar.

-“Tuve sexo con mi novio”… escribió.

-“Me siento tan mal. No quiero ver a mis padres a la cara. No quiero ir a la iglesia. Me da vergüenza orar y hablar con Dios”.

Carla es parte del 66% de los jóvenes cristianos que, en la actualidad, tienen relaciones sexuales antes de casarse.

-Lo peor…  Continuó escribiendo.

– “Es que la relación no es igual, yo me siento muy mal. Pensé que esto nos acercaría más, pero no fué así, esto nos aleja cada día más y la única cercanía que realmente tenemos es cuando tenemos sexo”.

Lo que Carla vivió es más común de lo que pensamos, pero es algo que necesitamos resolver. No te voy a mentir diciéndote que las relaciones sexuales antes de casarte o fuera del matrimonio se sienten horrible. No, la verdad se sienten muy bien. El problema es cuando la culpa y la vergüenza acaban destruyendo muy rápidamente todo especie de placer que hayas disfrutado momentáneamente.

No es un secreto que somos personas sexuales, vivimos en un mundo hipersexualizado y nuestras hormonas juegan su papel como proveedores de impulsos sexuales en nuestro cuerpo, pero, ¿eso significa que debemos ceder ante lo que sentimos?

De lo que sí estoy seguro es que Dios desea que disfrutemos del placer sexual, Él lo creó para nosotros, pero creer que podemos disfrutarlo a plenitud fuera del ambiente seguro del matrimonio es un error. Muchos han comprobado que todo los mensajes de sus padres y en la iglesia acerca de esperar no eran juego.

“Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser”, Génesis 2:24.

Este versículo contiene todo acerca de los tiempos para la unión sexual. Lo primero es que el hombre debe dejar a su padre y su madre, es decir, romper con la vida de soltero, esto implica buscar trabajo para construir un proyecto mayor. Luego se une a su mujer, en matrimonio. Ahora sí están listos para fundirse en un solo ser, es decir tener relaciones sexuales.

Vivido así, estamos libres de frustración, vergüenza y culpa.

Pero, ¿qué pasa si ya metí la pata?

Aquí la respuesta en 3 pasos:

1.- Arrepentimiento.

“Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que Él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad”, 1 Juan 1:9.

Como creyentes tenemos la seguridad de que hay perdón en Jesús.  Arrepentimiento tiene que ver con un cambio de dirección, es decir, no volver a las mismas obras de las que te estas arrepintiendo.

“Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón”, Proverbios 28:13.

No pierdas tiempo y acércate a Dios con confianza de su amor, ese que desea quitar la carga pesada del pecado y vergüenza sobre nuestros hombros.

2.- Buscar ayuda en un líder, pastor o mentor.

Muchos chicos y chicas me han dicho que ya se han arrepentido antes, pero vuelven a caer como en un ciclo vicioso. Esto ocurre porque no buscan ayuda. En este tema soy muy insistente porque una cosa es meter la pata y otra cosa es cometer un error muy grave que se pudo haber evitado. Sé que es vergonzoso reconocer las faltas, pero es mejor reconocer una falta con alguien que te puede ayudar y no que el pecado se vuelva algo público, donde todos se den cuenta.

Es mucho más fácil cambiar de dirección y realizar un giro completo de arrepentimiento cuando alguien te acompaña en el proceso. Esto te dará mas seguridad y fortaleza para no exponerte ante las tentaciones.

3.- Ponerse de acuerdo.

¿Pueden dos caminar juntos sin antes ponerse de acuerdo?, Amós 3:3.

Es difícil caminar juntos si no somos sinceros. Si no conversamos entre nosotros acerca de las tentaciones y de lo que deben hacer para no recaer, seremos presa nuevamente de nuestras pasiones.

¿Puede una pareja que ha tenido relaciones sexuales, arrepentirse y mantenerse firme hasta el matrimonio?

Claro que sí. Pero esto se logra con el poder del acuerdo. Ambos de acuerdo en ser puros, de acuerdo en no fallarle a Dios, de acuerdo en no fallarse a ustedes, de acuerdo en construir un futuro como debe ser. Conozco muchas parejas que he ayudado, que pudieron superar esto y hoy son un feliz matrimonio.

¿Debemos terminar la relación?

Depende. Si están dispuestos a comprometerse con Dios y ser fieles a pesar de haber fallado, esta relación puede convertirse en un matrimonio espectacular que dure para siempre. Si no lo están, puede ser que nunca se casen, dañando una buena idea y sus corazones. Y si se casan en estas condiciones, es muy probable que atraviesen por tormentas que acaben con la relación.

Como siempre, es mi deseo recordarte que el plan de Dios para ti es que seas feliz, que tengas una relación espectacular, con un compromiso para toda la vida dentro del vinculo del matrimonio y que puedas disfrutar. Sé inteligente, no te conformes con nada menos que eso.

Si este artículo fue de ayuda para ti, compártelo con tus amigos para que también pueda ser de ayuda para ellos.

Por: Pastor Iván Pirela

Cuando la tentación sexual toca a la puerta (Parte II)

tentación sexual mujer cristiana

En el artículo anterior les hablaba sobre la tentación sexual y que, cuando esta toca a nuestra puerta, nuestra fidelidad (tanto a una pareja, como a Dios) se podría ver comprometida, por no decir amenazada.

Citando una parte de ese artículo, les comentaba que si hay algo que nosotras, las mujeres, comúnmente escondemos son los deseos de intimidad física y sexual. Aunque nuestra libido no se activa necesariamente a través de la mirada, ciertamente nuestros pensamientos e imágenes mentales nos conducen a veces a soñar mucho más de lo que podría hacer un hombre.

Hay ciertas reflexiones que han despertado en mí luego de que tocaran el tema de la fidelidad en un taller para mujeres al que asistí; acá les menciono un par de ellas que me habían quedado pendientes en el anterior artículo, y esta vez quiero hablarle por separado tanto a la mujer soltera como a la casada ya que, aunque ambas son tentadas, viven realidades diferentes:

Mujer Soltera: Tu fidelidad se la debes a Dios

El estar soltera muchas veces nos invita a mostrarnos muy disponibles porque anhelamos compañía, ser admiradas, buscadas, deseadas. Sin embargo, la mujer que se muestra desesperadamente disponible jamás va a conseguir esa pareja adecuada que quiera invertir, románticamente y a largo plazo, su tiempo con ella. ¿Por qué? Porque está desesperada y enfoca sus esfuerzos en sus deseos insatisfechos, no en su crecimiento personal, en la construcción de algo cimentado en bases firmes o en decisiones sabias.

Es por eso que en la etapa de soltería (entiéndase: no-casada) es importante que construyamos una relación íntima y personal con Dios, que nos mantenga firmes y con dominio propio cuando iniciemos un noviazgo.

Los noviazgos cristianos tienen las mismas tentaciones que un noviazgo no-cristiano, es imposible decir que no deseas a la otra persona íntimamente en todos los aspectos. La diferencia está en que existe algo llamado “dominio propio” y el profundo deseo de honrar a Dios que nos hace decir “no vamos a caer”. Aunque hay noviazgos cristianos que llegan a tener relaciones sexuales, lo que sucede a nivel interno en estas parejas luego del acto es mucho peor y más difícil de superar que ese pequeño momento de placer que se dio entre ellos. Es por eso que durante nuestra soltería estamos llamados a ser fieles a Dios.

Durante el taller, esta frase vino a mi mente y quedó muy marcada en mí: “Las parejas que son infieles a Dios durante la etapa de noviazgo, incrementan las posibilidades de ser infieles el uno al otro durante el matrimonio”. ¿Por qué?, porque si no honras a tu pareja por respeto al mismo Dios que los unió, ¿qué te va a garantizar que vas a honrarla después del matrimonio?

Por eso te animo a que construyas la relación de intimidad y fidelidad a Dios durante tu noviazgo, para así construir algo firme, íntimo y fiel durante tu matrimonio.

Mujer Casada: Goza de la bendición de la seducción con tu esposo

Para las casadas, el coqueteo no hay que apagarlo durante toda la vida ni se acaba luego del matrimonio. Todo lo contrario, tienes la bendición de Dios de explotar tu “yo” seductor con tu esposo y de hacer realidad cada anhelo físico y sexual con él. No permitas que “el tiempo”, “la confianza”, “los hijos” y “la costumbre” llenen tu mente de mentiras para convertirte en una mujer descuidada, fría y evasiva.

Toma esos mismos atributos que enamoraron a tu esposo para usarlos a tu favor y a favor de él. Lo casada no te quita lo mujer y el tiempo no apaga tu capacidad de seducción si no lo permites.

Toma el ejemplo de Cantares 1:1, donde leemos a esa mujer que seduce a su esposo: “¡Ay, amado mío, cómo deseo que me beses! Prefiero tus caricias, más que el vino; prefiero disfrutar del aroma de tus perfumes”.

Con respecto a la fidelidad, el psicólogo y escritor Walter Riso dice:

“El amor es una condición necesaria, pero no suficiente para ser fiel. La fidelidad también es una decisión. Un acto de la voluntad que exige atención despierta y capacidad de discriminación para mantenerse alejado de lo que teóricamente no queremos hacer”.

Enfoca tus pensamientos en la bendición del matrimonio, en satisfacer tus deseos junto a esa persona con la cual elegiste pasar el resto de tu vida. El amor construye lo que destruye el deseo de lo ajeno; permítete disfrutar de lo que la mujer soltera se limita y vive al máximo un matrimonio vivo en amor a Dios y amor mutuo. Dios se regocija en hacer del matrimonio de dos individuos, uno solo.

Cuando la tentación sexual toca a la puerta (Parte I)

tentación sexual mujer cristiana

¿Te ha pasado alguna vez que  la tentación sexual toca a la puerta y te consigues a ti misma soñando con algo que, si pudiesen las personas a tu alrededor ver en una pantalla, te avergonzarías terriblemente?

Si hay algo que nosotras, las mujeres, comúnmente escondemos son los deseos de intimidad física y sexual. Aunque nuestra libido no se activa necesariamente a través de la mirada, ciertamente nuestros pensamientos e imágenes mentales nos conducen a veces a soñar mucho más que lo que lo podría hacer un hombre.

Está comprobado que para las mujeres es más atractivo leer un libro con tendencias eróticas que mirar explícitamente una escena sexual, esto es porque la mujer se conduce a través de los pensamientos y las emociones que eso le causa. Un buen ejemplo son las recientes novelas eróticas, e incluso, explícitamente sadomasoquistas que han causado revuelo, encabezado las listas de las superventas en todo el mundo y que, por supuesto, sus principales lectoras son mujeres.

¿A qué viene todo esto de la tentación sexual?

El movimiento liberador femenino cada vez desarrolla más la ideología de igualdad hombre – mujer, queriendo fomentar el hecho de imitar al hombre incluso en sus peores facetas: infidelidad, múltiples parejas, poder absoluto, dominación sobre el sexo opuesto, desinterés en los sentimientos de la otra persona para darse el permiso de utilizarlo como un objeto… Me pregunto, ¿realmente queremos caer en los mismos errores?

Me considero muy pro-oportunidades igualitarias para el hombre y la mujer, además, soy fiel creyente de que tenemos capacidades excepcionales que nos hacen, en muchos sentidos, irreemplazables y de imprescindible valor para la sociedad, pero existe un hecho: no somos iguales a los hombres. Tampoco creo que debamos serlo, debemos estar orgullosas de ser mujeres y de las diferencias que justamente nos hacen únicas e imprescindibles.

Recientemente comencé un taller para mujeres simplemente hermoso, a fin de reforzar el valor de la mujer y despertar aquellos sueños y facetas femeninas que nos hacen algo precioso. Esta semana hablamos acerca de la fidelidad y despertaron en mí grandes reflexiones que quiero compartir contigo:

Las mujeres no siempre somos las víctimas

Aunque los hombres sean los más comunes en ser infieles, las mujeres también caemos en infidelidad, aún cuando no lleguemos a un acto físico infiel per se. Te explico un poco:

Existen ciertas condiciones que se van dando durante una relación (matrimonio/concubinato) que generan incomodidad y poco a poco lejanía entre el hombre y la mujer, muy relacionados con la comunicación. La mujer necesita ser escuchada, atendida, mimada, quiere romanticismo y anhela el trato digno de una princesa, al no conseguirlo en su pareja, coloca una barrera construida sobre el resentimiento y comienza a soñar románticamente con otras personas e incluso coquetear con otros hombres. En este punto, parece inocente. Sin embargo, este tipo de infidelidad mental también destruye la relación, pues, la pareja percibe el rechazo, la descarga de frialdad, comienza la desconfianza y posiblemente luego la infidelidad física, pero ya va… todo comenzó en el pensamiento.

La Biblia dice en Romanos 12:2 “cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir”, allí vemos la relevancia de los pensamientos, ellos conducen nuestras emociones y posteriormente nuestras actitudes y acciones. Si no desviamos los pensamientos de lo destructivo a lo constructivo, vamos a echar por tierra esa relación que levantamos con amor, esfuerzo y tiempo.

Pero no te preocupes, esto se resuelve con comunicación. A veces es tan difícil decir lo que pensamos ¿no? Lo que queremos, lo que anhelamos; nos cuesta tanto tener iniciativas románticas cuando deseamos ser las primeras en recibir. Sin embargo, el mejor antídoto a la frialdad dentro de la relación es ir contra la corriente y comenzar a hacer nuestra porción para avivar la llama.

Ser seguidora de Jesús no te exime de ser tentada

Como cristiana, digamos que la sociedad espera mucho de nosotras como mujeres de Dios. Existen ciertos estándares construidos en nuestra cabeza sobre cómo deberíamos ser, así como el maravilloso y muchas veces desafiante Proverbios 31, que nos coloca una barra alta en términos de virtudes.

Sin embargo, nuestra naturaleza (somos humanas) nos recuerda que no somos perfectas, sino que somos poco a poco perfeccionadas por Dios en la medida que depositamos en él nuestros más íntimos anhelos.

La Biblia dice en 1 Corintios 10:13 “Ustedes no han pasado por ninguna tentación que otros no hayan tenido. Y pueden confiar en Dios, pues él no va a permitir que sufran más tentaciones de las que pueden soportar. Además, cuando vengan las tentaciones, Dios mismo les mostrará cómo vencerlas, y así podrán resistir”.

Esto me llena de esperanza, pues puedo reconocer que no voy a ser expuesta a una situación de la que no tendré oportunidad de salir; siempre puedo escoger algo distinto, algo bueno.

Por otra parte, no tengo que sentirme culpable al sentirme tentada, más mi responsabilidad es esforzarme por honrar a Dios, resistir y huir de la infidelidad, del coqueteo, del toque físico, las llamadas, fotos o miradas inadecuadas. Cuando hago esto, honro a Dios, me respeto a mí misma y respeto a mi pareja.

En el próximo artículo les estaré compartiendo un par de reflexiones más acerca de estos temas tan poco comentados dentro de nuestras iglesias, pero que sin duda están latentes. Ninguna está exenta.

Ellas y ellos: esas diferencias que nos vuelven locos (Parte I)

ellos y ellas

Quiero hacerles una pregunta, por favor sean sinceras: ¿Cómo eso que era una virtud y amábamos de ellos, termina convirtiéndose en un defecto? Lo pregunto porque me pasa y, luego de conversar con un par de amigas, noto que le ocurre a más de una. Sí, eso que nos atraía y parecía súper interesante del otro,  luego de un tiempo se vuelve loco e incómodo. Y no, esta no es una versión corta y espiritualizada de Los Hombres son de Marte y las mujeres son de Venus, pero en definitiva sí es una invitación a que reflexionemos sobre esas claras diferencias que, lejos de separarnos, nos enriquecen y complementan.

Luego de investigar un poco, más allá de los genitales, existe un complejo y variado abanico de diferencias biológicas y psicológicas que nos hacen tan distintos y necesarios. La clave está en identificarlas, aceptarlas y tener expectativas más reales en función de ellas.

Diane Halpern, profesora de psicología de la Universidad Claremont McKenna, citada en el artículo Male and Female God Created Them  de Pam Farrel , explica que si bien hay construcciones sociales, la biología no es nula en cuanto a hombres y mujeres. Entender esto es fundamental y nos ayudará a convivir mejor. Aquí algunas pistas que nos darán luz en nuestra relación con ellos:

La comida

“Cuando un hombre come, la parte de su cerebro que le hace sentirse feliz es estimulada. Como resultado se muestra contento y es más paciente para escuchar. Cuando una mujer come, la parte de su cerebro que agudiza su vista se estimula, lo que la vuelve más consciente de su entorno y tiene más de que hablar”, dice Halpern. Así que si lo pensamos bien, la idea no es del todo descabellada. Después de todo, mucho de los buenos recuerdos que construimos surgen alrededor de una buena comida.

Frente a un problema

Otra diferencia está en la resolución de conflictos.  Cuando el hombre necesita resolver un problema, tiende a usar un solo hemisferio cerebral para resolverlo y lo mantiene en uso hasta que consigue la solución, mientras que una mujer frente al mismo problema puede utilizar ambos hemisferios. Halpern explica que el cerebro de ambos tiene la misma capacidad para resolver problemas, solo que entre los hemisferios de las mujeres hay mayor número de conexiones. Es decir, ambos pueden resolver igual de bien problemas, pero el mecanismo es diferente.

La especialista asegura que frente a la frustración y el estrés, también reaccionamos de forma muy diferente. El hombre necesita alejarse para ver en perspectiva la situación y recargar energías, lo que hace que en momentos de estrés se aísle o muestre distante. La mujer, en contraste, suele buscar una red de apoyo, pues al hablar con otros puede encontrar formas de solucionar lo que le perturba. Punto que, si analizamos con detenimiento, nos da pistas del porqué de su silencio en momentos donde nosotras tenemos una especie de vómito verbal.

Desde los primeros días de vida

Las diferencias biológicas, que claramente tienen repercusiones en nuestras emociones y conductas sociales, son tantas que, incluso desde los primeros meses de vida, hombres y mujeres necesitamos alimentarnos  de forma diferente. Según la profesora Katie Hinde, experta de la Universidad de Harvard, la composición de la leche materna es distinta para niñas y niños. La leche para bebés varones contiene un 35 %  más de grasa y proteínas que cuando es para niña. En cambio, la leche para niñas contiene más calcio. Se cree que  para apoyar el crecimiento más veloz de sus huesos.

Son numerosos los estudios que arrojan diferencias entre ellos y nosotras, pero ¿qué dice La Biblia al respecto y cómo podemos aceptar y aprovechar la perspectiva de cada uno?, vamos a tratar de descubrirlo en el próximo post, ¡no te lo pierdas!

Amo a Dios pero reincido en la inmoralidad sexual ¿cómo puedo parar?

inmoralidad sexual

Hace poco una lectora me contaba cómo, en el pasado, había tenido prácticas dañinas en el ámbito sexual. Prácticas que al conocer a Dios había logrado controlar, pero luego de una fuerte decepción amorosa que le había dejado una relación “aparentemente prometedora” con un chico que compartía su fe –la cual había terminado de buenas a primeras y sin razones aparentes–, quedó tan devastada que volvió a recurrir a sus antiguas prácticas con chicos, esas que tanto la avergonzaban.

Su corazón estaba claramente arrepentido, pero no sabía bien cómo hacer para dejar atrás su reincidencia en la inmoralidad sexual. Si estás viviendo algo parecido, sea cual sea tu problema (pornografía, masturbación, relaciones sexuales fuera del matrimonio, adulterio, entre otros), lo primero que quiero decirte es que no estás sola, que entiendo lo que dices, y que aunque te cueste creerlo, comprendo exactamente cómo te sientes.

Sé que en las iglesias se habla poco de estos temas, en especial si eres mujer, y es por ello que consideré importante compartirte lo que le respondí aquel día a aquella lectora, esperando que pueda ayudarte a ti también.

Llenando los vacíos de forma incorrecta:

Aunque hace muchos años había aceptado a Jesús, no fue sino hasta hace 6 años que empecé a tener encuentros genuinos con Él, encuentros que me transformaron y me dieron identidad en Él. Ese proceso empezó justo dentro de la misma iglesia, a raíz de una relación fallida con un chico cristiano que me devastó en todos los sentidos posibles.

Si bien no hay pecado mayor que otro, la Biblia es clara cuando nos habla de la inmoralidad sexual. 1 Corintios 6:18 nos dice que es el único pecado que no está fuera del cuerpo, pero en lo particular me llama la atención como lo refleja la versión TLA:

“No tengan relaciones sexuales prohibidas. Ese pecado le hace más daño al cuerpo que cualquier otro pecado”.

En mi caso, había intimado con tantos chicos que traía todo eso acumulado (años de rechazo, falta de estima, necesidad de amor y aceptación), y el hecho que mi relación con este chico cristiano fuera tan bien me hizo convencerme (antes de tiempo) que era TAN de Dios, que llené todos los vacíos que le correspondían a Dios con él (aceptación, amor, identidad…). Por eso, cuando la relación acabó (también me dejó por alguien más), eso solo implosionó en mí todo lo que traía acumulado, llevándome a una muerte espiritual que conllevó a una depresión severa, a reincidir en mi pecado, a una anorexia y casi a la muerte física.

No había una noche que no llorara y que no me odiara por ser así, por preguntarme qué ¿había hecho mal? Y aunque lo perdoné, mi dolor era tal que dejé de orar a Dios y me dediqué a llorarle, porque sentía que no había palabras que ya no hubiese dicho para pedirle que me liberara y sanara de todo lo que sentía.

Pero su amor es tan fiel que en esas madrugadas que me dispuse a estar con Él, donde solo me rendía a llorar, sin entender nada, deseando solo que Dios estuviera conmigo y consolara mi corazón, en esos momentos de suprema angustia, dolor y desesperación, sin darme cuenta, Él fue transformando mi corazón; pero después comprendí que eso sucedió cuando empecé a reconocer mi condición y extrema necesidad de su intervención, porque ya no era solo un llanto de lamento y desahogo, sino que era un llanto de perdón y clamor por intervención.

Reconociendo el problema y tomando acción:

La biblia nos enseña que la tristeza del mundo produce la muerte, pero la tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a salvación (2 Corintios 7:10). Aún en el proceso, esas noches con Él me hicieron recobrar ciertas fuerzas para tomar pequeñas pero contundentes acciones para cortar con todo lo que me dañaba, y eso incluyó contacto con personas; algunos no lo entendieron y dolió, pero si quería que Dios me sanara, debía cortar con todo y todos los que me conducían a ese círculo vicioso en el que estaba.

Recuerdo que por meses me quedé sola, y como la soledad no es buena consejera, me acerqué más a mis padres cristianos, me dediqué a servir en lo poco y a cultivar mi área espiritual en lo que pudiese, porque como dicen por ahí: “la mente ociosa es oficina del diablo”, en fin, me dejé arropar en lo íntimo por el amor de Dios, fue así como me recordó que su amor nunca caduca, y sentir su amor cuando ni siquiera yo misma podía amarme, fue lo que me restauró.

La relación que cambiará tu vida:

No importa cuán indigna te sientas, cada vez que pides perdón, Jesús dice: “ya te perdoné, una vez y para siempre, hace 2017 años atrás, cuando me hice maldición por ti”. Solo que el peso del pecado nos hace creer que somos indignos, cuando es justo en esa condición que Jesús desea que nos acerquemos a Él para transformarnos en su amor y volvernos a llevar a la cruz, a fin de recordarnos su verdad, nuestra única verdad.

Nena, ¡el Rey te está llamando! Él está tocando a tu puerta porque anhela mostrarte que eres sumamente amada, pero para llenar esos vacíos necesita que te dejes arropar por Él, que deseches todo pensamiento, sentimiento y concepción que tienes de ti, y te entregues por completo en sus brazos. En la intimidad, Él aguarda por ti justo así como estás; tan solo anhela su intervención y contra todo pronóstico, distracción, y aunque duela, ¡disponte a ello!

La religión nos hace cambiar nuestras actitudes, pero la relación transforma nuestras vidas. El tiempo de atender el llamado es ahora…