Me quedé sin amigas, ¿qué puedo hacer para no sentirme tan sola?

me quede sin amigas

Hace poco tiempo una de nuestras lectoras nos pidió consejo acerca de qué podía hacer en su tiempo libre, ya que se sentía muy sola porque se había quedado con pocas amigas y las que tenía estaban tan ocupadas en su propia vida que no tenían ya tiempo de compartir con ella.

¿En qué invierto mi tiempo? ¡quisiera tener un novio o alguien con quién compartir pero, ¡no quiero unirme a alguien solo por evitar mi soledad! ¿Qué hago? – Nos comentaba.

Entaconadas responde:

Hola,linda. Leo lo que nos cuentas y recuerdo algo que viví cuando empecé a buscar de Dios. En mi caso, cuando Dios empezó a trabajar genuinamente conmigo, fue quitando personas de mi lado, personas que eran mis amigos y a quienes quería mucho, pero que hoy entiendo no me convenían. Fue algo realmente duro para mí porque soy una persona muy sociable, y para ese entonces, lo único que tenía como distracción era salir con ellos o estar en sus casas (y era algo que hacía casi todos los días). ? Así que luego de un tiempo me encontré que me había quedado sola y no solo batallaba con la soledad, sino con la costumbre del estilo de vida que llevaba.

Recuerdo que igual seguía yendo a la iglesia pero no tenía ni siquiera amigos cristianos, eso se convirtió en algo que me empezó a afectar, pero como a Dios no le podemos esconder nada, hice dos cosas:

☝ Afiancé la relación con mi familia: Ahora hablaba más con mamá, con papá y con mi hermano; y lo segundo y más importante:

✌ Le pedí a Dios que me diera amigos que me edificaran: Y no me preocupé más por eso, porque ahora Él conocía mi necesidad, ¡así de simple! No pasaron ni dos meses cuando de manera inexplicable, estaba entablando amistad con varias personas. Y digo “inexplicable” porque de verdad ni sé cómo es que empecé a hablar con esas personas o si se me acercaron a mí, ? simplemente fue Dios supliendo mi necesidad.

Luego de un tiempo, entré en un proceso personal muy fuerte donde mi corazón salió muy lastimado de una relación fallida y para poder sanar por completo y de una vez por todas, tuve que tomar la decisión de apartarme por buen tiempo de TODOS esos buenos amigos que había hecho, ¿la razón? también eran los amigos más cercanos del chico que necesitaba superar, y bueno, resultaba inevitable que siempre coincidiéramos en reuniones (cosa que no me hacía nada bien); además había otra razón de la cual no era consciente y de la que te hablaré más adelante… En fin, así me vi bien sola de nuevo por varios meses, justo cuando más necesitaba en quién apoyarme (pensaba). ?

Te comento todo esto por tres razones:

1. Desconozco la razón por la cual dices que no tienes amigos, pero si se trata de que quienes eran tus amigos, Dios mismo los quitó de tu vida, entonces no sientas mal por eso, porque solo Él sabe con quién te conviene andar o no.

2. Dios conoce TODAS tus necesidades, pero también quieres que se las cuentes porque su Espíritu Santo es tu mejor amigo, así que pídele a Él que te dé amistades duraderas y fidedignas, no solo para pasar el rato, y ante todo ¡confía y reposa en que Él te las dará!, en vez de dejarte envolver por los sentimientos negativos que eso te genera.

3. A veces Dios nos cerca con un único objetivo: que dejemos de andar buscando el llenar nuestros vacíos con lo que alguien más puede darnos (consuelo, amistad, compañía, amor…) cuando sólo en Él esos vacíos pueden ser genuinamente llenados.

Invierte tiempo en cultivar tu relación con Dios:

Y hablando de acercarse más a Dios, justo eso fue lo que me pasó la última vez que me vi sola; en el momento que más anhelaba compañía y distracción, Dios mismo me llamaba diciendo: “¡Hey, no es con ellos, no es con tu mejor amiga ni alguien más; es conmigo que tienes que relacionarte más!”

En mi caso, Él me llamaba a tener más comunión con Él, a dejarme arropar por el Espíritu Santo y a conocerlo como mi amigo fiel, ese que nunca me abandona y al único que necesito para sentirme plena, aunque nadie más esté ahí. ?

En lo particular, y mientras escribo estas líneas, siento en mi corazón que parte de lo que estás viviendo es un llamado que Dios te está haciendo para que cultives tu relación con Él, ¿qué tan seguido estás hablando con Él? ¿Le has contado cómo te sientes? ¿Te estás ocupando de hablar más con Él a fin de entablar una relación, y no hacerlo solo por pedirle lo que necesitas?

Querida lectora, ¡cuídate MUCHO de malinterpretar esos vacíos! No es tiempo de abrir corazón a chicos, porque –por más que te repitas lo contrario, y como bien lo dices– andarás con alguien solo por acompañar tu soledad, y eso es muy delicado porque puede generar grandes consecuencias.

Cultiva tu relación contigo misma, tu desarrollo personal y tu buena autoestima:

Mientras trabajas en cultivar tu relación con Dios a diario, puedes cultivar tu relación contigo misma y hay ¡infinidad de cosas que puedes hacer! Sal a correr, ejercítate, ve a una plaza a leer un libro, explora tu creatividad, practica proyectos DIY, dibuja, escribe, cocina, inscríbete en un curso de algo que te guste hacer, ¡hay tantas maneras de ocupar tu mente y disfrutar de tu propia compañía! ¡La vida es mucho más que un computador o nuestro smartphone! Lo más importante lo tienes: ¡El tiempo! ☺ así que inviértelo sabiamente:

1. Cultivando tu relación con Dios (ese es el llamado primordial)

2. Cultivando tu relación contigo misma.

Y recuerda, ¡no te afanes por lo que aún no llega ni te sientas mal por nada! Mejor mira lo que tienes a la mano. Como dice la palabra de Dios en Eclesiastés 3:11; ❝Él ha hecho todo apropiado a su tiempo. También ha puesto la eternidad en sus corazones, sin embargo el hombre no descubre la obra que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin❞.

Ocúpate en descubrir esas maravillosas cosas… ☺ Háblalo con Dios y que sea Él quién te confirme lo que está demandando de ti en este tiempo. ? Recuerda que su presencia lo llena TODO, como lo dice su palabra: ❝Tú me enseñas el camino de la vida; con tu presencia me llenas de alegría; ¡estando a tu lado seré siempre dichoso!❞ Salmos 16:11.

Ellas y ellos: esas diferencias que nos vuelven locos (Parte I)

ellos y ellas

Quiero hacerles una pregunta, por favor sean sinceras: ¿Cómo eso que era una virtud y amábamos de ellos, termina convirtiéndose en un defecto? Lo pregunto porque me pasa y, luego de conversar con un par de amigas, noto que le ocurre a más de una. Sí, eso que nos atraía y parecía súper interesante del otro,  luego de un tiempo se vuelve loco e incómodo. Y no, esta no es una versión corta y espiritualizada de Los Hombres son de Marte y las mujeres son de Venus, pero en definitiva sí es una invitación a que reflexionemos sobre esas claras diferencias que, lejos de separarnos, nos enriquecen y complementan.

Luego de investigar un poco, más allá de los genitales, existe un complejo y variado abanico de diferencias biológicas y psicológicas que nos hacen tan distintos y necesarios. La clave está en identificarlas, aceptarlas y tener expectativas más reales en función de ellas.

Diane Halpern, profesora de psicología de la Universidad Claremont McKenna, citada en el artículo Male and Female God Created Them  de Pam Farrel , explica que si bien hay construcciones sociales, la biología no es nula en cuanto a hombres y mujeres. Entender esto es fundamental y nos ayudará a convivir mejor. Aquí algunas pistas que nos darán luz en nuestra relación con ellos:

La comida

“Cuando un hombre come, la parte de su cerebro que le hace sentirse feliz es estimulada. Como resultado se muestra contento y es más paciente para escuchar. Cuando una mujer come, la parte de su cerebro que agudiza su vista se estimula, lo que la vuelve más consciente de su entorno y tiene más de que hablar”, dice Halpern. Así que si lo pensamos bien, la idea no es del todo descabellada. Después de todo, mucho de los buenos recuerdos que construimos surgen alrededor de una buena comida.

Frente a un problema

Otra diferencia está en la resolución de conflictos.  Cuando el hombre necesita resolver un problema, tiende a usar un solo hemisferio cerebral para resolverlo y lo mantiene en uso hasta que consigue la solución, mientras que una mujer frente al mismo problema puede utilizar ambos hemisferios. Halpern explica que el cerebro de ambos tiene la misma capacidad para resolver problemas, solo que entre los hemisferios de las mujeres hay mayor número de conexiones. Es decir, ambos pueden resolver igual de bien problemas, pero el mecanismo es diferente.

La especialista asegura que frente a la frustración y el estrés, también reaccionamos de forma muy diferente. El hombre necesita alejarse para ver en perspectiva la situación y recargar energías, lo que hace que en momentos de estrés se aísle o muestre distante. La mujer, en contraste, suele buscar una red de apoyo, pues al hablar con otros puede encontrar formas de solucionar lo que le perturba. Punto que, si analizamos con detenimiento, nos da pistas del porqué de su silencio en momentos donde nosotras tenemos una especie de vómito verbal.

Desde los primeros días de vida

Las diferencias biológicas, que claramente tienen repercusiones en nuestras emociones y conductas sociales, son tantas que, incluso desde los primeros meses de vida, hombres y mujeres necesitamos alimentarnos  de forma diferente. Según la profesora Katie Hinde, experta de la Universidad de Harvard, la composición de la leche materna es distinta para niñas y niños. La leche para bebés varones contiene un 35 %  más de grasa y proteínas que cuando es para niña. En cambio, la leche para niñas contiene más calcio. Se cree que  para apoyar el crecimiento más veloz de sus huesos.

Son numerosos los estudios que arrojan diferencias entre ellos y nosotras, pero ¿qué dice La Biblia al respecto y cómo podemos aceptar y aprovechar la perspectiva de cada uno?, vamos a tratar de descubrirlo en el próximo post, ¡no te lo pierdas!

Amo a Dios pero reincido en la inmoralidad sexual ¿cómo puedo parar?

inmoralidad sexual

Hace poco una lectora me contaba cómo, en el pasado, había tenido prácticas dañinas en el ámbito sexual. Prácticas que al conocer a Dios había logrado controlar, pero luego de una fuerte decepción amorosa que le había dejado una relación “aparentemente prometedora” con un chico que compartía su fe –la cual había terminado de buenas a primeras y sin razones aparentes–, quedó tan devastada que volvió a recurrir a sus antiguas prácticas con chicos, esas que tanto la avergonzaban.

Su corazón estaba claramente arrepentido, pero no sabía bien cómo hacer para dejar atrás su reincidencia en la inmoralidad sexual. Si estás viviendo algo parecido, sea cual sea tu problema (pornografía, masturbación, relaciones sexuales fuera del matrimonio, adulterio, entre otros), lo primero que quiero decirte es que no estás sola, que entiendo lo que dices, y que aunque te cueste creerlo, comprendo exactamente cómo te sientes.

Sé que en las iglesias se habla poco de estos temas, en especial si eres mujer, y es por ello que consideré importante compartirte lo que le respondí aquel día a aquella lectora, esperando que pueda ayudarte a ti también.

Llenando los vacíos de forma incorrecta:

Aunque hace muchos años había aceptado a Jesús, no fue sino hasta hace 6 años que empecé a tener encuentros genuinos con Él, encuentros que me transformaron y me dieron identidad en Él. Ese proceso empezó justo dentro de la misma iglesia, a raíz de una relación fallida con un chico cristiano que me devastó en todos los sentidos posibles.

Si bien no hay pecado mayor que otro, la Biblia es clara cuando nos habla de la inmoralidad sexual. 1 Corintios 6:18 nos dice que es el único pecado que no está fuera del cuerpo, pero en lo particular me llama la atención como lo refleja la versión TLA:

“No tengan relaciones sexuales prohibidas. Ese pecado le hace más daño al cuerpo que cualquier otro pecado”.

En mi caso, había intimado con tantos chicos que traía todo eso acumulado (años de rechazo, falta de estima, necesidad de amor y aceptación), y el hecho que mi relación con este chico cristiano fuera tan bien me hizo convencerme (antes de tiempo) que era TAN de Dios, que llené todos los vacíos que le correspondían a Dios con él (aceptación, amor, identidad…). Por eso, cuando la relación acabó (también me dejó por alguien más), eso solo implosionó en mí todo lo que traía acumulado, llevándome a una muerte espiritual que conllevó a una depresión severa, a reincidir en mi pecado, a una anorexia y casi a la muerte física.

No había una noche que no llorara y que no me odiara por ser así, por preguntarme qué ¿había hecho mal? Y aunque lo perdoné, mi dolor era tal que dejé de orar a Dios y me dediqué a llorarle, porque sentía que no había palabras que ya no hubiese dicho para pedirle que me liberara y sanara de todo lo que sentía.

Pero su amor es tan fiel que en esas madrugadas que me dispuse a estar con Él, donde solo me rendía a llorar, sin entender nada, deseando solo que Dios estuviera conmigo y consolara mi corazón, en esos momentos de suprema angustia, dolor y desesperación, sin darme cuenta, Él fue transformando mi corazón; pero después comprendí que eso sucedió cuando empecé a reconocer mi condición y extrema necesidad de su intervención, porque ya no era solo un llanto de lamento y desahogo, sino que era un llanto de perdón y clamor por intervención.

Reconociendo el problema y tomando acción:

La biblia nos enseña que la tristeza del mundo produce la muerte, pero la tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a salvación (2 Corintios 7:10). Aún en el proceso, esas noches con Él me hicieron recobrar ciertas fuerzas para tomar pequeñas pero contundentes acciones para cortar con todo lo que me dañaba, y eso incluyó contacto con personas; algunos no lo entendieron y dolió, pero si quería que Dios me sanara, debía cortar con todo y todos los que me conducían a ese círculo vicioso en el que estaba.

Recuerdo que por meses me quedé sola, y como la soledad no es buena consejera, me acerqué más a mis padres cristianos, me dediqué a servir en lo poco y a cultivar mi área espiritual en lo que pudiese, porque como dicen por ahí: “la mente ociosa es oficina del diablo”, en fin, me dejé arropar en lo íntimo por el amor de Dios, fue así como me recordó que su amor nunca caduca, y sentir su amor cuando ni siquiera yo misma podía amarme, fue lo que me restauró.

La relación que cambiará tu vida:

No importa cuán indigna te sientas, cada vez que pides perdón, Jesús dice: “ya te perdoné, una vez y para siempre, hace 2017 años atrás, cuando me hice maldición por ti”. Solo que el peso del pecado nos hace creer que somos indignos, cuando es justo en esa condición que Jesús desea que nos acerquemos a Él para transformarnos en su amor y volvernos a llevar a la cruz, a fin de recordarnos su verdad, nuestra única verdad.

Nena, ¡el Rey te está llamando! Él está tocando a tu puerta porque anhela mostrarte que eres sumamente amada, pero para llenar esos vacíos necesita que te dejes arropar por Él, que deseches todo pensamiento, sentimiento y concepción que tienes de ti, y te entregues por completo en sus brazos. En la intimidad, Él aguarda por ti justo así como estás; tan solo anhela su intervención y contra todo pronóstico, distracción, y aunque duela, ¡disponte a ello!

La religión nos hace cambiar nuestras actitudes, pero la relación transforma nuestras vidas. El tiempo de atender el llamado es ahora…

Cinco verdades que debes saber cuando se acercan los 30

cumplir 30

¿Cerca de tu cumpleaños número 30? ¡Tranquila, tu vida no está en cuenta regresiva ni va a explotar una bomba cuando soples la velita!  No importa todo lo que te hayan dicho, tus posibilidades de alcanzar tus sueños —sea el comenzar un noviazgo, un matrimonio, tener una casa, un trabajo, un carro o un  bebé— no caducan ni cuando se acercan los 30, ni a los 50.

¡Lo que Dios planeó para ti se cumplirá en el momento correcto!

En este podcast compartiré contigo cinco verdades que te ayudarán a mantener la calma cuando algún alma -no tan piadosa- te recuerde que ya tienes cierta edad y aún no has cumplido el objetivo

Cuéntame, ¿te sientes identificada? ¿cuál otra verdad agregarías a la lista?

Cómo comportarte en esa cita con el chico que te gusta

cita con tu chico ideal
Leía un divertido post de un amigo y con mucha tela que cortar sobre ¿cómo debe un chico actuar durante una cita con alguien que le gusta? Después de unas cuantas risas y aprobaciones, me animé a compartir con las chicas una perspectiva femenina de la misma situación. Eso sí, no hay fórmula para que una cita vaya bien, no obstante, sí hay unas cuantas cositas que como mujeres podemos hacer durante la misma para garantizar que nuestra actitud deje una buena impresión (independientemente de si vas a continuar saliendo con el chico o no).

1. Sé toda una dama
Y con esto quiero decir: déjalo ser un caballero. Con el avance desaforado del feminismo se está dejando tan atrás la necesidad del caballero en el mundo, que la mentalidad de “yo puedo sola, no te necesito” está logrando que los pocos que aún se muestran caballeros no les quede ni ganas. Muéstrate amable y dispuesta a colaborar, sin embargo, si su respuesta es “déjame ayudarte” o “yo pago” permite que lo haga y dale las gracias.

2. Sé auténtica
Las mentiras siempre se descubren, es mucho mejor mostrarse con defectos y virtudes que generar un interés en la otra persona por alguien que no existe o que dista mucho de la realidad. Si quieres realmente a alguien que te valore por quien eres, no maquilles tu personalidad, tus intereses, tus valores, ni tu risa escandalosa (sí, yo me río así y me gusta). Al final, la persona que de verdad sienta interés por ti va a querer todo el paquete.

3. Déjalo hablar, por favor
Las mujeres gastamos 25.000 palabras por día mientras que los hombres solamente 10.000, creo que ya tienes idea de a lo que me refiero. Durante la cita mantén una conversación fluida y aprovecha esas palabras que le quedan para conocerlo más. No lo atropelles con tus historias interminables que concatenan desde la última película que viste hasta la comida favorita de tu mamá ¡que es una cita, no un monólogo! Escúchalo, pregunta por sus gustos, conócelo y disfruta la conversación.

4. Sonríe
A menos que sea una cita terrible, sonríele. Eso le muestra que la cosa va fluyendo bien y va a generar mayor confianza entre ambos. Tampoco finjas que te mueres de la risa con sus chistes malos, jeje… pero al menos demuestra que la estás pasando bien. Esto le va a animar a una posible nueva invitación.

5. Espera 

Este es el paso más difícil, lo sé. Muchas nos desesperamos luego de la salida pensando que luego el galán te escribirá a cada microsegundo, deseándote “buenos días”, “buenas tardes” y “buenas noches”, convirtiéndose en un príncipe encantador. Bájale dos” a las expectativas y toma una dosis de realidad, es un hombre de carne y hueso, también con defectos y virtudes.

Medita en lo que conversaron durante la velada y trata de pensar qué otras cosas te gustaría saber de él, para tú también definir si lo que estás conociendo se alinea contigo misma. Por lo que más quieras, ¡no lo ataques a mensajes y llamadas!, no seas intensa (esto los espanta), lo mejor es esperar, si está interesado lo va a demostrar. Lo último que quieres es enredarte en una relación precipitada con alguien que realmente no conoces para luego tener la desdicha de terminar ambos muy desilusionados.

Para finalizar, no te aseguro que con esto él va a llamar a sus amigos y familia para decirles: ¡CONSEGUÍ EL AMOR DE MI VIDA! (de verdad, NO lo va a hacer) pero al menos sí lo tendrás pensando en ti y en cómo sorprenderte la próxima vez. Y si no hay próxima vez (¡ouch!) no te preocupes, no le guardes rencor y no lo desprestigies delante de todas tus amigas (¡por favor! Esto es terrible). Cada oportunidad en la que te permites exponerte, también aprendes un poco más de ti misma, así que mantén tu seguridad en Cristo, Él está preparando el mejor hombre para ti… y si nunca llamó, este simplemente ¡se lo perdió!

Mi primer día de las madres: Crónica de una batalla contra la infertilidad

Recuerdo claramente ese día de las madres del año 2015, se celebraban los tres servicios dominicales en mi Iglesia, mi hogar espiritual –Misión Cristiana Adonay–. Hubo tres predicadoras diferentes, todas eran madres, cada una abordó distintos temas de la maternidad, pero todas basadas en el mismo pasaje bíblico: 1er. Libro de Samuel capítulo 1, la historia de Ana (precisamente Ana), la mujer que no podía tener hijos… Fueron enseñanzas memorables y muy hermosas de parte de Dios para todos los presentes ese día; sin embargo para mí, Ana, la esposa de Pablo (quien ya tenía 11 años de casada y no había tenido hijos), fue uno de los días más incómodos y emocionalmente agotadores que haya vivido.

Parecía como si ese día TODAS las personas en la iglesia sintieron la necesidad de poner su mano en mi hombro para darme “palabras de aliento y esperanza”:

– ¡Tranquila, hermana! Dios te dará hijos.

¡Pronto serás la próxima!

¿y ya han buscado la asesoría de algún médico?

¡Ten fe! Así como lo hizo Dios con Ana, la madre de Samuel, lo hará contigo, hermana Ana

Sus intenciones eran hermosas, pero sin darse cuenta, y sin querer hacerlo, estaban llevándome a rastras hasta mi punto de quiebre.

A veces, sin darse cuenta, las personas maltratan emocionalmente a las parejas que viven circunstancias como la nuestra. Si este es tu caso, lo entiendes muy bien, pues, abundan las preguntas impertinentes, los consejos y sugerencias no solicitados, los chistes crueles, las bromas pesadas, la advertencia irónica, y un sinfín de comentarios… ¡Créanme! En 8 años da tiempo de escuchar muchísimas cosas. Así que si conoces alguna mujer o matrimonio que está buscando hijos y aún no los tienen, ¡no toque el tema! ¿Acaso quienes pasamos por este proceso no conocemos la verdad de nuestra situación? Si “fulano” desea hacer algún aporte, que haga oraciones por ellos y espere con alegría y fe la respuesta de Dios, porque vendrá.



Recuerdo que, tras sentirme muy abrumada y cansada emocionalmente, le dije a Dios (y luego a mi esposo): – Si para el “Día de las Madres” del año próximo no estoy embarazada ¡No iré a la Iglesia! No quiero tener que escuchar a todos decirme lo que ya yo sé, no quiero volver a vivir la avalancha de “ánimos” que escuché hoy, que lo único que hicieron fue recordarme que somos “los que no pueden tener hijos”.

Lo pesado de ese “Día de las Madres” era que mi esposo y yo, en nuestros corazones y nuestro espíritu, jamás dudamos de la fidelidad de Dios. Nosotros sabíamos ¡de sobra! que Dios nos daría hijos a su tiempo, pues, lo había prometido y confirmado muchas veces, sólo Él sabe cuándo es el momento perfecto para que las cosas ocurran, porque ya lo ha hecho muchas veces antes y lo vimos en su Palabra en Génesis 18:14, “¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo”.

Si Dios le dio hijos a tantas mujeres bíblicas que eran estériles ¿por qué no habría de darnos hijos a nosotros? En lo particular, jamás le permití a la duda o a la ansiedad tomar lugar en mi mente y mi corazón, pues, médicamente nada estaba mal, ni con él, ni conmigo, o por lo menos eso nos había dicho nuestra doctora; y si hubiese existido algún problema (porque llegué a pensarlo) yo sabía que no era cuestión de salud, sino de tiempo, porque sólo El Padre sabe cuándo es el momento ideal. Así que cuando venía el desánimo o la incertidumbre, me recordaba a mí misma no ponerme en el lugar de Dios, pues “…No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad…” (Hechos 1:7).

Sin embargo, soy humana. Anímicamente me había cansado del silencio intrigante y frío de esa doctora y estaba en una especie de “huelga emocional”, no quería seguir asistiendo a sus “consultas de planificación”, a recibir un cronograma de coitos y notas en su computadora que nunca compartió con nosotros; cada mes salíamos sin escuchar nada que nos diera luz de lo que ocurría, así que la abandonamos, y pasé como un año sin ver a ningún ginecobstetra. Me aferré a una consigna: “Dios, dame hijos milagrosos como a las mujeres bíblicas”.

Dios comenzó a hablarme sutilmente, a través de familiares, amigos, y de mi hermana, Florita, una anciana de la iglesia que sin cesar oraba por nuestra descendencia; me decía que buscara otro médico, pero yo insistía en mi argumento arbitrario: – ¡Si Dios me va a dar hijos, que me los dé como a Sara, Ana o Raquel, pues no pienso ir a ningún doctor! Y cada domingo y martes de servicio, Florita me decía que seguía orando por mí, y que me buscara otro doctor.

Mi terquedad no me dejaba escuchar la voz de Dios en la sencillez, cariño y humildad de Florita. Así que Dios tomó medidas “más drásticas” y me envió a otra persona humilde, cariñosa y sencilla de la congregación (porque así de bueno y paciente es Dios), quien tuvo un sueño y quería saber su interpretación. Conversando con ella, me di cuenta que Dios quería hablarme a mí, me corregía diciéndome: – ¿Pretendes decirme cómo hacer las cosas? ¿Quién es el Dios de los cielos, tú o yo?… ¡Oh, sí! Tuve que pedirle perdón, puesto que mi soberbia y arbitrariedad había pasado por encima del plan de Dios y además había arrastrado a mi esposo, Pablo, a una espera no deseada, porque él sí quería buscar un doctor, pero –por amor– decidió respetar mi proceso; sin embargo, cuando reconocí estas cosas y me arrepentí de ellas de todo corazón, Dios hizo todo lo demás.

En Diciembre de 2015, una amiga me consiguió una cita con un doctor muy acertado en materia de dificultades para concebir (no se trataba de tratamientos de fertilidad), se esperaba que la cita saliera para 3 meses y se logró para un plazo de 20 días, fue Dios. En nuestra primera cita, el 13 de enero de 2016, este doctor nos pidió unos exámenes más profundos a los que antes nos habíamos hecho con el fin de descartar cualquier inconveniente de fertilidad que pudiese existir en mi esposo, aunque él dudaba que los hubiese; también nos indicó un tratamiento a ambos para lo que él llama “mejorar el ambiente para la concepción” y sin saberlo nos habló de parte de Dios diciendo: – Ustedes son una pareja sólida, aún son jóvenes y Dios quiere darles hijos. Eso aumentó nuestra fe, pues sabíamos que no era él, era Dios hablándonos directamente.

Tras menos de un mes de seguir ese tratamiento, el día que debíamos retirar los resultados de nuestras pruebas especializadas, me hice una prueba porque tenía una mínima sospecha por un retraso tímido y dudoso de 3 días, y ¡SORPRESA! ¡ESTÁBAMOS EMBARAZADOS! Dios lo había hecho sin tratamientos mayores y sin seguimientos; lo hizo porque obedecimos, porque le creímos, porque era el tiempo. Lloramos juntos al saberlo, oramos dando gracias a Dios por su amor y fidelidad. Nos enteramos de eso el 3 de marzo de 2016, y cuando llegamos al doctor con los resultados de todas las pruebas, incluida la de embarazo positivo, su respuesta fue: “¿¡Ya pa qué!?” Eso nos confirmó que el doctor no había comenzado su estrategia con nosotros, había sido Dios quien nos dio nuestra descendencia como lo había prometido. De modo que llegó mayo, el “Día de las Madres” (un año después), y yo disfrutaba mi cuarto mes de embarazo, así que mi reclamo con tinte de amenaza del año anterior había quedado sin efecto.

Dios sobrepasó todo lo que habíamos soñado durante nuestros 12 años de casados y 8 de buscar bebés. En un país con una crisis económica, política y social muy dura, no tuvimos que luchar por las vitaminas y medicinas para el embarazo, las conseguimos todas sin sufrimientos; con la situación venezolana actual eso es un milagro de Dios; me permitió un embarazo sin complicaciones, ni quejas, ni achaques ¡a mis 36 años!; nos dio una niña que era el anhelo de mi esposo; nos permitió un parto respetado, sin amarres, con un personal médico y de enfermería que me trató con respeto y dignidad; con la presencia de mi esposo en la sala de parto, quien bendijo a nuestra niña y declaró una palabra profética sobre ella desde el instante de su nacimiento; incluso cumplió nuestro deseo de hacer con ella “contacto precoz” (algo que no sucede en nuestro país) que es tener a la bebé durante la primera media hora de vida para amamantarla y tenerla piel con piel, allí estábamos con ella su papi y yo; no recibió fórmula en la clínica, sólo leche materna, otro de nuestros deseos y anhelos por el que luchamos tanto. Conclusión: es una niña que llegó con la gracia de Dios en todos los sentidos, y nosotros, los padres terrenales, solo somos beneficiarios de lo que Su Padre Celestial derramó sobre ella.

Si algo puedo rescatar de esta historia te diría:

  1. Aférrate a la Palabra de Dios. Él cumple sus promesas; así que, sea por concepción o por adopción, Dios te dará hijos porque Él es un Dios de generaciones.
  1. No le des lugar a la duda o la ansiedad. Dios es fiel y Él sabe cuándo es el momento correcto. No es una cuestión de salud o de la capacidad de tu cuerpo (o el de tu esposo) para concebir, es una cuestión de tiempo, el tiempo de Dios.
  1. Aprende a escuchar la voz de Dios en todo tiempo y lugar. Pasar por alto sus instrucciones te robará tiempo valioso.
  2. ¡Confía en Él! Porque hará todo aún mejor de lo que soñaste o imaginaste.

Este 2017 celebré formalmente mi primer “Día de las Madres”, a mis casi 37 años de edad. Abracé a nuestra pequeña Ivana Virginia, quien llegó como parte del plan de Dios para nuestras vidas y la de muchos otros que serán marcados por su historia y por el propósito que Dios cumplirá a través de ella. Hoy disfruto la aventura y la locura de ser madre con la mayor honra, porque Dios me consideró apta para llevar de la mano por la vida a una de sus princesas, y porque me dio el compañero perfecto para que juntos cumplamos esta labor.

Para todas las que hoy son madres les deseo un muy feliz día, recordándoles que son heroínas de la fe y formadoras de la generación poderosa que se levantará a llevar el evangelio de Cristo en la nueva Venezuela que está por venir.

 

Escrito por: Ana Adarme 

Cinco razones equivocadas para elegir pareja

elegir pareja

Existen muchas, por no decir miles de razones, por la cual una mujer anhela casarse o vivir ese hermoso proceso de conocer a alguien especial, el amor de su vida, con quien vivirá por el resto de sus días; y también, porque es un deseo dado por Dios y el gestó todo para que todas las criaturas de la tierra vivamos en pareja.

El problema es, ¡y vaya que es un problema! Que muchas veces nuestros motivos para encontrar pareja están fundamentadas en razones equivocadas, vanas y a veces hasta egoístas; nuestras emociones, que son reacciones que experimentamos debido a una estimulación externa o provocada por nosotros mismos, hacen que tomemos decisiones precipitadas que terminan siendo muy equivocadas en cuanto a elegir pareja. Por lo cual personalmente te recomiendo hacer una lista sobre cuáles son tus motivaciones para elegir pareja y si no te resulta fácil o entiendes que esa lista podría ser extensa, entonces haz una lista sobre cuáles son las razones por las cuales no te casarías.

La idea es transparentar nuestros deseos de tal manera que podamos saber cuál es esa persona especial para nosotras, porque existen muchas personas hombres y mujeres con excelentes cualidades pero que no necesariamente podrían ser un complemento para tu vida y claro está, que la biblia nos ayuda bastante al momento de elegir a una pareja, no basados en emociones sino en lo que agrada o no a Dios.

Déjenme decirles algo respecto a las emociones y los deseos; nuestros ojos son bastante inquietos y a través de ellos llega información a nuestro cerebro y las convierte en emociones que van a nuestro corazón, y muchas veces conscientemente las alimentamos y convertimos en deseos y sentimos que de no tener eso que deseamos nuestra vida no tiene sentido.

Nosotras decidimos, no nuestras emociones; siempre digo que por alguna razón puso Dios puso distancia entre el cerebro y el corazón y no los colocó juntos en nuestro cuerpo. No podemos pasarnos la vida equivocándonos o probando una y otra vez a ver con cuál resulta. No siempre los estándares aceptados por la sociedad es lo bueno, hay que conocer a la persona y buscar dirección de Dios. Tenemos la libertad de elegir pero tenemos a quien pedirle guía y en quien buscar dirección. Ahora veamos cuales serían esas razones equivocadas para elegir pareja

1.- No quiero estar sola

Lo primero es que no estás sola, a menos que voluntariamente hayas decidido aislarte. Hay personas a tu alrededor a las que quizás le has cerrado las puertas de acceso hacia ti. Conoce gente, sal, explora y sobretodo reconoce que Dios siempre estará contigo. Si siempre dependes de otras personas te decepcionarás y estarás triste cuando esa persona no pueda estar contigo. Vivimos en un mundo cada vez más agitado en donde acercamos más en el mundo digital pero no estamos de manera física y es algo que las personas deben trabajar en sus vidas estableciendo prioridades, pero es algo real.

2.- Necesito que me amen

Todos necesitamos que nos amen; pero primero, debemos amarnos y aceptarnos, segundo reconocer el amor de Dios especialmente cuando ha sido expresado a través de su hijo a quien por amor entregó para salvar nuestras vidas. ¿De qué personas te rodeas? ¿Cómo sabes que no te aman? ¿Qué estás haciendo que las demás personas no sienten la confianza de expresarte su amor? (Porque no siempre es culpa de los demás).

3.- Necesito mejorar mi situación económica

¡No, no y no! Esta nunca debe ser una razón para encontrar pareja, los bienes se deterioran, se pierden, se devalúan, la situación económica cambia por diferentes motivos, ¿qué pasará cuando la situación económica cambie? ¿qué harás? ¿abandonarás a tu pareja? No, lo ideal es que ambos tengan un proyecto de vida y se colaboren. No es que rechaces a alguien porque tiene mucho más dinero que tú, es que estés consciente de si eso es lo que más te importa o es la persona en sí.

4.- Quiero un padre para mis hijos

Este es otro gran no, ya sea que tus hijos no conocen a su padre, que ha muerto o que es un irresponsable, ellos ya tienen un padre. No puedes cambiar eso, no puedes sustituir a su padre. Ahora bien puedes elegir a alguien que ame a tus hijos y que esté en la disposición de asumir ese rol, pero esa no debe ser la motivación para encontrar una pareja. Si eliges correctamente para ti, elegirás correctamente para ellos.

5.- Me estoy haciendo muy mayor (No tengo hijos)

Algo realmente inevitable es que los años pasan y cuánto sufrimos las mujeres cuando llegamos a la década de los 30 y aún estamos solteras y no hemos tenido hijos. Aunque la mentalidad de las mujeres ha ido cambiando muchas sufren inevitablemente por estas razones, lo bueno, amiga, es que las bendiciones de Dios no tienen fecha de vencimiento, si Él te prometió que lo hará, pues lo hará. Mientras tanto prepárate para ser la princesa que tu príncipe merece. Ocúpate de las cosas de Dios y El tendrá cuidado de ti y suplirá tus necesidades.

El matrimonio es algo muy serio como para que se fundamente en razones equivocadas, es algo para toda la vida y equivocarse al elegir a esa persona puede convertir tu matrimonio en una carga para toda la vida o en un fracaso. Dios tiene cuidado de cada una de sus princesas y no quiere que nuestro corazón sea roto. El guía nuestros pasos y nos ayuda en nuestras decisiones si nosotras buscamos consejo en él.

No nos precipitemos aunque: No quieras estar sola, necesites que te amen, necesites mejorar tu situación económica, quieras un padre para tus hijos o sientas que estás envejeciendo. Recuerda que el amor es benigno, no deben sacar provecho uno del otro, no hace nada indebido, no busca lo suyo, se goza de la verdad, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera (1 Corintios 13). Esperemos en nuestro Dios y seremos bien recompensadas.

Escrito por: Esther Herrera @madajari

El amor: La mayor y más grande necesidad

amor

Cuando está presente nos llena de fortaleza y valentía… Cuando falta, nos paraliza y endurece.  Como mujeres, tener una relación de amor duradera es una búsqueda incansable del corazón, y los intentos por encontrarla o mantenerla resultan agotadores. Podemos llegar a perder nuestra identidad haciendo un esfuerzo por agradar a otros, aunque eso vaya en contra de nosotras mismas, y atribuimos el fracaso a la falta de susceptibilidad de todos; tus padres, tus amigos, tu novio, tu esposo y hasta tus hijos; demandamos de ellos algo que no están en la capacidad de dar.

Las decepciones en mi niñez me hicieron sentir profundamente sola. No estaba consciente de ello ni tampoco sabía cuándo había comenzado. Al crecer, mi comportamiento, mi manera de vestir, mis decisiones, mis relaciones complacían a todos, menos a mí. El vacío era cada vez mayor y llegó un momento de mi vida en el que no podía lidiar con una decepción más.

El sentimiento que recuerdo era que necesitaba descansar, deseaba llegar a un lugar donde no tuviera que esforzarme por ser aceptada o amada, necesitaba consuelo. Dios, en su inmenso amor por mí, le mostró mi necesidad a alguien que se atrevió a hablarme de Jesús. Acepté ir a la iglesia, y al poco tiempo me di cuenta que conocerlo era mucho más que religión o teología. Llegué a la fuente de amor verdadera, a una persona que satisface por completo nuestra necesidad de confiar, de creer y de permanecer en una relación que no decepciona.

No importa quién te hirió ni en cual etapa de tu vida. No importa quien no te amo o quien te abandonó, porque cuando estás en los planes de Dios, cada paso, cada experiencia, incluso cada lágrima obrará para bien y te colocará un día cara a cara con la Verdad.

Jesús dijo en Juan 4:14:

“Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré se convertirá en él en manantial de agua que brotará dándole vida eterna.”

Sus palabras te arropan, te abrazan y consuelan. Y cuando le permites formar parte de tu vida nada vuelve a ser igual. No hay límites, no te conformas, nada te descalifica, sino que abres tu corazón para experimentar la sanidad y la transformación de Su presencia en tu vida, esperando lo mejor que Dios tiene para ti.

Escrito por Marianella Sosa

Cuatro maneras como arruinar una relación

Cuando somos solteras nos la pasamos soñando con ese príncipe que nos lleve a las estrellas. Cuando nos sentimos solitarias, anhelamos el apoyo incondicional de una amiga con quien podamos compartir aficiones y gustos en común. Es inevitable, da igual si eres de personalidad extrovertida o la mujer más tímida del planeta, los seres humanos estámos diseñados para relacionarnos y nuestro mayor anhelo es ser amadas y aceptadas por otros de forma genuína.

Sin embargo, hay que admitir que muchas veces metemos la pata en lo que se refiere a manterner esas relaciones afectivas bien cuidadas, y a consecuencia de esto podemos perder a esas personas que llenan nuestras vidas. Así que hablemos de ello, a continuación te comparto cuatro maneras como podrías estar arruinando esa relación de pareja o de amistad ¡y no te estás dando cuenta!

Imaginarte cosas que no son:

Y esto aplica tanto para lo que hace como lo que dice esa otra persona, y se refiere a cuando se asumen cosas en base a creencias y no a hechos, por no consultar con esa otra persona, por ejemplo:

Asumir que si no te respondió de inmediato, es porque no está interesado en lo que dices.

Dar por hecho que si no pudo asistir al cumpleaños de tu abuelita, es porque le desagrada tu familia.

Creer que si lo que dijo no es consono con lo que tú opinas, es porque tiene algo en tu contra.

¡No! No necesariamente. Si eres una persona que constantemente está a la defensiva e imaginando lo que otros piensan o sienten, déjame decirte que el problema no son ellos, el problema está en ti y en tus pensamientos.

Así que por favor, amiga, enfócate y se intencional en lo que dejas que entre a tu mente, dale a las personas la oportunidad de conversar contigo y solo de esa manera podrás saber que es lo que verdaderamente piensan o sienten, nunca se sabe por qué situación podría estar pasando.

¡Celos, benditos celos!

Hay gente que cree esa mentira de que si alguien siente celos es porque le importa esa persona, ¡patrañas! Los celos no son una demostración de amor o interés en la otra persona, son una demostración de desconfianza y una muy molesta, por cierto.

La verdad es que los celos son producidos siempre por sentimientos y ambiciones egoístas (Santiago 3:16) Recordemos que el verdadero amor no es egoísta y no es celoso (1 Corintios 13), por tanto no debemos dejar que esa clase de emociones nos controlen pues nada bueno saldrá de ello.

Si estás siendo dominada por los celos en una relación, lo mejor será que converses con tu pareja y/o amigo para aclarar la situación y pedirle a Dios ayuda para combatirlos y poder controlarte cada vez que esos sentimientos afloren.

Falta de respeto:

Estemos claras, a nadie le gusta que le falten el respeto. El uso de palabras ofensivas, apodos despectivos, gritos o inclusive cualquier acto que se considere desconsiderado para con la otra persona puede significar una falta de respeto que conlleve al deterioro progresivo de la relación.

Lamentablemente, el respeto es un valor que está un tanto perdido en la sociedad en la que vivimos, por lo que su falta de práctica contribuye a que las personas se desvinculen un poco del mismo, sin embargo si analizamos lo que Dios nos ordena a través de sus mandamientos podremos observar que el respeto es la clave en cada uno de ellos, Dios nos pide ser respetuosos con Él (Éxodo 20:1-11; Deuteronomio 5:6-15) y ser respetuosos con nuestro prójimo (Éxodo 20:12-17; Deuteronomio 5:16-21)

Haz un análisis de tu relación y de tus comportamientos y procura identificar si hay falta de respeto de tu parte hacia esa otra persona. Si tu respuesta es si, lo más recomendable es que dejes de hacer o decir esas cosas que estén faltandole el respeto al otro y pide perdón por ello.

 Indiferencia:

Existe por allí una frase que dice: “Castígalo con el látigo de tu indiferencia y verás como cambia” ¡Que gran mentira! La indiferencia lejos de edificar una relación, la destruye poco a poco. Verás, una relación es entre dos personas y ésta solo se mantendrá si ambas son intencionales en dar lo mejor de si mismas para que la misma funcione, no para que la otra persona haga lo que tú quieras.

Ahora bien, existen dos tipos de indiferencia, la intencional (que es el típico caso que mencionaba arriba) y la no intencional, la cual se produce de forma natural, sin premeditación previa. Muchas veces las ocupaciones y los afanes de la vida nos convierten en personas indiferentes, quienes se preocupan por todo excepto por lo que realmente importa, y dejamos de prestarle atención a nuestras relaciones porque simplemente creemos que así está bien o que las tenemos seguras.

Si crees que puedes estar cayendo en la trampa silenciosa de la indiferencia hacia tu pareja o amigos, creo que ha llegado el momento de tomar acción y una vez más procurar ser intencional en atender tus relaciones antes de que sea demasiado tarde.

Recuerda siempre que toda relación interpersonal sea romántica o de amistad es como un árbol, un día se inició como una pequeña semillita a la que ambas personas abonaron y regaron, y que con cada acto de amor éste fue creciendo y creciendo hasta convertirse en un árbol, el día que ese árbol se deje de regar y abonar comenzará a marchitarse y poco a poco dará señales de su deterioro. No permitas que eso le suceda a tus relaciones ¡toma acción ahora!

Cuando mi amiga(o) no es lo que esperaba

amistad

Todos tenemos un concepto de amistad en nuestra cabeza, ese concepto lo aplicamos para la gran mayoría de las relaciones que desarrollamos en nuestra vida. Algo que sucede muy a menudo es que no nos damos cuenta y creemos que ese concepto es el mismo que todos los demás entienden también.

Solamente cuando somos desilusionados o heridos nos damos cuenta que la otra persona no tuvo nunca el mismo concepto que nosotros. Tras algunas experiencias personales y las de otros llegué a la conclusión de que hay diferentes tipos de amistad, todas son buenas y agradables, algunas temporales y otras permanentes; sin embargo es bueno darte el tiempo para conocer a las personas para saber identificarlas. Yo entendí que podía diferenciarlas, y encontré los siguientes tipos:

Amistades para invertir:

Son aquellas amistades en donde te involucras, inviertes tu tiempo, tu sabiduría y tus esfuerzos por ayudar a esa persona a crecer y a mostrarle a través de tus experiencias cómo enfrentar diversas situaciones. Estas amistades son necesarias, ya que es la forma a través de la cual multiplicas lo que eres y das amor a otros. Algo importante sobre esto es que no necesariamente vas a recibir lo mismo de vuelta; esto no significa que vas a dejar de dar, sin embargo estar claro en este aspecto te permite entender si llega el momento en que compruebes que no estás recibiendo de vuelta y no sentirte herido(a).

Amistades Transitorias:

Son amistades que pasan una etapa de su vida contigo, hay una temporada en la que son inseparables y no falta un plan juntos(as). Comparten, ríen, hablan muchísimo y se involucran en sus vidas. Algo importante sobre estas amistades es que debes identificar su profundidad. ¿Se ayudan mutuamente? ¿Existe la conciliación? Cuando hay una diferencia, ¿se soluciona o se evade? Cuando hay una dificultad, ¿están presentes? ¿Qué tan superficiales son las conversaciones? Saber responder estas preguntas te permitirá entender si esa amistad se queda en esta clasificación o si pasa a la siguiente.

Amistades providenciales:

Me gusta explicarlas como un sistema de tanques de agua. Hay momentos en los que vacías tu tanque sobre esa amistad y otros cuando tu tanque es retroalimentado. Son aquellas amistades donde su principal característica es el crecimiento mutuo. Existe transparencia de decir lo que no está bien con la firme voluntad de ayudar y corregir con amor. Existe respeto ante las diferencias y las conversaciones pueden ir de superficiales a profundas y viceversa. Algo importante sobre estas amistades es que permanecen en el tiempo. Pueden pasar meses o años sin entablar una conversación y con tan solo unos minutos recuperar el tiempo. Traen alegría a tu corazón y mucha añoranza. Estas amistades hay que cuidarlas y amarlas, porque son las que probablemente estarán junto a ti el resto de tu vida.

He aprendido que es importante identificarlas. También he experimentado momentos en los que una amistad para invertir se vuelve en una providencial y qué satisfactorio es ver que la persona en la que invertiste tu tiempo, progresivamente va enseñándote y aportando a tu crecimiento también, darte cuenta que los frutos de esa inversión es lo que se va convirtiendo una relación profunda y bonita que permanece en el tiempo.

Habla a Dios, pídele que te guíe en sabiduría y discernimiento para invertir bien tus perlas. Que el día de mañana no te veas solitario(a) preguntándote ¿dónde están tus amistades? Si te conduces de esta manera, podrás guardar tu corazón y a su vez preocuparte por dar de lo que tienes desinteresadamente, amar a tu prójimo y depositar las perlas de tu amistad con un propósito que agrade a Dios y a ti mismo(a).

Escrito por Lisangel Paolini.

Lisangel es Ingeniera y se desempeña como Especialista en Compras Logísticas P&G Venezuela. Hija de Dios, Life Coach, apasionada por el liderazgo. Con intenciones de conferencista y escritora. Es miembro de la Iglesia Las Buenas Nuevas del Este en Barquisimeto, Venezuela. Yo ❤ mi Iglesia LBNE. Instagram: @lisangel_p